Más Democracia, mejores partidos

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 07 oct 2013

En abril de este año se presentaron los primeros resultados del Estudio Values and Worldviews, que examina un amplio conjunto de percepciones, actitudes y valores centrales de los ciudadanos de diez países europeos. Es un trabajo meticuloso, profundo y que recomiendo. El estudio se ha estructurado en dos partes: esfera pública (política, economía) y plano privado (familia, religión, ética). Hay una pregunta significativa: «En conjunto, ¿cómo cree que funciona la democracia en su país?». La media europea (sobre 10) es de 4,9 puntos. España se sitúa en la cola de la lista con 3,6 puntos.

La insatisfacción política es el estado de ánimo de la sociedad española. Los más miopes atribuirán esta situación a las duras condiciones que la crisis económica (o la búsqueda de soluciones basadas en los recortes y en la austeridad como dogma) imponen sobre la vida de los ciudadanos. Buscarán en las causas exógenas las explicaciones a sus propios déficits. Pero lo cierto es que la sociedad española lleva mucho tiempo mostrando una constante desafección respecto a la vida pública: a nuestra arquitectura institucional y a sus principales operadores públicos; es decir, los partidos políticos y las instituciones democráticas.

La mitad de los españoles, por ejemplo, se muestra insatisfecha con la Constitución y la otra mitad, podríamos decir, no está de acuerdo con ella. El consenso (necesario, conveniente e impresdindible para cualquier reforma de calado) ha sido secuestrado por una interpretación errónea de la mayoría parlamentaria, que no comprende que se trata de mirar en perspectiva de una generación, no de una legislatura. Y la percepción y opinión públicas sobre la confianza y la credibilidad de los partidos políticos y de nuestros representantes está por los suelos, situándose como el segundo problema real de los ciudadanos. Además, la corrupción real y percibida es una losa pesadísima.

Seguramente, hay un factor común a la insatisfacción política que tenemos sobre textos, personas, instrumentos e instituciones. Se trata de la incapacidad para regenerar su función y su credibilidad como servicio público y bien común por la ausencia de reformas. Cuando no te reformas a tiempo (y con tiempo), te vuelves conservador, incapaz de abordar con la calma (o la determinación necesarias) las reformas y los cambios estructurales que cualquier realidad humana necesita para seguir adaptándose a las nuevas demandas y exigencias. La democracia no es una religión con normas sagradas, interpretadas por supuestos sacerdotes y profetas, que relegan a sus seguidores al papel de creyentes y feligreses. No, la democracia es un consenso permanente de prácticas, normas e instituciones al servicio del bien común y que prima el interés general sobre cualquier otro −por legítimo que sea− interés particular. Sin reformas, no hay democracia.

Hay un nudo gordiano en este contexto: el papel de los partidos políticos como institución pública preferente de participación política. Nudo que se aprieta cada día más por el bloqueo parlamentario en las reformas centrales en la Ley de Partidos, de Financiación y Electoral. Mientras, cada vez más, muchos ciudadanos, hartos y decepcionados de la actual formulación de los partidos y de su oferta, exploran nuevas prácticas, nuevos modelos de acción, intervención y participación política, e incluso creen que se necesitan nuevos y más dinámicos instrumentos. La gente no espera a los que siempre llegan tarde. Se han puesto en marcha. Están en pie. Los partidos políticos han perdido el privilegio exclusivo de la acción política. Es sano... y es sintomático.

Pero, también, muchos ciudadanos desean que los actuales partidos se reformen para promover una mayor cultura democrática interna y nuevas prácticas. La insatisfacción ha dado paso, simultáneamente, a la indignación y la proposición exigente, en una retroalimentación de energía cívica. En estos momentos, extramuros de las instituciones, en la sociedad civil, se están generando un importante y relevante número de iniciativas regeneracionistas y renovadoras. Muchos ciudadanos no se van a quedar de brazos cruzados: fiscalizan, reclaman, exigen y proponen. Queremos colegislar, también, ante la parálisis parcial de nuestras instuciones, bloqueadas por una concepción patrimonial y partidista de la participación política y de la democracia misma. Y frente a esta energía, ¿qué hacen algunos partidos políticos, y sus dirigentes?

Adela Cortina, en un artículo publicado ayer en las páginas de este diario, lo resumía muy bien: «Son los diálogos los que permiten ir incorporando en las instituciones las propuestas más lúcidas y fundamentadas, las que pueden ayudarnos a salir del marasmo, y crear una sociedad justa. La forma política de esa sociedad sería la de una democracia deliberativa, en la que los representantes responden de sus acciones, de sus programas, y también tienen línea directa con los interlocutores más preocupados por el interés común que por los intereses partidarios. En este punto la reforma de los partidos políticos se hace imprescindible en lo que hace a su democracia interna, a la transparencia de su financiación o a la necesidad de debilitar el poder de los aparatos».

Una de estas iniciativas de diálogo crítico y propositivo es la del Foro +Democracia, en la que participo junto a  centenares de personas. Proponemos una nueva Ley de Partidos que contemple, como mínimo:

1. La consideración de los programas electorales como «contratos con la ciudadanía», cuyo incumplimiento debe conllevar responsabilidades políticas.

2. La total transparencia sobre los ingresos de los partidos políticos, sean públicos o privados.

3. La prohibición de las donaciones anónimas y por parte de empresas y el establecimiento de responsabilidades penales por financiación irregular.

4. La apertura de los procesos de selección de las personas que irán en las listas electorales, incorporando al sistema electoral las «primarias abiertas» organizadas por las juntas electorales.

5. La prohibición de la disciplina de voto y el fortalecimiento de los comités de ética y garantías.

6. Elecciones directas para cargos internos, incrementado la capacidad de participación de todas las personas afiliadas.

Más de 50.000 personas (y sigue creciendo su número) respaldan esta propuesta que cuenta con la colaboración con algunos de los más importantes expertos en esta materia y de importantes complicidades dentro de las actuales formaciones políticas.

Necesitamos abrir ya una comisión parlamentaria para la reforma de la Ley de Partidos, que contribuya −también− a un nuevo compromiso colectivo por la democracia, que Fernando Vallespín describía muy bien recientemente: «Creo que aceptaríamos gustosos menor bienestar por mayor cohesión y regeneración ciudadana, por una verdadera reforma política asociada a un nuevo pacto constitucional. Pero eso no parece estar en la agenda. La consecuencia es que sigue abriéndose la brecha...». Y hay que taponarla con determinación, generosidad, humildad y... rapidez. Necesitamos una comisión parlamentaria que supere el marco tradicional de consulta con la sociedad civil y que sea capaz de sumar energías cívicas, talento experto y prácticas novedosas para legislar otra Ley mucho más ambiciosa, más profunda y regeneradora de la que tenemos.

Cuando los cambios afuera son más rápidos que los cambios dentro, el fin está cerca. No esperemos más. No hay tiempo que perder, como decía el poeta Sófocles: «Cuando las horas decisivas han pasado, es inútil correr para alcanzarlas». Pues estamos, creo sinceramente, en tiempo descuento.

Hay 23 Comentarios

La iniciativa del Foro + democracia, en la redacción que está realizando de una nueva ley de partidos politicos ( en la que todos podemos participar ), creo se recoge muchas de las iniciativas que en algún momento hemos pensado. Con la redacción de esta ley se podría combatir muchos de los desmanes actuales en cuanto a corrución y transparencia interna y externa de los partidos (teniendo en cuenta la condición humana ). Y esto posiblemente ayudaría ha corregir de alguna forma la desafecion que actualmente se tiene de la política, creo que es una buena iniciativa por parte de este foro con la redacción del borrador de nueva ley.

Mi pronóstico es optimista, pero a largo plazo: a los IBM y Microsoft de la política española les aparecerá un Google que cambie las reglas del juego al entender como funciona la red.

http://www.slideshare.net/fontanon/el-partido-poltico-como-plataforma

Yo no juego mas. O voto directamente las leyes, que puedo, o dejo de acatarlas. Así de simple.Eso es democracia, Y no me hablen de semidirecta y representativa y tal. No. Hay una opción. Está ahí.

Por desgracia, los ciudadanos no son en general competentes en teoría política. Tampoco lo son la mayoría de los políticos, pero esa es otra cuestión. Ocurrencias y propuestas experimentales puede haber en cantidad suficiente para redactar un par de centenares de constituciones pero el conocimiento ajustado de la historia, de los fundamentos del derecho constitucional y de la auténtica realidad sociológica del momento en que se vive es algo por completo diferente. Una reforma de las bases de la convivencia democrática no puede ser dejada en manos de diletantes y aficionados; y menos aún si éstos tienen una profesión tan huera de entidad intelectual como el periodismo -u otras semejantes- que lleven, por ejemplo, a elaborar una propuesta tan contradictoria como la del "Foro + Democracia", capaz de sostener, al mismo tiempo, la consideración de contrato para los programas electorales y la de la prohibición de la disciplina de voto para los representantes democráticos; o la petición, asimismo contradictoria, de "primarias abiertas" y de elecciones internas directas sólo para afiliados.
Ciertamente, el curso de los tiempos tiende a dejar obsoletas concepciones del poder que tuvieron sentido en un determinado momento pero que pueden haber sido desbordadas, ya por la entidad de los cambios socio-políticos acontecidos desde su primera formulación, ya por la misma dinámica interna de los sistemas políticos. Como obra humana que son, las leyes pueden degenerar por simple incapacidad del legislador para prever todos los vicios que los resquicios de su formulación pueden dejar entrar en la estructura del Estado. En el caso español esos vicios son evidentes: falta de independencia de los poderes del Estado; falta de coordinación entre administraciones; obsolescencia de la ley electoral; redundancia en las competencias ejecutivas; excesiva burocratización de la sociedad; falta de garantías de excelencia en los representantes democráticos...
Sin embargo, no hay alternativas a la reforma desde dentro del propio sistema. La legitimidad de las leyes es la única fuente derecho aceptable porque, fuera de ella, no hay más razones que las de la fuerza o la de la masa alienada por el arribismo demagógico de unos pocos. Cualquier cambio requiere, por tanto, el consenso y la generosidad de los actores políticos; como ya ocurriera durante la Transición. Que esa posibilidad entre dentro del horizonte de lo posible acaso sea dudoso, dado el carácter sectario de nuestra izquierda y su continua afán cainita, pero acaso ello sea también una señal del ámbito en que primariamente ha de producirse un cambio de mentalidad: mientras no haya una evolución del socialismo español hacia la modernidad y las organizaciones que ocupan esa parte del espectro político no adquiera conciencia de que el poder no es un instrumento de penetración ideológica en la sociedad, poco se podrá cambiar.
Un servidor, claro, como tantos otros españoles, tiene sus propias ideas sobre los cambios que podrían acometerse. Por ejemplo, el elemento esencial de la democracia es la confianza; si los electores no confían en la honradez de los políticos, el principio de representación se irá erosionando con el tiempo, la participación ciudadana será cada día más reducida y el conjunto de la sociedad devendrá más escéptico o incluso cínico. La clase política no puede controlarse a sí misma porque las maquinarias de los partidos tienden a socavar la división de poderes –como hizo el PSOE sin que el PP haya rectificado aquel desaguisado- y a convertir los mecanismos de control en parcelas que ocupar en su propio beneficio. Para prevenir este indeseado efecto, se podría constituir un cuarto poder adicional a los tres tradicionales, un poder que podríamos llamar “censorio”, democrático pero constituido al margen de los partidos, encargado de asegurar la neutralidad de los órganos del Estado y la eficacia profesional de su gestión. ¿Cómo hacerlo? Hay varias posibilidades. Ahí tenemos, por ejemplo, a un Senado con funciones parlamentarias ahora redundantes con las del Congreso que, constituido por personas experimentadas (mayores de sesenta años, sin vinculaciones a asociaciones ideológicas o partidos, con un doctorado universitario; elementos suficientes para dar a la cámara un carácter meritocrático), podría muy bien encargarse del nombramiento de las cúpulas directivas del Tribunal de Cuentas, Intervención del Estado, BdE, CGPJ, Fiscalía, etc, y de la constitución de comisiones de investigación ilimitadas para asuntos relevantes. Con esto, la vida pública tendría un punto de apoyo para dar garantías al ciudadano de que el sistema puede depurar todos los comportamientos indeseables, sin que el sempiterno parapeto del sectarismo actuara de salvaguarda.

En este pais se ha reformado-recortado cruelmente casi todo...sanidad, educacion, dependencia, I+D, etc.....y sobre lo que de verdad tiene paralizado y está destruyendo España solo se nos ocurre decir..."hay que cambiar la ley de partidos". Me refiero al sistema de partidos existente que permite que nos estén gobernando una serie de organizaciones mafiosas corruptas (partidos politicos) representados por una serie de personas a las que tenemos que votar sin conocerlas y que todas están de acuerdo en que lo importante es mantener el sistema actual que les permite tener a cerca de medio millon de sus afiliados y amigos cobrando sueldos y pensiones millonarios, que no se recortan, así como subvenciones y privilegios por encima de cualquier consideración de austeridad o solidaridad. Un despilfarro monumental y que nos ha llevado a una deuda inpagable de un billón de euros, en medio del enorme escándalo de recortes de todos los beneficios sociales del resto de ciudadanos. Y por si fuera poco cada dia se profundiza más la corrupción de estas organizaciones al comprobar el magnífico negocio que les resulta esquilmar las arcas públicas de la manera mas impune expulsando a los jueces que se oponen, manipulando toda la información y actuación de los jueces afines y si no basta indultando a los que finalmente son condenados. La conclusión es que las generaciones con derecho a voto actuales no están dispuestas a cambiar este panorama (¿por ignorancia o por falta de experiencia democrática?) ya que seguimos votando pertinazmente a los corruptos en vez de enfrentarnos a ellos de forma contundente. !!!Esperemos que la generación siguiente tenga el valor de enfrentarse a este caos y sea capaz de cambiar las cosas!!!!

Esto no es una democracia es una dedocracia, ese es le problema.

Hasta las ranas del nacimiento del Cuervo saben que el proyecto citado no es posible en esta tierra de conejos. Vamos a ver, en este país tan raro no es posible la regeneración propuesta. Para muestra un botón, en cualquier país del mundo cuando la gente no come se suele cabrear, aquí no, aquí está Cáritas para sacar adelante a esos 12 millones de desgraciados. Aquí la gente se dedica a votar. Y votan aún sabiendo que la "pedrada" de Pedraz está confirmada científicamente, a saber, la casta/clase política esta podrida. Y para colmo se sabe que el jaguar de Ana Mato nunca se sabrá su paradero. Y que los 1,700 imputados seguirán cantando por peteneras o como irse de rositas en un Estado fallido. Seamos realistas, el único proyecto posible es seguir las recomendaciones de Luis Solana, a saber, poner a un guardia civil al frente de algunas instituciones. El motivo no es otro que todas las instituciones están podridas. El puto Estado de las Autonomías no da mas de sí.Todol ello en el marco del 26 aniversario de la célebre y muy puñetera "sentencia": En España la justicia es un cachondeo. Ahí esta esa encuesta que dice que el 78% de la gente no cree en la justicia. La escritora Almudena Grandes lo tiene muy claro: La justicia me da asco. El mismo asco que a ese citado porcentaje, pero siguen votando. Tierra de conejos. Estado fallido. Y en ese plan. Ninguno.

Hay una máxima que dice: "La democracia es la menos mala de los regímenes políticos que existen". No quiere decir que sea buena, es la mejor manera de gobernar dentro de lo malo. Dentro de las democracias existentes, no solo hay una, ya que hay muchas fórmulas, la que tenemos en España puede que sea la peor, la más cerrada. Los españoles queremos abrirla más a los ciudadanos pero los políticos, a los cuales pagamos nosotros, no nos dejan. La paradoja no puede ser más sangrienta.
Vemos lo que está ocurriendo en EEUU. Obama no puede gobernar porque la Cámara de Representantes no la domina con mayoría. ¿Queremos que nos pase como a los americanos? No creo, sin embargo, ellos están contentos con su sistema, creen que es el mejor. A nosotros nos parece una incongruencia de sistema. El sistema es presidencialista y se vota a una persona, luego más adelante, en otros comicios ya se votará a los representantes de los partidos. Y sí, una vez elegidos, tienen derecho a discrepar con el partido. El voto es en conciencia, de ahí que Washington sea un burdel de lobbys, donde se sacan las leyes con el dinero por delante. ¿Es eso bueno? No parece. Las democracias en Europa son bien distintas. La francesa es enrevesada, como son los franceses, con un presidente que es todo lo contrario a una figura decorativa, como ocurre en Alemania o en Italia. Son repúblicas. Nosotros nos hemos dado una democracia, de aquella manera, sin exigir mucho, ya que veníamos de una dictadura y hubo que contentar a todos. Luego hemos visto que nadie ha quedado contento. Es normal porque el ciudadano no participa de la democracia más que cuando toca votar, el resto del tiempo, a callar. Solo nos queda para protestar estos blogs, las redes sociales, el pancartismo, las camisetas de colores, etc. No, queremos participar más, tener más opciones de contestar a los que gobiernan, no tener que esperar cuatro años, uno pierde la paciencia.
Un ejemplo: Tenemos al peor ministro de justicia de la democracia; no lo digo yo, que también, lo dice Margarita Robles, del CGPJ. ¿Por qué hay que esperar cuatro años o más a que venga otro gobierno y revoque las ley de Tasas, por decir algo? Y así con otros ministros, como Wert, Mato, etc. La ley de Transparencia, sí, muy bien, pero si la van a hacer a su imagen y semejanza. Si cambian la ley electoral, que no creo, la van a hacer también a su manera. Entonces, los ciudadanos ¿Qué pintamos en este juego, donde juegan unos pocos y pagamos todos?
O somos más agresivos para que nos hagan caso o tenemos la batalla perdida.

¿Cree intrascendente citar que el meticuloso y profundo trabajo VALUES AND WORLDVIEWS lo hace la Fundación BBWA?.
Muchas gracias

Si aún no hemos tomado conciencia de que nuestro gobierno actual y los venideros sean del color que les apetezca a los ciudadanos, no serán más que marionetas dirigidas -no por Alemania, que también- sino por el auténtico poder que domina el mundo y que no es más ni menos que el poder económico mundial.
Ningún país del mundo, ninguno absolutamente, podría pagar su déficit económico, vivimos en una gran mentira y nadie es capaz de saber cuales serán las consecuencias. Parcheamos aquí y allá- muy necesario- ya que sin eso no nos levantaríamos de la cama.

Recientemente me han informado de otro caso curioso en la democracia española, se trata de los presupuestos, que sin perjuicio de ser un acto político de primer orden, también pueden ser incumplidos impunemente, es decir, no hay ninguna ley que obligue a cumplirlos, ni ningún mecanismo para exigir resposabilidades al gobierno en caso de incumplimiento.

Gracias por su trabajo
Suerte en ese gran proyecto. Tiene todo mi apoyo para llevar este barco a buen puerto.
Es ilusionante que en tiempos de pesimismo, surjan ideas para la esperanza. Siempre contará con mi apoyo por ser próximo y punto de referencia.

Lo verdaderamente frustrante es que se escriba lo que se escriba, se firme lo que se firme y se proponga lo que se proponga, los partidos están como desaparecidos. Yo creo que están dándole vueltas a como sobrevivir enquistados en sus fortalezas opacas a las cuales no entra ni luz ni ruido de la sociedad.
Los partidos se enteran de lo que se mueve por voceros interesados entre los que hay algunos articulistas y tertulianos, estos son los análisis que les importan, los que crean opinión pública. El parecer de los ciudadanos estampado en decenas, o cientos de miles de firmas no cuenta. Opino sinceramente que los electores deberíamos hacérselo pagar con una abstención masiva, a no ser que en los programas electorales aparecieran propuestas de cambio de las principales leyes: propuestas y fechas. De no ser así, yo propugno no acudir a las urnas.
http://www.jesarribas.blogspot.com.es/

Este estudio corrobora lo que las personas más lúcidas vienen afirmando más de un siglo: la democracia no funciona. En el artículo se proponen mejoras para un mal sistema, ¿no es hora ya de pensar en otro modelo de organización social? En la Era de la agricultura: nobleza/clero, en la Era industrial: la democracia y en la actual Era de la información…

A mí me parece muy sintomático que los herederos de Franco sean hoy precisamente los principales defensores de la Constitución como un ente intocable e inamovible. Es más que sintomático, diría yo.

Lo terrible de la situación es q nadie quiere admitir q la transición cerro un periodo inaceptable sin responsabilidades.
Pese a quien pese, solo fue una manipulación de una constitución y una ley de amnistía q solo deberían haber sido una herramienta para salir de ese periodo negrísimo.

Solo ha servido para q, hoy, las posiciones vuelvan a estar separadas sin q se vislumbre ningún viso de solución.
Vuelven las barricadas. Es el franquismo mas rancio quien toma posiciones inaceptables de bloqueo intransigente.
Se escudan en una constitución obsoleta.
Se pasaron todos estos años de democracia asaltando las instituciones y obstaculizando toda renovación.
Tienen el sistema cogido y bloqueado. Están en todos los nudos de decision del estado: TC, legislativo, ejecutivo.
Su objetivo es seguir en el poder, nada mas.
Todo esto solo pudo ser posible porq el entramado de partidos mayoritarios (PP, PSOE, CiU) lo alumbro el franquismo: Falange y Movimiento.
Son los mismos perros con diferente collar.

En el artículo anterior de Antoni sobre las "viejas guardias" enfocado hacia el PSOE y su próximo congreso, me limite a decir que les deseo suerte y les recomiendo inteligencia, coraje y progresismo. En el de hoy (fantástico por cierto Antoni) me lleva a pensar, que el partido que tenga los huevos de tratar de recuperar el auténtico sentido de la democracia adaptándolo a las actuales circunstancias, debería pelearse una Ley de Partidos en la que los mínimos de negociación fuesen los seis mandamientos apuntados en él, ni uno menos. Sería el único camino para recuperar una cierta credibilidad entre los ciudadanos.
Y ya que se supone que los blogs y los foros son para aportar algo, hoy si quiero poner mi granito de arena en base a experiencias vividas por mi mismo. En el caótico y brutal sindicalismo de los años 78-79-80- en las asambleas de obreros era dogma que las votaciones se hiciesen a mano alzada, porque si las votaciones fuesen secretas, decían aquellos viejos luchadores, no sacamos una puta huelga adelante. El que levantaba la mano contra la propuesta del comité de empresa pasaba a la lista de los esquiroles, los chivatos y los agentes infiltrados por la patronal.
Me estoy refiriendo al punto 5º: " la prohibición de la disciplina de voto". La disciplina de voto es "la mano alzada" de aquellas asambleas, condicionadas por el miedo y en algún caso por un discutible concepto de la lealtad. ¿Que pasaría si nuestros parlamentarios pudiesen votar anónimamente y en conciencia? Los ciudadanos podemos encerrarnos en nuestra cabinita para introducir nuestro voto en el sobre y que nadie sepa a quién votamos. ¿ Porqué los parlamentarios no pueden hacer lo mismo, sean del partido que sean, si han visto, gracias a las actuales circunstancias mediáticas y demoscópicas que el sentir popular no tiene nada que ver con la doctrina marcada por sus gerifaltes?
Me voy a husmear eso de Foro+Democracia que me huele bien.

Ni democracia deliberativa ni tiempos de descuento. Exagerar era la estrategia catastrofista y apocalíptica preferida por el fallecido señor Fraga Iribarne. Los analistas políticos y periodistas son humanos sujetos a errores en algunas ocasiones propiciados por urgentes necesidades de autoestima publicitaria y/o de notoriedad muy subjetiva. Generalizar es poco apropiado porque sin darse cuenta, o queriéndole, incurren en las mismas disfunciones que denuncian con sus incontroladas e imprudentes prisas propias de los veinte y tantos -más bien pocos- años. Se delatan a sí mismos con sus premuras injustificadas. Sin caer en el error generalizador de principiantes, pienso que la democracia no se sirve a la carta. Para eso se va a los restaurantes y se satisface el sabor y el gusto de cada particular si sus carteras se lo permiten. Las Constituciones no son menús. Se actualizan cuando las circunstancias lo demandan. No es el caso que España, en estos momentos, precisa. Las encuestas, como todo en la vida, son relativas. Optimizarlas o lo contrario no es lo correcto porque los criterios para hacerlo carecen de la necesaria objetividad. Si por cada generación hay que modificar una Constitución porque quienes no la votaron no pudieron, no quisieron o se abstuvieron estamos en presencia de "La escopeta nacional" (formidable esperpento fílmico) o ante "Bienvenido Mr. Marshall" (formidable e inolvidable filme). Nunca lloverá a gusto de todos. Los partidos son necesarios si estamos de acuerdo con el sistema democrático. Sin mirarnos más al ombligo ni especular "deliberativamente" en discernir si se tratan de galgos o podencos. O aceptamos la democracia con sus servidumbres, miserias y grandezas o dejemos los tiquismiquis (falsos escrúpulos) que solo benefician a sentimientos y actitudes netamente fascistoides por mucho que se disfracen de progresistas, deliberativas y fuera de tiempo. No es eso. El juego democrático no pasa por estar perdiendo el tiempo deliberando eternamente con la temperatura del medio ambiente o con las evidentes corrupciones de toda clase, signo y lugar, porque si las hay, hechos más que evidentes, es que los ciudadanos de a pie también participamos de ella por muy bien erguidos y santificados que nos pongamos cuando nos entrevistan o encuestan. No más hipocresía. Frente a los delitos está la ley y la administración de justicia. Por favor, por el bien de nuestro país, abstengámonos de estulticias.

Democratizar la democracia:
Democracia directa y semidirecta:
http://politica.elpais.com/politica/2013/09/25/actualidad/1380099595_640039.html

Quisiera alimentar la sensación de urgencia con algunos testimonios y datos de los últimos días: el sábado, un autobús de Madrid, llegando a plaza Colón (esa plaza donde Carrillo decía a los suyos que los colores de una bandera no valían la vida de un solo español) se vió demorado por una manifestación. Una persona, que en la época de la transición no tendría más de 10 años, se puso en pié, empezó a vociferar yendo y viniendo como un fiera enjaulada con frases que pueden resumirse: si fuera él les atizaba y, si no les gusta España, que se vayan (los improperios no los pongo porque no soy capaz de citarlos con gracia y precisión). Un periodista de este medio se mostraba perplejo hace unos días por la venta de tejeritos en el paseo del Prado. Una alcaldesa hace una exposición cultural de símbolos nazis, los cachorros del PP salen en youtube con el brazo en alto, La 2 pasa una selección "Los tiempos del NODO" como unos tiempos de pánfila inocencia... en fin, se multiplican los signos que provocan, como decía PIO XI, una ardiente preocupación. Vemos que el muerto era, en realidad, un zombie que viene a por nosotros.
Esa añoranza de los viejos buenos tiempos tiene sentido: los pueblos son gregarios, en épocas de miedo buscan alguien que mande y hunden a los faltos de liderazgo (ver las elecciones después de Tamayo y Saenz). La democracia retrocede en Europa y los partidos electorales solo piensan en las próximas elecciones, sus miembros en como entrar en la lista de reparto de puestos, cargos y escaños.

Cuando hay un estudio como el que citas tan bién hecho, siempre uno se queda sin respuestas a preguntas que los analistas no parecen tener en cuenta.
De manera que aunque demos por bueno el análisis, nos falta la salida. Ya estamos en el lío ¿pero como lo deshacemos?. Y claro aquí entra cada español con su "estudio". Y uno ante tanto individualismo ya casi es capaz de abrazar cualquier cosa que nos una. Y eso es peligroso.

Gracias por aportar lo de foro+democrácia porque me parece ideal. Evidentemente hay que cambiar "esto"

En muy poco tiempo la sociedad en general de nuestro mundo, ha avanzado mucho en todos los campos, y en España también.
Nos hemos encontrado en una democracia sin estar acostumbrados a ello.
Arrastrando taras de la situación anterior no demócrata, donde persistía el concepto de ciudadanos de bien, malos o sospechosos.
Hoy solo tenemos ciudadanos que están dentro de la ley o fuera de ella, en un sistema social igualitario.
Que han de cumplir las normas sociales y fundamentales de la convivencia.
Cumplir con la ley y el orden establecidos sin defraudar ni malversar contra el derecho de los demás.
Ni por exceso ni por defecto.
Legales y punto.
Y de la ciudadanía a las instituciones, un por igual.
Los partidos son gestores al servicio de la sociedad, administradores, que si no cumplen con las propuestas y por lo que se le elige, están defraudando el principio fundamental de la democracia.
La elección.
Y luego está la ley, a la que se ha de servir, limpiar y dar brillo con luz y taquígrafos.
Para no encontrarnos con situaciones torcidas en la sociedad y que lamentablemente se vean como legales, aunque no justas.
Y ahí ha de ser toda la ciudadanía la que ejerciendo en responsabilidad, aporte con su evaluación crítica constante el punto de excelencia que nos da solvencia.
Como sociedad civil avanzada.
Evaluando desde la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales.
De lo contrario, tendremos un mercado a abastos, pero no una sociedad sostenible, humana y real.

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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