Las depresiones económicas suelen cebarse en la población más vulnerable; de modo que es ley de vida (todavía) que las mujeres sufran un poco más que los hombres los embates de la crisis. Lo que no todos esperaban del Partido Popular (ese que no encuentra más que a una mujer capaz de formar parte de un comité ejecutivo de 14 miembros) es que tuviera, sin embargo, a las mujeres en el centro de sus obsesiones para perjudicarlas aún más de lo que les toca introduciendo cambios que, en ocasiones, más que responder a la austeridad responden a su ideología. Cierto que hay pocas directivas en empresas públicas a las que recortarles el sueldo, pero los tijeretazos en la Ley de Dependencia, algunas reformas en Justicia y la prevista derogación de la ley de plazos del aborto son algunos de los varapalos que ya están recibiendo las mujeres; sobre todo, las más necesitadas. Casi sería mejor que el PP siguiera ignorándolas.
María Dolores de Cospedal, la única mujer en la ejecutiva federal del PP, inició su mandato en Castilla-La Mancha cancelando los convenios con las casas de acogida a maltratadas y centros de orientación de la mujer. Su compañero de partido, José Ramón Bauzá, presidente del Gobierno balear, decidió exigir a las mujeres que abortasen el pago previo de la intervención, lo que, según todos los expertos, es ilegal y según el sentido común, una clara discriminación, pues equivale a exigir dicho pago a cualquier otro acto médico al que el ciudadano tenga derecho.