Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

2.988 palabras

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 19 jun 2014

Palabras_discurso

En un final muy estudiado y ensayado, Felipe VI ha concluido su elaborado discurso con un «muchas gracias» multilingüe (castellano, catalán, euskera y gallego), con vocación de reconocimiento y respeto a la diversidad, simbolizada en las citas a Machado, Espriu, Aresti y Castelao. Tras ello, cien largos segundos de aplausos casi unánimes de sus señorías, a los que −en la tribuna de invitados− Iñigo Urkullu y Artur Mas han evitado sumarse, con un sobrio rechazo.

Con esas palabras ha acabado la parte más relevante de un cuidado y largo spot publicitario de la Monarquía constitucional, que empezó con el discurso de abdicación del rey Juan Carlos, donde las imágenes, los símbolos y las palabras han estado guionizados al milímetro. Los nuevos Reyes, así como la Princesa y la Infanta han representado a la perfección una imagen cálida y compenetrada de familia, tan conveniente para la Corona. Desde la entrada, unidos de la mano, hasta el ósculo afectuoso que Doña Letizia ha ofrecido al Rey, pasando por las miradas cómplices de la Reina a sus hijas, las percepciones del conjunto han sido eficaces y ajustadas a los objetivos de su guión. La nueva Reina estaba liberada, protagonista, y viendo en su papel de madre la gran oportunidad para ganar la visibilidad que su rol de consorte no garantiza, necesariamente. Los gestos constantes a sus hijas, las presentaciones que tras el discurso ha hecho de todas las personas que han pasado por el besamanos, han demostrado una complicidad natural de la Reina con los invitados. Hoy, Letizia ha roto el molde de frialdad y distancia que, a veces, la atrapa y la evade.

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Guía para seguir el discurso de Felipe VI

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 18 jun 2014

Discurso_felipe

Hay una gran expectación. Fuentes de La Zarzuela insisten en que mañana Felipe VI pronunciará «un gran discurso». Será histórico, es indudable. Pero la auténtica dimensión histórica dependerá de su contenido (formas y fondo), más que de las circunstancias del mismo. Estas pistas pueden ayudar a interpretarlo:

1. Los antecedentes. Felipe VI ha pronunciado numerosos discursos que han marcado su largo camino hasta la sucesión. El 30 de enero de 1986, Felipe juró lealtad a la Constitución de 1978 y al Rey en el Congreso de los Diputados, aceptando su rol, a los 18 años, como sucesor al trono. El, ya muy lejano, primer discurso del Príncipe, tuvo lugar cuando tenía 13 años, en el marco de los premios que llevan su nombre, el 4 de octubre de 1981. Desde entonces, ha dado 1.041 discursos.

2. La comparación. En la anterior proclamación (la de su padre Juan Carlos I, en 1975), el Rey agradecía la labor de Franco y situaba a la monarquía como el eje de integración de una España moderna, haciendo una llamada a la unidad para recorrer una nueva etapa: «Si todos permanecemos unidos, habremos ganado el futuro». El discurso de Juan Carlos I fue de unos tres minutos.

3. Los idiomas. Se especula con que Felipe VI utilice, en algún momento y más allá de un saludo protocolario, las diferentes lenguas cooficiales del país. Sería un gesto importante… y, más aún, en la sede del Congreso de los Diputados, cuyo Reglamento (en vigor y sin reforma desde 1982) sigue sin regular el uso de estas y las prohíbe expresamente, provocando más de un desencuentro entre los presidentes de la Cámara y los parlamentarios que, reiteradamente, fuerzan el reglamento para señalar la contradicción entre la cooficialidad de las lenguas y su uso en las Cortes. El rey belga, Felipe de Brabante, prestó juramento ante la Cámara y el Senado de Bélgica, en el recinto del Parlamento de Bruselas, en las tres lenguas coexistentes en el país: primero en neerlandés, luego en francés y finalmente en alemán. Su padre, Alberto de Sajonia-Coburgo, se dirigió al nuevo rey en un breve discurso que pronunció también en las tres lenguas y con el mismo orden.

Será interesante ver si, además de la utilización en el discurso de las distintas lenguas, se lleva a cabo y se pone a disposición una versión del texto escrito en cada una de ellas.

4. La puesta en escena. Felipe VI será proclamado junto a la corona (de 1748) y el cetro, símbolos de la monarquía española, que también acompañaron a su padre, Juan Carlos I, en el mismo lugar hace 39 años. Solo faltará el crucifijo, propiedad del propio Congreso, y que sí estuvo presente en la proclamación de Juan Carlos I, en 1975. Otra de las imágenes curiosas será ver a la reina Sofía pero no a Juan Carlos I en el Congreso. Se convierte así en el primer monarca europeo de las últimas décadas que abdica y no está presente en la proclamación de su sucesor.

Todos los aspectos del protocolo y la liturgia de la proclamación están contemplados en el documento informativo que La Casa Real hizo público anteayer titulado Datos sobre España, la Casa de su Majestad el Rey, la abdicación, la proclamación y otras informaciones útiles para los medios de comunicación.

5. Las palabras clave. Analizar la estructura del texto será otro aspecto relevante. Las citas (a personas, lugares o hechos históricos). La repetición de palabras o conceptos. Los datos y su visualización. Herramientas como wordle o tagcrowd pueden servir para hacernos una rápida idea de lo que destaca en su discurso.

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El orden del día

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 11 jun 2014

El presidente del Congreso, Jesús Posada, así como las intervenciones de Mariano Rajoy y de Alfredo Pérez Rubalcaba han recordado, una y otra vez, el sentido de la sesión parlamentaria (cumplir la Constitución), el sentido de la Ley que se somete a aprobación (hacer soberana −jurídica y democráticamente efectiva− la decisión de abdicación del soberano) y el sentido del voto (no se puede votar que no, como ha dicho Rubalcaba, si se quiere cumplir la Ley). La expresión «orden del día» refleja, con claridad meridiana, este marco político. Es decir, parafraseando al presidente Pujol, hoy «no toca» hablar de otras cosas, ni hacerlas.

Pero tras la apariencia de normalidad y seriedad, palabras con las que Rajoy ha definido la sesión y la responsabilidad del momento, el Pleno de hoy sí que tiene una gran excepcionalidad y trascendencia política. No es un trámite, al contrario. Primero, porque hoy, tras la votación «pública por llamamiento» (señal inequívoca de la liturgia y significación política de la sesión), el Príncipe heredero será jurídicamente rey. Y segundo, y lo más relevante, el debate permite evaluar el grado de salud, vigencia, fortaleza y estabilidad del consenso político que abrigó, precisamente, la Constitución. Y, aquí, casi todo cambia.

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Monarquía, in extremis

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 02 jun 2014

Principe

El Rey no ha superado la prueba de estrés institucional y político que las graves y acumuladas crisis de imagen y reputación han producido en su entorno (o que ha provocado él mismo). Abdica porque no puede más. Tampoco estaba asegurado que su última ofensiva de imagen produjera réditos positivos con el volumen y caudal de beneficios suficientes como para paliar las graves grietas de confianza en la Corona y en su persona. El deterioro institucional ha ido acompañado de un desgaste físico evidente y, en algunos casos, con una innecesaria exposición pública sobre sus facultades para desarrollar, con normalidad y exigencia, la función de Jefe de Estado.

La abdicación llega en un momento convulso y reabre todas las preguntas sin garantizar suficientes respuestas. El Rey abdica in extremis... en búsqueda de nuevas oportunidades para la Institución y para España, y con el deseo de ser perdonado por el recuerdo y el agradecimiento. Un deseo anhelado y buscado con afán. Abdica por necesidad y urgencia, no por voluntad y tranquilidad. Este va a ser el punto débil del proceso. El Rey, que tuvo un papel destacado en la Transición Española, no ha sido capaz de hacer −en tiempo y forma− la transición de la Monarquía. Su testarudez, sus obsesiones, sus errores y un ego de dimensiones históricas han abocado a la Institución al colapso. Y ahora, como entonces, una parte significativa de la sociedad española se plantea: ¿transición o ruptura? ¿Felipe VI o la III República?

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El País

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