Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

Últimas entradas

Miedo al diálogo

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 26 feb 2017

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La semana política española ha acabado con el desaire mutuo y recíproco entre los presidentes Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. El cruce de acusaciones, desmentidos y reproches es impropio en un escenario tan necesario de liderazgos políticos. Quizá ha llegado la hora, antes de hablar de los temas, de prestar atención a las condiciones que hacen posible hablar de cualquier agenda, incluso la más espinosa. Y trabajar, desde todas las partes y desde todos los ángulos, en crear la cultura y el clima que hagan posible que el diálogo (y el previsible pacto o acuerdo) sea siempre mejor que la ruptura del mismo. Cuando este se rompe, todo puede romperse.

¿Cuáles serían, a mi juicio, las claves que harían posible que el diálogo político avanzara?

Voluntad política. El diálogo entre opositores y adversarios siempre conlleva riesgos. La única manera de superarlos es con voluntad política y determinación. Sin voluntad, el diálogo —como método y objetivo— nunca tiene la fuerza decisiva para imponerse. Esta energía, la que impulsa a dar el paso decisivo, el apretón de manos o la firma de un compromiso, es imprescindible para superar las dificultades que, siempre, existen en un contexto adverso y complejo. La sabiduría popular dice que dos no se pelean si uno no quiere. Es, probablemente, cierto. Pero dos no acuerdan si ambos interlocutores no quieren.

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Podcast y política

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 19 feb 2017

Para blog

La recuperación y el incremento del consumo de podcast en todo el mundo abre nuevas oportunidades para la política y su comunicación. Los medios han reaccionado a la demanda de los usuarios con una variada y sugerente oferta. En Estados Unidos, por ejemplo, The New York Times se ha asociado con la emisora de radio pública de Boston, WBUR, para lanzar una serie de podcast semanales. USA Today cuenta ya con 18 canales basados en sus columnas más exitosas. Mientras, medios nativos digitales como FiveThirtyEight, BuzzFeed y Quartz han creado su propia oferta, contagiados por la fiebre del podcasting que atrae a millones de personas. En el Reino Unido, The Sun y The Times aceleran sus planes y The Guardian sorprende semanalmente con su magnífico canal The Guardian Books. Mientras, Financial Times lleva una década produciendo contenidos en audio y solo el año pasado consiguió 45 millones de descargas.

Pero, ¿por qué, de nuevo, este éxito? Estas podrían ser algunas de las razones:

1. La libertad. La movilidad de las personas y la portabilidad de los dispositivos favorecen el consumo on demand de los contenidos. Deseamos ver y escuchar nuestros programas favoritos cuando y como queramos, en lugar de estar sometidos al dictado de programadores y canales. El podcast se adapta perfectamente a esta cultura de la autonomía y la libertad. Es un medio perfecto para una demanda constante de libertad e individualidad en el consumo informativo. Un medio que atrae, especialmente a los millennials, a un público urbano con recursos, educado, joven y con un alto nivel de compromiso.

2. La intimidad. El consumo íntimo (en mi dispositivo, con mis auriculares, a mi hora, en mi lugar, sin explicaciones y sin testigos) de cualquier contenido establece un fuerte vínculo. Lo hemos visto, por ejemplo, en el extraordinario incremento del Facebook Live de Donald Trump que multiplicó por cuatro las audiencias frente a Hillary Clinton. Se trata de un momento personal, autónomo y discreto. Kerry Donahue, director del programa de radio en la Escuela de Periodismo de Columbia, se refiere al podcast como «la llamada telefónica de un amigo». Esta intimidad genera espacios de protección y liberación, estableciendo vínculos profundos, ajenos a la observación de los demás. Este consumo, protegido del escrutinio público (nadie ve y escucha lo que yo sí hago), permite al usuario explorar y curiosear, desde el anonimato y la autonomía. Es un hilo de nylon. Fuerte e invisible.

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Gavilán o paloma

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 12 feb 2017

“Amiga, hay que ver como es el amor
Que vuelve a quien lo toma
Gavilán o paloma” (Pablo Abraira)

La canción ‘Gavilán o paloma’, cuyo autor es Rafael Pérez Botija, fue en su día -en la década de los ochenta y en los noventa- una clásica oferta de los diales y de los eventos sociales. En España conocemos esta pegajosa música por la voz de Pablo Abraira, y en América Latina por José José. La canción era la delicia de los karaokes y de las gargantas desbordadas. La letra, de una calculada ambigüedad, permitía todo tipo de interpretaciones. La base de todas ellas era el fundamento popular de que... se sabe cómo entras, pero no cómo sales (en el amor, en la vida; y en la política, también).

Curiosamente, el Congreso del PP también se ha debatido entre dos aves: el charrán y la gaviota. Una gaviota es un ave carroñera que vuela bajo y come sobre todo basura. De hecho, las gaviotas se alimentan de todo aquello mínimamente comestible: todo tipo de animales marinos, vegetales, insectos, carroña, pájaros pequeños, como palomas (a los que ataca en vuelo), huevos de pájaros (tanto de otras especies como de la suya propia), pollos, ratas, etc. Si sus presas aún están vivas suelen agarrarlas con el pico y dejarlas caer desde lo alto hasta que mueren o se abren. En cambio, un charrán –muy parecido a una gaviota- es un ave que vuela alto, y que come peces, a los que atrapa gracias a zambullidas, después de sobrevolarlos. Frecuentemente, los charranes marinos cazan en asociación con marsopas o peces depredadores como anjovas, atún o bonitos, gracias a que estos grandes animales marinos dirigen a la presa hacia la superficie.

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El País

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