"De la mujer puede decirse que es un hombre inferior". La cita, que pertenece a Antífanes, hace que replantearse un pequeño monográfico sobre películas de hombres que se visten de mujer, o de mujeres que se visten de hombre, sea una tarea complicada. Porque si eso es cierto, si la mujer es un hombre inferior, ¿qué es un hombre que viste de mujer porque se siente como tal? ¿Doblemente inferior o doble negativo da un hombre superior? Y la mujer que viste de hombre, ¿es menos mujer y por tanto menos hombre inferior? F.M.Piave, en cambio, dice que "la mujer representa una especie de capa intermedia entre el niño y el hombre". Por supuesto, ninguno de ellos contemplaba la posibilidad de que un hombre se sintiera mujer, o deseara ser mujer, o simplemente le proporcinara placer ponerse un vestido, lacarse las uñas y pintarse los labios.
Ese hombre inferior que es la mujer, en el caso de Mi querida señorita, protagonizada por José Luis López Vázquez, se empieza a deshilar: Adela Castro es una mujer que ha pasado los cuarenta y sigue soltera. Cuando un viudo pretendiente le pide que se case con ella, lo primero que teme es algo íntimo que lleva oculto, como se llevaban entonces los pecados: "Padre, yo es que me afeito". Sí, Adela Castro se afeita y además siente celos cuando su criada se ve con hombres que la cortejan. Finalmente, parece que ese hombre interior, esa mujer a medias con barba y deseos impuros, es un hombre... y así se lo hace saber un médico. En ese caso, esa capa intermedia que queda entre el niño y el hombre, que pertenece a la mujer, se funde con Adela Castro y se confunde y ya no se sabe la capa qué cosa está protegiendo.