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Mujeres

Los hombres también tenemos género

Por: | 18 de abril de 2013

La lección de esgrima
Todavía hoy a muchos, y también a muchas, les sigue sorprendiendo que me defina como hombre feminista, algo que además en estos tiempos de retrocesos democráticos proclamo con contundencia siempre que puedo. No obstante, a estas alturas debería ser incuestionable que la  igualdad de derechos de mujeres y hombres es un presupuesto ineludible de la democracia. En consecuencia, cualquier demócrata, hombre o mujer, debiera ser feminista, en cuanto que individuo comprometido con el objetivo de que el sexo no sea un obstáculo para el acceso a los bienes y el disfrute de los derechos.  Desde el convencimiento de que el feminismo no es lo contrario al machismo y de que la lucha de aquel no es contra los hombres sino contra el orden social y cultural que representa el patriarcado.  

A diferencia de las mujeres, que llevan siglos cuestionando su lugar en la sociedad y el pacto social que las ha mantenido históricamente discriminadas, los hombres no hemos tenido la necesidad de mirarnos en el espejo y mucho menos de analizar críticamente una estructuras que nos beneficiaban. Como bien sentenció John Stuart Mill, hemos sido educados en la “pedagogía del privilegio” y, por tanto, nos hemos limitado a ejercer el poder en unas estructuras binarias basadas en la supremacía de lo masculino sobre lo femenino. Todo ello además con el respaldo garantista de los ordenamientos jurídicos y desde la identificación de lo universal con lo masculino.

Con ese desigual reparto de posiciones se configuraron los Estados contemporáneos, la teoría de los derechos humanos y hasta las mismas democracias que durante décadas excluyeron a las mujeres de  la plena ciudadanía. Como bien ha analizado el feminismo, el pacto social estuvo precedido de un “contrato sexual” mediante el que se consagró el privado como espacio de sometimiento de las mujeres mientras que en el público nosotros ejercíamos  plenamente los derechos como ciudadanos.

En paralelo se consolidaron dos mundos, el masculino y el femenino, articulados de manera jerárquica y a los que correspondieron valores, hábitos y actitudes concebidos desde la oposición. En este contexto los hombres hemos sido siempre socializados para desempeñar la función de proveedores y para monopolizar la esfera pública.

Se nos ha educado para el ejercicio del poder, el éxito profesional y la individualidad competitiva, lo cual ha implicado a su vez el desarrollo de unas capacidades y la renuncia a otras. Es decir, se nos ha socializado en el marco de unos valores y habilidades que contribuían a alcanzar y mantener nuestro papel de héroes, al tiempo que negábamos las capacidades consideradas femeninas. La masculinidad patriarcal, por tanto, se ha construido sobre una afirmación –la que la vincula con el ejercicio del poder y, en consecuencia también, con el uso en su caso de la violencia– y sobre una negación –ser hombre es ante todo “no ser una mujer”.  

No en vano el diccionario de la RAE mantiene como una de las acepciones de feminidad “el estado anormal del varón en el que concurren uno o varios caracteres femeninos”. De ahí que la homofobia, entendida en un sentido amplio como rechazo de lo femenino y en sentido estricto como negación de las opciones no heterosexuales, forme parte de la definición de una virilidad que ha acabado actuando sobre nosotros como un “imperativo categórico”.

En definitiva, y gracias al patriarcado, los hombres también tenemos género, es decir, también “nos hacemos” de acuerdo con unas reglas sociales y culturales que determinan nuestro lugar en la sociedad así como nuestra propia identidad. Somos educados para desempeñar el papel que se espera de nosotros y que está ligado a las posiciones de privilegio que durante siglos nos han convertido en sujetos activos frente a unas mujeres sometidas en lo privado y condicionadas por su papel de cuidadoras. Y no sólo nos hemos visto obligados a asumir como máscaras inalienables la agresividad, la competitividad, la obsesión por el desempeño o la fortaleza física, sino que al mismo tiempo hemos renunciado a las virtudes y capacidades vinculadas a lo emocional, a los trabajos de cuidado, al mundo femenino que ha carecido de valoración socio-económica y cultural.

Esa omnipotencia también ha generado sus patologías, las cuales nos han mantenido en muchos casos aferrados a un yugo. Prisioneros en la cárcel de la masculinidad hegemónica que nos ha exigido demostrar de forma permanente nuestra hombría y ocultar bajo mil escudos nuestra humana vulnerabilidad.

Es urgente, pues, que los hombres empecemos a mirarnos por dentro y a analizar críticamente nuestro lugar en un pacto social que nos hizo vencedores, aunque paradójicamente también nos condenara a renunciar a todo lo que no cabía en el prototipo del que Joaquín Herrera denominó "depredador patriarcal". Es necesario que nos reubiquemos en lo privado, que reivindiquemos y ejerzamos nuestro derecho-deber de corresponsabilidad en el ámbito familiar, que asumamos los valores y las habilidades que durante siglos negamos por entenderlas como negadoras de nuestra masculinidad y, por supuesto, que encabecemos junto a nuestras compañeras las luchas aún pendientes por la igualdad. Un compromiso que se hace especialmente necesario ante la crisis del Estado Social y la reacción patriarcal que empieza a vislumbrarse, dos factores que no sólo ralentizan la agenda feminista sino que incluso ponen en peligro los derechos que creíamos definitivos.

La conquista de la democracia paritaria pasa necesariamente por la revisión de la masculinidad patriarcal y por un proceso de transformación socio-cultural en el que los hombres hemos de asumir un papel protagonista. Sin él, los logros serán puntuales y frágiles, de manera que se continuará prorrogando un orden que sigue empeñado en ofrecer más obstáculos a las mujeres en el ejercicio de sus derechos y que en los últimos tiempos está desarrollando mecanismos cada vez más sutiles de dominación.

Esa revisión debe incidir a su vez en la armonización entre lo público y lo privado, así como en la redefinición de una racionalidad pública hecha a imagen y semejanza de los hombres. En estos momentos de crisis política y económica es más oportuno que nunca plantear otras maneras de ejercer el poder, de organizar la convivencia y de gestionar los conflictos.

Es necesario encontrar, como ya plateara Virginia Woolf en sus Tres guineas, “nuevos métodos y nuevas palabras”. Un reto que exige la superación de la subjetividad patriarcal, la apuesta por masculinidades heterogéneas y disidentes y la configuración de una ciudadanía capaz de superar los binarios –público/privado, razón/emoción, producción/reproducción, cultura/naturaleza, heterosexualidad/diversidad afectivo-sexual– que durante siglos han servido para mantener subordinadas a las mujeres y en posición de privilegio a los hombres.

Aunque también, y eso es algo que yo he ido descubriendo al quedarme desnudo frente al espejo, esa hombría impuesta nos haya condenado, a la mayoría sin ser conscientes de ello, a perdernos todo aquello que el orden cultural dominante entendía que entraba en contradicción con la demostración pública de nuestra virilidad. De ahí el doble compromiso que como hombre demócrata asumo como irrenunciable, el que comienza por quitarme la máscara del género que me atosiga y que continúa con la militancia feminista que parte del convencimiento de que la democracia o es paritaria o no es.

 

Octavio Salazar Benítez es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba y autor de Masculinidades y ciudadanía. Los hombres también tenemos género (Dykinson, Madrid, 2013).

Imagen: “La lección de esgrima”, Fernando Bayona

Hay 87 Comentarios

El problema de la moral de conveniencia es que facilmente incurre en contradicciones.

Se cita a la RAE para la definición de feminismo, pero se calla en relación a lo que dice en torno al género. Se echa mano de una institución que figura en primerísimo lugar de esa larga lista de instituciones machistas y patriarcales de las que a menudo habla el neofeminismo.

Pero también cuando lo que toca es hablar de asimetría jurídica en el trato a hombres y mujeres, o de custodia compartida, hay quien se refugia en la "deconstrucción" para enmascarar las cuestiones y evitar hablar de lo real.

Es evidente que al neofeminismo el debate no le interesa y prefiere seguir moviéndose en torno a entelequias que rehuyen los problemas reales de la gente, lo que hombres y mujeres hacen o dejan de hacer, cuestiones como las citadas o tantas otras que se podrían mencionar no salgan a la luz porque quizá su estrategia quedaría de ese modo desvelada.

Excelente artículo. Levanta "ampollas" en algunos e invita a la reflexión..

feminismo.según la RAE

(Del lat. femĭna, mujer, hembra, e -ismo).


1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.

2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados


Decían en algún comentario anterior que debería estar en política..quiza sí, ya que "lo personal es politico". Se me ocurren pocas cosas menos personales que la construcción de un propio modelo de ser persona (hombre o mujer)
Y por último aportar que de acuerdo totalmente, "el hombre no nace,"se hace" , es decir , se construye..al igual que la mujer (recomiendo "el segundo sexo" de Simone de Beauvoir), el "género" para aquellos que hablan sólo de sustantivos, se refiere al conjunto de expectativas que la cultura atribuye al hombre o mujer en función de su sexo relacionándolos con roles y comportamientos que son propios de "su modelo". Y por tanto se puede "deconstruir" el modelo de macho tradicional para como escriben algunos "decidir el hombre que quiero ser"

Warren, excelente tú análisis. Tú ya me entiendes...

2- Para Warren:

Incluso mismo sin llegar a hacer la cirugía, era solo vestirte de un modo atemorizantemente travestí perceptible, que en algunos lugares y de acuerdo con ciertas militancias podrías tener el derecho de entrar en baños femeninos, cuartos femeninos en abrigos-albergues gratuitos e entonces el hosteis pagos caso no entres en los criterios de los que pueden usar los gratuitos, o entonces en cuartos de hospitales, donde podrías agredir a mujeres verdaderas más flágiles físicamiente, sin entrar en la ley de violencia de género, es solo decir que eres travestí y que quien está te criticando es "homofobo", cosa que nunca es disculpa en casos de un hombre no-paralítico que agreden a paralíticos ni en casos de un luchador de boje que agrede a un hombre de físico común.

Para Warren:

Pues entonces cambia, hoy en día hay hasta cirugías gratis y cambios en el carné de identificación
Incluso quedarías en especial ventajas en comparación con las mujeres verdaderas, pudiendo siempre vencer en las olimpiadas y en ciertas oposiciones físicas.

Excelente el análisis de crudo. Me sumo por completo. Yo quiero ser mujer!!! Me cambio ahora mismo.

Me gusta el artículo, bienvenidas todas las feministas y deconstruyamonos, inventemos otros modos de relacionarnos sin dogmas de fe y de explotación asumiendo la responsabilidad individual y colectiva que nos representa querer cambiar.

@alhambra: Si se trata de liberarnos a TODOS de esas cadenas, entonces me gustaría que me explicaras por qué este artículo sólo destila que es SOLO EL HOMBRE QUIEN DEBE CAMBIAR. No parece muy justo, ¿no crees? Y para quien diga que la mujer ya ha cambiado, pues le contesto que ESO NO ES CIERTO. La mujer no ha cambiado. Porque cuando la mujer cambia, el hombre cambia. Y si el hombre no ha cambiado es porque la mujer sigue demandando del hombre lo mismo de siempre. El discurso de la mujer sí ha cambiado, eso es cierto. Pero no sus obras. Nosotros no tenemos miedo al feminismo, ni mucho menos. Tenemos miedo a que SE NOS EXCLUYA DEL PROCESO DE CAMBIO y se nos deje esclavizados en un rol del que cada vez estamos más hartos. Y eso es lo que, efectivamente, está sucediendo. El hombre está siendo excluido de todo el proceso de cambio.

¡Caramba!. Aquí el que no corre, vuela.
Magnífico artículo, paisano Octavio. Enhorabuena.

alhambra, yo también veo a quien pretende una lectura que no está en el artículo. En un párrafo como éste: A diferencia de las mujeres, que llevan siglos cuestionando su lugar en la sociedad y el pacto social que las ha mantenido históricamente discriminadas, los hombres no hemos tenido la necesidad de mirarnos en el espejo y mucho menos de analizar críticamente una estructuras que nos beneficiaban. Como bien sentenció John Stuart Mill, hemos sido educados en la “pedagogía del privilegio” y, por tanto, nos hemos limitado a ejercer el poder en unas estructuras binarias basadas en la supremacía de lo masculino sobre lo femenino. Todo ello además con el respaldo garantista de los ordenamientos jurídicos y desde la identificación de lo universal con lo masculino.

Dónde está cualquier consideración que nos haga iguales, por no preguntar quién tiene interés en mantener las categorías binarias y si cree que es el feminismo quien las está superando o más bien todo lo contrario.

Aprovecho también para preguntarle al autor si es que lamenta el garantismo de los ordenamienotos jurídicos y cómo habría que verlo hoy a la luz de lo que viene sucediendo con la apliación de la Ley integral contra la violencia de género.

Por lo demás, ¿qué camino se nos propone? Que nos hagamos todos "feministas". Es que acaso se ignora que "el feminismo hegemónico" está contra la custodia compartida, que propugna la asimetría jurídica y la doble moral, que no admite más camino a la igualdad que el por ellas trazado, que la agenda de género es una propuesta por y para las mujeres y no para todos, que el papel desechable del hombre forma parte de ese proyecto, y finalmente, que es posible que el autor incurra en el error de pensar que está hablando en nombre del feminismo y en realidad lo esté haciendo exclusivamente en el suyo solo.

Me produce risa (y un poco de pena) ver cómo algunos foreros aquí se ofenden, se sienten agredidos, insultados, se dejan la piel para rebatir argumentos explicados en el artículo y acabar diciendo lo mismo que se dice aquí! El pacto sexual sometía tanto a los hombres como a las mujeres y de lo que se trata es de liberarnos A TODOS de esas cadenas. De ser libres, TODOS. No me quiero explayar en lo que ya han escrito muchos aquí y que tan estupendamente explica el artículo. Estoy absolutamente en contra de revanchismos y victimismos y también estoy muy hasta las narices de tanto resentimiento en contra de las mujeres y en contra de los hombres. Muchísimas gracias por el artículo, estoy de acuerdo con quien dice que no debería estar en esta sección sino en Política.

Gracias por este artículo, me ha encantado. Gracias porque crees en una sociedad más justa e igualitaria. Me has alegrado el día.

Veo mucha descalificación gruesa, mucho anatema y también muchas preguntas sin responder. Algunas y algunos creen que aquí también pueden aplicar el: porque yo lo valgo, es decir, por mi santa gana. Evidentemente están equivocados. Pero si es que además consideran que esa es la forma de convencernos de su paraíso feminista quizá se estén retratanto sin quererlo.

Pues hay hombre feministas igual que hay heterosexuales no-homófobos, blancos no-racistas y patriotas no-xenófobos. Y afortunadamente los machistas, racistas, homófobos, xenófobos, etc. no representan a la mayoría de la sociedad actual.

@Lucía M: Fíjate que yo estoy absolutamente convencido de que la solución está precisamente en lo contrario de lo que dices: En que las mujeres empaticen de una vez por todas con los hombres. Algo que, ni de lejos, han empezado a hacer ni tienen la menor intención de hacer, a juzgar por el curso de la actualidad. Las mujeres no se liberaron a sí mismas. Han sido los hombres quienes han liberado a la mujer. El desarrollo de la píldora anticonceptiva no es un invento femenino. Y esa ha sido la principal liberación de la mujer. Junto con la invención de los electrodomésticos, cuyo desarrollo ha sido también fundamentalmente masculino. Y esto fue gracias a una intensa labor de empatía por parte del hombre. Al quedar liberada de las tareas que más tiempo consumían, la mujer pudo, por fin, dedicar tiempo a otras cosas. Tiempo que dedicó a cuestionar su rol, por ejemplo. Se pasó de una mujer sin opciones a una mujer con opciones: Cuidar de sus hijos a tiempo completo, trabajar a tiempo parcial o trabajar a jornada completa. ¿Y para el hombre? ¿Hubo algún cambio? Niet. Para el hombre ha seguido siendo lo mismo de siempre. Trabajar a jornada completa. Su única opción. O trabajar pluriempleado. El hombre liberó a la mujer y olvidó liberarse a sí mismo. ¿Ha hecho algo la mujer para liberar al hombre? Bien poco, la verdad. No veo a las mujeres en masa asumir el rol masculino de principal proveedor para que él pueda disfrutar de las mismas opciones que ella. La mujer no quiere renunciar a sus opciones. Hace como que trabaja, cree que aporta algo, pero no libera al hombre de su responsabilidad principal de proveedor. Y encima, se creen independientes, cuando con su escaso salario, la mayoría de las mujeres serían incapaces de mantener a sus hijos si faltara el sueldo del marido. ¿Y sabes por qué no se produce esa transición de roles? Porque la mujer sabe que el rol del hombre es un asco y ni de broma quiere asumirlo.

Muy interesante y exhaustivo artículo. Nada que oponer. Solo resaltar el miedo que tienen muchos hombres al feminismo. Lo consideran como un ataque o un insulto a su vanidad de machos. Se leen verdaderas atrocidades en contra de algo tan valiente como es descubrir todo lo que nos separa a hombres y mujeres. El feminismo no persigue a los varones ni tampoco los quieres castrar ni nada parecido, antes al contrario se trataría de darles la oportunidad de empatizar con las mujeres y que empezaran a sentir esas emociones que de siempre se han considerado de niñas y que les acercaría a las mujeres sin robarles un ápice de su mitificada virilidad. El feminismo debe ser la clave de entendimiento que nos haga sentir la tensión de verticalidad a unos y a otras,

Suscribo el análisis hecho por crudo. La opción de quien se quedaba en la cueva y quien salía a cazar, si se volviese a plantear si volvería a resolver de la misma manera, aunque solo fuese por el interés de ambos en que las criaturas pequeñas gozasen del máximo de protección.

Sobre lo que cabe reflexionar es qué tipo de ventaja suponía el cazar. ¿El autor del artículo tiene claro que si se encontrase en la sociedad de hace 100.000 y tuviese capacidad absoluta para elegir, elegiría salir a cazar el mamut y no quedarse en la cueva?

¿O vengamos a nuestros días y preguntémonos si el trabajo en la construcción, la industria pesada y todos los de riesgo y esfuerzo son realmente una ventaja y el ejercicio de un privilegio?
Si así fuese ¿por qué tan pocas candidatas femeninas?

Suscribo el análisis hecho por crudo. La opción de quien se quedaba en la cueva y quien salía a cazar, si se volviese a plantear si volvería a resolver de la misma manera, aunque solo fuese por el interés de ambos en que las criaturas pequeñas gozasen del máximo de protección.

Sobre lo que cabe reflexionar es qué tipo de ventaja suponía el cazar. ¿El autor del artículo tiene claro que si se encontrase en la sociedad de hace 100.000 y tuviese capacidad absoluta para elegir, elegiría salir a cazar el mamut y no quedarse en la cueva?

¿O vengamos a nuestros días considera y preguntémonos si el trabajo en la construcción, la industria pesada y todos los de riesgo y esfuerzo son realmente una ventaja y el ejercicio de un privilegio?
Si así fuese ¿por qué tan pocas candidatas femeninas?

El pacto social no nos ha hecho vencedores a los hombres. Ese es el gran engaño. Somos los perdedores. Por eso no hay paradoja alguna. En cuanto a la “reacción patriarcal” a la que haces referencia, tiene una explicación muy sencilla: Es la economía de subsistencia, la de recursos escasos, la que ha originado el reparto de roles que ha modelado las sociedades. Sólo el exceso de recursos ha permitido a cada sexo abandonar sus roles. ¿Qué tenemos ahora? Un empobrecimiento global que cada vez nos acerca más a economías de subsistencia. Es decir: Volvemos al reparto de roles porque es lo natural y más funcional cuando hay una crisis. O cuando los recursos son escasos. Y quien se retira más rápidamente es la mujer, porque el hombre no ha sido nunca liberado de su rol. A la mujer no le ha dado la gana asumir el rol masculino. Ha querido mantener lo mejor de su rol y gozar de lo mejor del rol masculino. Por eso los hombres seguimos esclavizados en nuestros roles. Las mujeres no nos han dado la oportunidad de salir de ellos.

Otro punto en el que te equivocas es en el de plantear otras formas de ejercer el poder, de organizar la convivencia y gestionar los conflictos. ¿Te has preguntado por qué las mujeres que han ejercido el poder lo han hecho de forma “masculina”? ¿No será que esa forma de ejercer el poder es la mejor forma de ejercerlo? ¿Y que no tiene nada de masculino, sino que existe una forma de ejercer el poder que es la mejor? Es como decir que existe una forma “masculina” en el caer de las piedras, y habría que buscar otra forma de hacerlas caer… No se puede luchar contra las leyes de la gravedad. Son las que son. Del mismo modo que existe una especie de física en las relaciones y por eso, las mujeres que acceden al poder, acaban utilizando el poder como los hombres, y no porque lo hagan de forma masculina, sino porque la experiencia ha demostrado que esa es la mejor forma de obtener resultados.

Lo que usted llama “el poder”, “el éxito profesional”, la “individualidad competitiva”, son todos ellos engaños que nos mantienen en nuestro rol de autosacrificio. Nos alejan de nuestra humanidad, nos alejan de nuestros propios sentimientos, nos arrebatan el control sobre nuestra vida. Y no se hace sobre la negación de lo femenino. Se hace sobre la negación de los sentimientos, requisito indispensable para poder afrontar la tremenda dureza de nuestro papel. Así que no es el patriarcado el responsable de los roles, sino nuestra biología y nuestra adaptación al entorno en la forma más funcional. Y el hombre se ha llevado la peor parte, puesto que se ha cargado sobre nosotros la mayor carga de responsabilidad a costa de nuestra humanidad y a costa de nuestra propia vida. Es imposible que un hombre cumpla su papel si no suprime sus sentimientos. ¿Cómo va un hombre a matar al enemigo si no ha abandonado totalmente su carga emocional, sus sentimientos? ¿Cómo va a proteger a los suyos? ¿Cómo va a sacrificarse a sí mismo si no ha perdido totalmente el respeto hacia su propia vida? Es la socialización del hombre la que nos arrebata nuestro lado emocional. No es una opción.

La valoración del papel que alguien desempeña mantiene esclavo al esclavo. Un héroe que no es aplaudido, dejará de sacrificarse. Por eso aplaudimos a quienes se sacrifican. Necesitamos que sigan sacrificándose. Por eso se ha puesto tanto énfasis en la importancia del rol masculino. Para mantenerle en su papel. Para que no se cuestione su rol. Para que siga siendo desechable. Cuantas más razones tiene alguien para abandonar su rol, más se le aplaude. El reconocimiento le mantiene esclavo. Por eso, no es la no valoración del rol de la mujer lo que hay que cuestionar, sino todo lo contrario: Lo que hay que cuestionar es la valoración del rol del hombre, que le mantiene engañado y esclavo.

Empecemos por lo más básico: El hombre no ha sometido a la mujer. LA MUJER SE HA SOMETIDO AL HOMBRE. Hay una enorme diferencia entre ambas cosas que cambia totalmente los puntos de vista. La mujer es más vulnerable que el hombre, no sólo físicamente, sino por las limitaciones que le suponen su capacidad de gestar. Es por eso que ha buscado siempre la protección y la seguridad de un hombre ofreciéndole, a cambio, sexo y cuidar de su prole. Ella, desde luego, gana mucho más con el trato que el hombre, algo que es evidente, y que la coloca en una posición de todavía mayor sumisión. Así que, amigo mío, abandone esa idea del hombre sometiendo a la mujer y sustitúyala por la de la mujer sometiéndose al hombre. Verá como todo cuadra mucho mejor. Y ha sido esta especie de incapacidad de la mujer para protegerse a sí misma – cuya única responsable es su biología - lo que la ha colocado en una posición no inferior al hombre, sino más cercana al niño que al adulto. Y es por eso por lo que, del mismo modo que un niño no contaba para nada en la estructura social y nadie lo cuestionaba, tampoco contaba la mujer por las razones expuestas. Eso sí: Aquella mujer que demostraba capacidad para cuidar de sí misma, encontraba su lugar. Las estructuras sociales no han sido binarias. Han sido jerárquicas. Y los que estaban abajo – hombres y mujeres – eran sometidos por quienes estaban arriba – hombres y mujeres -.

Ha sido la biología de cada sexo la que ha determinado la formación de las sociedades. Por eso todas las sociedades siguen los mismos patrones. La socialización nace de asignar a cada sexo aquellas tareas para las que está mejor capacitado, del reparto de trabajos que resulta más funcional. Y la sociedad no te da la opción de elegir. ¿Ser héroes? La etimología de héroe es la misma que la de “siervo”. ¿Qué es un héroe? Es una persona que sacrifica su vida por otros. Es decir, pierde lo más preciado que tiene. En realidad, ¿qué tiene de glorioso perder tu vida? Ese es el engaño de la socialización. Al hombre se le ha socializado, fundamentalmente, para el sacrificio. Para ser desechable. Pura carne de cañón. Ese es el resumen de la socialización del hombre. Su deber es anteponer su vida a los intereses de los demás. Su vida vale menos que la propiedad, vale menos que la vida de una mujer, puesto que se espera que arriesgue y pierda su vida defendiéndola. Y el engaño para que el hombre siga sacrificándose de esta forma estúpida es llamando “gloria” a la muerte, o “poder” a lo que realmente es falta de control sobre tu propia vida.

¿De verdad alguien se cree que hay desigualdad hoy día? Todo es un cuento inventado por políticos para captar votos y asociaciones feministas para captar subvenciones. Las mujeres hoy en día tienen las mismas, o más, oportunidades que un hombre.

Se habla de desigualdad de salarios y nadie se da cuenta de que lo que se paga es la productividad que, en el caso de los hombres, es mayor. No en un día, sino a lo largo de su carrera. Y es que muchas mujeres eligen ser madres antes que profesionales. No lo digo yo, lo dicen varios economistas.

Señores, abramos los ojos y dejemos de seguir al conejo que más corre. Parece que hoy en día, quien dice cosas que no son políticamente correctas, es un "machista"

Una delicia leer este artículo de buena mañana. El panorama últimamente es poco alentador. Pero mientras haya hombres con el valor y la capacidad de hacer un razonamiento tan claro y reposado iremos por buen camino.

Corrección de la última frase: mejor situación de la Alemania occidental de lo que en la Alemania oriental.

Igualmente, se puede decirlo sobre el caso de los servios en el feudalismo (en ese caso en una comparación más exacta, ya que en el auge del feudalismo eran los nobles que defendían (o por lo menos intentaban defender) a los campesinos ante invasores como los vikings y sarracenos) y incluso me parece que se puede decirlo de los obreros en relación a los patrones en el capitalismo, como se puede ver por la mala situación en que quedaron los obreros sin patrones dueños de las empresas en el comunismo (mejor situación de la Corea del sur que en la del norte, mejor situación en la Alemania Oriental de lo que en la Occidental).

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Sobre los autores

Tenemos diferentes puntos de vista, distintas edades, diversos perfiles. Somos un grupo de periodistas, especialistas y colaboradores coordinado por Ricardo de Querol y Ana Alfageme.

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EL POSMACHO DESCONCERTADO

EL POSMACHO DESCONCERTADO

Ricardo de Querol

“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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