Mariano Rajoy ha comparecido, finalmente, ante la prensa y la opinión pública. El desgarro y la hemorragia en su reputación lo requerían. Hoy, con un nuevo escenario, puertas abiertas, una ventana al fondo y elementos florales, ha ofrecido una imagen más serena y tranquila. Un entorno confiado y seguro. Una escenificación profesional en la que destacaban las banderas española y europea, algo que ayer, en la rueda de prensa de De Guindos, no tenía el protagonismo audiovisual debido…, y conveniente.
Rajoy no se ha movido de su discurso, aunque ha estado más convincente que nunca. No ha entrado “en debates nominalistas” (rescate o ayuda); ha mantenido su agenda de reformas y actuaciones como “un plan global”; no ha perdido la oportunidad para atacar al gobierno anterior recordando que no habríamos llegado hasta aquí “si se hubieran tomado antes algunas medidas”; y ha valorado la decisión de ayer como una victoria: “ayer ganaron Europa, el euro y España”. Por este orden.
Rajoy ha reaccionado, aunque tarde y obligado. Ha salvado una pelota de match ball, como las que seguramente tendrá que salvar Rafa Nadal esta tarde en Roland Garros para ganar el trofeo. Y confía en que España gane su primer partido inaugural de la Eurocopa. Partido que verá, en directo, por responsabilidad, dice el presidente. La asociación de la petición de rescate como una ofensiva victoriosa (“el que he presionado he sido yo”, respondiendo a la pregunta sobre las presiones europeas) y el hecho de que haya citado a Nadal y a la selección española de fútbol son una apuesta estratégica. Casual o no. El enfoque estaba servido. “Ayer ganó Europa”. Pero hoy espera que ganen “los españoles”. En definitiva, Rajoy espera ganar, hoy. Ayer, perdió.