Las llaman “las mujeres del mar” (haenyeo), y son un caso extraño en muchos sentidos: en un país tradicionalmente machista como Corea, en la isla de Jeju, al sur del país, son ellas las que desde hace más de un siglo bucean en exclusiva a por el marisco. Además, no es una profesión solo para jóvenes, sino que de las casi 5.000 buceadoras inscritas muchas superan con creces los 60 años. El tercer punto es que es un modelo de explotación sostenible.
“La tradición dice que solo debemos coger lo que necesitamos para nuestros hijos”, cuenta Song Hwan Go, de 67 años y que lleva buceando 50. Song Hwan Go luce un traje de buceo rudimentario y una especie de guantes de cocina, aunque ella aclara que tiene otro mejor para el invierno. Esta mujere amable no tiene a la vista la jubilación. “Espero seguir unos 15 años más, ya que no es un trabajo difícil”.
Las mujeres bucean hasta los ricos fondos volcánicos cerca de la costa (como máximo dos minutos de inmersión) y sin bombonas marisquean. Lo más apreciados son los erizos, pero también pueden sacar pulpos, almejas, conchas... Lo que capturan lo van dejando en una pequeña red en la superficie. Nada más sencillo.
Song enseña un pequeño pulpo que acaba de capturar. Lo servirán hervido y acompañado de salsa en unos minutos en el chiringuito de al lado por la considerable suma de 20 dólares. Cuentan los guías que hay dos factores que explican el matriarcado. El primero es que en Jeju hay poca tierra y ante la dificultad para abastecer a la familia solo con el trabajo del hombre, la mujer empezó a mariscar. Después se unió que las mujeres en Corea no eran consideradas fuerza laboral, así que no pagaban impuestos.