Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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Coros políticos

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 26 jun 2012


El activismo explora, cada vez más, nuevas formas de comunicación política que tienen en común tres características ganadoras: las multitudes, las redes, las calles. Una creatividad extraordinaria está desbordando los formatos clásicos de protesta, casi siempre asociados a las marchas, las manifestaciones o las sentadas. Los coros políticos, o la queja a través de composiciones musicales para ser interpretadas masivamente, forman parte de este nuevo fenómeno. Su atractivo reside en su capacidad para conseguir un momento memorable, altamente creativo y simpático, y con un fuerte impacto mediático. Lo lúdico y lo lúcido se dan la mano en estas nuevas tipologías de intervención pública: activismo que ocupa las calles, que nace en las redes y que impacta en los medios.

La idea viene de tan lejos como la propia democracia: los grandes autores griegos incluían en sus tragedias coros que se erigían como la voz del pueblo, juzgando a dioses, héroes y mortales e introduciendo valoraciones morales o éticas sobre las acciones que ocurrían sobre el escenario. Las partituras se han perdido, pero la efectividad del mecanismo se mantiene intacta.

El poder unificador de la música lo conoce bien la Iglesia cristiana desde sus inicios. En el canto gregoriano, los himnos son una de las composiciones más elaboradas, siempre con la intención de exaltar unos determinados valores. Los entonaba al unísono toda la congregación, al fin y al cabo, una manera de autoafirmarse no tan diferente a las de hoy en día.

Hemos olvidado que todas las revoluciones modernas tuvieron su canción para ser cantada por multitudes: la Marsellesa, la Carmagnole, la Internacional y el himno de Riego, por ejemplo. El sindicato de izquierdas americano, International Workers of the World (los Wobblies) cantaban en todas sus acciones. El risorgimento italiano adoptó a Verdi como el músico de referencia: en primer lugar, porque el coro Va, pensiero del Nabucco caló como himno a la unidad de la patria hasta tal punto que aún sirvió hace poco más de un año para que el director de orquesta Riccardo Muti pusiera en verdaderos apuros al mismísimo Berlusconi. En segundo, porque del apellido del músico se llegó a hacer una consigna política. En efecto, gritar “Viva VERDI!” era decir en siglas “Viva Vitorio Emmanuelle Re D’Italia!”. La importancia de la música en la política -en particular en los procesos electorales- y los coros políticos no son nuevos, pero ahora florecen con nuevas notas, voces y letras.

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