Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

Rajoy y la pereza

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 28 dic 2012

Mariano Rajoy reivindica su esfuerzo: “Nadie podrá decir que nos hemos quedado con los brazos cruzados”. Y su dedicación: “He viajado a 29 países en un año”. También revaloriza las virtudes de este esfuerzo “descomunal” (en sus propias palabras): “¿Qué hubiera ocurrido si no hubiéramos tomado estas medidas (reformas y recortes)?”. Nadie podrá decir que Rajoy es perezoso. Pero los problemas de España no se resuelven haciendo cosas, simplemente, por importantes que sean, sino por pensarlas bien antes de ejecutarlas, por hacerlas de manera nueva y creativa y por encontrar nuevas ideas para nuestros desafíos. Se trata de neuronas políticas, no solo de músculo político. Hablamos de acierto, no de esfuerzo, únicamente. Rajoy da la impresión de estar -y con él todos los ciudadanos- pedaleando en una bicicleta estática. Sudas pero no avanzas.

La pereza mental en política es nociva… y peligrosa. El resultado de las elecciones catalanas del #25N, por ejemplo, puede alimentar esta actitud mental tan perniciosa en democracia. El batacazo (el fracaso, el ridículo, el castigo…, según se lean algunos periódicos) de Artur Mas puede actuar como un estúpido placebo. Hay quien cree que todo ha terminado, que Mas ha fracasado. O que fracasará otra vez, intente lo que intente. Y es cierto, en parte. Quería una mayoría excepcional (situaciones excepcionales, medidas excepcionales, mayorías excepcionales) y el resultado ha sido un serio revés personal y político. Pero aquí no acaba todo, más bien empieza.

La pereza política puede hacer creer a nuestros principales dirigentes que la inacción resuelve los conflictos, que el tiempo lo arregla todo o que la imposibilidad legal de una consulta (por ejemplo) cercena el derecho a decidir. No se puede ser más ciego. La pereza mental es mala consejera. Provoca parálisis, pudre situaciones, atenaza la acción política y limita su capacidad de llevar la iniciativa, fundamental en política.

La pereza es todo lo contrario a la resistencia. Mariano Rajoy ha dicho a Artur Mas que le recibirá “cuando él se lo pida” y que “estará, como siempre, dispuesto al diálogo”, aunque ya le ha advertido de sus prioridades (la crisis económica) y sus límites (la Constitución). Pero no se trata de hablar, sino de comprenderse. No se trata de esperar, sino de anticiparse. Los apriorismos mentales inhiben la política y la reducen a una correlación de fuerzas, peligrosa cuando hablamos de materias sensibles. España necesita un ejercicio colectivo de open mind (mente abierta). Sin creatividad política, sin generosidad y sin visión no hay soluciones a nuestros retos. “Adivinar el futuro no tiene sentido”, afirma Rajoy, pero leer bien los síntomas de nuestra sociedad y comprender las tendencias de fondo sí que tiene todo el sentido. ¿Puede Rajoy pensar diferente (y mejor), pensando con nuevas bases y miradas?

Mariano Rajoy tiene una especial habilidad: cree que pasar de puntillas por los temas es no hacer ruido y pasar desapercibido. Pero el suelo de madera está más reseco y ruidoso que nunca. En relación con Catalunya, por ejemplo, no quiere hacer nada y prefiere esperar, siguiendo su tradicional estilo inmóvil y, con ello, provoca un estruendoso crujido. De un Presidente se espera acción y determinación, no inmovilidad e indefinición. Esta incapacidad exaspera y desespera.

Frente a los desafíos (políticos, sociales y económicos), Rajoy responde con normas: Decretos Leyes de los que abusa sin vacilar. Su gobierno ha utilizado esta fórmula excepcional con una soltura impropia. Incluso teniendo mayoría, lo que le permitiría gobernar sin problemas de aritmética parlamentaria. Pero eso le obligaría a dar explicaciones y a escuchar críticas o nuevos argumentos. ¡Ay las explicaciones! Otra vez, la pereza (mental). La misma que le llevó, entre otros cálculos, a cancelar el Debate del Estado de la Nación.

Gobernar es algo más que el control del BOE. La mayoría silenciosa está agotada, que no es lo mismo que complaciente. Su formación y su profesión como registrador de la propiedad le han dejado una fuerte impronta cultural y han alimentado un modelo de gestión que se ajusta a su personalidad. Lo que no está escrito no existe (y no puede existir). Hay una actitud casi religiosa respecto a la norma y una fascinación por la capacidad reguladora. Pero la política en España empieza a escribirse en los márgenes, entre líneas, y con una demanda inaplazable de abrir nuevos capítulos, con nuevas ideas.

Hoy, en su tradicional rueda de prensa de final de año, ha hecho un balance de su primer año de gestión con la resignación política (y la justificación moral) de haber hecho lo que se podía y de haberse esforzado en ello. Rajoy trabaja, sí; pero la sensación que se extiende es que no resuelve. Nos pide “comprensión”, una vez que la paciencia y la confianza se agotaron, según él mismo ha aceptado. Rajoy ya no anima, pero pide ánimos para su tarea. Algo falla. O se quedó sin energías, o sin ideas. Su única propuesta es perseverar y esperar.

El Rey virtual

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 24 dic 2012

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El primer plano ya anunciaba cambios. La imagen exterior de la ventana del despacho del Rey, con la luz encendida en la oscuridad, viendo al monarca casi en pie, tras los cristales, ya anticipaba una actitud, un giro, un desafío. También antiguos recuerdos. El cambio formal de hablar desde delante de su escritorio, sentado sobre le borde de la mesa, ha sido muy significativo. El Rey ha dado su particular “paso al frente”. Su comunicación no verbal ha sido serena, menos impostada, y los planos menos previsibles y convencionales. La mesa no era decorado. Era un espacio de trabajo en donde destacaban un secante sin pluma, una lupa, unas tijeras y una libreta roja. Todo muy simbólico. O anecdótico. Misterio y sorpresa.

El poderoso y profesional equipo de comunicación y de estrategia de la Casa Real se ha empleado a fondo. El deterioro de la Corona y, en particular, de Juan Carlos I  ha obligado a cambios que, quizás, deberían haber entrado dentro de la normalidad, más que ser percibidos como excepcionales o novedosos. Una ofensiva pública, orientada hacia la proximidad, la transparencia y un renovado protagonismo, ha guiado los calculados movimientos de la institución.

En las últimas semanas, la monarquía se ha hecho un lifting estético y comunicativo: ha estrenado web (con el blog del monarca, que continúa con un único texto colgado el pasado 18 de septiembre), un canal de YouTube (con todos los mensajes de Navidad del reinado), con una oportuna acción de reconocimiento a la pluralidad lingüística y cultural de España al presentar, en las lenguas oficiales del Estado, el texto de su alocución en Nochebuena. Juan Carlos I es ya un rey virtual en búsqueda del reencuentro con la realidad perdida.

Según los responsables de este diseño, los resultados de este esfuerzo planificado, que ha afectado a la agenda, los gestos, los mensajes y la estética, han empezado a notarse. Hace unas semanas se ha sabido que la Casa Real dispone de encuestas internas (que deberían ser públicas, ya que son financiadas con recursos públicos, y más ahora que conocemos la abstención del CIS en relación a preguntar por la monarquía) que mostrarían que “lo peor ya ha pasado” en relación con la crisis de Botsuana. Aunque la irritación y el malestar persisten, según las misma fuentes de La Zarzuela, con la brecha abierta por el comportamiento “no ejemplar” de Iñaki Urdangarín. ¿Tan fácil? ¿Se trataba de un tema de opinión pública y de maquillaje modernizador y tecnológico, simplemente?

Creo que la complejidad política, que roza la parálisis o el bloqueo, de nuestra realidad obliga a aceptar que España, en su conjunto (y con ella, la Corona y todo nuestro sistema y arquitectura institucional) necesita un “reset” inaplazable. Y las palabras son claves. Lo que se omite no deja de existir. Lo que se ignora se recrudece. Lo que se insinúa, no siempre es suficiente.

En su discurso, el Rey ha omitido las palabras paro, corrupción y desahucios, por ejemplo. Tampoco ha citado, ni una sola vez, a la Constitución. Y han caído del discurso las menciones directas a su familia, a la Reina o al Príncipe. Por no aparecer, no aparece ni la inevitable palabra “unidad” (de España), ni la tradicional referencia a nuestras Fuerzas Armadas en el exterior. Algunas plumas de salva patrias excitadas se van a afilar. Este discurso puede valer más por lo que no dice (y por qué), que por lo que dice. Todo muy pensado.

Esta estrategia de no quedar asociado a los temas o conceptos más preocupantes (o cuestionados), o que chirrían en el subconsciente de muchas personas en nuestra sociedad, y de buscar la centralidad con interpretables críticas a diestro y siniestro, es hábil. Pero no es suficiente si se quiere liderar, más que sobrevivir. Es ventajista… y puede tener algún efecto imprevisto de rechazo.

El Rey, consciente -y aprovechándose- de la debilidad de la política formal, busca en la calculada crítica y reivindicación hacia ella una redención (personal) y una reubicación (institucional) de su figura y de su papel. Pero no se trata de su imagen, sino de su responsabilidad de lo que hay que preocuparse, y cuidarse. Esta noche saldrá bien parado, seguramente. Pero, Majestad, la cuestión es salir del “paro” laboral, económico, político, institucional y social en el que está, seguramente, la sociedad española. España está off, necesita reiniciarse.

La sutil, pero intencionada, reflexión sobre la “política grande que supo inaugurar una nueva y brillante etapa integradora en nuestra historia”, que reivindica el Rey en su intervención, es una invitación, fundamentalmente, al pacto bipartidista, propio de los momentos excepcionales en los que la monarquía ha jugado un papel decisivo e histórico. “Austeridad y crecimiento deben ser compatibles”, ha dicho, buscando la equidistancia. El Rey no se está retirando, más bien parece todo lo contrario: quiere volver y ocupar un renovado protagonismo. Reivindicando la Transición que no menciona, se reivindica a sí mismo.

Hace unas semanas, el monarca, en su viaje a la India se quejaba de la melancolía y del pesimismo de nuestra sociedad: “Los españoles nos metemos el cuchillo. Desde fuera, España se ve mejor, sales más contento de la imagen de España. Dentro, dan ganas de llorar, todo son penas, pero tenemos que sobrellevarlas”, decía en Nueva Delhi. Quizás por esta razón, el Rey ha recorrido, recientemente, más de 70.000 kilómetros proyectando la “Marca España” fuera de nuestras fronteras, en Brasil, Chile, Rusia e India. Y, según previsiones, viajará el año que viene a China, único destino que falta por visitar de los BRIC –países emergentes–.

Dice el Monarca: “Frente a este pesimismo, como frente al conformismo, cabe encontrar nuevos modos y formas de hacer algunas cosas que reclaman una puesta al día”. ¿A qué se refiere? ¿Está dispuesto el Rey a hacer un último -y decisivo- servicio a su país (tras treinta y siete años de reinado), auspiciando un período de cambios de fondo a través de “nuevos modos y nuevas formas”? Las formas, en política, son fondo. Lo sabe bien la Casa Real, que vive y se nutre de legitimación a través de la representación simbólica y de la gestualidad ejemplar. Esta noche, el Rey virtual ha ensayado su ambicionado y deseado nuevo papel. La realidad espera, impaciente.

Fuente de la fotografía: Telemundo

Enlaces de interés:
- Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey (Palacio de la Zarzuela, 24.12.2012)
- Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey (vídeo)

 

Rato: código penal y código ético

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 20 dic 2012

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En septiembre, y tras el resultado electoral en Holanda, se produjo un consenso político entre liberales y socialdemócratas, las dos principales fuerzas políticas. Fue una negociación rápida, pero con medidas pensadas y arriesgadas, sobre todo en lo que se refiere a la banca. Borrón y cuenta nueva. Nuevas normas. Nuevos códigos. Más regularización. Esta coalición pretende relanzar a Holanda en términos económicos firmando -precisamente- un código deontológico, un acuerdo al que han llamado “Tendiendo puentes”. Este código afecta directamente a los banqueros, actuando allí donde la falta de regulación ha hecho posible la alimentación de la crisis económica y la especulación. Incluye la regulación de la integridad y la forma de trabajo de la banca. La vulneración será sancionada.

Para mantenerse por debajo del 3% de la eurozona, han decidido ajustar en 16.000 millones de euros y, además, las rentas más altas serán las que se encarguen de los recortes sanitarios. Parece justo. Y todavía hay más: atar en corto a los banqueros. Además de vigilar su integridad y forma de trabajo, se vigilarán los movimientos de los ejecutivos que tienen por encargo velar y actuar en grandes transacciones. Un dato importante, y que parece obvio, es que tampoco podrán venderse hipotecas o créditos a aquellas personas que no puedan garantizar responsablemente su retorno. La avaricia no puede alimentarse de la buena fe, el deseo o la tentación calculada de un sistema financiero capaz de vender créditos sin importarle el crédito del que lo suscribe. Otras medidas del recién estrenado gobierno holandés en este código son que las bonificaciones de los directivos no superarán el 20% y que las organizaciones financiadas por el Estado tendrán prohibido especular.

El caso islandés
En agosto de 2012, la primer ministro islandesa Johanna Sigurdardottir presentó una moción al Parlamento para evitar que los bancos con fondos del Estado pudiesen financiar inversiones arriesgadas. Una medida que tienen clara es la de apostar por la separación forzada: creen que la mejor forma de impedir que los bancos creen burbujas es la aprobación de una ley que separe la banca comercial de la banca de inversión. Una apuesta que consideran necesaria y compatible. Quieren romper con los conglomerados financieros para no dar demasiado poder a la banca y evitar que puedan invertir con fondos del Estado. Con ello, el Fondo Monetario Internacional prevé que Islandia crezca superando la zona euro este año y también el que viene.

La Regla Volcker
La "Regla Volcker" fue la propuesta de Ley de reforma del sistema bancario estadounidense que lanzó el gobierno de Obama en el año 2010. Recibe su nombre en honor a Paul Volcker, expresidente de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos. Quienes están detrás de esta regla tenían por objetivo reformar el sistema bancario tras la gran caída de 2008 y hacerlo más democrático y transparente. Son Occupy the SEC (Securities and Exchanges Commission, la Comisión de Valores de Estados Unidos), formada por estudiantes de economía, activistas, abogados, profesionales financieros, empleados de asociaciones de cooperativas y ciudadanos con ganas de impulsar una reforma.

¿Qué pretendía la Ley? Ni más ni menos que limitar el tamaño de los bancos y restringir actividades para evitar los riesgos. “Prohibir operaciones que buscan ganancias rápidas, pero ofrecer exenciones para suscribir y construir mercados de valores, además de cubrir riesgos. También incluía un programa para garantizar que los bancos no hagan operaciones propias haciéndolas pasar como cobertura”. Se acabó el “too-big-to-fail” (demasiado grande para caer). Si un banco incumple sus obligaciones, los organismos reguladores ordenarán su cierre y su liquidación sin que suponga un rescate a costa de los impuestos. Además, se pretendía impedir que cualquier banco captase depósitos garantizados por el Estado, inversiones en hedge funds o instrumentos de private quality.

Rato y la verdad
Mientras, en España, el debate sobre la legitimidad moral y política del rescate financiero sobre Bankia, ha puesto en el centro de la diana el comportamiento responsable -o irresponsable- de sus gestores y las limitaciones, imperfecciones o grietas de nuestro sistema de regulación y vigilancia. Hoy, Rodrigo Rato, quien fuera poderoso director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), se enfrenta a la justicia para dar cuentas de lo que sabía, ignoraba u omitió en la causa judicial en la que se investiga la fusión y salida a Bolsa de la entidad. La imagen tiene una gran fuerza simbólica.

La Audiencia Nacional empezó a investigar en el mes de julio el agujero de Bankia-BFA a raíz de una querella de UPyD (a la que siguieron otras del 15M y otras organizaciones), que acusa a los exconsejeros del grupo de estafa, falsificación de cuentas, administración desleal, apropiación indebida y maquinación para alterar el precio de las cosas. El exvicepresidente del Gobierno será el último de los 33 directivos que declararán como imputados en la Audiencia Nacional.

Rodrigo Rato se enfrenta a tres retos: el judicial, el profesional y el reputacional. La justicia determinará su grado de responsabilidad penal en la gestión de Bankia. La profesional ha quedado seriamente dañada por la propia actuación de quien, muy pocos días antes de la intervención, acreditaba con su puño y letra la solvencia de Bankia. Y la reputacional le arrastra a él y a sus valedores: su crédito como exministro o máximo responsable del FMI no es suficiente como garantía ética. La aristocracia (técnica, política o económica) ya no es garantía de meritocracia. La ética y la estética se divorciaron.

Este es el auténtico choque. La percepción generalizada de que los zorros cuidaban las gallinas. El descrédito de nuestros líderes (políticos, sociales y económicos) es extraordinario. Las instituciones democráticas y reguladoras se ven sometidas a la desconfianza ciudadana. Los referentes (desde la monarquía a las instituciones representativas) caen en picado en valoración y credibilidad.

Rodrigo Rato puede hacer, todavía, un servicio a la España que, quizás, si no se hubiera negado a los designios de José María Aznar, habría podido gobernar. Hoy debe responder ante el juez y ante centenares de personas afectadas por las preferentes que le han recibido con gritos de chorizo, ladrón... Esperamos más que explicaciones circunstanciales, queremos respuestas de verdad. Y, si no las tiene, que asuma sus responsabilidades. Mientras, la red hierve (como sensor social y ciudadano) y #CárcelPaRato lleva todo el día liderando las audiencias en Twitter.

El primer tuit del @Congreso_Es

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 11 dic 2012

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Actualización de este post a las 12:20h

Tic, tac, tic, tac. Se ha iniciado ya la actividad del perfil “institucional” de la cuenta de Twitter @Congreso_Es. Y hemos conocido el contenido del primer tuit: una felicitación de Navidad. Un tuit que ha resultado ser: analógico, confesional y presidencialista. A este tuit, hay que añadir el cambio que se ha producido en la descripción de la biografía y la e minúscula que aparecía ayer @Congreso_es por la E mayúscula de @Congreso_Es. No es un detalle menor.

El anuncio de la emisión del primer tuit (“El 11 de diciembre a las 11h se iniciará la actividad de este perfil”) era el dato más relevante de lo que sabíamos hasta ahora de esta cuenta. Expectativa creada, útil en términos de difusión y notoriedad (no en vano la cuenta tiene ya centenares de seguidores), pero que ha generado una presión (quizás innecesaria) sobre la literalidad de su contenido. Algunos de los responsables de la cuenta piden que se les juzgue por los primeros 1.000 tuits. Tienen razón. Pero ellos mismos han puesto el foco sobre el primero. La creación de expectativas tiene su lógica exigente que lleva a: cumplirlas, sobrepasarlas o quedarse corto. El primer tuit ha sido significativo. Veremos.

El Twitter del Congreso es el último de los perfiles de nuestras grandes instituciones en llegar a la red. Tras la Moncloa y el Senado, le toca el turno a la Cámara Baja. Pero estar en la red, no es ser red, como ha podido comprobar el Senado con su presencia web. Y estar en Twitter no es solo tuitear. Las instituciones tienen un uso instrumental de la presencia digital. Quieren tener “cosas” (o adquirirlas) sin interiorizar su uso, su cultura, su dinámica. Compran lo que no entienden. Usan lo que no comprenden.

Si llegas el “último”, como le sucede a @Congreso_Es, se te exige no llegar “tarde”. Estar por delante. Superar, mejorar y liderar una nueva cultura del Twiter institucional y parlamentario. Llegas el último, pero aspiras a ser un modelo. Tiempo has tenido. Y el perfil del @Congreso_Es no puede quedarse atrás, a riesgo de devaluarse rápidamente, en las demandas de nueva cultura política. Llegar el último, tarde y con miedo será lo peor. Para juzgar el perfil del @Congreso_Es pueden ser útiles estas referencias:

1. Calidad. La calidad de los mensajes es la piedra angular. Si el Twitter se convierte en la agenda digital del Congreso, simplemente, estará cumpliendo con un requerimiento básico pero insuficiente. Si no es una fuente de noticias, primicias y referencias básicas, se devaluará rápidamente. Sin calidad 140, la cuenta morirá.

2. Textura. La capacidad de linkar contenidos propios, y de otras fuentes, con información relevante de la actividad parlamentaria es clave. El criterio para incorporar #hashstags en vigor, para crearlos o para utilizarlos como elemento de contexto será decisivo. La renuncia a utilizarlos (si no son propios o “adecuados”) alejará la cuenta del debate y del tráfico. Espero que no sea lo deseado.

3. Open Parliament. La cuenta debe formar parte de todo el ecosistema digital del Congreso. No solo hablo de su web, sino de todos los perfiles y espacios digitales que cubren o tratan la actividad parlamentaria. La coordinación con el conjunto, y la capacidad de Twitter para anticiparse, abrir espacios, descubrir sitios y relacionarlos en un todo, serán claves. “Abrir” la cuenta en esta red debe formar parte de abrir el Parlamento. No interiorizar este principio puede tener costes brutales en la credibilidad de la cuenta y de la institución. El Parlamento está, lamentablemente, “fuera de la Ley de Transparencia”, pero debe autorregularse por ella, como mínimo, si quiere recuperar el terreno perdido. 

4. Crisis. ¿Cómo habría reaccionado el Twitter con la dimisión de ayer de Santiago Cervera, diputado y miembro de la Mesa del Congreso? Esta pregunta es pertinente. Si la cuenta no tiene un criterio activo y proactivo en relación a la comunicación de crisis, sufrirá las consecuencias de la misma.

5. Interactividad. ¿Cómo reaccionará a las menciones y preguntas directas? El Parlamento británico, el europeo, o el francés, no responden ni retuitean: tan solo difunden información. De diferente modo actúa normalmente el Twitter del Parlamento escocés, que responde a las preguntas que recibe y hace retuit en algunos casos (igual que el Senado francés o -aunque menos- el Twitter del Parlament de Catalunya). Se trata de generar conversaciones, de comunicarse con la ciudadanía y de responder a sus preguntas, dudas o comentarios. 

La insistencia de la palabra “institucional” en la bio actual de la cuenta anticipa lo peor. Intuyo una cuenta de Twitter para tenerla amordazada, contenida y controlada. Espero equivocarme. No quieren “problemas”, que ven como riesgos y no como oportunidades. Si los responsables de la cuenta van a estar pensando más en lo que no se puede hacer que en lo que se debe, van a morir de estrés. Y, con ellos, la cuenta. 

6. Seguidores. Sorprende que la cuenta no siga, en estos momentos, a nadie. No es una buena señal. Ni a parlamentarios (diputados, senadores), ni a periodistas (al menos a la Asociación de Periodistas Parlamentarios), ni a blogueros de referencia en la vida parlamentaria, ni a medios especializados, ni a otras cuentas de indudable protagonismo en el control, fiscalización y seguimiento del Congreso. Una generosa presencia inicial habría despejado el camino a la vigilancia (y reflexión posterior) sobre la política de la cuenta en relación a este punto. Ahora llegan con retraso respecto a todos. Un mal paso.

7. Horario. Este perfil deberá actuar 24/7/365. No puede tener “horario”, y menos el de sus funcionarios. Una adecuada dotación de recursos humanos y técnicos debería atender un perfil con exigencia de actualización y respuesta permanente. De lo contrario, las críticas serán duras, y con razón.

8. Organización. La cuenta deberá contemplar un amplio y consistente “diccionario” de preguntas frecuentes. Permanentemente actualizado, operativo y pensado para Twitter con capacidad de responder rápidamente a las preguntas que afloren en la red, y a las peticiones directas. Si cada vez tienen que “pensar” en la respuesta, difícilmente sabrán cómo y cuándo actuar.

9. Lenguas. La cuenta debería responder en todas las lenguas oficiales del Estado. Y utilizarlas. Su uso cosmético y protocolario en tuits singulares es un detalle. Pero el país necesita algo más que gestos. Necesita cultura institucional de la diversidad.

10. Imágenes. Infografías, vídeos y fotografías. Después que la actual presidencia del Congreso prohibiera a los diputados hacer fotografías del hemiciclo, y a los fotógrafos fotografiar los móviles y los documentos de sus señorías, el debate sobre las imágenes en esta cuenta está servido. Espero que su uso sea una constante, no una excepción.

11. Historia. La institución es depositaria de un largo, rico y diverso patrimonio parlamentario: intervenciones, fechas clave, documentos históricos, curiosidades, biblioteca, perfiles parlamentarios… El tratamiento de la historia será decisivo en la configuración del perfil como un instrumento útil en la recuperación, también, de la memoria histórica.

12. Contexto. ¿Cómo reaccionará la cuenta a otras informaciones directamente relacionadas con el Congreso, su historia, su actividad? ¿Anunciará, por ejemplo, que el próximo viernes 14 de diciembre se estrena el documental Las Constituyentes, realizado por la directora Oliva Acosta, y en el cual se rinde un emotivo y merecido homenaje a las 27 mujeres que formaron parte de este período tan decisivo en nuestra actual democracia?

13. Relaciones. La cuenta del @Congreso_Es deberá establecer una relación intensa y frecuente con otros perfiles de Twitter muy activos y dinámicos, como por ejemplo @que_hacen (quehacenlosdiputados). Su política de relaciones marcará, también, su solvencia y credibilidad. Esperamos menciones generosas y respuestas oportunas.

14. Twitterentrevistas. La cuenta puede explorar -y debe- su actividad como espacio para “abrir” la actividad parlamentaria y conocer más a los diputados. El universo de posibilidades para hacer un uso creativo y dinámico de la cuenta que la dote de personalidad y utilidad para los ciudadanos y sus representantes es determinante para su éxito.

15. Diseño. ¿Cambiará la cuenta a la nueva plantilla de Twitter? ¿Qué fondos de diseño utilizará? ¿”Tuneará” su logo en función de días internacionales de referencia? Estos detalles marcarán la vitalidad y el dinamismo de la cuenta, y la acercarán (o alejarán) de la vida y los ciudadanos.

16. Personas. Las cuentas son personas. Sería conveniente que conociéramos (y se presentaran públicamente) a los gestores y administradores de la cuenta. Que algunos sean fácilmente identificables y conocidos no evita (ni exime) que conocerlos sea un requerimiento interesante para dotar de personalidad y calidad (también calidez) a una cuenta “institucional”.

17. Métricas. La cuenta debería publicar, periódicamente, algunas métricas. La cuenta del @Congreso_Es no es “del” Congreso, es de su time line, de sus usuarios (en un sentido amplio). Conviene que conozcamos su actividad, su evolución, su trayectoria. Es “otro detalle” más en la configuración de una cuenta que sea parte de una nueva cultura de la comunicación.

PD: ¿Harán RT de este, y de muchos otros artículos?

 

El poder de Wert

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 05 dic 2012

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El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert Ortega, no está solo, no es un verso suelto, aunque no sabemos a quién obedece. Su ofensiva política contra el catalán -su cruzada- camuflada en la reforma educativa que propone, no es casual, ni improvisada. Ni aislada e individual. Hay una estrategia. Y de fondo.

Hace unos meses, en una entrevista en un diario catalán, afirmaba, de manera premonitoria: “Primero disparo, después apunto”. Y remataba, provocador: “Soy consciente de que entre mis muchas virtudes no está la continencia expresiva”. Pues sí, es un irresponsable, como él mismo confirmaba, sin rubor, con su sonrisa de smiley. Pero no es un necio, ni un ocurrente. Las cosas del “pobre Wert” (en palabras del Rey en relación a la polémica sobre “españolizar Catalunya”) no son las cosas de alguien que merece comprensión benevolente ante sus errores, sino reprobación. Y pública. El Congreso ya lo intentó, sin éxito, dada la mayoría electoral del PP. Pero Mariano Rajoy no puede mirar hacia otro lado: o apoya a su Ministro o le desautoriza. O Wert habla por Rajoy, o contra él… o sin él.

Las claves políticas de la estrategia que utiliza el acoso al catalán como instrumento de dominio político han sido ensayadas en la Comunidad Valenciana y, recientemente, en las Islas Baleares. Su éxito es indiscutible. Su daño, también. No estoy hablando de daños colaterales para algunas fuerzas políticas. Hablo de heridas profundas, abiertas, que están lacerando la convivencia e impidiendo una agenda de reformas estructurales de nuestra arquitectura institucional que haga de la diversidad la oportunidad, no el problema. 

Hace unos meses, el Parlament balear aprobó la reforma de la Ley de Función Pública (e, indirectamente, también la de Normalización Lingüística) que derogaba el requisito de acreditar el conocimiento del catalán para trabajar en la Administración balear: un compromiso electoral muy criticado por la oposición y por amplios sectores sociales y culturales.

La estigmatización del catalán (y su visualización como lengua extraña y “extranjera” en los territorios donde se habla) llega a extremos grotescos en los gobiernos del PP, como los de definir -sin mencionarlo- al catalán como la lengua “cooficial distinta al castellano”, como hace el gobierno de las Islas Baleares (y que en su día ya hizo el gobierno de Aragón al presentar al catalán como la “lengua aragonesa del área oriental de Aragón”).

Esta ofensiva política sigue un diseño calculado y constante. Hay determinación sistemática. E ingeniería política. Existe la convicción de que es más fácil vencer a un adversario político si destruyes su ecosistema social. Estas son algunas de sus hipotéticas bases en la construcción de un determinado marco mental:

1. Negar el carácter de unidad lingüística del catalán en los territorios en los que se habla. La política contra la filología.

2. Asociar el catalán a lengua extraña (extranjera) en estos mismos territorios.

3. Devaluar su singularidad y su cooficialidad. Relegarla al rango de segunda lengua, o lengua menor y residual.

4. Asociar la protección y promoción del catalán a una supuesta voluntad pancatalanista, de corte autoritario, que limita o ataca la libertad individual e impide el desarrollo del Estado entorpeciendo su armonización y regulación sostenible.

5. Vincular el uso del catalán (y otras lenguas oficiales) como un gasto superfluo e innecesario. Y más, en tiempos de crisis. El debate agrio y agresivo sobre su uso en algunos debates en el Senado es una buena prueba de ello.

6. Identificar el catalán con el nacionalismo (y el secesionismo), deslizando paralelismos de simple y burda manipulación política.

7. Interpretar la promoción y protección del catalán como parte de un proceso de laminación sistemática de las libertades individuales, y como el instrumento de adoctrinamiento sectario. La escuela pública y los medios de comunicación públicos (que muchas veces dan pie a ello) serían las herramientas de este proceso masivo de pensamiento único. En este sentido, combatir al catalán es combatir por la libertad y la democracia.

8. Arrinconar al PSOE en la defensa “cantonal” de la lengua o de la identidad territorial (de Catalunya, por ejemplo), limitando y cuestionando su capacidad de partido con visión de Estado. Identificar la España plural con la España débil (e insostenible).

9. Destruir la imagen del PSOE como partido con visión de Estado, capaz de vertebrarlo (y de gobernarlo). Asociar su defensa de la diversidad, como síntoma de debilidad política y falta de criterio institucional. Los socialistas atrapados en el marco mental del PP.

10. Españolizar España, con el castellano como ariete. La lengua común secuestrada por una ideología de parte. Y las lenguas propias, la amenaza a combatir o limitar.

Lo explicaba, con meridiana claridad, el expresidente José María Aznar en una entrevista publicada este domingo: la izquierda está "completamente desarticulada", sumida en "el taifismo" y sin "proyecto coherente", y los nacionalismos se han "convertido al secesionismo", de manera que, a su juicio, "lo único que queda con capacidad de vertebración es el Partido Popular".

Mientras, el ministro que antes fue sociólogo va tensando la cuerda y midiendo las reacciones. O provocándolas, con afinada puntería. Esta vez, sí: con acierto y precisión. Justo cuando empezaban a aflorar algunos pequeños síntomas de distensión institucional entre los líderes y los gobiernos de Catalunya y España (que permitieran pensar en un reset político general de la vida política española), Wert -y quien le dirija- se ha encargado de dinamitarlos con la pólvora más potente: la de la convivencia lingüística y la identidad de Catalunya.

¿Quién tiene tanto poder como para hacer algo así?


(Fuente de la fotografía: Efe)

 

 

Qué hacen los diputados

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 03 dic 2012

Hemiciclo2

La fiscalización de la política, por parte de la ciudadanía activa y organizada en redes y proyectos de radicalidad democrática, es una señal de esperanza para mejorar y ampliar nuestra cultura y calidad democráticas. Activismo frente a conformismo. La “política vigilada” es -en parte- la reacción al deterioro ético y transformador de la política democrática. Frente a la falta de transparencia, vigilancia. Es un signo de nuestros tiempos. Imparable. ¿Hasta dónde?

Las instituciones políticas representativas son, seguramente, la epidermis de nuestra arquitectura institucional que más urticaria produce. Nos escuece y les escuece. Un progresivo descrédito, salpicado de lacerantes casos de corrupción, se ha instalado en la opinión pública. La insatisfacción ha dado paso a la indignación y, esta, a la irritación. Estamos en un clima altamente emocional. El cabreo se apodera del clima social. Y la devastadora crisis no alimenta –obviamente- la paciencia de los ciudadanos. La cuerda se ha tensado demasiado y se ha roto, dando un doloroso morrazo a nuestros representantes. ¿Política sin partidos?

Justo cuando más política nos hace falta, menos parece que los actores políticos convencionales sean capaces de protagonizarla y liderarla. Han perdido parte de un tiempo vital y, con su indolencia, han perdido la confianza. Evidentemente, pagan justos por pecadores y la contaminación infecciosa de demasiados casos ha evolucionado hacia una peligrosa sensación de colapso séptico. El #15M, el #15S, el #25S y el #14N son muestras de esta sintomatología social. ¿Crisis sistémica?

En este contexto, los diputados (y los senadores) están en el ojo del huracán. Y el hecho de que la limitada (y retrasada) Ley de la Transparencia excluya a las Cortes (como a la Casa Real o el Banco de España, por  ejemplo) del ámbito de su actuación alimenta la duda, que se convierte en sospecha. El clima es prejuicioso, pero se lo han ganado a pulso.

El proyecto “Qué hacen los diputados”, por ejemplo, que se presenta como un “parlamento de personas que sigue el trabajo de los diputados en el Congreso” se ha erigido en un constante martillo pilón. Su actividad incómoda -seguramente- percute, sin cesar, sobre las capas de institucionalidad que son vistas como capas de impunidad. Visión que se alimenta de apariencias, evidencias y torpes reacciones por parte de nuestros representantes. Y, también, por una incapacidad estructural para anticiparse a los desafíos y una pereza política que es vista como soberbia y distancia.

Ahora le toca, otra vez, a los sueldos que perciben nuestros diputados. Es parte de la carnaza que alimenta a la prensa espectáculo y corrosiva. Hace ya algún tiempo que el Congreso publicó todas las declaraciones de bienes de los diputados en documentos pdf. Formato con el que es imposible trabajar, ya que no es reutilizable. Hoy, este “parlamento de personas” ha convocado una quedada online “para que, entre todos y todas, podamos completar y revisar la hoja de cálculo que hemos preparado con los bienes de los diputados”. Estas iniciativas, sin pretenderlo, son utilizadas por pescadores en ríos revueltos que, cínicos o insurgentes de la apolítica o la antipolítica, las aprovechan sin rubor y alimentan el rumor (como el que en España hay 445.568 políticos).

La hostilidad ambiental es un clima, además, que favorece el linchamiento digital y mediático, aunque sea viralizando errores o manipulaciones. Linchamiento interesado que proviene, incluso, como ayer mismo sucedió, por parte del ex presidente José María Aznar quien dijo que "los políticos se han convertido en un problema grave para España". Lo dice él. Sorprendente hostigamiento. Pero estratégico e intencionado cuando, quizás, lo que se propone es menos política, que no necesariamente mejor.

Las iniciativas de control, fiscalización y vigilancia democrática son un acicate, un estímulo y un revulsivo. Bienvenidas sean. Pero los activistas críticos deben ser conscientes, también, de su fuerza, de sus repercusiones y de sus consecuencias. Estamos en un momento clave. Nuestra política está más débil que nunca. Pero si queremos que sea otra política posible, deberemos administrar –con inteligencia táctica y sin renuncias- nuestra fuerza vigilante y reconocer, también, sus limitaciones y sus indeseables manipulaciones. “La gente tiene que aprender a usar su poder” dice –lúcida y humildemente- Henry Jenkins. Esta es parte de la ecuación. Sensatez y ambición.

(Fuente de la fotografía: quehacenlosdiputados.net)

El País

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