Recuperar la política: recuperar la palabra

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 10 mar 2013

«Si las palabras se deterioran, ¿qué las sustituirá? Son todo lo que tenemos». 
El refugio de la memoria
, de Toni Judt

El debate sobre la degradación política nos ha llevado, inevitablemente, al debate a fondo sobre la degradación de la palabra política: a su significado, a su intención, a su uso y a su responsabilidad.  

Dos recientes textos periodísticos abordan este íntimo nexo entre palabra y política. En el reportaje Lo que la cháchara política esconde (El País), Victoria Camps afirma: «El uso del eufemismo es habitual para evitar términos demasiado claros. Pero también ocurre lo contrario: las palabras que conllevan un valor y que se usan para mencionar un cambio positivo, como transparencia, se manosean tanto y se ven tan falseadas por la realidad cotidiana que se devalúan antes de que podamos incorporarlas con normalidad al lenguaje político».

Y también en Delenda est, el reciente artículo de Guillem Martínez, se identifica con claridad el nudo gordiano del problema: «El poder —o algo más amplio: el sistema, pues el poder y la oposición, aquí abajo y desde hace 35 años, comparten palabras, discursos, cultura— está lingüísticamente noqueado. Un indicio de que el colapso del sistema es mayor de lo previsto. Sin palabras propias, las instituciones parecen estar abandonadas a sí mismas».

Cuando la política (formal) no sabe hablar es que —quizá— no sabe qué decir. Y muestra, con toda su crudeza, sus limitaciones directivas y reflexivas. De ahí, el protagonismo de la nueva política, la que emerge entre las mareas y los márgenes de nuestro sistema de representación institucional y su ecosistema informativo. Su fuerza y su atractivo radica en el uso más creativo, más transparente y más «radical» del lenguaje: el que sirve para movilizar y actuar. La ecuación reflexión-comunicación-acción, tan insustituible en la política democrática, se ha vuelto incomprensible en nuestros representantes. Es imprescindible un rearme conceptual. No hablo simplemente de mejorar la técnica retórica (bienvenida sea). Se trata de un fortalecimiento del sentido del lenguaje: el que construye sociedad, no el que la destruye. 

El descrédito de la política es el descrédito de su palabra y de los que la utilizan sin criterio y sin responsabilidad. Cuando la palabra no compromete (al que la pronuncia), no puede convencer al que la escucha. Y, sin palabras, no hay diálogo. Esta ruptura entre la palabra política y la democracia representativa es lo que vacía a la segunda de legitimidad renovada en un mundo y una sociedad en la que la abundancia de palabras exige la mayor calidad de las mismas para que puedan optar a la atención de las personas.

Entre las críticas más duras contra los políticos y los partidos, las más frecuentes se articulan alrededor del lenguaje: «no se les entiende», «hablan para y entre ellos», «mienten», «hablan de lo que les interesa», «no dicen nada», «no saben qué decir», «no saben ni hablar», «prometen pero no cumplen». Lo que provoca la desconexión inmediata y el prejuicio generalizado ganado a pulso. Críticas a las que hay que añadir, ahora, esta nueva dosis de descrédito: la que provoca la omisión y el silencio ante las preguntas de los periodistas o de la sociedad.

Recuperar la política es recuperar el sentido de las palabras, y su capacidad de otorgar significado y contexto a la realidad. Se trata de hablar para comprender (al otro, a los otros) más que para convencer (a los propios). Hablar para ofrecer un horizonte, un sentido, más que para imponer un criterio y unas medidas.

En el libro de Toni Judt, El refugio de la memoria, el autor nos recuerda que «en La política y la lengua inglesa, George Orwell reprendía a sus contemporáneos por utilizar el lenguaje para desconcertar más que para informar. Su crítica estaba dirigida a la mala fe: la gente escribía pobremente porque estaba intentando decir algo poco claro, cuando no mintiendo deliberadamente. A mí me parece que nuestro problema es diferente. La prosa de muy baja calidad es hoy indicativa de inseguridad intelectual: hablamos y escribimos mal porque no nos sentimos seguros de lo que pensamos y nos resistimos a afirmarlo de un modo inequívoco».

Este es el problema. Que la ambigüedad ha sustituido a la claridad. La distracción, a la precisión. La ocultación, a la certeza. La manipulación, a la conversación. La propaganda, a la comunicación. La confusión, a la visión. Y el silencio, a la responsabilidad. Esta situación es insoportable. Cuando el poder no habla (no sabe, no quiere, no puede), impone. Y, entonces, ya no es (o no se percibe) democrático. Este es el tremendo y grave riesgo en el que estamos.  

Recuperar la política no será posible sin las palabras. Las mejores: las más bellas, porque sean las más sinceras, las que mejor comprendan, para que puedan ser la base de transformación y cambio. Sin ellas no hay futuro, porque no pueden dibujar la esperanza (colectiva), la que permite creer en los sueños y alimentar los retos. Y, sin esta, el miedo (individual) abrirá las puertas del egoísmo cainita y, con ello, el desmoronamiento del concepto de lo público que es la base de nuestra cultura democrática.

Hay 8 Comentarios

Eing! ¿Qué ha pasado con mi nick? Esto es trampaaa
Sigo siendo maricafe "pa los amigos" , jeje!...

Sin duda alguna nuestros políticos no han leído a Toni Judt y no creo que les interese mucho hacerlo.
Has acertado en todo lo que dices. Quizás deberíamos recuperar aquel concepto pasado donde se valoraba la palabra dada tanto que iba el honor en ella si no se cumplía.
Claro que el honor en política tampoco parece que cuente mucho.


.

El lenguaje es la expresión del pensamiento. Se puede manipular un pensamiento?. Está claro que los políticos utilizan palabras manipuladas, vacias, sin contenido.
Salen al paso con eufemismos porque no se atreven a decir o llamar a las cosas por su nombre. Les delataría su pensamiento y eso no les interesa.

Recuperar la PALABRA: Toda palabra lleva la vibración de quien la pronuncia, algo así como un invisible sello que la legitima o la arroja a un lagar propio de una fauna siniestra. El fallecido ex presidente argentino Néstor Kirchner, habló muy poco durante su mandato. La gente comentaba esta circunstancia favorablemente, porque, era preferible guardar silencio, a seguir como sus pares ahogando en MENTIRAS al Pueblo. En ese hombre fué una virtud. En el caso de RAJOY, su silencio es GROTESCO, porque es un silencio COMPLICE. Un SILENCIO COBARDE Y CULPABLE , incapaz de jugarse el todo por el todo diciendo LA VERDAD y saliendo DE LA ESCENA POLÍTICA, que es el favor mas grande que le puede hacer a ESPAÑA y a los españoles.

Cuando el individuo es capaz de pensar por sí mismo está preparado para eliminar a sujetos políticos que no hacen un uso correcto del lenguaje o que lo manipulan en beneficio propio o del grupo al que pertenece. http://inma-confidencias.blogspot.com.es/2013/03/individuos-pensantes.html

"...En política, como en arte, los novedosos apedrean a los originales..." (Juan de Mairena/ Machado).

Saludos y buena semana.

Estoy de acuerdo con Orwell. Ahora que vivimos en la cultura del pinganillo hay que aprender a repetir lo que se oye como antes se aprendía a repetir lo que se leía, el pensamiento del discurso se expresa en diferido y cuando no se lleva puesto el aparato se dicen incongruencias aparatosas que no se le perdonarían ni a un escolar.

El descrédito se acentúa si tenemos en cuenta lo que Ortega y Gasset decía: "El hombre merced a su poder de recordar, acumula su propio pasado. Lo importante es la memoria de los errores, que nos permite no cometer los mismos siempre. El verdadero tesoro del hombre, es el tesoro de sus errores, la larga experiencia vital". Por eso es desalentador leer la definición que Ortega y Gasset dio al mandato de Mariano Rajoy. «El poder público, el Gobierno, vive al día; no se presenta con un porvenir franco, no significa un anuncio claro de futuro, no aparece como comienzo de algo cuyo desarrollo o evolución resulte imaginable. En suma, vive sin programa de vida, sin proyecto. No sabe dónde va porque, en rigor, no va, no tiene camino prefijado, trayectoria anticipada. Cuando ese poder público intenta justificarse, no alude para nada al futuro, sino al contrario, se recluye en el presente y dice con perfecta sinceridad: “Soy un modo anormal de gobierno que es impuesto por las circunstancias” http://bauldelsastre.blogspot.com.es/2013/03/la-politica-del-gobierno-de-mariano.html

Lo increible es que sigan pensando que somos imbéciles. Estamos esperando que alguien empiece a hablar con la verdad por delante. Y esperemos que no sea una corriente populista la que aproveche la situación y de nuevo tomandonos por imbéciles se haga con el poder.

Carla
www.lasbolaschinas.com

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal