Metroscopia

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“No creo en las encuestas”. Mal empezamos... Es tanto como decir “no creo en los termómetros”. Las encuestas, como los termómetros, no son una cuestión de fe, pertenecen al mundo más humilde y pragmático de la medición. Si están bien hechas, son una herramienta para medir, y así describir, los estados de opinión de una sociedad en un momento determinado. Los datos están ahí y son los mismos para todos. Otra cosa es cómo se analizan e interpretan...

Nuevo modelo, viejo código

Por: | 10 de marzo de 2015

Por Marcos Sanz*

De entre todas las lecturas posibles a que obliga el tsunami político reflejado en el último Clima Social de Metroscopia (marzo de 2015) hay una, a mi juicio importante, que ha pasado desapercibida: se trata de un cambio radical del sistema de partidos, de una extraordinaria redistribución del poder que, sin embargo, no viene acompañada de cambios profundos en la cultura política. El desajuste puede traer consigo problemas serios. Un modelo de claro corte multipartidista con nada menos que cuatro fuerzas disputando la victoria, y sólo distanciadas entre ellas cuatro puntos porcentuales, convive con pautas propias de una cultura política bipartidista.

¿Cómo es posible, por poner un ejemplo gráfico, que con un mapa electoral donde el primer partido consigue menos de la cuarta parte del electorado (22,5%), un 71% de los electores se manifieste a favor de que gobierne en solitario, con apoyos puntuales de los “otros”, el partido que obtenga más votos?. ¿A alguien le cabe en la cabeza que con el 22,5% de los votos (en el supuesto de que éste se tradujera a un porcentaje similar de escaños) Podemos gobernase en España, eso si con el apoyo “puntual” de “otros” partidos?

Una opinión como la descrita, -detrás de la cual se sustenta un “valor compartido”-, es una supervivencia de la etapa bipartidista que dificulta afrontar con seriedad la nueva. Nueva porque obliga a plantearse preguntas distintas y nueva porque implica respuestas diferentes a cuestiones viejas. Por ejemplo: ¿Qué significa “ganar unas elecciones” cuando cuatro partidos están casi empatados? ¿Basta para ello conseguir un puñado de votos más que el inmediato seguidor, sea cual sea éste?

El salto de un modelo bipartidista a otro multipartidista significa una modificación sustancial en la definición del valor político de los partidos. En un modelo bipartidista el peso de un partido se mide, casi en exclusiva, por la potencia de su “electorado”; por el contrario, en un modelo multipartidista cada partido vale su peso propio más –ahí esta la diferencia- su “poder de coalición”, esto es, su capacidad para articular y/o formar parte de coaliciones electorales “lógicas” y, por ende, viables. Las coaliciones son, por tanto, un regreso sutil de las ideologías en forma de coincidencias positivas entre actores del sistema. Y son, también, maneras de acordar contra otros.

Un cambio de modelo como el que parece presentarse a nuestros ojos obliga a impulsar un cambio de código. Si entramos en un campo de juego de pactos y coaliciones es imprescindible cambiar las herramientas para hacerse cargo de la nueva realidad. La complejidad de un mapa pluripartidista nos aleja de la simplicidad de esquemas similares a “que gobierne el que más votos obtenga” con el apoyo puntual de “otros”.

Si queremos transitar con seriedad en el nuevo tiempo del final de las hegemonías indiscutibles y el comienzo de las coaliciones posibles y viables, todos, los partidos políticos desde luego, pero también los ciudadanos, debemos avanzar en un proceso de pedagogía democrática en torno a los nuevos escenarios. Proceso que implica superar las inercias conceptuales del viejo modelo bipartidista y crear nuevos valores compartidos para encarar con éxito el futuro. 

*Marcos Sanz forma parte del Seminario de Análisis Político de Metroscopia.

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Este Blog es obra colectiva del equipo técnico de Metroscopia. Los responsables de sus análisis y comentarios son , , Silvia Bravo, Susana Arbas, Mar Toharia, Marcos Sanz, Ignacio Urquizu, Antonio López Vega, Francisco Camas y Gumersindo Lafuente.

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Pulso Social de España 2 (enero 2011-mayo 2012)

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Toda realidad ignorada prepara su venganza», advierte Ortega en uno de los párrafos finales del «Epílogo para ingleses» de su Rebelión de la masas. Y no hay realidad que, en democracia y sobre todo en tiempos de crisis, resulte más arriesgado ignorar que la opinión pública. El objetivo de esta serie de estudios es poner a disposición general datos de opinión solventes, relevantes y acerca de una amplia variedad de temas. Porque cuanto mejor conozcamos nuestro estado de ánimo colectivo menor será el riesgo de tener que afrontar las consecuencias de haberlo ignorado.

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Intentando ser fiel a uno de los lemas orteguianos («vivir de claridades y lo más despierto posible»), el Departamento de Estudios de Opinión Pública de la Fundación Ortega-Marañón (FOM), con la colaboración de Metroscopia, y gracias al patrocinio de Telefónica, ha elaborado el presente "Pulso de España 2010", que aspira a ser el primero de una serie de informes periódicos sobre la realidad social española desde un planteamiento sosegado, independiente y plural.

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