Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

De las mareas... al tsunami

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 23 feb 2013

Ax2QBMBCAAAgS38


Cada vez la situación es más preocupante. Los casos de corrupción no dejan de azotar a nuestra sociedad, desgarrada por los graves problemas económicos y sociales. Las respuestas que esta recibe por parte de la mayoría de los responsables políticos dejan al descubierto más preguntas y más dudas que respuestas y certezas. La excesiva generalización de la opinión pública respecto a los políticos y a la política es parte de la percepción de la generalización de su propia conducta. El Debate del Estado de la Nación, a pesar de su indudable importancia (política) y relevancia (en las medidas que se aprobarán el martes), arroja un balance pobre y decepcionante. No es exagerado afirmar que la inacción en el pasado y la parálisis del presente comprometen el futuro: ¿la democracia está en peligro? Al menos, sí que podemos afirmar que «esta» democracia ofrece síntomas de agotamiento. El reset político es imprescindible, inevitable e inaplazable.

Al mismo tiempo, los ciudadanos son cada vez más concientes de las posibilidades que tienen de autoorganización y de amplificar sus acciones. La red, en este sentido, actúa como un catalizador natural para el tránsito opinión-organización-acción. El espíritu del 15M está más vivo que nunca. De las plazas a las redes, de las redes a las firmas, de las firmas a las ILP. Y vemos cómo las iniciativas van desde el activismo digital (la dimisión de la cúpula del PP, en forma de petición en Change, con más de 1.000.000 de firmas e impacto internacional) hasta la propuesta formal de iniciativas parlamentarias. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), un movimiento con un fuerte vínculo con el 15M, ha paralizado más de 500 desahucios y ha propiciado el inicio de una reforma legislativa.

Seguir leyendo »

¿Enroque o ataque?

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 20 feb 2013

Mariano Rajoy no ha mostrado dudas. Ni ha reconocido errores. Gobierna pero no se siente responsable de lo que sucede, ya que -según su relato- sería mucho peor si no hubiese «cumplido con su deber» (en lugar de haber cumplido sus promesas). Con una monocorde y contundente intervención de 90 minutos se ha reivindicado: soy el líder más fiable para esta situación de crisis. ¿Enroque o ataque? Rajoy ha apostado por el ataque. Ha hablado con un tono y un volumen especialmente altos y fuertes. Una amplificación de sonido, de datos y justificaciones que parece inspirada en el inacabado pequeño tratado del filósofo alemán Arthur Schopenhauer: «Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en 38 estratagemas». Si quieres tener razón habla fuerte, sin dudar, nunca reconozcas un error y presenta tus actuaciones como determinadas por el destino o el deber. Si alguien pensaba que vería a un Rajoy alicaído, preocupado o tenso, se habrá llevado una sorpresa: la resiliencia es su principal activo.

«Hoy tenemos un futuro y hace un año no lo teníamos». Esta es la matriz de su intervención. Estamos mejor y ha valido la pena porque tenemos futuro, aunque el presente sea -todavía- duro. Rajoy ha decidido reconstruir su deteriorada imagen anclado en su valores y sus virtudes: «Ni improvisación, ni impaciencia». Ni creatividad, ni rapidez, tampoco. Esta es la línea de defensa que se ha convertido en el ariete de sus tres autoreivindicaciones: soy trabajador (reformas), valiente (frente a la amenaza de la intervención), y seguro (frente a la corrupción y las tensiones territoriales). Rajoy busca su punto fuerte: no hay alternativa. Ni a él... ni al PP (al que no ha mencionado ni una sola vez).

El discurso tiene más neuronas que las suyas, y más manos. La mano del ministro José Ignacio Wert es más que evidente. Y detecto un pequeño cambio de estructura narrativa: más dureza y frases más contundentes. Una travesía «dura, larga, difícil y llena de sinsabores...» y reproches (casi patrióticos) a los que nos dejaron esta situación y no han ayudado a resolverla. La rudeza (y contundencia) de lo que ha dicho no parece solo déficit... sino voluntad. No aspira a la poesía política, porque no puede -quizá-, pero sobre todo porque no quiere. No es un buen momento para la lírica, debe de pensar. Su resistencia al lenguaje emocional, empático o inclusivo (por identificación) es una decisión: no desea ser amado, pero sí respetado aunque sea sin afecto.

Seguir leyendo »

Guía de recursos para seguir el Debate #DEN2013

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 20 feb 2013

Comunicación del Gobierno en la que solicita la celebración de un debate de política general sobre el estado de la Nación.

TV
Para seguir en directo el debate:
http://www.rtve.es/noticias/debate-estado-nacion/directo

Especiales
EL PAÍS
Debate estado nación 2013

ETCETER
Primer Debate sobre el Estado de la Nación de Rajoy

Recursos del Congreso de los Diputados
1. Consulta de los anteriores DEN
2. La regulación del debate
3. El orden del día
4. El Twitter del @Congreso_Es y su página web.
5. La retransmisión del debate:
- vía streaming (directo)
- la emisión catalogada
- la emisión descargable
- en dispositivos móviles
6. La transcripción del debate
Al día siguiente, a las 09:00h, estará disponible en la web el Diario de Sesiones (en PDF) con la transcripción literal de todos los discursos.

Seguir leyendo »

Cambiar de nombre, cambiar de política

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 19 feb 2013

Past-present-future























El 2 de mayo de 1879, durante una comida en una fonda de la calle Tetuán de Madrid, se fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). El pasado 16 de febrero, casi 134 años después y a escaso kilómetro y medio de donde se fundó (la Casa de América, en el Paseo de Recoletos), Alfredo Pérez Rubalcaba abogaba por un pequeño -pero muy significativo- cambio de nombre del partido: «Partido de los Socialistas Europeos - PSOE».

Las razones esgrimidas en el encuentro «Ganarse Europa» son que todos los partidos socialistas europeos deben tener un paraguas común, que les haga reconocibles en los países de la UE. En plena crisis de identidad europea, esta propuesta sería una señal de compromiso. Además, el cambio también implicaría una nueva forma de entender al PSOE: más abierto y más participativo. Sería un nuevo PSOE, con un nombre nuevo pero con la vieja historia.

Un cambio de nombre en un partido político es toda una revolución: significa a menudo empezar de cero, regenerarse y refundarse. Un buen ejemplo de ello es Unió Mallorquina que, después de múltiples casos de corrupción, pensó en cambiar de nombre y empezar de nuevo, con su buena base en diversas localidades. Finalmente, no llegó ni a cambiarlo y acordó su disolución el 28 de febrero de 2011.

Pero un nuevo nombre también puede ser consecuencia de procesos de agregación o integración política cuando se producen confluencias políticas y/o electorales. En estos casos, la marca electoral deviene marca política.

Seguir leyendo »

#OpenDraghi: inhibidores absurdos

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 13 feb 2013

Pirata1

La decisión personal, sin acuerdo de la Mesa y sin precedentes, del presidente del Congreso de los Diputados de instalar inhibidores de frecuencia para anular las señales wifi y 3G, con el objetivo expreso de impedir las comunicaciones dentro de una de las salas de audiencias, es un paso grave e inexplicable. Y absurdo.

Una vez más, se ha demostrado que se utiliza o se regula mal lo que no se entiende. Y el presidente Jesús Posada no entiende casi nada… de comunicación, pero eso no le exime de su responsabilidad política. De nuevo, ha quedado en evidencia que el Reglamento del Congreso (de 1982) está más que obsoleto. Es un residuo arqueológico para el desarrollo normalizado hoy de las funciones legislativas de nuestros representantes. La incapacidad para reformar esta norma, a lo largo de casi tres décadas, es parte de la incapacidad de la política tradicional para comprender la sociedad a la que representa y debe servir.

Las funciones del Presidente son las reguladas en el Reglamento; específicamente, en el Artículo 32: «1. El Presidente del Congreso ostenta la representación de la Cámara, asegura la buena marcha de los trabajos, dirige los debates, mantiene el orden de los mismos y ordena los pagos, sin perjuicio de las delegaciones que pueda conferir». Es muy difícil sostener que inhibir la frecuencia de las telecomunicaciones se pueda considerar «asegurar la buena marcha de los trabajos». Todo lo contrario. Posada ha incumplido, gravemente, su responsabilidad. Y ha impedido, con su decisión, el trabajo de representantes democráticos y de los medios de comunicación.

Es más, el Artículo 98 sobre el trabajo de los medios de comunicación obliga a la Mesa de la Cámara a adoptar «las medidas adecuadas en cada caso para facilitar a los medios de comunicación social la información sobre las actividades de los distintos órganos del Congreso de los Diputados». Y, aunque en su punto 3 establece un discutible y anacrónico «Nadie podrá, sin estar expresamente autorizado por el Presidente del Congreso, realizar grabaciones gráficas o sonoras de las sesiones de los órganos de la Cámara», es imposible considerar que una «visita y una sesión informativa» -como así consta en la web del Congreso, aunque sea del mismísimo presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi- sea una sesión de un órgano de la Cámara. Evidentemente, este punto no afectaría a nuestros representantes.

Con su decisión, el presidente Posada ha demostrado tres cosas: ignorancia, prepotencia e incapacidad. Hay incluso quien piensa que, quizá, hasta haya cometido un delito involuntario al «obstaculizar el uso de un sistema informático ajeno». Ignorancia para comprender la sociedad red y la libertad de información y expresión de los propios diputados a los que debería servir y atender, en lugar de boicotear. Prepotencia al aplicar una medida absurda que no tiene justificación ni política, ni jurídica, ni técnica. E incapacidad porque no ha impedido la grabación y la difusión del contenido completo de las secretas declaraciones de Draghi, quien -según él mismo- había manifestado que había venido «fundamentalmente a escuchar».

Frente a esta pretensión, un grupo político, La Izquierda Plural (IU-ICV-CHA), lanzó #OpenDraghi contra el «secreto» de la comparecencia. La habilidad y la determinación de los diputados Joan Coscubiela, Alberto Garzón y Pablo Martín, principalmente, impidieron el silencio informativo con un streaming en diferido y una buena cobertura en Twitter. La torpeza de Posada ha dado una oportunidad política a algunos diputados.

En términos políticos, la decisión (¿y el pacto?) de garantizar al presidente del BCE hablar «a puerta cerrada» (sin medios y sin «frecuencia») es peligrosa y exigirá una respuesta pública y política. Y, en términos comunicativos, ha sido un desastre, generando un efecto Streisand (un fenómeno de Internet en el que un intento de censura u ocultamiento de cierta información fracasa o es incluso contraproducente para el censor, ya que esta acaba siendo ampliamente divulgada, recibiendo mayor publicidad de la que habría tenido si no se la hubiese pretendido impedir).

Ha sido, también, un disparate que avergüenza a los funcionarios que trabajan en el Congreso. Un bochorno democrático inigualable, que ha obligado a la clandestinidad a nuestros diputados, y un absurdo político lamentable. El remate: que el propio Draghi dejara en ridículo al presidente Posada al afirmar, al finalizar la jornada, que «no le hubiera importado comparecer en abierto» y que no habría exigido ninguna excepcionalidad. En fin, peor imposible.

Hace unos meses, en el Parlamento de Kiel (Alemania), se aprobó otro absurdo en una polémica votación: impedir el uso de ordenadores -y su conexión a Internet- a los diputados en el hemiciclo. La respuesta inteligente de los representantes del Partido Pirata fue llevar viejas y ruidosas máquinas de escribir que utilizaron como forma de protesta. Toda una lección. Espero que no llegue el momento en el que los diputados y diputadas deban ir al Congreso con las reliquias del pasado, a riesgo de instalarse, definitivamente, en un museo de antigüedades.

(Fuente de la fotografía)

 

PS: Este es mi artículo 100 en #Micropolítica. Muchas gracias a @el_pais por su confianza y, especialmente, a todas las personas lectoras de este blog, y a las que me hacen llegar sus sugerencias, ánimos, correcciones, críticas, pistas, datos y opiniones. Muy agradecido. Seguimos.

Pedir justicia, votar contra ella

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 12 feb 2013

ILP

El Congreso decidirá hoy si acepta, o no, la admisión a trámite de la ILP hipotecaria. Una ILP que cuenta con el aval de más de 1.402.854 firmas. Se necesitaban medio millón y se han desbordado las expectativas. El Partido Popular ya ha anunciado que no votará a favor. La iniciativa, y la votación, llegan en un momento de máxima tensión y movilización.

Desde que empezó la crisis, en 2007, más de 350.000 ejecuciones hipotecarias en todo el Estado han dejado a cientos de miles de familias en la calle y con una deuda de por vida. Pero los activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que ha logrado evitar más de 560 desalojos, han obtenido un éxito político y social sin precedentes con la presentación de las firmas de la ILP. Y, a través de la plataforma oiga.me, han conseguido enviar también centenares de miles de correos electrónicos exigiendo a los diputados del PP su rectificación. Buzones colapsados, pero de otros sobres: los de la denuncia ciudadana. «No odies al lobby, ¡cómetelo!», dicen y reivindican los activistas de la red. Hoy, las sedes del PP -y coincidiendo con la hora de la votación- se verán de nuevo presionadas por concentraciones ciudadanas.

El PP se enfrenta a un desafío ético y estético. En este tema, ha perdido la calle, la red y la opinión pública que desea una profunda modificación de la regulación legal de las hipotecas a favor de los más desfavorecidos. La desafiante intervención de Ada Colau, la semana pasada en una comparecencia en el Congreso de los Diputados, es una buena prueba de ello. La corriente de simpatía natural hacia ella, su causa y sus argumentos no es el síntoma de una excitación puntual: corresponde a una intensa y renovada concepción de la justicia que se enfrenta a una legalidad (vigente) que no se nutre en lo justo sino en la norma interesada.

La votación coincidirá con la de la ILP que defiende la regulación de la fiesta de los toros como bien de interés cultural, que parece que sí será admitida a trámite (a pesar de contar con menos de la mitad de las firmas). La PAH advierte: «El Congreso ofrecerá una imagen lamentable de este país si demuestra que las prioridades políticas anteponen la fiesta nacional por encima del sufrimiento de las personas». El choque estético será brutal y, creo, de consecuencias devastadoras para la imagen del PP.

La poderosa combinación de activismo online (con la petición de firmas, por ejemplo, para la dimisión de la cúpula del PP por el caso Bárcenas y el éxito histórico de obtener más de un millón de ellas en una semana, que el PP se ha apresurado a desacreditar) junto con el esfuerzo offline (de la PAH) representan la emergencia de una capacidad autónoma de activismo político, al margen de los partidos. Una capacidad con músculo y neurona: que va desde el ARTivismo al ganchillo como armas de combate. No exagero. Se trata de la irrupción de una tecnología social y política que hibrida la red con las plazas. Las calles, con las redes. Las paredes, con los muros digitales.

La gestión política, organizativa y comunicativa de las peticiones a los poderes (en particular el Legislativo) es, además de un derecho, una poderosa corriente de articulación social del compromiso individual. Y configura el espacio de acogida más natural y atractivo para la politización y toma de conciencia de muchísimas personas que sienten que el cambio que desean debe empezar por ellas mismas. Estas iniciativas, además, tienen un gran éxito en otros países y ofrecen una gama amplia de causas por las que vale la pena comprometerse.

La presión social y ciudadana puede transformar -y está transformando ya- la manera de hacer política. El cerco generado en torno a los diputados estos días por Twitter, Facebook o correo electrónico va en esta dirección. Ha sido una versión digital muy efectiva del Rodea el Congreso. Además, esta tecnología social para el activismo político va a favorecer el derecho de petición. Un derecho reconocido, también, en la Constitución Española (Artículo 29: «Todos los españoles tendrán el derecho de petición individual y colectiva, por escrito, en la forma y con los efectos que determine la ley»), y acogido como derecho y obligación gubernamental en los Estados Unidos, por ejemplo, así como en la mayoría de los países de la Unión Europea.

Esto no ha hecho más que empezar. «Pedir» democráticamente (información, justicia, leyes, dimisiones…) es parte del combate por la regeneración política que nuestro país necesita. Resetear España… es inaplazable. La ciudadanía lidera el cambio. La política formal, a remolque. Y se están tomando al pie de la letra el Artículo 23 de la Constitución: «1. Los ciudadanos tiene el derecho a participar en los asuntos públicos, DIRECTAMENTE o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal». (Las mayúsculas son mías).

(Fuente de la imagen)

Política y carnaval

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 10 feb 2013

La corrupción (real y percibida) está destrozando la poca confianza política existente y, con ella, se arrastra a nuestra arquitectura institucional hacia un peligroso estado de colapso. Los cimientos se hunden. El edificio se tambalea. La sensación se extiende a los comportamientos individuales ilegítimos e ilegales que no son la excepción sino la punta del iceberg de un sistema corporativo que, por su parálisis regeneradora, ha creado las condiciones para que lo excepcional (el delito o su posibilidad) parezca sistémico.

El peor momento de valoración de nuestra democracia y de nuestras instituciones ha coincidido con la semana -y el fin de semana álgido- del carnaval. Hay algo de metafórico e irónico. El todo vale (de la fiesta lúdica) parece que se ha apoderado de la política. La máscara carnavalesca es, casi, un símbolo del carnaval político en el que nos encontramos.

Máscaras. De nuevo un micrófono abierto ha revelado el auténtico rostro de la política, de una manera de entenderla: la que dice lo que no piensa, la que hace lo que no dice. La confesión de la directora de la Agencia Tributaria, Beatriz Viana: «No sé ni lo que he dicho, me van a sacar cualquier barbaridad», en relación a sus explicaciones por el caso Bárcenas, es un insulto a la inteligencia y a la institución. Sin dignidad no hay responsabilidad.

Duro contraste con la comparecencia, en la misma sede parlamentaria y en la misma semana, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) que hizo acto de presencia en el Congreso, representada por su portavoz, Ada Colau, que sí que sabe lo que quiere decir y cómo. La activista acudió con el objetivo de defender las propuestas de «mínimos» de la iniciativa legislativa popular (ILP) que reclama que la Cámara baja debata la dación en pago retroactiva, la moratoria de los desahucios y el alquiler social. Lo hizo ante la comisión de Economía y Competitividad. Y lo consiguió. Ada desenmascaró la farsa.

Fiestas. Nunca habría pensado que el confeti tendría tanto protagonismo en política: de la inocencia infantil de los papeles de colores, a la vergüenza de los mayores. Las revelaciones sobre la compra y el suministro de este artículo en fiestas personales y familiares de la ministra Ana Mato, a cargo de la red Gürtel, la ha dejado frente a la evidencia de sus actos. La fiesta se acabó, aunque Mariano Rajoy decida mantenerla en el cargo. «Se lo merece», dice.  

Músicas. Las chirigotas de Cádiz han vuelto a poner ingenio y humor al estado de ánimo de cabreo y malestar ciudadano. Así, Los Recortaos, una de las agrupaciones más cáusticas y populares de los últimos años, han quedado segundos con sus letras de denuncia y su puesta en escena provocadora y lúdica. A pesar de que la policía ha registrado sus camerinos y ha examinado su disfraz, como ellos mismos han denunciado, en un intento de intimidar su libre expresión y su actuación.

Las letras de Los Recortaos ponen música al silencio de muchas personas y situaciones. Música comprometida, humor e ironía comprometidas. Las nuevas armas de las revoluciones de las mareas: fiesta y denuncia. Acción y comunicación. Imaginación y creatividad.

Disfraces. Ser quien no eres. Aparentarlo. Ocultar tu identidad. Aprovechar el anonimato para obtener lo que la transparencia no permite, ni tolera. Disfrazar, maquillar, tapar la realidad. Transformarla sin regenerarla. Añadir capas y capas, evitar los cambios. Parecerlos. La política es -lamentablemente- vista como un disfraz, como un artificio. Y los políticos como enmascarados. Injusta generalización, como cierta es en términos de opinión pública.   

La política democrática está fuertemente cuestionada por la inacción y la miopía de sus principales actores: los partidos y los políticos. Mientras, en la lucha (y competencia) por la regeneración democrática, la denostada Justicia está reaccionando a tiempo y con la celeridad con la que no siempre actúa. Los tribunales son vistos como contrapoder político al Ejecutivo y al Legislativo. Y los ciudadanos -y sus organizaciones más activas- no descartan la judicialización de la política. Es un síntoma de los tiempos. El repunte positivo, en términos de aceptación ciudadana, que tiene hoy la Justicia es el reflejo de la lucha entre los poderes por salvarse del hundimiento colectivo. Recuperan parte del prestigio perdido. Hoy, el único disfraz que sube enteros es el de la toga. El caso Dívar, y su chantaje sádico a las instituciones, marcó un antes y un después.

El polifacético Friedrich Dürrenmatt escribió: «No dudo de la necesidad del Estado; dudo de que nuestro Estado sea necesario». Esta convicción se apodera de la mayoría de la sociedad. La necesidad de un reset general de nuestro estado avanza con fuerza. Las próximas convocatorias del 16F y del 23F van a suponer nuevas mareas democráticas. Y nuevos contrastes. La gente no se agota. Lo que se agotó es su paciencia.    

Asistiremos, en los próximos meses, a un combate estético y ético entre la antipolítica y la alterpolítica como alternativas para hacer frente a una política convencional cada vez más hueca, vacía y casi sin respuestas. El carnaval se acabó.

PS, 10.02.13 a las 18.55h.
Un lector me advierte que "la torpe Directora de la Agencia Tributaria no comparecía en el Congreso, sino en su sede". Y tiene razón. Rectifico el dato, pero todavía amplía más la vergüenza.

 

La vía de la verdad

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 02 feb 2013

Parménides (filósofo griego que nació en el año 530 a.C. en Elea) escribió una sola obra, un poema filosófico: la vía de la verdad es la parte neurálgica de su reflexión. La obra es fundamental, y muchos filósofos y filólogos consideran que el autor es -realmente- el fundador de la metafísica (rama de la filosofía que se encarga de estudiar la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad). Platón y Aristóteles guardan una deuda incalculable con la vía de la verdad de Parménides.

Según Parménides, el verdadero camino del conocimiento se basa en deducciones desde el puro razonamiento, sin tener que recurrir para nada a la información que nos dan los sentidos (¡Ah, las percepciones!), ya que piensa que estas nos proporcionan, a menudo, apariencias engañosas. “Lo que es, es”, afirma el filósofo. La verdad, existe. Y lo que existe, es también verdadero.

Hoy, Mariano Rajoy se ha enfrentado a su particular vía de la verdad. Un combate entre la realidad y la percepción. “Es falso”, ha afirmado rotundo el Presidente. Solo dos palabras ha utilizado para defenderse y defender la actuación de su partido, su contabilidad y la honorabilidad de sus miembros.

Pero en democracia, sin pruebas, no hay creencia ni confianza. Y su compromiso para ofrecerlas (empezando por sus declaraciones de renta) va en la dirección correcta.  Si las «insidias»(como las ha calificado) son falsas, alguien miente (con intereses espurios, desconocidos o injustificables). Y Rajoy afirma que no es él.

Sin duda, Rajoy ha pronunciado el mejor discurso de su carrera política. Palabras que, además, deberán ser acreditadas con hechos irrefutables durante las próximas semanas. El desafío es mayúsculo. La palabra del Presidente, contra buena parte de la palabra de la ciudadanía. Sus pruebas, contra las publicadas (hasta ahora). Los hechos, frente a la Justicia: en forma de querellas, denuncias e investigaciones.  

Rajoy ha hecho una apuesta total: todo o nada. Ha intentado romper en mil pedazos una pesada losa, que se podía convertir en su lápida política, y con los fragmentos va a defenderse. Por su honor, por su partido y por España. Ni más, ni menos.

Lo más lacerante de esta situación, y lo que agudiza la creciente crisis de confianza personal en el Presidente, es que Rajoy ha sido el líder de la austeridad presupuestaria para combatir el déficit público. Y para ello no le ha temblado la mano. Pero, como escribió Toni Judt, en El refugio de la memoria, «la austeridad no era solo una circunstancia económica: aspiraba a fomentar una ética pública». El Presidente debe preguntarse si, bajo su mandato (en el partido y en el Gobierno), crece también la ética pública. Es parte del estado de irritación en el que se encuentra la sociedad. No puede negarlo.

Dice Rajoy, en una apasionada y democrática defensa de la presunción de inocencia, que cree en la Justicia: la única Institución competente para juzgar, condenar y sentenciar. Los hechos (la verdad) en los Tribunales. En la calle, la percepción (y la creencia). Veremos el resultado. Rajoy ha escogido campo: el combate político y la judicialización. No hay tregua… ni pacto, tras el reproche que ha hecho al líder de la oposición y a todos los demás "fariseos". Y sin preguntas. 

La oportunidad de Rajoy

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 01 feb 2013

Rajoy_EP

En el reciente viaje a Chile, Mariano Rajoy ha vuelto a demostrar un particular -y peculiar- estilo de comunicación. Le preguntaron cuándo fue la última vez que vio a Luis Bárcenas y respondió que no se acordaba. A la cuestión sobre sus relaciones con la canciller Angela Merkel contestó que todo iba muy bien. Y cuando el presidente Sebastián Piñera le recibió diciendo «le veo mucho mejor de lo que me imaginaba, con buena salud, en buen estado físico», Rajoy respondió con la misma franqueza: «Estamos con sentido del humor, que es la clave para mantenerse en este negocio». Sucedía al día siguiente de que se conocieran los datos de la Encuesta de Población Activa, con casi seis millones de parados y una tasa de paro del 26%. No me extraña la preocupación de Piñera. Lo sorprendente fue la respuesta de Rajoy.

El Presidente ha hecho de su personalidad su principal estrategia de comunicación, de la que ha mostrado todos sus registros en este primer año. Una mezcla cuya fórmula precisa todavía desconocemos, pero de la que sí hemos tenido la oportunidad de identificar bien los ingredientes básicos: ironías campechanas, relativismos morales y políticos, silencios frecuentes, ambigüedades evasivas, muletillas socarronas, repeticiones persistentes y elipses imposibles. Ahora sabemos, además, cuál es su toque final: un extraño (e imprudente, dadas las circunstancia actuales) sentido del humor. El secreto del negocio. Tanta provocación se le acabará volviendo en contra como si se tratara de un boomerang.

La crisis económica, institucional y política no deja margen para el chascarrillo simpático. Esto es muy serio. Las escandalosas revelaciones sobre presuntas economías paralelas, sobresueldos no declarados y probable financiación ilegal del PP son un tema muy grave que no podrá resolverse con silencios, evasivas o sentido del humor. Está en juego nuestra maltrecha democracia. La política gobierna sin crédito moral. Perdida la confianza ética, la legitimidad electoral se convierte en usurpación a ojos de la ciudadanía. Esta es la cuestión. Ruda y cruda.

Mariano Rajoy, a pesar de todo, tiene una oportunidad. Quizá la única: demostrar que no ha defraudado a Hacienda. Lo que alimenta la sospecha es la duda. Resolverla con un inusual y edificante ejercicio de transparencia sería la salida más honorable. Y la que necesita el país. Se lo debe a quienes le votaron, y al conjunto de los ciudadanos a los que representa.

Esta decisión, presentar públicamente todas sus declaraciones de renta, es la clave de bóveda. Ese gesto sería decisivo por su ejemplaridad y claridad, y liberaría la presión insostenible que cae sobre la política democrática, abriendo una nueva etapa de acuerdos serios, profundos, de reformas inaplazables sobre el funcionamiento de nuestros partidos e instituciones. No puede quedar duda alguna sobre la honorabilidad del Presidente. O las sombras le devorarán. Hacienda somos todos. No puede faltar él.

El deterioro de la política es grave. Pero la amenaza que se cierne sobre nuestra democracia es peor aún. La lista de tareas para «recuperar la credibilidad y la imagen de los políticos» reclamará algo más que el bienintencionado Plan anunciado por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. La futura Ley de la Transparencia ya no podrá eximir ni a los partidos, ni a la Corona, por ejemplo. Si se persiste en el privilegio de la exclusión, la propuesta será percibida como un insulto insoportable. Se necesita un período reconstituyente de nuestros fundamentos políticos. Un reset inaplazable.

Mariano Rajoy puede tener la tentación de ganar tiempo con el silencio. Así lo ordenó hace unos días a sus correligionarios. Pero es precisamente el silencio lo que está consolidando la sospecha. Callar es huir. Y solo huyen los culpables. Esta es la percepción que se está instalando profundamente en los cimientos de nuestra sociedad.

«Algo huele a podrido…», le decía el fiel guardián del Palacio, Marcelo, a Hamlet y Horacio en la famosa obra de William Shakespeare, La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca. La advertencia del leal soldado era que la principal amenaza al reino no era la exterior, sino la interior. María Dolores de Cospedal dice que «el PP se siente atacado». Pero el ataque es a sí mismo y, con ello, a lo que representa como principal partido del país –y que dirige la mayoría de las instituciones-, si se confirman los temores. Rajoy tiene la palabra. Deseo que la tome y que clarifique todo hasta la extenuación. O el hedor será insoportable.

(Fuente de la fotografía: El País)

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal