Señalada por muchos como la
próxima Evita Perón, la vicepresidenta dominicana Margarita Cedeño de Fernández se ha convertido en diez
años en una figura pública de peso en la vida política del país.
Cuando anunció su candidatura a la presidencia de República Dominicana, algunos vieron el
gesto como una emulación de la fórmula kircherniana (tan de moda en Latinoamérica en estos tiempos) por la que la actual
presidenta argentina Cristina Fernández llegó al poder para dar continuidad al
gobierno de su esposo Nestor Kirchner. Y aunque al final Cedeño retiró su candidatura y aceptó ser la segunda, sus aspiraciones para ser la primera presidenta dominicana continúan. Pero ¿quién es y cuáles son las claves de su poder?
En la primera legislatura de Leonel Fernández, Margarita Cedeño Lizardo era una abogada divorciada, madre de dos hijos, que trabajaba en el bufete de abogados Fernández y Asociados, propiedad del presidente, con quien mantenía una relación. Él la convirtió en una asesora legal del gobierno y varios de sus colaboradores cercanos notaron la influencia que esta letrada tenía sobre el presidente.
Tras casarse en 2003 con Fernández, antes de su segundo mandato, la actual vicepresidenta rescató a golpe de propagada el papel de la primera dama del país, que su antecesora Rosa Gómez de Mejía creó con un bajo perfil mediático. Una desconocida al asumir el cargo, Margarita Cedeño se fue abriendo camino lentamente en el panorama político. Primero, a base de asistir a todos los actos protocolarios, viajes, reuniones, presentaciones. Donde estuvieran las cámaras y el presidente, estaba ella, discreta, en un segundo plano pero con el elemento suficiente para dar de qué hablar: un sombrero llamativo, un cambio de peinado, un gesto amable a un asistente, generalmente anciano, niño o discapacitado. Luego, asumiendo funciones de relevancia social —y mediática— que desempeñaban otros ministerios y realizando una cuidadosa campaña de relaciones públicas que resaltaba la labor social del organismo que dirigía y de paso, de ella misma.
Desde su despacho, esta abogada, que los más humildes llaman Margot o Mamá, ha desarrollado proyectos sociales que van desde construcción de viviendas y centros educativos hasta rehabilitación de hospitales o ayuda a enfermos y madres solteras.