En Vietnam los soldados la llamaban Moonface, cara de luna, que, probablemente será el título de la película que narre su vida y para la que aún busca director, a ser posible, español. En Oriente la llamaron la sawda, la mujer de negro, ya que iba siempre tapada y vestida de color negro por respeto a los muertos. Bajo el chador o el burka, Christine Spengler ocultaba su herramienta de trabajo, su cámara de fotos, la Nikon analógica que la ha acompañado toda su vida. Gracias a su condición de mujer pudo entrar en decenas de lugares prohibidos o donde obtener información en cualquier guerra era un gran riesgo. “Soy consciente de que la mujer reportera es muy útil porque tiene abiertas muchas puertas en mundos muy cerrados, como por ejemplo el mundo árabe o en países como Irán o Afganistán… cómo, si no, hubiese podido entrar en el hospital de mujeres afganas que entré en Kabul o en tantos lugares donde escondí mi cámara debajo de la ropa…”
Sus fotos como reportera de guerra han dado la vuelta al mundo. Ahora Christine Spengler acaba de pasar unos días en Madrid con motivo de la venta de fotografías de su nueva exposición “El color de la vida” en el céntrico restaurante Ramsés. “Casi siempre he expuesto en blanco y negro y casi siempre sobre guerra. Ahora muestro mi faceta de color inspirada por mi madre, que era una artista surrealista en París, se llamaba Huguette Spengler y también inspirada por las horas que he pasado a lo largo de mi vida en el museo del Prado a la sombra de los grandes maestros”.