Podcast y política

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 19 feb 2017

Para blog

La recuperación y el incremento del consumo de podcast en todo el mundo abre nuevas oportunidades para la política y su comunicación. Los medios han reaccionado a la demanda de los usuarios con una variada y sugerente oferta. En Estados Unidos, por ejemplo, The New York Times se ha asociado con la emisora de radio pública de Boston, WBUR, para lanzar una serie de podcast semanales. USA Today cuenta ya con 18 canales basados en sus columnas más exitosas. Mientras, medios nativos digitales como FiveThirtyEight, BuzzFeed y Quartz han creado su propia oferta, contagiados por la fiebre del podcasting que atrae a millones de personas. En el Reino Unido, The Sun y The Times aceleran sus planes y The Guardian sorprende semanalmente con su magnífico canal The Guardian Books. Mientras, Financial Times lleva una década produciendo contenidos en audio y solo el año pasado consiguió 45 millones de descargas.

Pero, ¿por qué, de nuevo, este éxito? Estas podrían ser algunas de las razones:

1. La libertad. La movilidad de las personas y la portabilidad de los dispositivos favorecen el consumo on demand de los contenidos. Deseamos ver y escuchar nuestros programas favoritos cuando y como queramos, en lugar de estar sometidos al dictado de programadores y canales. El podcast se adapta perfectamente a esta cultura de la autonomía y la libertad. Es un medio perfecto para una demanda constante de libertad e individualidad en el consumo informativo. Un medio que atrae, especialmente a los millennials, a un público urbano con recursos, educado, joven y con un alto nivel de compromiso.

2. La intimidad. El consumo íntimo (en mi dispositivo, con mis auriculares, a mi hora, en mi lugar, sin explicaciones y sin testigos) de cualquier contenido establece un fuerte vínculo. Lo hemos visto, por ejemplo, en el extraordinario incremento del Facebook Live de Donald Trump que multiplicó por cuatro las audiencias frente a Hillary Clinton. Se trata de un momento personal, autónomo y discreto. Kerry Donahue, director del programa de radio en la Escuela de Periodismo de Columbia, se refiere al podcast como «la llamada telefónica de un amigo». Esta intimidad genera espacios de protección y liberación, estableciendo vínculos profundos, ajenos a la observación de los demás. Este consumo, protegido del escrutinio público (nadie ve y escucha lo que yo sí hago), permite al usuario explorar y curiosear, desde el anonimato y la autonomía. Es un hilo de nylon. Fuerte e invisible.

3. Los auriculares. Sorprendentemente, el periférico que más está creciendo en las compras tecnológicas son los auriculares. Es el caso, por ejemplo, de los AirPods de Apple que están arrasando entre los consumidores y que han provocado varias rupturas consecutivas de stocks. La calidad del sonido y las automatizaciones del producto (configuración, activación) los hacen muy atractivos y cómodos. Mayor calidad para escuchar voces y sonidos.

4. La atención fragmentada. Los podcast no hegemonizan tu atención exclusiva. Ese poderoso atractivo, en las sociedades de audiencias múltiples y fragmentadas, permite escuchar y hacer numerosas actividades simultáneas: conducir, caminar, usar el transporte público, utilizar otros dispositivos, atender otras ofertas de pantalla, o bien seguir escuchando mi programa favorito en cualquier lugar del domicilio o del trabajo sin molestar a terceros, y sin su observancia. Esta autonomía es vital y muy apreciada por los usuarios.

5. La fuerza temática. Los podcast permiten un formato temático en un tiempo pautado. El formato de larga duración y de calidad vuelve a captar el interés de los usuarios en un entorno acelerado. A diferencia de la oferta radiofónica tradicional, la expectativa de satisfacción del podcast viene reforzada por la duración, la oferta temática, la capacidad transmedia adicional (es decir, la capacidad de saber más cosas con otras fuentes y recursos alrededor del podcast), y por la reputación del canal. Todos estos ingredientes (pautados), así como las facilidades para la subscripción por feeds ofrecen una comodidad y garantía interesantes para el usuario. Los canales tienden a la especialización temática, ofreciendo un estímulo muy valioso para el usuario: saber más mientras hago mi vida.

En España, existe la Asociación Podcast cuyo «único objetivo es llevar el podcasting a lo más alto, apoyando a podcasters, orientando a oyentes y empujando este medio de comunicación». Impulsa los Premios Asociación Podcast que tienen como objetivo principal dar visibilidad y difusión al podcasting y reconocer el trabajo de quienes lo hacen posible, y que este año alcanza su octava edición. Pero no están solos: la Asociación de Escuchas de Podcasting es otra organización más, entre otras, y que también promueve unos premios. Además la oferta de podcast políticos va en aumento gracias al trabajo de Carne Cruda, La Cafetera de Radio Cable, o de los grupos alternativos como el Colectivo Burbuja, entre otras muchísimas iniciativas.  

El interés por el podcast crece en forma de libros, debates y canales, como Polifonía de Letras Libres. Esta segunda juventud recuerda lo que ha significado Netflix para el consumo de televisión. Las oportunidades para la política van más allá de las posibilidades que ofrezcan los medios de comunicación en su adaptación y trasformación digital. Intuyo que puede haber una demanda para escuchar discursos políticos, preguntas parlamentarias, debates con expertos, análisis, entrevistas, contenidos vinculados a hitos políticos, y sesiones de formación... que son una auténtica mina para la comunicación política. Recuperar el valor de la palabra, del formato largo, del contenido de calidad es una vía sólida para regenerar la política a través de su comunicación. Los partidos políticos deben transformarse, también, en organizaciones y productoras culturales. Este es el futuro de la comunicación. Y, creo, de la política.  

Gavilán o paloma

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 12 feb 2017

“Amiga, hay que ver como es el amor
Que vuelve a quien lo toma
Gavilán o paloma” (Pablo Abraira)

La canción ‘Gavilán o paloma’, cuyo autor es Rafael Pérez Botija, fue en su día -en la década de los ochenta y en los noventa- una clásica oferta de los diales y de los eventos sociales. En España conocemos esta pegajosa música por la voz de Pablo Abraira, y en América Latina por José José. La canción era la delicia de los karaokes y de las gargantas desbordadas. La letra, de una calculada ambigüedad, permitía todo tipo de interpretaciones. La base de todas ellas era el fundamento popular de que... se sabe cómo entras, pero no cómo sales (en el amor, en la vida; y en la política, también).

Curiosamente, el Congreso del PP también se ha debatido entre dos aves: el charrán y la gaviota. Una gaviota es un ave carroñera que vuela bajo y come sobre todo basura. De hecho, las gaviotas se alimentan de todo aquello mínimamente comestible: todo tipo de animales marinos, vegetales, insectos, carroña, pájaros pequeños, como palomas (a los que ataca en vuelo), huevos de pájaros (tanto de otras especies como de la suya propia), pollos, ratas, etc. Si sus presas aún están vivas suelen agarrarlas con el pico y dejarlas caer desde lo alto hasta que mueren o se abren. En cambio, un charrán –muy parecido a una gaviota- es un ave que vuela alto, y que come peces, a los que atrapa gracias a zambullidas, después de sobrevolarlos. Frecuentemente, los charranes marinos cazan en asociación con marsopas o peces depredadores como anjovas, atún o bonitos, gracias a que estos grandes animales marinos dirigen a la presa hacia la superficie.

Pero ¿por qué el PP ha tenido un debate ornitológico? Al margen de la reputación de ambas aves, la Ley de Partidos obliga ahora a identificar el logo con claridad, más allá de la exitosa operación de rediseño corporativo de 2008. Si debiéramos decidir entre cuál de las dos aves querríamos que nos representara, no tendríamos dudas. Sin embargo, para el común, el símbolo del Partido Popular es una gaviota. ¿O no lo es? La historia es interesante. En 1989, Manuel Fraga, fundador del partido, quería substituir su nombre de entonces, Alianza Popular, por un nuevo nombre y un nuevo logo, que modernizara su marca. El nombre estaba claro, sería Partido Popular. Sin embargo, para el logo organizó un concurso donde se presentaron las principales empresas de marketing de España. En cambio, quien ganó fue un joven del mismo partido, Fernando Martínez Vidal, que era publicitario y también el presidente de Alianza Popular en el distrito Salamanca de la ciudad de Madrid.

Él creó un logo que simbolizara “libertad”, en comparación con los logos del resto de partidos –para él más agresivos, como el puño socialista o la hoz y el martillo del PCE-. Libertad es también el vuelo alto que realizan los charranes, y que aprendió de verlos diariamente cuando era pequeño y vivía en Valparaíso (Chile). De ahí que un charrán con alas extendidas, volando alto, fuera el logo que finalmente presentó al concurso. A Manuel Fraga ese logo (aunque hizo algunos cambios) le encantó y fue el finalmente escogido. Además, era gratuito y de alguien del propio partido. Pero Fraga lo llamaba “el de la gaviota”, y así se quedó. Desde entonces, Martínez Vidal, hoy regidor en el Ayuntamiento de Madrid, pide que deje de llamarse gaviota, el ave carroñera, a lo que es un majestuoso y libre charrán. Martínez Vidal ha presentado enmiendas en los documentos del congreso de este fin de semana para que tenga el nombre correcto. Sin embargo, otros han presentado enmiendas para que definitivamente se llame gaviota.

En un afán de consenso, Fernando Martínez Maíllo, vicesecretario general de Organización del Partido, ha propuesto un acuerdo para contentar a todos. El ave del logo del PP será oficialmente a partir de este domingo “un charrán, comúnmente conocido por todos como gaviota”. Fernando Martínez Maíllo ha demostrado, una vez más, que parece una paloma, pero que -si se lo propone- puede ser un buen gavilán. Su capacidad para contentar a todos, es -parece- directamente proporcional a su capacidad de incomodar a algunos o algunas.

Mariano Rajoy puede respirar tranquilo, como siempre ha estado. El control del tiempo ha sido perfecto. Como Alfred Hitchcock en Los pájaros (1963), ha mantenido la tensión hasta el final, mientras el resto de prometedoras aves se mantienen en sus jaulas, esperando el momento de volar. El Congreso del PP ha tenido casi su debate más feroz, como una metáfora perfecta de la pospolítica, en la ornitología: gaviotas contra charranes, gavilanes contra palomas. En un juego de alteridades en donde las identidades se confunden con sus protagonistas y las intenciones, también. Como observa Slavoj Zizek “asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la posmoderna pospolítica, no ya solo reprime lo político, intentando contenerlo ... sino que, con mayor eficacia, lo excluye”. Cuatro años más.

Tecnología para combatir la corrupción

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 19 ene 2017

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El Ayuntamiento de Barcelona acaba de presentar un Buzón Público de Denuncia de la Corrupción (Bústia Ètica) utilizando tecnologías como TOR y GlobaLeaks. Esta iniciativa, a propuesta del equipo de tecnopolítica de Xnet, se enmarca en las recomendaciones del Consell Ciutadà Assessor de l’Oficina per la Transparència i les Bones Pràctiques del Consistorio. La tecnología usada marca un hito histórico para una administración pública local; y un mensaje político muy fuerte. Existe una convicción crecientemente extendida de que la corrupción no puede solucionarse solo con las instituciones democráticas vigilándose a sí mismas. La sociedad civil tiene que jugar un papel central y constante. La vigilancia ciudadana se convierte en un activo democrático.

Tor es un sistema que permite utilizar Internet de manera anónima. Originalmente, Tor fue desarrollado por la Marina de los Estados Unidos, con el propósito principal de proteger las comunicaciones del Gobierno. Actualmente, es utilizado todos los días para una amplia variedad de propósitos por parte de militares, periodistas, agentes de la ley, activistas, y muchos otros. Debido al éxito de uso que ha alcanzado en muchos sectores, el propio Gobierno de los EE. U.U está en una fuerte paradoja y en un creciente conflicto de intereses: por un lado, intentando acabar con el proyecto por parte de sus servicios de seguridad; y, por otro, aumentando su financiación (por terceros) y desarrollo para mejorar el activismo ciudadano.

El debate sobre la libertad en Internet tiene un capítulo muy importante —y controvertido—  en la capacidad de sus usuarios de navegar, publicar o consultar de manera anónima. Al menos superficialmente, ya que, normalmente, a través de la dirección IP de los usuarios se puede averiguar desde qué punto exacto se está utilizando la red. Normalmente el anonimato superficial que proporciona Internet para participar en redes sociales (bajo pseudónimo, por ejemplo.) es suficiente para la mayoría de usuarios. Pero podemos encontrarnos con dos tipos de internautas que sí que necesitan una capa de protección extra: los que cometen algún acto delictivo (tráfico de drogas, armas, venta de programas para crackear sistemas, vulnerabilidades, spamers…); y los que, por cuestiones de activismo, también se suelen encontrar en una situación delicada, en los márgenes de las legislaciones vigentes en sus países.

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Felipe.es

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 24 dic 2016

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Leer entre líneas es una tarea apasionante. Permite la interpretación y la ambigüedad, tan útiles y —a la vez— tan denostadas en la vida política. Vivimos tiempos difíciles, que se vuelven inhóspitos cuando pretendemos definirlos, precisarlos, fijarlos con la pretensión de convertir el lenguaje en una propiedad, en una frontera que delimita, excluye y determina. Nuestra obsesión por la definición nos aleja del fértil espacio democrático que tiene la polisemia, el matiz o la sutileza. Los discursos del Rey hay que leerlos en sus líneas, entre líneas y en los márgenes. Es parte de la liturgia de una monarquía constitucional.

Felipe VI ha vuelto a hacer un discurso sereno, con renovada pretensión de equidistancia, para fortalecer su autoridad moral e institucional. Un discurso suave en las formas, más seguro que nunca, pero con mensajes más o menos cifrados, más o menos explícitos. Quizá ha sido su discurso más personal. Su apelación constante al futuro y la esperanza ha sido una viga maestra de su alocución. El monarca tiene prisa por pasar página del pasado reciente, sea la crisis o «el pesimismo, la desilusión, y el desencanto».

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El junco de Rajoy

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 06 dic 2016

Junco

El junco es una planta cuya principal característica es que su tallo es muy flexible, se inclina, pero no se parte y recupera su forma inicial. Es decir, tiene capacidad de adaptación ante condiciones climáticas adversas, como un vendaval. Se dobla, pero no se rompe, y recupera la verticalidad. Cede para volver a ser.

La virtud de la flexibilidad del junco se suele utilizar como metáfora para explicar lo importante que es la adaptación a diferentes situaciones en la vida cotidiana. Esta capacidad se denomina flexibilidad cognitiva e inspira muchas prácticas emprendedoras y/o empresariales. El libro de Josep Centelles, El buen gobierno de la ciudad, es un buen ejemplo: «Las empresas que, por flexibilidad, saben adaptarse al cambio de producto o de mercado o de estructura de costes permanecen y mejoran en beneficio; las demás, las de recursos humanos menos formados o de estructuras rígidas, perecen al primer síntoma de recesión o frente a la primera andanada monetaria que obviamente queda totalmente fuera de control. Vence la estrategia de la flexibilidad del junco, frente a la rigidez del roble».

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La palabra, en minoría

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 29 oct 2016

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«Calumniad con osadía, siempre quedará alguna cosa». Sir Francis Bacon (1561-1626), filósofo y estadista.

La doble sesión del debate de investidura ha dejado un resultado y un temor. El resultado, el esperado. Y el temor —no por posible, menos sorprendente— es que la legislatura se enlode en un clima agrio de reproches permanentes. Los insultos y descalificaciones personales, ad hominem y que buscan el desprecio y el daño moral al adversario han tenido un protagonismo excesivo: en el atril, en el hemiciclo y en las redes. Después de más de 300 días, el clima se ha envenenado. Peligrosamente, la crispación desplaza a los argumentos. Hemos empezado mal.

 

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Moral, política y el mal menor

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 22 oct 2016

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El presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, ha utilizado reiteradamente la expresión “el mal menor” para justificar una probable abstención del partido a la investidura de Mariano Rajoy. No me compete, ni pretendo, evaluar los pros y contras de cada una de las opciones que tienen líderes socialistas ante sí, ni opinar sobre el procedimiento para resolver tan compleja y difícil decisión. Deseo centrarme en la utilización de la expresión “el mal menor”, más allá de su efectividad -o no- desde la perspectiva de la comunicación política. Mi reflexión es otra.

Se recurre a un concepto propio de la reflexión moral para dilucidar un dilema político, que -a diferencia de otras situaciones- no encierra un conflicto dramático e irreversible, aunque la negatividad de determinadas políticas sea incuestionable. La teoría del mal menor bebe de fuentes de la filosofía griega: la sentencia de Aristóteles en el libro II de su Ética: “De duobus malis, minor est semper eligendum”. Y encuentra en la sabiduría popular una expresión tan sencilla como contundente: “Del mal, el menos”.

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La noche de los hombres tranquilos

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 26 sep 2016

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Las victorias electorales de Alberto Nuñez Feijóo e Iñigo Urkullu tienen, a pesar de sus diferencias ideológicas, algunos elementos comunes que permiten dibujar la emergencia de un modelo de liderazgo sereno y tranquilo que responde bien —y mejor— a la incertidumbre. Los electores, en tiempos de zozobras y preocupaciones, han apostado por algo más que su continuidad. Han confiado en un estilo parecido que ofrece garantías y solvencia. Liderazgos sosegados, maduros, contenidos. Capitanes confiables. Navegación prudente.

Moderación. Feijóo y Urkullu comparten un estilo moderado, de ribetes sobrios, de formas controladas, de expresiones sin excesos. Son casi adustos. También en la victoria. Valió la pena esperar a sus intervenciones, ya bien entrada la noche. Fueron dos ejemplos de autocontrol. Sin concesiones, pero a la vez con la dosis justa de emocionalidad. Racionales pero sensibles. Ganan los estilos sobrios, de palabras justas, de serenidad en la voz, de temple. Moderados en las formas y en las ideas.

Marca personal. Han ganado con sus apellidos: Feijóo y Urkullu. Ambos han protagonizado la campaña como marca electoral. Los logotipos y símbolos de partido han sido relegados o, abiertamente, apartados. Todo el poder a sus marcas personales por encima de cualquier otra consideración estética. La persona es el mensaje. El apellido el lema. Todo condensado en un nombre. El nombre-país. La identificación máxima. El liderazgo absoluto.

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El debate en Twitter

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 20 sep 2016

Errejón

El debate abierto en Twitter entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón sobre la estrategia política y electoral de Podemos tiene un interés indiscutible. Y diverso. El más relevante, sin duda, es el político -y también orgánico- justo en pleno proceso interno de renovación, con una fuerte competencia entre ideas, personas y sectores. El peligro al fraccionalismo cainita les acecha, pero lo evitan con un ejercicio democrático que, en muchos casos, parece ejemplar. Podemos sigue sorprendiendo con una apuesta desacomplejada y abierta -en la sociedad conectada- sobre cómo interpretan sus principales líderes la lealtad, la responsabilidad y la libertad de opinión en la disputa de las ideas dentro, y fuera.

No es extraño que un debate tuitero tenga una gran relevancia política, a pesar de las limitaciones de este formato. Los votantes españoles, por ejemplo, consideran que Twitter es la mayor plataforma de influencia política. Según un estudio encargado por Twitter este mismo año, “8 de cada 10 electores destaca el valor de Twitter como plataforma que genera debate político y favorece la participación ciudadana”. El estudio concluye que para la mayoría de los electores “este canal debe ser utilizado por los políticos para acercarse a los ciudadanos y ofrecer una vía de comunicación directa que contribuya a generar cercanía, transparencia y empatía”. Es decir, con la bronca tuitera, Iglesias y Errejón no solo discuten abiertamente de estrategia, sino que atraen y movilizan políticamente a sus activistas y simpatizantes, ocupando la agenda política mediática justo en el tramo final de la campaña vasca y gallega, como ya lo hiciera, en formatos más programados, en las dos últimas elecciones generales.

Pero la pregunta es inevitable: ¿Twitter favorece, realmente, el debate político? ¿O bien, por el contrario, lo enmascara creando una apariencia de discusión argumentada? ¿Unos monólogos encadenados e intercalados son un debate? El aplausómetro tuitero (retuits, favoritos, menciones y replays…), así como los grafos de la conversación entre comunidades y nodos, se corresponde, entonces, con un indicador fiable de favorabilidad, impacto y simpatía de cada posición… ¿o no? O significa otra cosa que tiene que ver más con la pugna organizada, a veces con ayuda de bots, más que con el debate de las ideas. Y todavía más lejos, la acidez de la agitación tuitera, con sus crecientes episodios de odio y bullying político, ¿no esconde una severa limitación -más allá del de los 140 caracteres- para un debate realmente democrático?

Las posiciones están, cada día, más divididas sobre qué cultura democrática se favorece en los debates digitales. El lector o lectora advertirá, y con razón, que no es posible -ni conveniente- generalizar; y que depende del debate, de los debatientes y de las interacciones. Es cierto. ¿Pero hay en Twitter, por ejemplo, prácticas dialécticas nuevas o que exploren los límites del debate hasta ahora conocidos? La lista de puntos es larga, con aspectos positivos y otros no tanto, pero me centraré en tres que reclaman reflexión: la presencialidad (con los registros de escucha, atención y comprensión), la elaboración y el matiz.

Los debates en Twitter son asíncronos, por naturaleza. La presencia (mejor dicho, su ausencia) es substituida por la conectividad. Solo una voluntad democrática manifiesta de respeto a la pluralidad puede corregir, parcialmente, los inevitables déficits de escucha, de atención y de comprensión que una conversación sincopada, como la tuitera, incorpora. La elaboración está también reducida a la lógica del titular, de la síntesis forzada, de la compresión que no siempre garantiza comprensión. Y, finalmente, el matiz. Twitter no tiene sonido, cadencia, tono, timbre o volumen. El uso de emoticones y símbolos es un atajo tan sugerente como, a veces, insuficiente. No hay cuerpo que hable, ausente el lenguaje no verbal, no hay tampoco el color de la voz. El matiz se diluye, y con ello la necesaria ambigüedad que tan útil es en una cultura democrática de consenso y acuerdo.

Este debate morado ha coincidido -casualmente, entre otros- con el anuncio ayer de Twitter de aumentar su capacidad de conversación e interacción. El uso de imágenes, gif’s, vídeos y encuestas añadidas al final (según TW los tuits con imágenes tienen un 313% más de interacción) no contarán para los 140. En las respuestas, el nombre de usuario al principio del tweet tampoco será penalizado. Los usuarios podrán hacer RT o citar sus propios tuits, aumentando el potencial narrativo hasta los 280 caracteres, entre otras ventajas.

"Twitter se ha convertido en el sistema nervioso de nuestras sociedades, y hay que aprender a utilizarlo", afirma José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra, y uno de nuestros grandes expertos sobre esta red social. Acierta @jlori, una vez más. Pero si la política necesita nervio, no estoy tan seguro que necesite más nervios a los que ya tienen la mayoría de los electores, ni mucho menos dirigentes nerviosos.

Lo que revela el caso Soria

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 07 sep 2016

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Entre las torpezas y errores de esta otra segunda investidura fallida (en este caso la de José Manuel Soria), lo peor ha sido la justificación de legalidad, con la cual se defendía la normalidad de este desatino. Hay que despreciar mucho la estética y la ética políticas para creer que no había problema, que todo era correcto (conveniente, incluso), porque era legal. Realmente, ¿creían que era normal, que no había motivo para el escándalo, la crítica o la censura? ¿Cómo es posible que Mariano Rajoy, un político precavido y astuto, haya cometido tal error de percepción? ¿Qué se nos escapa? La osadía del exministro era preocupante, la complicidad de Luis de Guindos alarmante, pero la decisión del Presidente en funciones, ha sido incomprensible y preocupante. ¿Rajoy ha perdido algo más que una votación parlamentaria? ¿Está el candidato sin reflejos y perdiendo el sentido de la realidad?

La lista de despropósitos es larga. Los más relevantes se centran en la inoportunidad de la pretensión y en la irresponsable justificación. Todo ello ofrece una lectura negativa sobre las competencias y solvencias de Rajoy ante la complejidad actual. Justo en el momento más delicado, se ha autolesionado gravemente. En política, el momento oportuno es decisivo para la acción y, aún más, para la comunicación política. No comprenderlo es un síntoma de agotamiento de reflejos y habilidades que cuestionan —y comprometen— el futuro del indiscutible candidato del PP.

 

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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