Desapareció hace 75 años, cuando trataba de ser la primera aviadora que daba la vuelta al mundo. Se llamaba Amelia Earhart y se convirtió en una leyenda jaleada por las multitudes. El rastro de la piloto se perdió el 2 de julio de 1937 en el Pacífico. Nunca se halló su cuerpo, ni los restos de su avión. A comienzos de este mes, tres cuartos de siglo después, ha zarpado una expedición desde Honolulu (Hawai) con la intención de aclarar el misterio: busca el aeroplano de la pionera estadounidense, un bimotor Lockheed Electra, y quizás encuentre nuevas pistas más allá de las ya conocidas -como algún frasco de cosméticos de los años 30-.
El lugar de destino es un islote llamado Nikumaroro, en Kiribati. Quizá ahora logren demostrar su tesis de que Earhart murió como los náufragos que arriban a un atolón agreste y deshabitado, por agotamiento. Así podría haber fallecido una mujer que, por si no regresaba, dejó escrito a su marido: "Que sepas que soy consciente de los riesgos. Quiero hacerlo porque sí. Una mujer debe intentar hacer cosas que los hombres han intentado. Cuando fracasan, su fracaso debe ser un desafío para otras".
Los expedicionarios, liderados por Richard Gillespie, director del Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (TIGHAR, en sus siglas en inglés), navegarán unos 2.900 kilómetros para alcanzar el islote. Está situado a 640 kilómetros al Sureste de la isla Howland, donde Earhart y su compañero de vuelo, Fred Noonan, debían haber llegado en una etapa especialmente difícil y donde nunca aterrizaron.