27 diciembre, 2007 - 14:10 - ELPAIS.com
Hace veinte años tener un BMW o llevar un tatú era una forma de diferenciarse de la plebe. Hoy, que cualquier tuercebotas presume de un serie 5 y los alumnos de la ESO lucen tatús carcelarios, la vanguardia estética –por llamarle de algún modo- tiene que dar una vuelta de tuerca que les vuelva a conceder una cómoda distancia sobre el grupo perseguidor. El gran avance de este osado early adopter son los implantes de silicona en el tatú. La otra opción es comprarse un Masseratti.
Gracias, Pepe.
Al pasar la página una selección de otros tatús de gusto, ejem, discutible. Huelga decir que puede herir el buen gusto del internauta, etc.
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La total ausencia de sentido del humor y capacidad de
autocrítica son sintomáticas de la mayoría de las empresas. Los trabajadores
intentan burlar esta solemnidad con pequeñas rebeldías, como colgar en la oficina
las viñetas de
Tengo que decirlo: odio la Navidad. Ya sé que es una
postura casi pasada de moda, propia de amargados, anti-todos y de Mr. Scrooge,
pero el solo pensamiento de los espumillones, las comidas de empresas, el
soniquete de los niños de la
Lotería y las sevillanas-villancicos me resulta enervante. De
modo que este post no trata de ser objetivo: vaya una recopilación de
desgracias navideñas recientes. Y las que vendrán.


Quienes se quejan del servicio de Correos deberían ver cómo
anda el famoso US Postal, que acaba de entregar en Kansas una tarjeta navideña
fechada el 23 de diciembre de 1914 en Nebraska, el estado norteño, apenas 300 kilómetros de
recorrido. Según leo en 

Mucho se ha hablado del carácter flemático de los ingleses,
pero ¿qué es eso de carácter flemático? ¿conoces a alguien que puedas calificar
de “flemático”, más allá de las temporadas de obligatorio catarro? Tal vez la
historia de 
¿Te gusta conducir? ¿Como mucho pasear? Porque en
caso de que así sea, 

David, alias Fleki, ha logrado en el tráfico de
estupefacientes la fama que no consiguió en la televisión. Su 
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