Mujeres

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Este espacio nace para contar los cambios que está aportando la mujer a un mundo en transformación, para detectar desigualdades y para albergar debates bajo esta premisa clave: una sociedad desarrollada y libre no puede funcionar si no permite idénticas oportunidades a la mitad de la población.
Hombres y mujeres sois bienvenidos.

No se ofendan ustedes y ustedas

Por: | 06 de marzo de 2012

ElCid1
En España también había un guiñol divertido e irreverente, en el que el hoy casi olvidado lehendakari Juan José Ibarretxe aparecía como el paladín del lenguaje no sexista. "El lehendakari o lehendakara defenderá este proyecto o proyecta de estatuto o estatuta", pronunciaba el muñeco con solemnidad. Ibarretxe, en efecto, no paraba de dirigirse a "los vascos y las vascas". Carmen Romero soltó hace tiempo un comentadísimo "jóvenes y jóvenas", y Bibiana Aído se estrenó en el Gobierno con un "miembras" que años después de su gazapo todavía se escucha a menudo. No son más que anécdotas, pero reflejan el empeño de muchas autoridades por ser políticamente correctas, con el riesgo de bordear lo ridículo, de alejarse años luz de cómo se expresa la gente común. Sin embargo, el primer gran libro en castellano, el Cantar del mío Cid, ya cuenta que a Rodrígo Díaz de Vivar lo recibieron en Burgos "mugieres e uarones, burgeses e burgesas", quienes pensaron: "¡Dios, que buen vassallo, si ouiesse buen señore!", según uno de los párrafos más conocidos de la obra anónima escrita en torno a 1200.

El lenguaje es una creación cultural. Como tal, refleja el contexto social, los prejuicios más antiguos, una visión del mundo dominante en la historia. Es una obra forjada durante siglos, pero no es inmutable. Los que utilizamos el español lo hacemos evolucionar (un poquito) todos los días. Hay expresiones que van entrando en desuso por ofensivas: ya no decimos minusválidos, sino discapacitados, porque nadie es menos válido como persona porque le falte una pierna; por alcaldesa ahora todo el mundo entiende la mujer que preside el municipio, y no la esposa del alcalde. Hemos dejado de hablar de crimen pasional, porque daba un aura romántica al asesinato machista. Ya casi nadie se referiría a un homosexual como un invertido, ni cabe llamar gitano a un estafador, pero la RAE mantiene en su Diccionario esos usos viejos porque, argumenta, están en nuestra literatura (y en los usos de algunos ejemplares menos evolucionados de nuestra especie, podemos añadir).

La dura respuesta de la Real Academia Española a la presión por el llamado lenguaje no sexista ha levantado una enorme polémica. En las redes sociales, que echan humo, se está recordando ahora que esa institución solo cuenta a cinco mujeres entre su cuarentena de miembros, que tiene un claro sesgo conservador, que a lo mejor ellos también están lejos de la calle. Otros lo interpretan como una intervención en defensa de la propia parcela de poder: el artículo de Ignacio Bosque se queja, sobre todo, de que nadie haya consultado a la Academia a la hora de elaborar esas guías; ni siquiera a los lingüistas de las universidades en que se escribió alguna. Es lógico que los especialistas estén preocupados ante la posibilidad de que sean los políticos, por ejemplo una consejería o concejalía de Igualdad, la que dicte normas sobre el idioma.

También los periodistas llevamos mal las sugerencias del poder político sobre cómo debemos hacer nuestro trabajo. Pero en esta polémica los que estamos en un aprieto somos, sobre todo, quienes compartimos la sensibilidad combativa con la discriminación de la mujer pero nos sentimos muy incómodos dentro del apretado corsé lingüístico de lo políticamente correcto.

A los medios nos llegan esos manuales de lenguaje no sexista que elaboran grupos de expertos en igualdad de algunas universidades e instituciones. Los he leído con interés (aquí enlazaré algunos: el del Ayuntamiento y Universidad de Málaga, el de la Generalitat valenciana, el de Fundación Mujeres, y uno brevísimo de Themis). Pero he concluido que no puedo cumplirlos. Violaría reglas de la RAE y de nuestro Libro de Estilo, e incumpliría nuestra obligación de publicar textos claros, fáciles de leer y de entender. Los manuales antisexistas son bienintencionados pero maniqueos: dan a entender que si no estás con ellos, estás contra ellos. Si no escribo "los ciudadanos y las ciudadanas", o peor aún "l@s ciudadan@s", ¿estoy reforzando el machismo histórico, volviendo invisible a la mitad de la población? ¿Tengo que escribir "la juventud" en vez de "los jóvenes", "el vecindario" en vez de "los vecinos", aunque no signifique exactamente lo mismo, para no parecer excluyente? Yendo más al fondo de la cuestión: ¿tener que decir siempre "los ciudadanos y las ciudadanas" no parece remarcar que no hay un único sujeto, sino dos grupos separados, que no forman un algo común? ¿No existe una identidad colectiva más allá del sexo o del género?

Elcid3Levanto, además, las banderas de la belleza y la economía del lenguaje. Alargar todas las frases, y volverlas así más feas, nos llevaría a una escritura farragosa y de aroma burocrático: "Los españoles y las españolas eligen a sus diputados y diputadas y a sus senadores y senadoras, para que los y las representen en el Parlamento". Cosas así se leen en libros de texto escolares. Ya puestos, confesaré todo: incluso me chirría lo de "jueza" y "concejala", aceptado por la RAE, si ellos no son "juezos" ni "concejalos". ¿No es suficientemente neutro juez o concejal? Nunca me presentaré como "periodisto", y es que hay un enorme abanico de oficios muy masculinos que terminan en "ista" sin que a nadie le ofenda. Y hay una corriente de mujeres que se niega a convertir en femenino el nombre de las profesiones, y que son médicos o soldados así, con o. La desaparecida Loyola de Palacio prefería ser llamada "ministro", y Ana Patricia Botín "presidente" cuando estaba al frente de Banesto.

Un problema de los manuales antisexistas es que pretenden batir de un solo golpe un elemento capital de la lengua española. Las palabras en castellano tienen género, que es una forma caprichosa de atribuirles carácter masculino o femenino. El paraguas es masculino y la sombrilla es femenina; el coche es chico y la moto es chica; son distintos la pelota y el balón, la espada y el sable, el ordenador o la tableta. La oca es oca sea cual sea su sexo, como la ballena o el escorpión, y la rana no es la hembra del sapo. Manejamos un idioma nacido del latín vulgar hace más de un milenio, y en ese proceso resultó, caprichos de la historia, que el plural masculino se impuso como genérico, a diferencia de otras lenguas que salvan la neutralidad de las palabras que no se refieren a humanos.

LorenEl plural genérico nos ofrece no pocos conflictos a los que nos dedicamos a escribir. Colectivos tradicionalmente femeninos son hoy más diversos, pero en el habla común se sigue apelando a "las enfermeras", "las azafatas" o "las empleadas del hogar" pese a que esos colectivos ya incluyen a algunos hombres. De ahí que nazcan eufemismos como "los ATS" o "los auxiliares de vuelo". Nos suena mal, aunque está admitido, referirnos a los "azafatos". ¿Y cómo se llama al hombre que trabaja como madrona? Matrón, según el artículo enmendado del Diccionario. Esta no es una polémica menor: parece dar por supuesto que hay empleos destinados a las mujeres y a los hombres. Alguno ha defendido, sin éxito alguno, que la RAE reconozca el  plural femenino también como genérico en ciertos casos. Que al hablar de las enfermeras se entienda que están también los enfermeros.

Vale. Nos recuerda la Academia que en nuestra lengua no coinciden sexo y género, y que el plural genérico es el masculino guste o no. ¿Cabe rebelarse contra ello? Era una gran ingenuidad enfrentarse a una de las reglas principales del idioma para hacerlo más complicado y no más sencillo, y sin demasiado consenso social por muy loable que sea el objetivo. El intento toca la fibra sensible de lo identitario: en cierta medida, somos nuestra lengua. No estamos para muchos experimentos con eso. Y ¿es la lengua un invento masculino? Aceptarlo así sería injusto para tantas generaciones de madres que han transmitido a sus hijos la tradición oral desde muchos siglos antes de que hubiera academias o imprentas. Lo que sí es un mundo demasiado masculino son las academias, como salta a la vista, y quizás también las imprentas.

Seguramente no deban ser las academias las que innoven el lenguaje, sino sus hablantes, y ya tendrá esa institución que admitir los cambios una vez que se hayan asentado entre la gente. Dudo que se consolide este artificioso lenguaje no sexista tal y como se ha planteado, obligando a repetir artículos, nombres y adjetivos en cada género; menos aún retorciendo el lenguaje para evitar el plural. Hay muchas expresiones que desterrar del lenguaje habitual porque resultan ofensivas, y que se quedarán un largo tiempo en el Diccionario porque figuran en textos del siglo de oro.

Cid6Tampoco prohibirá la Academia a ningún político que se dirija a los "ciudadanos y ciudadanos", porque la fórmula es poco práctica y se rechaza su imposición, pero en absoluto es incorrecta. Ya quiso escribirla, con sorprendente corrección política, el anónimo cronista de las proezas del Cid, como recoge el interesante estudio Sexismo y lenguaje de Soledad de Andrés, de la Complutense. Estudio, por cierto, escrito en 1998, y que ya recoge la resistencia a la fórmula supuestamente igualitaria por Álex Grijelmo, autor del Libro de Estilo de este periódico, frente a la presión, ya entonces, del feminismo. Esto nos hace pensar que el debate lleva tiempo muy caliente y que la guerra al sexismo, también en el idioma, va para largo. A mí no me han convencido todavía de que deba desdoblar mi lenguaje para referirme a ustedes y a ustedas. Aunque asuma que la lengua, como la sociedad, deben seguir evolucionando. Ya lo recogerán las academias.

(Imágenes: Charlton Heston y Sofia Loren en la película 'El Cid', dirigida por Anthony Mann en 1961).

Hay 86 Comentarios

Por favor, llevo intentando un rato visualizar el artículo. Esta mañana a las 7 estaba visible. Me gustaría leerlo otra vez. Gracias

Lo importante es que una mujer pueda, como un varón, ser juez. Y que ahora las feministas vengan con la tontada de que quieren ser juezas . Si las palabras acaban en consonante, o en "e", que no implican género, ¡Por favor déjenlas "tranquilitas"; no las destrocen

Para María. Estoy agradecida por la brillante explicación que nos has dado, pena que la mayoría se queden en lo superficial, sin ser capaces o querer profundizar en la importancia de un uso no sexista del lenguaje. Gracias y un saludo.

En esperanto con el prefijo "ge" incluyen masculino y femenino Si les parece lo adoptamos . Como es un idioma artificial.tiene todo controlado, Tanto, que conociendo sus "cuatro reglas"se puede "inventar", descubrir palabras (Los nombres acaban en "o"; adjetivos en "a"... Lo que sí podíamos hacer en nuestro idioma natural con la palabra "hombre" es referirse al ser humano., (para que no se ofendan las señoras) "El hombre apareció en la tierra etec"...y para concretar el género "mujer" y "varón"... Y lo que parece absurdo es modificar "juez" (pr. ejm.) que al no acabar en vocal, no especifica género. "Jueza" suena horrible, ¿Por falta de costumbre?. Pppchch, ¡Si queda tan elegante "la juez"!
Las palabras que acaban en consonante, son más bonitas tal cual. ¡Que sí! No "me" seáis memas.

Es, sencillamente, un sinsentido. El lenguaje sigue unas pautas lógicas, cuya premisa más básica es la comunicación eficiente. Este conflicto es total y absolutamente artificial y además gasta energías que más valdría emplearlas en verdaderas acciones contra la discriminación sexista, también contra el hombre, que existe pero no se habla de ello. La visibilidad no la consigue el lenguaje. Sean serios y serias, pónganse tranquilos y tranquilas y economicen en palabras y palabros.

La manipulación del lenguaje en cualquier caso no viene tanto por ese genérico masculino, que como digo perjudica al hombre al sobreexponerlo donde preferiría no estar.

La manipulación está más en un concepto como "género", en la acepción que tiene en términos como violencia de género o igualdad de género, pues aunque se nos lo presenta como la llave de la igualdad, en realidad conduce a cualquier parte menos a ella.

En la Universidad, con la creación de las nuevas titulaciones que nos unifican con Europa, en la ley correspondiente, pueden encontrar que una persona puede ser Graduado o Graduada, por ejemplo, en Farmacia. Literalmente. Sin embargo no explica a qué se refiere exactamente. Se intuye que serán Graduados las personas de sexo masculino y Graduadas las de sexo femenino. Pero al no aclararlo cabe la posibilidad de exigir un título universitario oficial de Graduado en Farmacia a pesar de ser mujer, o al revés. Da por tanto la sensación de que hay dos títulos en vez de uno. Es aberrante. Con el intento de igualar ambos sexos muchas veces se consigue lo contrario: que no es lo mismo ser graduado que graduada, que son dos grupos diferentes.

Y entonces llegó Pandoro con su par de cajones y abrió la caja de Pandoro, produciendo la goza de Bibiana y el orgasmo de Bibiano

El documento de la RAE es un paso más en la dirección de desmontar el régimen ultrafeminista impuesto por Zapatero. Gracias a Dios, el sentido común se va abriendo paso.

"presidente" o "general" o "juez" son masculinos ?? estais seguros? porque a mi me parecen neutros, y como soy un hombre que está en pro de defender el derecho de los hombres exijo el uso de la palabras "presidento" "generalo" y "juezo" que de lo contrario me siento discriminado.

Y, señor@s, volvemos a abrir la caja de Pandora. Nos resistimos a diferenciar entre género gramatical y sexo biológico. Bueno. Queremos igualdad. Bueno. Pero no sólo de género, ¿verdad? Querremos un lenguaje igualitario y respetuoso con todos, no sólo con las mujeres. Pues nada, antes de emitir una palabra nos debemos imponer el deber moral de ir a buscar su etimología en el Corominas-Pascual para ver si la podemos utilizar. No vaya a ser que ofendamos a alguien. No sea que digamos que tal o cual personaje es 'siniestro' y se nos enfaden los zurdos. O que es un 'villano', y se cabreen las personas del campo. Adriana, defensora de la corrección política 'de género' en el lenguaje, utiliza, sin embargo, la palabra "absurdo", con lo que ¿habrá ofendido a los sordos? Estos, desde luego, no deben ser llamados "minusválidos", porque no valen menos que nadie, pero tampoco "discapacitados" , señor de Querol, que es incluso peor, porque implica ausencia de capacidad... Oséase, que o nos dejamos ya de tonterías o nos callamos todos, que calladitos estamos muy guapos. Vaya, no, "guapos" no, que se ofenderán las personas de bien, trabajadoras y honestas, que no han de entender por qué se privilegia físicamente la holgazanería y bribonería. Uy, ¿holgazanería y bribonería se pueden utilizar o se molestará algún grupo? desde luego, desde finales de los 90 hemos entrado en una época de lo más gilimbeidiotizada.

El tema que menciona Adriana no es de Mercedes Sosa, ella no era compositora, si no tengo mal el dato es de Julio Numhauser, poeta chileno.

Todo cambia. Así dice la famosa canción de Mercedes Sosa: «Cambia lo superficial / cambia también lo profundo / cambia el modo de pensar / cambia todo en este mundo»; y así lo han dicho y experimentado millones de seres humanos a lo largo de la historia. Cambian las personas, la sociedad, el mundo, y con ellos, la lengua. Viejas palabras y expresiones se jubilan, ya cansadas y envejecidas después de tantos años de recorrer bocas y pensamientos, y otras muchas aparecen o se enriquecen ampliando sus connotaciones, para nombrar nuevas formas de vivir o pensar, o quizás, para nombrar hechos que habían existido durante mucho tiempo, pero que se mantenían ocultos ante nuestros ojos: al no nombrarlos con las palabras adecuadas negábamos su existencia.
Tristemente, y por más absurdo que parezca, hay todavía personas e instituciones que no comprenden este hecho fundamental de la vida y aseguran con los ojos vendados de arrogancia y autoritarismo, no sólo que las cosas no cambian, sino también que no deberían cambiar. Una de esas instituciones es la Real Academia Española; institución anclada en el pretérito (aunque pretendiendo lucir vestimentas renovadas) y compañera de viaje (estático) de los sectores más conservadores de la sociedad.
No es cierto que la lengua vaya a cambiar y a distorcionarse a partir de unas pocas guías de uso de lenguaje no sexista impuestas desde los gobiernos, yo ya llevo mucho tiempo escuchando a mujeres y hombres utilizar un lenguaje no sexista y, por ejemplo, escuchar el plural femenino para referirse a un grupo donde las mujeres somos mayoría. Hoy seguramente estos intentos de eliminar el machismo del lenguaje parecerán forzados, pero estoy convencida de que poco a poco se establecerán en la lengua, y cuando la igualdad entre la mujer y el hombre ya sea una realidad, ya nadie pegará un grito en el cielo cuando, por ejemplo, en un grupo compuesto por 20 mujeres y dos hombres, se diga: "Todas" en lugar de "Todos".

Todo esto es como una discusión de hormigas que un día deciden que quieren cambiar el trazado de un río. Las pobres hormigas se alborotan durante una semana, llevando piedras, excavando un poco con sus patas y sus mandíbulas y al cabo de una semana, otras urgencias apremian, así que dejan la remedelación del río ( que ni se ha enterado del plan de las hormigas) para más adelante... viajemos 500 años hacia el futuro.. y ahí sigue el río, las hormigas evidentemente no cambiaron nada. Las aguas vuelven a su cauce.

Les cuento, cuando arrancó toda esta bobería un amigo en Cuba me dijo que habría que modificar un viejo dicho: El perro y la perra son los mejores amigos del hombre y de la mujer".

Un dia llegaremos a ser tan imbéciles como para sustituir los plurales por el lo. 'Lo joven', 'lo vecino', lo persona, etc.

A ver, un poco de luz. Jueza y médica deben existir, como ya lo hacen las ministras y las presidentas. Eso es de cajón. El problema son los plurales, en los que con un solo sexo hay que designar a un colectivo. En ese caso que se elija uno de los dos.

Leyendo el hilo de comentarios me pregunto por qué personas sin conciencia de género tienen: 1) afán por leer este espacio titulado “Mujeres” que habla de igualdad, y 2) en este caso, banalizar el tema del lenguaje. Reitero: si tan irrisorio os resulta, no gastéis tantas fuerzas en deslegitimarlo. Es que es tan sencillo como que si odias a determinado locutor, la solución es no sintonizar dicha emisora todas las mañanas.

Aceptando que el genérico masculino no sea una solución ideal mi pregunta sería: ¿qué es peor la invisibilidad femenina a la que conduce o la sobreexposición masculina que le es consustancial?

Cuál es el beneficio para el hombre de expresiones como: el hombre es un lobo para el hombre, o los padres que malcrían a sus hijos, o tantas otras que podría seguir citando.

Es claro que puede perjudicar la invisibilidad cuando lo que se desea es visibilidad, pero no lo es menos ser visible cuando se estaría mucho mejor sin ser mentado.

Natalie Burgos se pregunta porqué los hombres tratan de banalizar el tema. Bueno, yo desde luego no lo considero banal. Sobre todo desde que recibí un correo en mi trabajo donde se me indicaba una guía que me informaba de cómo debía escribir de ahora en adelante. A partir de ahora por lo visto ya no puedo tener amigos, tendré amistades, ni podré decir que estamos comprometidos, tendré que decir que tenemos un compromiso, ni siquiera podré decir si hemos escrito un artículo porque "cuando nosotros escribimos un artículo" ha quedado abolido, ahora tengo que decir "cuando alguien escribe un artículo" ¿Quién? Y así podría continuar la lista de despropósitos ad nauseam ¿Y cuál es el fundamento de este ataque a la lengua castellana? Por lo visto hay teorías (no se explican cuáles) que postulan que el lenguaje moldea el comportamiento, así que si decimos "nosotros" y "todos" para referirnos a un conjunto de personas sin especificar sexo nos condenamos automáticamente a quedar aprisionados en un marco mental machista y retrógrado. Pero ¿Qué ocurre con la gente que habla idiomas donde no se dan estas taras que tiene el nuestro? ¿Allí las mujeres viven en el paraíso? Veámoslo. En inglés no hay prácticamente distinción de género. En parsi existen dos géneros para referirse a lo humano y lo no humano. Un paraíso feminista, Irán, creo. En armenio, no se distingue el género. En muchas lenguas eslavas hay más de cuatro géneros. En los idiomas bantú hay hasta 22 géneros. Me pregunto qué clase de fantasías sexuales tendrán los bantúes... En fin, que nosotros castellano hablantes hemos sido afligidos con un idioma cruel que deforma nuestras mentes y nos convierten en unos machistas irredentos. En cambio, fíjense en los bantúes, qué felicidad.

Leyendo el hilo de comentarios me pregunto por qué la gente SIN conciencia de género tiene: 1) afán por leer un blog titulado “Mujeres” que habla de igualdad, y 2) en este caso, banalizar el tema del lenguaje. Reitero: si tan irrisorio os resulta, no gastéis tantas fuerzas en deslegitimarlo.

Es que es tan sencillo como que si odias a determinado locutor, la solución es no sintonizar dicha emisora todas las mañanas.

Lo ideal sería que los hablantes evolucionáramos progresivamente a establecer tres opciones para los términos susceptibles de género.
Masclino: 'azafatos'
Femenino: 'azafatas'
Común: 'azafates'.
Se evitarían los excesos terminológicos y estériles discusiones.:

El tema no es banal, como acotan algunos. Pero creo que, en principio, al catalogar el idioma, debo sugerir que "bueno" y "malo" son conceptos injustos, ya que el idioma es producto de una realidad histórica (por decirlo escuetamente) no fue impuesto por alguien, ni lo es actualmente, aunque exista la academia para regular los cambios para que sigamos entendiéndonos. Como bien señala el artículo, el Español se ha forjado en años y años de uso; es el uso el que lo forja. Creo que modificarlo artificialmente, desde "arriba", es totalmente improcedente, porque sería imponerlo. Además, hay tantos rastros culturales en nuestro hablar que sería injusto solo "arreglar" el asunto de los géneros. Entrando en materia, el Español establece la neutralidad del "genero" masculino (que no sexo, aunque exista una conexión tácita) en los plurales, y creo que, mientras no inventemos otra fórmula, no cabe la posibilidad de decir "nosotros y nosotras" cuando hablo de un grupo del que formo parte (porque me estaría incluyendo en las dos "mitades" lo que lo haría más confuso). No estoy en contra de adaptar los cambios culturales en nuestra lengua, no me gusta que determinado idioma tenga una academia tan rígida que lo haga casi una lengua "muerta viviente", pero creo que hay cambios que serían casi como borrar y hacer de nuevo. Y si decidimos que la dicotomía masculino/femenino en la sexualidad es incompleta, ¿cómo haremos para incluir en nuestra lengua "los grises"?. Creo que es bueno discernir esa diferencia entre género y sexo, porque nos está haciendo pelear en un terreno que no corresponde, la ley se modifica en la ley, no en el idioma

Lo siento por la corrección política pero veo a chicas nerviosas en los comentarios, representantes seguramente del feminismo que no razona. A ver: criticáis que haya quien proponga "periodisto" o "policío", y os parece una gracieta pero no podéis ver que a otras personas "jueza" o "médica" les parezca de risa, vamos para mondarse. Pues tan feo y desafortunado es una cosa como la otra. ¿Porqué juez es masculino?, ¿no dependerá del artículo que lleve delante?. Lo siento por el feminismo que cae poco a poco en sus propias contradicciones y que estaba últimamente demasiado mal acostumbrado a que le cedieran portadas de periódicos, como EL PAÍS, o telediarios nacionales para sus propagandas de género. Lo siento porque ahora volverá a la realidad: el feminismo resta, por restar, resta incluso votos, pregúntenle a Rubalcaba.

Reitero el cometario de Carmen: “Tanto el artículo como los comentarios me dejan un saborcillo, no sé, no sé, ¿machista?” Sí, y tanto.
Ricardo del Querol, para ser un buen periodista (con “a” porque así indican los manuales a pesar de que usted se mofe diciendo la gracieta de periodisto), haga el favor de leérselos bien (le hemos pillado también en lo del uso de la arroba, pues los manuales la desaconsejan).
Este tipo de manuales no son una trivialidad, y no necesitamos que se escriban odas que los ridiculicen (y menos en este espacio). Tampoco parece acertado empezar hablando del tema con Mío Cid y adornarlo con fotos de Charlton Heston, por otra parte, un gran amigo de la igualdad (nótese la ironía).
Antes de despedirme me gustaría saber por qué tienen los hombres (Querol como autor y comentaristas) tanto interés en banalizar este tema. Si tan irrisorio es, no deberían gastar tantas fuerzas en deslegitimarlo.

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EL POSMACHO DESCONCERTADO

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“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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