30 octubre, 2008 - 12:53 - ELPAIS.com
El señor Heineken, además de un hombre con gusto era un hombre con vista. Ya hace casi medio siglo que presentó al mundo su botella-ladrillo, que podía utilizarse como elemento constructivo en países
del tercer mundo. Nadie le hizo caso, salvo los habitantes del tercer
mundo. Hoy en día se cuentan por miles las casas que utilizan botellas
como funcionales paveses low-cost.
Pero ninguno como el templo budista Wat Pa Maha Chedi Kaew, que utiliza más de un millón de botellas de cerveza para erigirse altivo en la selva tailandesa. Incluso los servicios y el crematorio están construidos con botellas, en un hipnótico caleidoscopio que debe ser pura fiesta cuando sale el sol.
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El dibujo que pueden ver a la
izquierda de este texto es el retrato robot que realizó un adolescente
de Missouri de su presunto secuestrador. La víctima del secuestro -Kory
Wakefield, un jugador de rugby de 17 años y 150 kilos de peso- declaró a la
policía que el individuo (el tipo de mirada taimada del dibujo) le apuntó con
una pistola y le obligó bajo amenaza a conducirle hasta Kirksville. Según
relata 




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