Independientemente de su forma de
pensar, de su juicio, y de su ideología, Margaret Thatcher cambió el rumbo de
la historia de las mujeres en la política. La Dama de Hierro, así la llamaban
por su fuerte oposición a la Unión Soviética. Una mujer que ha sido
protagonista en decenas de libros y protagonista también de la película bajo la dirección de Phyllida Lloyd y bajo la destacadísima
interpretación de la mejor Meryl Streep.
La Thatcher era ambiciosa, mucho. Y sus reiterados errores la llevaron hacia la más absoluta soledad, el cáncer de un líder. Pero allá por el 20 de septiembre de 1988, en la ciudad de Brujas, pronunció unas palabras en relación a Europa. Una Europa que no era esta, la que debate acerca de un supuesto rescate total a España. Una Europa que no sólo era Alemania, y ni mucho menos Merkel.
“Los británicos somos herederos del legado de la cultura europea como cualquier otra nación”
Las palabras que más repitió la primera ministra en ese discurso fueron Europa, comunidad y libertad. También habló de justicia, de contribución y de cooperación. Palabras que hoy podríamos oír de boca de nuestros líderes una y otra vez sin creerlas. A pesar de la dura crisis económica que estamos atravesando. Sin embargo, aunque escuchemos de manera repetida esas palabras, ya han nacido sentimientos negativos en lo más profundo del ser de un ciudadano: desconcierto y desconfianza.