"Lo más progresista" que iba a hacer en la vida, decía el ministro de Justicia. Un progresismo que ha ido en aumento hasta apuntar que ni siquiera la malformación del feto será un supuesto para abortar. Después de que el charco que pisa desde hace meses haya enlodado a diestro y siniestro, Alberto Ruiz-Gallardón trata de recuperar ahora la iniciativa con otra propuesta contestada: para abortar -bajo tutela médica, no vaya a ser que las mujeres puedan decidir solas, como ahora- solo se podrá aducir el daño psicológico. Incluso en caso de violación habrá que argumentar este riesgo psicológico. Si no fuera porque no tiene ninguna gracia, sonaría a broma: ¿No es bastante agresión, para el cuerpo y el alma, una violación como para tener que aducir "riesgo psicológico" cuando una mujer se queda embarazada de su violador? Además de ser víctimas de un delito tan grave, las agredidas deberán argumentar daño psicológico, aunque finalmente serán ellas quienes decidan:
-Buenos días, me han violado y estoy embarazada, así que tengo un daño psicológico que me lleva a abortar.
-Hum, vamos a ver.
Desde La Moncloa han dado un toque al ministro de Justicia para que recoja velas, según fuentes populares. Porque no todo el partido respalda sus planteamientos, aunque la divergencia se lave en casa, como los trapos sucios. Y las encuestas ya le dan un buen coscorrón incluso por parte de sus votantes: se ha convertido en el quinto ministro peor valorado, con un desplome espectacular. Ni siquiera sus votantes respaldan su planteamiento de impedir la interrupción voluntaria en caso de malformación: el 65% lo rechaza, una proporción similar de oposición muestran quienes se declaran católicos.