Una iraní trata de evitar su detención por parte de una agente de la policía moral./. FARS
Que las chicas son guerreras ya lo decía la canción de Coz hace tres décadas. Pero no sólo en el mundo del rock, sino también bajo el velo que les imponen algunas sociedades con el pretexto de la moralidad y la religión. Me han llamado la atención estos días pasados de manifestaciones islamistas dos noticias sin aparente conexión, aunque, a mi parecer, muy simbólicas de un cambio menos ruidoso que se está produciendo en esta parte del mundo: la revolución silenciosa de las mujeres. Una iraní y una saudí han parado los pies a los vigilantes de la moral en sendos incidentes.
En el caso saudí, una joven dejó inconsciente a un mutawa al golpearle con una piedra para evitar la detención de una amiga, el miércoles de la semana pasada, nada menos que en la ciudad santa de La Meca. Los mutawa son los miembros la agencia para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, una especie de policía moral.
La muchacha se hallaba dentro de un coche con un chico con el que no tenía ningún parentesco cuando uno de esos puritanos les pidió la documentación. Arabia Saudí impone una estricta segregación sexual. Mujeres y hombres que no sean familiares de primer grado no pueden interactuar de forma directa. Sabedores de las consecuencias, una amiga de la chica y otros dos jóvenes acudieron en su ayuda, con el resultado mencionado. Una patrulla de la policía detuvo a la agresora y los tres varones, todos yemeníes, pero la chica a la que los mutawa interpelaron en primer lugar logró escapar.