Volvería a hacerlo

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 14 ago 2015

“La prudencia siempre es una virtud aconsejable”, ha dicho el ministro del Interior, Jorge Fernández, en una primera respuesta múltiple a todos los portavoces de la oposición en la comparecencia urgente y extraordinaria de esta mañana en el Congreso de los Diputados. Pero hoy no se ha hablado solo de prudencias e imprudencias, sino de incompetencias y de incumplimientos de la legalidad. El ministro, por el contrario, afirma que cumplió con su “deber y responsabilidad”, y ha negado rotundamente que el motivo de la reunión con Rodrigo Rato tuviera nada que ver con su situación procesal. “Era mi deber atender a Rato; se reunió conmigo por su seguridad personal', acreditando esta explicación con el dato, convertido en argumento, de que Rato ha recibido más de 400 tuits ofensivos y amenazadores. En la versión del ministro, Rato estaría preocupado porque la nueva política de asignación de escoltas a los ex altos cargos pudiera comprometer su seguridad frente a las amenazas digitales. Twitter ha reaccionado con ironía y sarcasmo a las reveladoras declaraciones del ministro.

Pero en la Comisión no ha habido ironía, sino indignación y fuerte contestación a la explicación gubernamental y a la actitud defensiva de Fernández. Los portavoces han sido duros al sentirse burlados. Creen que todo ha sido un burdo ejercicio de cortina de humo. El ministro, para rematar su versión, ha interpretado las palabras de Rato de que en la reunión hablaron de “todo lo que le está pasando”, reduciéndolas al tema de la seguridad. Con esta interpretación, ha creado un muro profiláctico sobre el encuentro, y solo ha hecho una única concesión: admite que es opinable la cita, el lugar y las no explicaciones anteriores o posteriores al encuentro.

Pero no parece que la oposición -y una buena parte de la opinión pública- piense que es simplemente opinable. Al contrario. Todos, casi sin matices, piden su dimisión. Los más suaves le tildan de imprudente e incompetente (también entre sus propias filas se han levantado inusuales voces críticas), y otros consideran que podría haber cometido posibles delitos. Los socialistas entregaron ayer un escrito en la Fiscalía General del Estado en el que acusan al ministro de los delitos de prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos, a lo que el Ministerio responde con que estudia "eventuales acciones penales por denuncia falsa, injurias y calumnias".

Pero esta comparecencia, más allá de las valoraciones políticas, ha permitido un pequeño debate sobre lo íntimo, lo particular, lo personal, lo privado y lo público. Y las relaciones –e implicaciones- que tiene una correcta interpretación de estas palabras –y sus consecuencias- en la vida política. “Con el uso del lenguaje hay que ser especialmente cuidadoso”, ha dicho Fernández para protegerse de una expresión susceptible de ser considerada machista. Y tiene razón. Cuidar el lenguaje es una exigencia en la vida política. Y ello obliga a comprender las palabras que se utilizan. Este es el tema.

El ministro volvería a hacerlo. Esta es la cuestión de fondo. Las formas son fondo. Esta sería, quizá, la razón más poderosa para que dimitiera. Es decir, volvería a reunirse en su despacho oficial con un imputado acusado de graves delitos contra el interés general, para hablar de su seguridad personal, cuando –precisamente- sus presuntos delitos han causado una grave inseguridad pública. Y lo haría como lo ha hecho, siendo el Ministerio en parte responsable de las investigaciones que han llevado al banquillo al presunto delincuente. Es decir, el ministro que le investiga o debería hacerlo, se reúne con un imputado para hablar de su protección. La acrobacia política es casi insuperable. E incomprensible para muchos ciudadanos. Fernández, que no reconoce haber cometido error alguno, se autoafirma como un servidor público con más de 36 años de cumplimiento del deber, fiel a sus “principios, creencias, convicciones”.  Es decir, no duda.

Pero las dudas, sobre él y sobre lo qué pasó, son las que posiblemente han aumentado tras su comparecencia. Que Fernández no vea incompatibilidades estéticas, éticas o legales en esta reunión es preocupante. Que se reafirme en su proceder es casi inconsciente. Que lo justifique en términos de seguridad es sorprendente y casi inverosímil. Que esgrima y argumente como ingenuidad y buena fe propias, en contraste con los prejuicios y conjeturas de algunos de sus adversarios políticos, es excesivo. En política, los comportamientos tienen límites. Y las palabras, también.

 

Lecciones de V.O.

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 09 ago 2015

Versión original

La canícula es implacable con el olvido. Ha pasado poco más de un mes y Versión Original, la web para «desmentir y matizar» informaciones promovida por el Ayuntamiento de Madrid, parece que ya no interesa. En la nota de prensa que el Ayuntamiento difundió, en su momento, añadió que esta web permitiría «a los ciudadanos y a los medios encontrar la información original que dio lugar a una noticia que en su recorrido se ha modificado y contiene datos que no son exactos o son matizables».

Después de unos días de parón (no publicaban nada desde el 24 de julio) y de calma (tras la monumental y desproporcionada bronca política y profesional que se generó), la web ha vuelto a reanudar su actividad de manera discreta y suave. Pero efectiva. El posible enfoque defensivo, centrado en la denuncia e identificación (de medios y periodistas), ha dado paso a un ejercicio de clarificación, contraste y ampliación. En positivo. Los y las responsables de comunicación del Ayuntamiento, y la propia Manuela Carmena, ya sacarán sus propias conclusiones sobre la hipervigilancia a la que están sometidas todas sus actuaciones y, en consecuencia, la necesidad de afilar mejor las estrategias, orientarse a la persuasión y a la creación de alianzas, medir los tempos y fortalecer la inversión pedagógica que toda innovación reclama y exige si quiere ser mayoritaria. También en la política.

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Rajoy: ¿agotado?

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 05 ago 2015

Albert Rivera afirmaba, en relación con la última comparecencia ante los medios de Mariano Rajoy, que el Presidente era ya un líder «agotado» y sin proyecto de futuro. El líder de Ciudadanos mide ―y estudia bien― casi todas sus palabras. Evitó decir «amortizado», aunque centrar la crítica en el eje pasado-futuro, agotamiento-energía le conviene, por su brío, por su innovación, por su dinamismo. Pero, para desesperación de muchos (y en diversos procesos electorales en todo el mundo), los líderes aparentemente agotados tienen más de una vida. ¿Es suficiente el supuesto agotamiento ―o envejecimiento mental, actitudinal o político― para amortizar (y cambiar) a un líder? No, no lo es. Y Rajoy es un resiliente total. No lo olviden. Nadie está ahí tanto tiempo sin los méritos y virtudes que casi todo el mundo le niega o no le reconoce.

El periodista John Carlin, autor de El factor humano, que ha podido analizar algunos de los liderazgos más ejemplares de nuestra historia reciente, escribía un brillante artículo hace unos meses en estas páginas, La rabiosa modernidad de la vieja política, en relación al desenlace inesperado de las elecciones británicas, y afirmaba: «La ciencia ha avanzado desde los tiempos romanos y han surgido nuevas ideologías y nuevos mecanismos para gobernar pero ni Twitter, ni la televisión han modificado en lo esencial el comportamiento del ser humano, ni tampoco los métodos para conseguir su apoyo electoral. Somos igual de susceptibles a los halagos y a las promesas vacías, igual de susceptibles a líderes astutos que entienden, como también señaló Quinto Tulio, que ‘la gente se deja llevar más por la apariencia que por la realidad’. El mensaje que nos llega de la antigüedad no es gratificante pero sigue siendo tan verdad hoy como hace 2.000 años. Como acaba de demostrar el idealista, intelectual y fracasado Ed Miliband, los políticos que prosperan son los que se relacionan con el mundo como es, no como ellos quisieran que sea.»

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Rajoy y el futuro

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 31 jul 2015

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la última del mes de julio y del curso político, sólo ha comparecido Mariano Rajoy para hacer balance de su último semestre y… abrir, sin ambigüedades, la campaña electoral. El Presidente cumple con una recomendable tradición: rendir cuentas a finales de julio, pero protagoniza excepcionalmente la presentación de las cuentas públicas. Ni el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ni el de Economía, Luis de Guindos, rendirán  cuentas detalladas ante la prensa ―como es habitual― del proceso de aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. «Mandaremos una nota de prensa sencilla», informan desde el ministerio de Hacienda. Por primera vez, en la historia de la democracia, el proyecto de Ley de Presupuestos se aprobará en vísperas de un proceso electoral, con las Cortes a punto de disolverse. Es insólito y preocupante. Incluso algunos expertos lo califican de fraude constitucional.  

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Presidente, ¿y si el miedo ya no asusta?

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 05 jul 2015

Mariano Rajoy cree en una lógica política muy particular. Sus cálculos son básicos, simples, mecánicos. Cree que todos los electores que pudieran votar a Pedro Sánchez se van a reprimir de hacerlo, y a entregarse en sus brazos, por la amenaza y por el miedo de que el líder socialista sea un muñeco en manos de Pablo Iglesias. Hoy le ha dado titular a la tesis con la que hace semanas está trabajando, tras el resultado del 24M: Rajoy tacha al líder del PSOE de «títere de los radicales» y «portamaletas de los separatistas». Así de sencillo. ¿Así de sencillo?

Rajoy atribuye al miedo a los demás rivales un alto valor movilizador del voto propio. Y aunque no hay duda que puede generar una parcial reactivación del voto abstencionista o del voto dual de los populares que en las municipales y autonómicas han votado a otros, no está escrito, ni demostrado —ni garantizado— que la estructura de apriorismos que sustenta esta estrategia dé resultados. Vayamos por partes. Desgranemos los argumentos exagerados que subyacen en la pretensión electoral de Rajoy. ¿Es la exageración un elemento creíble para movilizar el voto? No, no lo es. Los excesos no movilizan al perder toda su credibilidad ecuánime. Sólo lo creíble genera dudas, antesala del miedo de verdad. Cuando se exagera el verbo y se radicaliza el tono, la capacidad de fuego se reduce a la pirotécnica. Mucho ruido, pero nada más. Tan fugaz como luminoso. Pero pronto, la oscuridad vuelve a reinar.

¿Pedro Sánchez parece un títere? No lo creo. El líder socialista es un líder en construcción, sí; pero ha superado la fragilidad de su inicio por una trabajada y efectiva desenvoltura (a veces demasiado impostada) que le viste y le cubre de varias capas de competitividad electoral. El PSOE tiene un candidato —de hecho tiene una pareja electoral en liza como gran novedad— capaz de representar un papel diseñado y programado. Y aunque, a veces, genera dudas sobre el fondo y trasfondo de sus cuidadas formas, no parce alguien fácilmente manipulable. A lo sumo, influenciable. Pero no por el demonizado líder de Podemos.

¿Es Pablo Iglesias un peligro chavista y un manipulador populista como Tsipras? Iglesias, a pesar de su obstinación por querer parecer realmente amenazante —para ser más creíble, supongo— no cuaja del todo con la imagen demonizada que se le quiere construir. Ha cambiado la crispación por la sonrisa y su nueva imagen se reviste de seducción multicolor. Y a pesar de las duras campañas que van a recibir las alcaldesas Manuela Carmena y Ada Colau, y de los ataques a los presidentes socialistas de Extremadura, Aragón y Comunidad Valenciana, entre otros, por pactar con los radicales… lo cierto es que creo que nada de lo que suceda en los próximos meses va a generar una reacción fulminante de rechazo pendular. Los electores socialistas no van a cuestionar la estrategia de pactos de izquierdas con los que el PSOE ha explorado algunas fórmulas de gobernabilidad. No olvidan que muchos de los votantes de Podemos, y muchos de sus líderes, fueron antes socialistas. O hijos de. O todavía más: son los socialistas modernos que ellos también quisieran ser.  

Y, finalmente: ¿van a votar al PP los ciudadanos supuestamente asustados por las dependencias peligrosas de Sánchez respecto a Iglesias? Tampoco. El miedo que azuza Rajoy ya no asusta. Esto es lo nuevo. La sociedad española tiene la piel dura. La crisis ha revestido la epidermis social y política de una capacidad refractaria más potente de lo que se cree. Nadie votará a un líder como mal menor. Porque el cálculo del mal ya no contabiliza electoralmente cuando el cansancio, el hartazgo o la indignación animan a vivir peligrosamente. Los electores no es que sean inconscientes, es que ya viven con el miedo en sus cuerpos provocado por esta durísima crisis que fractura y divide. Ya no tienen más miedo. O al menos no creo que provoque temor desbordado, ni el bueno de Sánchez; ni pánico irreprimible, el malo de Iglesias, a pesar de sus posibles contradicciones.

Rajoy ve el mundo político con una lógica maniquea, más cercana a la filosofía epidérmica que a la complejidad y profundidad del momento actual. Si frente al supuesto populismo peligroso de sus adversarios, Rajoy se protege con el simplismo que parece abrazar… va a sufrir. Y mucho, creo. Lo complejo no se resuelve con lo fácil y lo rápido, ni con dinero inesperado, en forma de rebaja de impuestos o recuperación de pagas. Tengo la impresión de que nada de esto va a cambiar la percepción que una parte del electorado que le abandona tiene de él y de su partido. Los electores no quieren que se les compre. Quieren que se les convenza, aunque al Presidente le sorprenda. Si quiere competir deberá salir de la zona de confort del esquematismo… y buscar razones —que algunas tiene— y emociones —de las que no hace gala— para demostrar que su opción no sólo es la mejor de las peores, sino la opción más atractiva para el futuro. Amortizado por el pasado, chamuscado por el reciente presente, Rajoy deberá encontrar argumentos de esperanza si quiere ser elegido. Es decir, deseado. ¿Podrá?

Datos y política

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 04 jul 2015

Cada minuto se comparten 280.000 tuits, se envían 240 millones de mensajes de correo electrónico, se hacen 4 millones de búsquedas en Google, se envían 350.00 fotos con WhatsApp… y la población global de Internet asciende a 3 mil millones de personas, según la plataforma de data mining Domo. La disrupción sustituye a la evolución o la progresividad. La eclosión de lo exponencial es vertiginosa: según Ericcson Mobility Report 2014, el tráfico de datos creció un 60 % entre el 2013 y el 2014. Antes de que acabe la década, habrá 44 zettabytes de datos (un ZB es igual a un billón de gigabytes) y, seguramente, esta estimación quedará corta y desfasada. Vivimos en un universo, en un mar de datos. El big data nos empequeñece, abruma y nos convierte en cifras medibles y cuantificables, mientras crece más allá de nuestra comprensión. Los datos son los hidrocarburos, el combustible de la sociedad conectada. El principal consumo de la humanidad es ya… información. Somos datos y rastros digitales.

Las instituciones, y la política protagonizada por los partidos tradicionales, siguen gestionando las políticas públicas y la acción política con un gran desconocimiento de esta realidad. Los datos cambian nuestra percepción y conocimiento del entorno y contorno social o económico, porque nos cambian el diámetro, el foco y la intensidad de la mirada. Pensamos lo que vemos, como decía Aristóteles. Cambiar la mirada, obtener una nueva visión, es garantizar las bases para encontrar nuevas soluciones a viejos problemas. Conocer más y mejor la causalidad, las relaciones y los ecosistemas de la realidad social que queremos administrar o cambiar es imprescindible. Pero la política ha renunciado, de momento, al visual thinking. Estamos con los ojos abiertos, pero vemos muy pocas cosas. Nuestra capacidad de pensar se reduce al limitar, por omisión, la capacidad de observar y analizar.

La política, con los datos, se comporta con tres actitudes básicas: o los ignora, o los desprecia, o los sobredimensiona. Ignorar los datos es lo más habitual. Se gobierna (o se propone) con demasiadas intuiciones, convicciones, prejuicios y.... con pocos datos. Los argumentos rara vez se sustentan con datos. Y cuando se utilizan no es para la búsqueda de consensos empíricos, sino para arrojarnos porcentajes, estadísticas, decimales y gráficos como objetos verbales, sin ánimo alguno de aproximación. Todo lo contrario. Siempre me ha sorprendido, por ejemplo, el volumen de datos que se lanzan en los atriles parlamentarios que no son contrastados, documentados o, simplemente, referenciados. Mentir o tergiversar con los datos, al utilizarlos sin sentido ni comprensión es nuestra manera peculiar de ignorarlos. Desposeerlos de contexto y fragmentarlos es, además, otro vicio nacional. A lo que hay que añadir una profunda ignorancia de la mayoría de nuestros líderes políticos por los datos básicos —y actualizados— del sector o territorio al que representan. No pensamos con datos, improvisamos con prejuicios, que no es lo mismo.

La segunda actitud fundamental es el desprecio. Cuando los datos se conocen, se relativizan o se subestiman. La prueba más trágica del daño irreversible que tiene despreciar los datos (científicos en este caso) es todo lo que concierne a las políticas públicas medioambientales. El próximo 30 de noviembre, por ejemplo, se celebrará en París la 21ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), donde se buscará «alcanzar, por primera vez, un acuerdo universal y vinculante que permitirá luchar eficazmente contra el cambio climático e impulsar la transición hacia sociedades y economías resilientes y bajas en carbono». Este encuentro es determinante y decisivo para nuestro futuro. Los datos sobre la salud del planeta son incuestionables, aunque sean interpretables. Pues, lamentablemente, este tema estará absolutamente ausente del próximo proceso electoral. La cita francesa, con los datos que nos afectan y sus consecuencias serán ninguneados por nuestros dirigentes. Despreciar los datos es la arrogancia del ignorante. Una política que no piensa con datos es incapaz. La que los desprecia es irresponsable.

Y finalmente, en el extremo opuesto, nos encontramos con la sobreexcitación y exaltación del dato, en especial los económicos (y, en concreto, los financieros). El paroxismo acrítico del dígito. El onanismo numérico. Esta es la gran diferencia entre gobernar y administrar. Los administradores necesitan excels, los gobernantes datos, mapas y capas múltiples. Solo los cartodatos o los ecosistemas de datos, con su interpretación causal, permite diferenciar la política de la contabilidad. La política sometida por las cifras se reduce al determinismo político. Al «no hay alternativa». A la claudicación, a la renuncia a dirigir los destinos de lo público para reservarnos el mero papel de espectadores o de contables de lo inevitable. En esta tercera actitud, la confusión entre datos y conocimiento es tan perversa como peligrosa, como bien apunta Nate Silver en su imprescindible libro La señal y el ruido cuando nos advierte que «la sobreabundancia de información puede empeorar nuestros pronósticos». Atrapados entre la trazabilidad y la predictibilidad, la política renuncia a decidir.

Pero hay otra opción posible. Y necesaria. La que piensa en el big data, en el social data, como un elemento revitalizador y renovador, también, de la acción política además de la economía. La que no confunde las señales con voces, los ruidos con alertas, las localizaciones con los reales mapas de capas, las interacciones con las relaciones, o los simples y puros datos con conocimientos útiles para la acción y la gestión política. Creo que necesitamos una cultura de datos para una nueva política. Más consciente, más lúcida y comprometida. Estos podrían ser, brevemente, algunos itinerarios posibles para ir del big data a la nueva política.

1. Datos para la monitorización, vigilancia, y fiscalización políticas. Esta misma semana se ha presentado Polétika: una nueva plataforma de vigilancia crítica. Los datos que va a examinar esta red ofrecerán nuevas miradas a las políticas públicas. Y los grados de cumplimiento.

2. Datos para la visualización política. Necesitamos cartodatas creativas que aprovechen el enorme potencial del visual thinking y del art data para ver los datos y comprenderlos mejor gracias al arte digital. Activismo y artivismo. Datos bellos para intentar una política de bien común.

3. Datos pata la movilización. El mundo de los datos mediatizados y operados por apps, por ejemplo, puede favorecer prácticas políticas de intervención y movilización nuevas y estimulantes. Apps para hacer más efectivos los puerta a puerta, para la convocatoria de acciones, o para la participación electoral. Datos que permiten movilizar el voto al conocer mejor a los votantes y sus necesidades. Datos para la tecnopolítica.

4. Datos para la segmentación. De la publicidad a la conversación y al microtargeting. Datos para saber qué decir, a quién, cuándo, cómo y… por qué. Datos para conocer mejor a los electores y a los ciudadanos, sus intereses y sus relaciones. Datos para conversar. Del focus group al social group.

5. Datos para cogobernar. Los datos de interés público ya no son sólo los datos de las Administraciones públicas, ni los que se liberan por las políticas de transparencia, simplemente. Las Administraciones son una minería de datos extraordinaria que puede, juntamente con grandes corporaciones, liberar datos útiles para el diseño y rediseño de productos y servicios. No tengo duda alguna de que una política pública de datos abiertos, libres y cooperativos es básica para nuestras sociedades. Esto va mucho más allá de los gobiernos o parlamentos abiertos. Se trata del gobierno compartido, cooperativo y colaborativo como el único capaz de embridar los excesos de lo privado cuando especula, esquilma o depreda.

6. Y, finalmente, datos para más y mejor democracia. Sea para renovar la vida interna de los partidos o para experimentar la democracia líquida y nuevas formas de delegación y representación. ¿Podemos seguir despreciando el potencial de los datos para la política? Podemos, pero no debemos si queremos entender lo que pasa y por qué. Claves básicas para liderar una política de la responsabilidad y la renovación.

Cuando las mayorías se pactan

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 25 may 2015

Esta noche ha sido intensa. Y sorprendente. El PP gana, pero pierde. Gana en la mayoría de las Comunidades Autónomas donde gobernaba (con excepción de Extremadura y Canarias) pero pierde todas sus mayorías absolutas y tiene muy complicada la gobernabilidad. Lecciones de humildad. El PSOE resiste, pero gana y avanza. Las victorias en tres comunidades, revalidando el poder en Asturias, así como el resultado global de las municipales (con importantes victorias en las capitales andaluzas) le permite presentarse como una alternativa real, y una suma imprescindible ―o central― para la articulación de alternativas de izquierdas.

El bipartidismo empata con los emergentes y diferentes. El PP y el PSOE sólo representan poco más del 50 % de los votos emitidos. Siguen las paradojas. Ada Colau gana, pero no se adivina cómo puede gobernar. Manuela Carmena pierde, pero su opción a ser alcaldesa crece y es más que posible. Ciudadanos no da el sorpasso, ni la sorpresa, a pesar de haber concentrado todas las expectativas ―y apoyos― posibles en las últimas semanas. Pero va a ser determinante en muchísimos ayuntamientos, y en en tres comunidades, al menos. Y Podemos se estrena, en todas partes, pero realmente gana cuando se funde y se retroalimenta con otras dinámicas de cambio social que desbordan los cauces de los partidos. Una lección de humildad, también. Y de pragmatismo.

La legislatura del #15M, del bipartidismo hegemónico y de las mayorías absolutas del PP se cruzan en este cruce de vías del #24M. Adiós a las arrogancias y a los prejuicios. La cura de humildad para el PP va a ser dura y dolorosa. Se abre la necesidad de refundar el PP. El viejo PP pierde. Rajoy llega muy tocado a la candidatura. Y, todavía más, ha comprobado el sabor de la derrota y de la soledad, que es la auténtica derrota en política.

La gobernabilidad de comunidades y ayuntamientos va a depender de la capacidad no sólo de pactos aritméticos. Se trata de algo más relevante: una nueva cultura política del acuerdo, el consenso, el compromiso y la negociación. Ganarán los humildes y flexibles. Perderán los soberbios y dogmáticos. Eso también vale para la nueva política… que deberá comprender que ganar no es suficiente para gobernar y que, para ello, es imprescindible negociar apoyos permanentemente. La intransigencia en política no te permite resolver problemas ni garantizar gobiernos. El adanismo y el prejuicio (al adversario, al rival o al exsocio) no creará mayorías ni alianzas.

Las mayorías se pactan. Ya no se ganan. Es tiempo de negociadores y de estructuras de partidos (que van a seguir siendo imprescindibles) para armar acuerdos y disciplinas que los hagan realidad. Esta noche se han abierto muchas compuertas. Se han abierto muchas ilusiones. Mañana hay que encauzar sueños con responsabilidades. Victorias con pactos. Es un tiempo nuevo. Las alternancias (bipartidistas) dan paso a las alternativas (multipartidos). Hemos ganado mucho en representatividad. Ahora hay que ganar en gobernabilidad.

Guía para seguir el resultado del #24M

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 23 may 2015

Estas elecciones van a ser decisivas para el futuro de nuestros municipios y de varias Comunidades Autónomas. Pero también para el mapa político español. Se juega una partida simultánea. Y cada voto vale triple: para decidir representante, para decidir las fórmulas de gobernabilidad del mapa político, y para decidir algo más que un nuevo ciclo electoral. Seguramente, estas elecciones abren una nueva etapa en la vida política española. Una nueva etapa que reconfigurará todo el espacio político. La información, esta noche, va a ser una demanda exigente. He preparado, como en otras ocasiones, una breve guía para seguir el resultado electoral. Son recursos. Hay muchos más. Es una selección que espero os ayude.

1. Los especiales de los medios. La gran mayoría de medios de comunicación harán seguimiento en directo de los resultados, y los analizarán después. En los diarios, El PaísEl MundoEl PeriódicoABCLa RazónLa VanguardiaCinco díasHuffington Post20 minutos, etc. harán cobertura en directo. También habrá especiales en las webs de diferentes canales de televisión, como por ejemplo Antena 3 y Telecinco. Y La SER ha preparado un ambicioso programa especial que contará con un amplio dispositivo local y regional de todas sus emisoras y con la opinión y el análisis de un equipo de colaboradores.

2. Las apps. No siempre tendremos cerca la televisión o una radio para saber los resultados. Es por eso que las apps electorales son una buena alternativa para seguir los resultados. Es el caso de la app de El País, o (sólo en Madrid) de elecciones2015.madrid.org. También existe, para toda España, la app «Elecciones Municipales 2015», que está disponible de forma gratuita para dispositivos Android en Google Play Stores y con un coste de 0,99 euros para dispositivos iOS en Apple Store.  Las apps han entrado con fuerza, también, en la campaña para que podamos realizar un autotest político en caso de dudas sobre nuestro sentido del voto. Electorability, Elector y la app Test Elecciones 2015 han facilitado la decisión a los indecisos o curiosos.

3. Twitter. En Twitter, se podrán seguir los resultados a través de los hashtags #24M o #Elecciones24M. También en el Twitter de los partidos y de los medios de comunicación. Para quien tenga curiosidad, han salido análisis de la repercusión en Twitter de los diferentes candidatos durante la campaña, para saber si los resultados son acordes con la presencia en esta red. Se puede ver el estudio realizado por SocialNoise o por Sibilare (en Barcelona).

4. Los periodistas influyentes. ¿A qué periodistas siguen Rajoy, Sánchez, Iglesias, Rivera, Garzón, Díez? La consultura Burson Marsteller ha lanzado el estudio Influentweet en el que identifica quiénes son los 20 periodistas más seguidos en Twitter por los líderes políticos españoles. Para calcular los índices de popularidad se han analizado las cuentas de los principales políticos e instituciones españoles y más de 180.000 combinaciones para poder extraer, en base a las repeticiones, cuáles resultan ser los periodistas más influyentes en el ámbito político. Consultar los time line de estos influencers puede ser una buena manera de estar informado y con los mejores datos, exclusivas y análisis.

5. La página oficial. Una vez más, la página oficial del Ministerio del Interior ofrecerá los datos oficiales y nuevas funcionalidades de búsqueda. Es un recurso imprescindible que demuestra, una vez más, que España en materia de procesos electorales está a la vanguardia tecnológica, tanto las administraciones como las empresas proveedoras. Más de 35 millones de votantes decidirán el futuro en 23.000 colegios electorales. La gestión de los resultados de las elecciones del próximo domingo supone un reto tecnológico que cuenta esta vez con más medios para el recuento y los 173.000 miembros de las mesas.

6. Las porras. Durante estas semanas se han ido realizando porras en diferentes webs, que previsiblemente dirán los resultados medios obtenidos por sus participantes. Es el caso de El Diario.es o Beers&Politics. Es un alternativa lúdica y que abre la reflexión y la investigación sobre nuevas maneras de predecir escenarios. Diversas investigaciones destacan que, por ejemplo, los mercados de predicción pueden resultar muy útiles para la toma de decisiones, tanto para  empresas privadas como para organismos públicos. También en procesos electorales.

7. Los politólogos. Los análisis, en directo, o a partir del lunes, se podrán seguir leyendo a los politólogos o periodistas que más han estado siguiendo esta campaña. En este ciclo electoral los politólogos, en especial las nuevas generaciones, están protagonizando ―con gran calidad― parte del análisis político. Las firmas que alimentan PolitikonAgenda Pública, la Asociación de Comunicación Política (ACOP), el Cercle Gerrymandering, o las columnas y blogs de El País, entre otros, son imprescindibles si se quiere estar bien informado… y comprender lo que sucede.

8. La Red. En los últimos días se han analizado diferentes indicadores, no sólo de Twitter, respecto a la presencia de los diferentes candidatos en la Red. Por ejemplo, algunos medios han elaborado un especial sobre las búsquedas de Google y su capacidad predictiva. Podremos comprobar si esos indicadores se han cumplido (cosa que sí sucedió, en contraste con la tendencia mayoritaria de las encuestas que daban otros resultados, en las elecciones británicas del pasado 7 de mayo). Las búsquedas, los comportamientos en el ecosistema digital, y sus tendencias son un poderoso elemento de información para seguir una campaña o un proceso electoral. ¿Ganarán las búsquedas a las encuestas? Lo veremos la noche del #24M.

Cuando las multitudes hacen la campaña

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 22 may 2015

Algo está pasando. Manuela Carmena está liberando mucha energía ciudadana. Con su estilo libre (independiente), personal (autónomo y auténtico) y liberado (de argumentarios y consignas) está enamorando ―y domando― el fraccionamiento cainita, tan característico de algunos sectores progresistas de la ciudad de Madrid. Y, a la vez, está generando una coalición transversal, intergeneracional y plural de ciudadanos y grupos que ven en su campaña la oportunidad de recobrar el protagonismo político de las personas en el devenir de lo político. Las multitudes han desbordado a los aparatos, que tantas veces en Madrid, y en otros muchos lugares, han decepcionado y frustrado las esperanzas de cambio.

La creatividad social contagia, anima y moviliza. Carmena ya no es de nadie, ni de sus promotores, valedores o facilitadores. Por eso puede ser la alcaldesa de todos. Porque los electores no quieren esperarse al 24M para ser decisivos mientras esperan el recuento. Quieren, con su activismo y artivismo, ser protagonistas de lo excepcional. La campaña es una muestra de un refrescante y lúdico grassroots que puede derrotar a maquinarias muy eficientes, a estructuras muy poderosas y a candidatos muy experimentados. Una vez más, las multitudes inteligentes pueden ser más efectivas que los organigramas silentes.

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La legislatura del #15M

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 15 may 2015

De las plazas a las redes. De las redes a las plazas. Y, ahora, cuatro años después, muchas de las personas que llenaban ambas, con su activismo político, han dado un paso al frente: hoy son cabezas de lista, candidatos, coordinadores o directores de campaña. Del no nos representan, al quiero ser tu representante. Una evolución extraordinaria que es, seguramente, el indicador más relevante de revitalización democrática de nuestra sociedad. Hace cuatro años, el bipartidismo político y la opinión pública (y publicada) institucionalizada no salían de su zona de confort y se preguntaban con displicencia y arrogancia: ¿quiénes son? ¿de dónde han salido? ¿qué quieren? ¿quién manda? ¿cómo se organizan?.

Cuatro años después, el #15M ha actuado como un gran fertilizador democrático. Han aparecido nuevos medios de comunicación, nuevas prácticas de vigilancia política, nuevos liderazgos y nuevos partidos (después de una etapa de adanismo refractario a la construcción política). Esta legislatura ha sido la legislatura del #15M. Su impacto en la cultura política ha superado todas las expectativas, y propósitos, de sus protagonistas hasta inocular en la sociedad española conceptos y prioridades que ya son parte de nuestro patrimonio político colectivo: desde la transparencia a la tecnopolítica.

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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