Una respuesta más que plausible a semejante pregunta sería: “Bardo Pond, hijo. Seguro que escuchan el último disco de Bardo Pond”. La tradición del rock nos enseña que la música del infierno es el heavy metal; al principio en versiones más suaves y optimistas y, últimamente, en los sonidos gélidos y oscuros del metal más extremo. El purgatorio, en cambio, es un lugar de castigo y expiación más que de maldad, lo que también resulta inspirador a nivel creativo. Aunque la iglesia ha confesado que no existe en sus últimas modernizaciones, si a Dante Alighieri a Steve Harris y a Skerik les vale, a mí también
Esta aventurada relación del purgatorio con Bardo Pond es intuitiva y completamente personal. La música de esta banda de Philadelphia actúa directamente sobre las capas más profundas del cerebro, apelando a nuestro lado más primitivo y emocional. Examinarla es innecesario porque, desde su propia concepción, está completamente desintelectualizada y lo único que exige al receptor es, al menos, cierta implicación. Sobre el papel es sencilla, basada en pequeñas secuencias de acordes que se suceden una y otra vez de manera obsesiva. Si no entras en el universo de Bardo Pond, el aburrimiento está casi asegurado. Eso sí, si te atrapa la magia chamánica y opiácea que destilan sus composiciones, ten por seguro que la experiencia será intensa.
Bardo Pond se formó en 1991, aunque no editaron su primer disco hasta 1995. Su carrera ha estado al abrigo del underground más absoluto, saltando de un sello minúsculo a otro, editando EPs de ínfima distribución e incluso autoeditando varios CD-Rs con improvisaciones y jam sessions. En su web autorizan a sus fans a grabar sus directos sin problema, siempre y cuando les hagan llegar una copia. Los seis miembros del grupo mantienen varios proyectos paralelos como Baikal, Vapour Theories o Hash Jar Tempo. Como todos ellos se ganan la vida con trabajos ajenos a la música, girar fuera de EE.UU. y Canadá les resulta prácticamente imposible. ¿Grupos indies? Esto SÍ es una banda independiente.
Veinte años después de su formación, Bardo Pond acaban de sacar un impresionante disco homónimo con el sello británico Fire Records. En él se pueden encontrar todas las virtudes de la banda: largas improvisaciones, temas oscuros, sonido denso y desarrollos instrumentales enrarecidos. Es fascinante la forma en la que se mezclan las guitarras entrelazadas de los hermanos Michael y John Gibbons con la voz errática y narcotizada, casi anémica, de Isobel Sollenberger. Aunque la batería de Jason Kourkonis siempre pisa tierra, todo el grupo desafía el tempo, estirándolo y transmitiendo, en ocasiones, cierta ralentización. Todo para alcanzar un climax hipnótico y perturbador que remueve el interior del oyente provocando auténticas reacciones.
A lo largo de su historia, Bardo Pond han hecho numerosas alusiones a diferentes drogas en letras y títulos de temas o discos. Esto no parece una pose ya que resulta difícil creer que haya fragmentos de este disco que no hayan sido concebidos y grabados bajo los efectos de una, o varias, sustancias psicotrópicas. Los referentes son muchos: partiendo del space-rock y la psicodelia más dura de los 90, podemos encontrar sonidos familiares, inspirados en Velvet Underground, Spacemen 3, Pavement, Rain Parade, Sonic Youth o Kyuss, todo ello cocinado a fuego lento, muy lento. El ambiente hipersaturado de “Don’t Know About You”, la calma tensa de “Sleeping”, el éxtasis eléctrico de “Cracker Wrist” o la titánica “Undone”, con sus más de veinte minutos que parecen una versión deformada de Mars Volta… Todo cabe en “Bardo Pond”, un disco que ofrece un auténtico viaje a los sentidos, empapado en pesadumbre y desesperación.
Resulta muy difícil describirlo; resulta muy difícil hablar sobre una obra que se resiste tanto al análisis. Es más fácil decir que la música de Bardo Pond es perfecta para un suicidio ritual, para tener sexo muy sucio, para conducir hacia el apocalipsis o para tener la cabeza abotargada de desasosiego placentero. Tan opresiva como estimulante, tan oscura como purificadora.
Hay 8 Comentarios
Pues no debo estar en la onda porque a mí me parecen una auténtica mierda, podría decir, como suelo hacer cuando algo no me gusta, que no entiendo su lenguaje, pero eso lo haría si en los veinte minutos que llevo escuchándolos la cantante hubiera conseguido afinar una nota, pero no hay cojones, y para más Inri las guitarras también están desafinadas.
No me extraña que sean underground, lo que sí me extraña es que si como dice el articulo tienen trabajo no tengan dinero para comprarse un afinador, que los hay por 15 euros(20 dólares).
Para el tema de la cantante no se me ocurre ninguna solución, bueno sí, que se reconviertan a grupo instrumental, ella podría tocar las maracas.
Publicado por: Antonio | 02/03/2011 17:30:54
Extraño pero el metal siempre estará vinculado a una imagen satánica debido Black Sabbath.
Publicado por: Rodrigo L. | 02/03/2011 14:40:54
Habrá que escucharlos. Acabas de descubrirme el Gólgota. Por cierto, Yahvè... sigo buscando en tu blog (qué cantidad de referencias) pero no he llegado a la knitting factory (Birggan Krauss, John Zorn...
Publicado por: Cobra | 28/02/2011 11:53:03
Son fantásticos.
Don't know about you me ha recordado Sermonizer de Cranky Jam, un tema en que también se arrastran mucho los instrumentos y las voces.
Publicado por: Oudemia | 24/02/2011 20:23:57
Si escuchan Camela no es el purgatorio... ES EL INFIERNOOO!
Publicado por: Truth | 24/02/2011 13:06:07
Perdone usted, pero si el purgatorio es un lugar de penitencia y castigo, lo que escuchan es Camela...
Publicado por: Captain Morgan | 24/02/2011 10:26:00
Me voy de cabeza al purgatorio!!!
Publicado por: Jaus | 23/02/2011 21:46:26
Simplemente tremendos.
Publicado por: Jared | 23/02/2011 21:04:44