Han pasado dos años y la triple
crisis (económica, política, institucional) ha sacudido los cimientos de las
viejas estructuras. La política formal y representativa ha mostrado todas sus
limitaciones y problemas de fondo y forma. Después del poderoso aviso lanzado
desde las plazas y las redes, la política no ha podido –o no ha sabido–
reaccionar. El foso de la desconfianza
se agranda a causa de la corrupción
y la parálisis frente a los retos.
Desde muchos sectores (mediáticos, sociales y políticos) se reprocha al
ecosistema que se visualizó el 15M de 2011 la falta propositiva, alternativa y
democrática. Hay algo de cínico y acomodaticio en esta crítica: la exigen,
precisamente, aquellos que deberían dar las respuestas por su responsabilidad
en la representación o en la
gestión. Otra vez más, hay quien ve la paja en el ojo ajeno y
no la viga en el propio. Pero, de la misma manera que equivocaron
las preguntas en 2011 (¿quiénes son?, ¿qué quieren?, ¿cómo se organizan?,
¿con quién hay que hablar?), hoy –de nuevo– lanzan preguntas con viejos
patrones: ¿por
qué no se presentan a las elecciones?, ¿qué proponen?, ¿a quienes
representan?. Es difícil atender y reaccionar ante lo que no se entiende, o no
se quiere comprender. Pero no es excusa, al contrario. Hay un déficit
de atención, reflexión y reacción. Los tiempos (y los resultados del
ecosistema del #15M) son otros. Y otras sus lógicas, sus modelos, sus valores.
Se trata de semillas distintas.
Frente a este estado de cosas, esas semillas
del 15M siguen germinando. Algunas rápidamente, otras lentamente, como el
bambú: durante los primeros siete años aparentemente no sucede nada;
pero, en un período de tan solo seis semanas, justo en el séptimo año, crece
más de 30 metros.
Cuando se creía que nada ocurría, en esos primeros años, la planta estaba
desarrollando un sistema complejo de raíces capaz de sostener su rápido y
enérgico crecimiento exterior. Lecciones de la naturaleza. Así
son los cambios de fondo. No siempre son rápidos. Pero, si son profundos,
pueden llegar lejos. Algunos se ven, porque brotan. Otros no se ven pero echan
raíces, transforman el subsuelo, crean nuevas realidades, abonan
el terreno y permiten nuevas germinaciones. Los que solo buscan frutos
(recogerlos, utilizarlos, consumirlos) nunca comprenden bien el tiempo de la
semilla y la siembra.
Estas son algunas de las semillas de cambio y transformación,
sea cual sea ahora su grado de maduración.