Dos mujeres –una india y otra paquistaní- requieren estos días un especial interés. La primera, Sonali Mukherjee, porque la desesperación la ha llevado a pedir una “muerte digna”. La otra, Alá Raji, porque a sus 41 años siente que ha vuelto vivir. Ambas comparten el horror de dos ataques brutales que desfiguraron sus rostros y les causaron graves problemas de salud.
Sonali está cansada. Lleva nueve años luchando por recuperar las ganas de vivir que le robaron mientras dormía, una noche de abril de 2003, los tres vecinos que la acosaban sexualmente. Se despertó en un grito de dolor, pero perdió el conocimiento antes de percibir la barbarie de lo que había sucedido. El ácido que le echaron la dejó ciega, sorda del oído derecho y espantosamente desfigurada. Tenía 17 años y había comenzado a estudiar Sociología.