Un héroe, según el Diccionario de la Real Academia Española, es un varón ilustre que se distingue por sus hazañas o virtudes y a eso remite nuestro imaginario: un héroe auxilia y protege a los más débiles, incluso arriesgando su propia vida. Un héroe es un modelo de vida, un referente. La literatura y el cine están llenos de héroes: se enfrentan en solitario a malvados forajidos, secuestradores sádicos o terroristas fanáticos que iban a violar a una mujer, mutilar a un campesino, atracar un hogar, secuestrar y torturar a un menor. Un héroe siempre controla sus emociones y actúa con dignidad. Un héroe nunca pegaría a una mujer: eso es de villanos.
A los héroes se les recompensa con condecoraciones y honores reconociéndoles así esa alta calidad moral que les llevó al cumplimiento de los propios deberes y que comporta la gloria o buena reputación que sigue a la virtud, de nuevo parafraseando a la Real Academia. La sentencia del Tribunal Supremo en la que rebaja la pena de 8 meses y un día a 5 meses y un día a un militar maltratador de su mujer porque en la vista no se valoraron las condecoraciones obtenidas en la guerra de Afganistán ni se consideró que después de pasar por ese escenario se ha acostumbrado a la violencia, o sea las ha incorporado a su comportamiento cotidiano, rompe cualquier marco ético y civilizado en el que queramos situarnos.