09 octubre, 2008 - 12:40 - EL PAÍS
Pues, como diría Chiquito de la Calzada, una gran "pupita máxima". Que se lo digan a Anatoli Bugorski, un investigador del Institute for High Energy Physics de Protvino
que fue el encargado, hace 20 años, de meter las narices dentro de un
acelerador de partículas más grande de la época, el Synchrotron U-70. Y cuando decimos las
narices, decimos la cabeza entera, pues a Anatoli
no se le ocurrió otra cosa que interponer su cara ante el chorro de
protones creyendo que había desconectado la máquina al intentar arreglar una avería.
¿Qué vio nuestro amigo dentro del acelerador? Él mismo lo describe como un "flashazo más brillante que mil soles", lo que corresponde a una radiación 500 o 600 veces mayor de la necesaria para matar a una persona. Al sacar la cabeza tenía la parte izquierda de la cara lo suficientemente chamuscada para quedar irreconocible, por lo que fue internado en una clínica moscovita a la espera de una muerte segura en dos o tres semanas.
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He aquí una
investigación que puede resultar merecedora de un premio
Pasar
tiempo con tus amigos gordos multiplica las posibilidades de que engordes,
según 

¿Qué tienen en común Neil Young, Frank Zappa y los Harrison
Ford? Todos son viejas glorias del show business. Frío, frío. Los tres han sido
homenajeados bautizando sendas arañas con sus nombres o, mejor dicho, con la
modalidad linneana de sus nombres. El último ha sido el trovador canadiense, al
que el biólogo de la
Universidad de Carolina Jason Bond ha brindado una 
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