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Mujeres

Mujeres a las que querían borrar de la historia

Por: | 04 de marzo de 2015

Enheduanna, del año 2.500 a.C., la primera voz femenina de la historia

Hace años, Clara Janés acudió a un encuentro con poetas árabes. Al encuentro acudió, también, una poeta musulmana, que no pudo participar más que como oyente. Del encuentro entre ambas surgió una fugaz amistad y un detalle luminoso: un libro que la poetisa prestó a Janés, en el que se hablaba de la sacerdotisa acadia Enheduanna. Enheduanna, que vivió hacia el año 2.500 antes de Cristo, encarna la primera voz poética con nombre propio de la humanidad. Esa mujer desconocida era, ni más ni menos, que el primer escritor de quien se tiene constancia. “Resulta que el primer escritor del que hay noticias es una mujer, pero eso es algo que nadie sabe” reflexiona ahora Janés. “Cuando lo descubrí me llevé una sorpresa tremenda. ¿A qué ese afán por borrar a las mujeres de la historia?”, lamenta.

Destellos de este tipo, impactos sobre mujeres cruciales cuya importancia ha sido tapada por la hegemonía masculina, la escritora los recopila ahora en Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela), sentido homenaje a quienes le han obsesionado a lo largo de su vida “desde el primer trabajo que realicé en mi primer año en la universidad”, recuerda. “Sobre otra mujer a reivindicar, la provenzal Condesa de Día. Sacar a la luz a estas mujeres olvidadas ha sido un trabajo que he ido realizando durante muchos años”.

Desde las poetisas arábigo-andaluzas, trovadoras, escritoras del Punyab (el actual Pakistán), o místicas, hasta el propio género de la novela, donde también la mujer se anticipó al hombre cuando, sobre el año 1.000 la japonesa Murasaki Shikibu escribió 'La historia de Genji'. Desde la española Oliva Sabuco, quien descubrió el líquido cefalorraquídeo, un hallazgo que su propio padre pretendió usurpar, hasta las numerosas órdenes de caballería exclusivas para las mujeres. “Todo han sido nombres que necesitaba sacar del olvido. Mujeres que deberían, y merecen, estar presentes en la historia”, explica la escritora.

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Mujeres en el arte: Judy Baca

Por: | 27 de febrero de 2015

Judy
Perteneciente a una familia de inmigrantes mexicanos, nació en 1946 y se crió en Los Ángeles (California). Su abuela era una curandera que influyó profundamente en su producción que puede identificarse claramente como cultura chicana. A Baca no se le permitió hablar en español en la escuela primaria, ya que estaba prohibido, por lo que como medio de expresión decidió asistir a clases de arte compaginándolo con los otros estudios. Con el apoyo de su profesor de arte comenzó a dibujar y pintar, y más tarde pudo matricularse en la Universidad Estatal de California, Northridge (CSUN) donde se licenció en 1979.

Me dije a mí misma, si consigo exponer en una galería ¿quiénes van allí? La gente de mi familia no ha acudido en toda su vida a una galería, mis vecinos tampoco... y no tiene sentido para mí colgar mis obras detrás de alguna pared vigilada.

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Valientes y putas

Por: | 24 de febrero de 2015

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Rubén Castro celebra, sin camiseta, un gol al Celta (Julio Muñoz, EFE).

Por EDUARDO RODRIGÁLVAREZ

Si hubiera un ranking de insultos escuchados en un campo de fútbol español, yo me jugaría una mano a que el primer lugar lo ocuparía "hijo de puta". Cierto que en ello influye que en el fútbol el árbitro es el punto de referencia de todas las maldades, el Lucifer frente al paraíso feliz de los aficionados, pero como es un hombre (las mujeres árbitro son aún estadísticamente anecdóticas), una parte del público, más numerosa de lo que se quiere hacer creer, se acuerda siempre de su madre, porque hijo de puta es un insulto muy español que se usa incluso en tono coloquial. El hecho de que a los árbitros se les conozca por sus dos apellidos -y no a los futbolistas ni a los entrenadores- explica suficientemente las cosas.

Los cánticos de un sector del Gol Sur del Benito Villamarín la pasada semana contra la ex novia del jugador Rubén Castro, acusado de cuatro delitos de malos tratos y uno de amenazas por los que el fiscal pide dos años y un día de cárcel, indican que el machismo violento es una herida más profunda de lo que parece y que difícilmente sana con agua oxigenada y mercromina. "Rubén alé, Rubén alé, no es culpa tuya, es una puta, lo hiciste bien" más que un cántico horroroso, es todo un manual del machito violento. "Alé, alé", es vuélvelo a hacer; "no es culpa tuya", es aquello de pega a tu mujer aunque no sepas por qué, ya lo sabrá ella; "es una puta", es el recurso habitual de la moral de los puteros; "lo hiciste bien", es pura y llanamente una incitación al maltrato, una legitimación de la violencia.

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Sga

Jennifer Garner y Cate Blanchett en la alfombra de los premios SGA. / Mario Anzuoni | REUTERS

¿Se imaginan a Benedict Cumberbatch hablando sobre lo perfecta que es su manicura y mostrando sus dedos a la cámara? ¿A Michael Keaton girando sobre sí mismo en una delicada y medida pirueta para enseñar su esmoquin?  ¿A Eddie Redmayne hablando del gel y la técnica para construir o deconstruir su peinado? No, ¿verdad? Sin embargo, eso es a lo que se enfrentan, cada alfombra roja, las celebridades femeninas de todo el mundo.

Sexista. Ridículo. Y tan habitual como la historia de esa industria. Nunca ha dejado de ocurrir. Ahora se acercan los Oscar, y la polémica creada en los Premios del Sindicato de Actores (SAG) el pasado 25 de enero ha avivado el debate sobre las preguntas que los periodistas hacen a las mujeres que tienen que encarar ese pequeño paseo bajo la lupa feroz de los medios de comunicación.

Desde lo saludable de las puntas del pelo y el color del tinte hasta los centímetros del tacón del zapato. Todo es examinado, escrutado y criticado. Y ese plano general empeora en el lugar en el que ellas se paran para las entrevistas. En los últimos premios Goya, Jesús María Montes-Fernández, el experto en moda que estaba en el plató de TVE, comentó sobre Juana Acosta: “Volvemos a ver a Juana Acosta, racial, colombiana pero guapísima, parece española, ¿no?, esta racialidad del sur...”. No era el primer comentario machista de la noche, ni fue el último, pero sí uno de los más controvertidos.

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Una vez la virilidad

Por: | 16 de febrero de 2015

 

Neuman
Andrés Neuman, fotografiado por Gorka Lejarcegi

A diferencia de las escritoras, no es muy habitual que los narradores masculinos se interroguen por su propia identidad de género. Crecidos en un orden cultural que históricamente ha identificado lo masculino con lo universal, y en el que los hombres hemos gozado de todos los privilegios, los escritores no han tenido la necesidad de mirarse en el espejo y de descubrir que, parafraseando a la Beauvoir, nosotros tampoco nacemos, sino que nos hacemos.

Los autores masculinos no han dejado de interrogarse sobre todos los rincones de la existencia, incluidas también las mujeres y sus relaciones con ellas, pero no se han preocupado de cuestionarse el porqué de una virilidad obligatoria. Por supuesto que encontramos magníficos retratos de los excesos de esa identidad -baste con recordar por ejemplo a Norman Mailer y Los tipos duros no bailan-, pero echamos en falta miradas que supongan una reflexión crítica sobre la carga que también ha supuesto y supone para muchos cumplir los cánones que marca el patriarcado.

El argentino-granadino Andrés Neuman es sin duda una excepción. En su reeditada y reescrita novela Una vez Argentina el narrador, que por supuesto tiene mucho de él mismo, se interroga insistentemente sobre unas estructuras culturales que le hacen ser hombre de una determinada manera. En este libro, que es una especie de memoria paralela de su familia y de su país, y en el que se entremezclan personajes e historias y en el que se hilvanan cuentos y hasta poemas, detectamos una voz masculina inquieta ante el modelo que se espera que satisfaga, incómoda en muchas ocasiones ante los imperativos de género, rompedora incluso con las expectativas que difícilmente cumple.

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Sobre los autores

Tenemos diferentes puntos de vista, distintas edades, diversos perfiles. Somos un grupo de periodistas, especialistas y colaboradores coordinado por Ricardo de Querol y Ana Alfageme.

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EL POSMACHO DESCONCERTADO

EL POSMACHO DESCONCERTADO

Ricardo de Querol

“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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