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Mujeres

La vulnerabilidad masculina

Por: | 07 de octubre de 2013

Granfamilia
La gran familia española
, la última película de Daniel Sánchez Arévalo, para mí la más floja de su corta pero interesante filmografía, reincide en la mirada que su cine plantea sobre las masculinidades. No sé si él es consciente de que en las historias que cuenta siempre hay presente una lúcida e intensa reflexión sobre el lugar de los varones en un mundo que progresivamente nos desconcierta y que nos hace cuestionarnos los roles que nos sirvieron para construir nuestra identidad. Algo que se veía con claridad en la estupenda Azul oscuro casi negro, con ese personaje interpretado por Quim Gutiérrez tan desubicado y convertido en un hombre “cuidador”, o en la peripecia sentimental de Primos, esos hombres a los que, en tono de comedia, veíamos enfrentados a sus incapacidades afectivas y a sus cobardías.

En su última película, Sánchez Arévalo vuelve a mostrarnos una interesante galería de personajes masculinos para, de paso, reflexionar sobre la familia e incluso sobre las esencias de un país que justo ahora vive un estado depresivo muy próximo al de algunos hombres que no acaban de encontrarse en los nuevos papeles que les va exigiendo la sociedad contemporánea. Esos posmachos desconcertados que diría Ricardo de Querol. Con el fútbol como telón de fondo, otra clave que nos remite a las metáforas que durante siglos han condicionado al hombre patriarcal, La gran familia española tiene la capacidad de conmovernos, de arañarnos algunas risas pero sobre todo bastantes emociones al final, entre otras cosas porque su director consigue una vez más colocarnos delante del espejo. Y dejarnos desnudos frente a nuestra miserias. Las de unos varones que, como esos hermanos de la película, no hemos sido educados para el fracaso, para el dolor o para el reconocimiento de nuestras fragilidades. A diferencia de las mujeres que, como bien muestran los personajes femeninos de la historia, parecen tener más herramientas para reinventarse y para sacarle partido a los obstáculos que la vida les ha ido poniendo por el camino.

Adán, Benjamín, Caleb, Daniel y Efraín nos muestran, cada uno con diferentes matices, la incapacidad que la mayoría de los hombres tenemos para comunicarnos afectiva y emocionalmente. Una incapacidad que en el mejor de los casos nos conduce a la soledad y en el peor al egoísmo cínico y cruel. Todos ellos, en diferente medida, y tal vez con la excepción de Benjamín (Antonio Álamo), que paradójicamente puede ser el hermano más inteligente desde el punto de vista emocional, son seres necesitados de mirarse por dentro, de asumirse con sus luces y sus sombras, de crecer de una vez por todas. De escapar al fin, alcanzando así la mayoría de edad, del mundo idílico de Siete novias para siete hermanos.

La gran familia española nos muestra una singular fratría de varones que destapan sus luces y sus sombras en una celebración, la boda del más pequeño de ellos, que se convierte en una especie de laboratorio en el que resulta fácil diseccionar cómo a partir de la familia patriarcal hemos ido definiendo roles, posiciones de poder y también vulnerabilidades. En esa explosión de afectos obligatorios y muchas mentiras que acaba siendo una boda, y que Sánchez Arévalo lleva al límite en la parte de comedia que me parece lo peor de la película, es fácil detectar las múltiples contradicciones que genera un modelo de convivencia y afectividad que durante tanto tiempo ha servido, al menos en apariencia, como modelo de felicidad y cobijo de nuestras inseguridades. Un sueño que se enlaza con el sueño del cine – esa familia imperfecta viendo la perfecta familia de Siete novias…- y que nos acaba demostrando que quizás sólo como farsa bien estudiada es posible su continuidad. Y que sólo con la suma inteligente de mentiras y verdades a medias es posible mantener un edificio cuya razón de ser tal vez acaba siendo no otra que nuestra incapacidad, singularmente masculina, para afrontar con valentía los retos que tienen que ver con el lado emocional que siempre nos hemos negado.

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Los hombres que nos retrata Sánchez Arévalo arrastran consigo los pesados lastres de una masculinidad que, durante siglos, ha sido como un “imperativo categórico” que nos ha obligado a demostrarnos ante nosotros mismos y ante los demás que somos hombres de verdad. De ahí la derrota personal que supone el sentirse un fracasado, el no poder dar señales de triunfo y poder, el no saber digerir los errores y las sombras. Algo que vemos en el personaje de Adán (Antonio de la Torre), dibujado por su hija como un hombre deprimido y triste, sentado en el banquillo, esclavo de las pastillas y de su propia incapacidad para asumir que los errores deben servir para aprender y no para paralizarnos. Ese Adán expulsado del paraíso y que no sabe reconocerse ante el fracaso de las expectativas con las que él mismo construyo su identidad. Un hombre que, como tantos, encuentra muchas dificultades para resetear su disco duro, entre otras cosas porque siempre fue educado para ser un campeón.

De ahí también la tensión existente entre Daniel (Miquel Fernández) y Caleb (Quim Gutiérrez), hecha con el fuego lento de envidias, palabras no dichas y rivalidades no reconocidas. Una tensión que es fácil que acabe a puñetazos y en la que jugará un papel decisivo la poca habilidad que ambos tienen para gestionar los sentimientos. Los de un Caleb que necesita huir para asumir la verdad de su familia como también los de un Daniel que desea convertirse en el que no es porque cree que sólo así podrá ser feliz. En definitiva los dos, cada uno de distinta manera, han estado escapando de la imagen que el espejo les ofrecía de sí mismos.

Quizás Efraín (Patrick Criado), el más joven de los hermanos, represente si no el “hombre nuevo”, sí al menos el que empieza a construirse sobre otras coordenadas. Aunque no estoy seguro de que el sentirse como parte de una generación que ya no se queda en cuartos sino que es capaz de llegar a la final, lo cual por otra parte parece de momento sólo ser posible en el mundo del fútbol, represente también vivir la masculinidad de una manera no tan heroica como lo han hecho sus hermanos. Ahora bien, que sea capaz de reconocer sus dudas, sus miedos, sus inseguridades, incluso la complejidad de sus deseos, nos pone sobre la pista que otro modelo de varón es posible. Y me gustaría pensar que, con él, también, otro modelo de relaciones afectivas y sexuales, de convivencia, de familia conjugada en plural y no sometida los cánones de la heteropatriarcal.

Me gustaría pensar que “la muerte del padre” puede suponer para esos cinco hombres imperfectos el inicio de otra manera de entenderse a sí mismos y de disfrutar las relaciones entre ellos y con los demás. Porque, y esa sería la vuelta de tuerca que no sé si Sánchez Arévalo se atrevería a dar, ya que hay en su película un cierto tufillo conservador en este sentido, uno de los secretos para asumir nuestras fragilidades y acostumbrarnos a vivir con ellas radica en la erosión de ese paraguas que durante siglos intentó salvarnos de la lluvia. Un paraguas que ha llegado al siglo XXI muy agujereado y que, por tanto, de poco nos sirve ante el chaparrón que está suponiendo un mundo en el que mujeres y hombres nos vemos obligados a redefinir los términos del contrato.

Esa sería la conclusión que La gran familia española nos dejaría al final a todos los que estamos convencidos de que es necesario reinventar un modelo de convivencia basado, en la mayoría de las ocasiones, en la jerarquía y en las verdades a medias, lo cual pasa de manera urgente por pensar en unas masculinidades que ya no se definan necesariamente por el éxito y el ejercicio del poder. Lo cual, a su vez, supone entender que es nuestra vulnerabilidad la que nos reclama a gritos el afecto de los demás.

 

Hay 17 Comentarios

Macho-Beta y Me Parto: la culpa és siempre de la mujer!! Eso és tan antiguo y continua moderno... La mujer hermoza, voluptuosa, sorriente, de pelo teñido és una hembra alfa, tentacion...

@Sherazade: Fíjate, algo parecido a lo que cuentas sucede con el machismo. Es una serie de comportamientos que sólo se practican en remotos rincones de las montañas de Afganistán. Algo cultural, herencia de sus ancestro, pastores de cabras. Su objetivo no es someter a la mujer, para nada, lo hacen por ellos mismos.

Macho beta, eses comportamientos que describes: dieta, cirurgias plásticas, cremas, etc son una síntese de la mujer brasileña de Rio ( hasta moradoras de favelas), São Paulo, Belo Horizonte, Brasília. És algo cultural, en parte herança de los indígenas. No tiene el objetivo de arreglarse para conquistar un hombre y sin para ellas mismas. Y la majoria no son hembras alfa. Por otro lado, a una alemaña, poco le importa la obesidade, lãs arrugas. Nunca he visto tanta hembra alfa como en Alemania, tanto na seducion, Cuanto en el poder.

Todos los totalitarismos han practicado la censura con respecto a aquellos aspectos de la realidad que no les convenía que se mostraran, pues contradecían sus dogmas de fe. Totalitarismos, fascismos, fundamentalismos, ... FEMINISMOS.

También resulta desconcertante que mientras se denosta al macho alfa, la que parece marcar tendencia entre las féminas es la mujer alfa. Y con la mujer alfa no me refiero a la mujer independiente, sino al tipo de mujer que el hombre desea (porque ser un "alfa" significa ser deseado por el otro sexo. Eso es lo que te convierte en "alfa". Un hombre que domine a los demás pero que no sea deseado por las mujeres no tiene nada de alfa): La mujer hermosa. La mujer voluptuosa. ¿Por qué no atacar con la misma ferocidad a todas aquellas que en su día a día intentan acercarse a ese tipo de mujeres, sea como sea? Mediante dietas milagro, operaciones bikini, cremas reductodas, lociones antiedad, sujetadores con relleno, maquillaje, depilación, mechas californianas, pelo teñido, pantalones reafirmantes, etc...

Yo soy un varón desconcertado, concretamente en el siguiente aspecto: que una sociedad que dice aspirar a ser igualitaria tenga una legislación que establece distintas penas dependiendo exclusivamente del sexo de las personas implicadas. En algunos casos, llegando al extremo de que hablamos de delito o de falta dependiendo, como decía, del sexo de las personas implicadas. También me desconcierta que se escriba una novela de pésima calidad literaria acerca del macho alfa de toda la vida dominando a una muchacha sumisa, y millones de mujeres occidentales se exciten sexualmente con él y lo conviertan en un best-seller arrollador mientras. Por esto, en efecto, soy un varón desconcertado.

A mi no me interessa un macho alfa: tendria que acompanhalo en sus "compromisos sociales", cosa que detesto. Tendria que cenar, cosa que no hago. Tendria que salir de noche: a las 22 estoy feliz en mi camita para estar descansada para gañar la vida de dia. Tendria que escuchar sobre su conquistas y sucesso, necesito de silencio para meditar. Lo bien más precioso que el dinero: liberdad. Da mucho trabajo...

Hola y T800 son el ejemplo directo de no escuchar. Ya os han dicho que estuvo con hombres que respondían a ese perfil y que para ella funciona mejor el otro. A decir verdad, parece que Hola se sienta atacado por el comentario de que pasa de esos hombres, lo que veo bastante absurdo. ¿Qué más le dará?

Por no hablar de que lo que digan "otras" así es genérico debería ser irrelevante, lo único que debería importaros es lo que piense y diga vuestra pareja. Si no, dado que no se puede complacer a todo el mundo, vais de culo.

La verdad, leyendo esos comentarios se explican muchas "sorpresas" en las rupturas o tonterías que te dicen ligando. En serio, escuchar no es tan complicado.

"Por lo demás, la mujer sigue sintiéndose profundamente atraída por el éxito y el estatus y mientras eso siga siendo así - nada ha cambiado en eso".

Eso es un topicazo tremendo. Habrá a quien le interese pero no generalice. Las nuevas feminidades llevan luchando desde el siglo XVIII, se llaman feminismos, y claro que tenemos mucho que trabajar las mujeres, que no todas son feministas. Igual que el hombre en la construcción y deconstrucción de sus masculinidades. También tienen que luchar. Tampoco todos son feministas, pero cada vez hay más.

En suma. Lo que hemos de cambiar son los modelos propuestos por el patriarcado para el hombre y la mujer. Tod olo que decís son roles patriarcales. La mujer que no confía en sí misma para salir a buscar curro y se deja llevar por la inercia de la aceptación social (cada vez menos) que tiene este detalle, tiene que trabajar igual que el chico que se deja llevar por la idea de que el hombre tiene que mandar en la pareja, ganar más y no hablar de sus sentimientos, con lo cual se cercena la posibilidad de exploración de su mundo emocional. Luego prefieren una mujer que se aisle, no tenga vida propia ni amigas ni amigos propios y solo tenga vida a través de la pareja. Ella preferirá alguien que la haga sentir que tiene un lugar en el mundo. Craso error. No sabe que ya lo tiene. No se trata de luchar entre sexos. No hay ataque personal. Sino de lucha contra el patriarcado y la desigualdad.

Ningún hombre (o mujer, para el caso) debería ser "educado para el fracaso" (como dice el artículo) pues eso sería ser educado en la abnegación (¡ese maternalismo de fondo tan antiguo, cómo nos traiciona!). Es compitiendo a menudo, ganando algunas veces y fracasando otras -las más- como uno (o una) se acostumbra a no ganar siempre.

Hombres vulnerables? Hombres que fracasan en su carrera hacia ninguna parte y se convierten en amos de casa? Conozco a demasiadas mujeres que desprecian a estos seres. Si un hombre cuidase a sus hijos y la mujer se hiciera cargo de trabajar fuera de casa estas mujeres lo tacharían de mantenido, de vago, de inútil. Las mayores machistas son las mujeres.

¿Desconcertado? Las mujeres también aprenden que el hombre que tiene éxito y por tanto cierto status no es lo que pretende ser y que no le da lo que ella necesita. Si no es una mujer independiente será consciente de que el éxito de "su" hombre es también su condena. Hay muchas mujeres que hemos aprendido a amar a los hombres después de darnos muchas "ostias" contra los machos alfas de turno.
A algunas, como a mí, ya no nos interesan.

Creo que el verdadero problema es cómo se define lo que es éxito y lo que no. Eso y que hablar de "la mujer" en términos generales como si todas quisieran lo mismo es absurdo. Unas sí que buscan el modelo "clásico" de hombre que gana mucho dinero, otras prefieren alguien que les dedique tiempo.

Otro asunto es que a veces los cambios de valores de la gente son superficiales. Es decir, pasa en los dos casos, hombres que en realidad buscan amas de casa aunque dicen que quieren una mujer independiente y mujeres que prefieren un hombre más tradicional que las mantenga pero que no lo admiten. Y el peor problema de eso es que cuando alguien lo dice de verdad, llega gente como ¿Desconcertado? y no se lo cree. Si la gente fuese más sincera sobre lo que quiere nos ahorraríamos problemas. Eso si, también hace falta que la otra parte escuche lo que se dice y no que asuma que da igual lo que digas, en realidad quieres "alguien con estatus" (o cualquier otra cosa que hayan decidido).

De nuevo, lo importante es aprender a comunicarse y escuchar, que puede ser realmente enervante cuando pides que ayuden en casa y en lugar de eso te echan en cara que "hacen horas extras para ganar más", que no tiene nada que ver con lo que quieres.

En resumen, no hay un modo de ser correcto, ni un modelo nuevo, porque no hay dos personas iguales. Es tontería intentar encajar todos en la misma cosa.

"No sé si él es consciente de que en las historias que cuenta siempre hay presente una lúcida e intensa reflexión sobre el lugar de los varones en un mundo que progresivamente nos desconcierta y que nos hace cuestionarnos los roles que nos sirvieron para construir nuestra identidad." ¿De verdad se lo pregunta ud en serio? Pues claro que es consciente!! ES el cine que el hace.


"Las de unos varones que (...) no hemos sido educados para el fracaso, para el dolor o para el reconocimiento de nuestras fragilidades". ¿De qué está usted hablando? ¿de la masculinidad? Si hay algo que caracteriza al rol masculino de toda la vida es su convivencia perpetua con el fracaso - indisociable del éxito, puesto que quien triunfa o desea triunfar ha sufrido innumerables fracasos de los que ha aprendido - y su capacidad para soportar el dolor y las peores condiciones posibles sin rechistar.


Por lo demás, la mujer sigue sintiéndose profundamente atraída por el éxito y el estatus y mientras eso siga siendo así - nada ha cambiado en eso -, no habrá lugar para nuevas masculinidades. El desconcierto del posmacho vendría de ahí: De la distancia entre lo que las mujeres dicen querer y lo que demuestran que quieren en realidad (lo mismo de siempre).

http://nelygarcia.wordpress.com Cuando un género, es desplazado de su lugar de acomodo, la integración en el nuevo, provoca confusión y dificultad de adaptación .

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EL POSMACHO DESCONCERTADO

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“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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