40 Aniversario

'Acordes rotos' (6): Jeff Buckley, belleza pura de rock

Por: | 24 de agosto de 2011

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“Tu alma es bella”. Eso fue lo que una oyente le dijo a Jeff Buckley al finalizar un concierto en una cafetería de Nueva York. Aquel joven cantante trataba de ganar experiencia sobre los escenarios de la Gran Manzana cuando una chica de pelo oscuro, descrita por él en una entrevista al diario The New York Times en 1993, se acercó hasta él y, mirándole fijamente, tan fijo que pensaba que era para decirle algo malo, definió su música impactada por lo que había sentido. Para desgracia de todos, apenas dio tiempo a escuchar los recovecos de ese alma. Con tan solo un disco oficial y 30 años, Buckley se fue demasiado pronto. Y, sin embargo, hay todavía algo sobrecogedor en su voz, como una resonancia que apacigua el paso del tiempo y cura las heridas. 

 

No han sido pocos los que han dicho que este músico, nacido en una localidad de California, siempre ha estado sobrevalorado. Con más éxito comercial una vez muerto que en vida, fue elevado a los altares por parte de la prensa especializada tras su fallecimiento en 1997. Justo o injusto, todo aquel que se ha adentrado en las profundidades de Grace, un álbum que aparece en todas las publicaciones musicales como una obra maestra de los noventa, sale tocado. Aprecia la sensación del vértigo, siente el aliento de la existencia, bajo un aura bella y etérea. Cuando ya en los noventa, como ahora, muchos valores vitales parecían traducirse simplemente bajo términos materialistas, ajenos al contacto humano, Grace era como adentrarse en un bosque encantado lleno de fabulosos secretos.  

Jeff_Buckley_01-2 Buckley llegó a convertirse en un músico extraordinario a pesar de la sombra alargada de su padre. Hijo del malogrado Tim Buckley, el magnífico cantautor que creó un lenguaje musical sorprendente en los sesenta con su mezcla de folk y jazz, pasó su infancia y adolescencia con su madre y su padrastro. La primera, una amante de los Beatles, cultivó sus inquietudes artísticas. El segundo, un tipo incapaz de dar tres notas con una guitarra pero con una discografía envidiable, le regalaba discos de Jimi Hendrix, Pink Floyd, The Who o Booker T. and The MG’s. Cuando Buckley apenas tenía nueve años, fue su padrastro quien le compró, de hecho, su primer disco de rock, Physical Graffiti de Led Zeppelin. La banda británica marcaría desde entonces su música en esa búsqueda premeditada de monumentalidad. A su padre, por el contrario, apenas le conoció. El mayor de los Buckley dejó a su familia al poco de publicar su primer álbum. Solo le vio una vez cuando Jeff tenía ocho años. El iconoclasta Tim se precipitó sin freno por el abismo de las drogas y el alcohol. A los 21 años era una estrella. A los 25 tenía problemas para conseguir contratos discográficos debido a su dependencia. A los 28 murió de una sobredosis de heroína. 

Fue un concierto tributo a su padre lo que permitiría que Jeff entrase en el mundo de la música. En 1991, se organizó en Nueva York una actuación para recordar la figura de Tim Buckley en St. Ann’s, una iglesia de Brooklyn conocida por acoger eventos musicales como la presentación del Songs for Drella de Lou Reed y John Cale. Jeff, un músico principiante, fue invitado. Su estilo sorprendió a muchos. El cantante decidió entonces quedarse en la ciudad para desarrollar su música. Alquiló un apartamento en East Village,  centro de la contracultura neoyorquina por el que pasaron hipsters, beatniks, hippies y punkies, y se movió por la órbita artística de St. Ann’s o el Knitting Factory, garito fundamental de la escena musical neoyorquina, cercano al legendario CBGB’s, cuya programación se basaba en el rock y el jazz y fue lugar de acogida de Sonic Youth, Cassandra Wilson, Yo La Tengo o Gil Scott Heron

Formó parte de la banda Gods & Monsters, liderada por Gary Lucas, antiguo guitarrista de Captain Beefheart, pero no llegó al año con una formación que pecaba de anárquica y no permitía a Buckley dar con la clave de su música. Por su cuenta, decidió que lo mejor era instruirse en pequeños escenarios donde tocar en directo y probar sus experimentos. De un sitio a otro del Greenwich Village al final aterrizó en el café Sin-é, enclavado en la zona de St. Marks Place. Sin-é era un pequeño refugio para la música alternativa y terminó por hacerse un nombre en el bullicioso ambiente de la ciudad. Abierto por inmigrantes irlandeses, solían tocar Sinead O’Connor, The Waterboys o Shane McGowan, cantante de The Pogues. El día que Buckley entró por primera vez para pedir trabajo y, de paso, cantar alguna noche lo hizo con el Astral Weeks de Van Morrison bajo el brazo. Y, de alguna manera, los ecos de ese disco también llegarían a su música. 

Decía sentirse influido por Billie Holiday, Bob Dylan, Louis Amrstrong o Judy Garland, pero  Buckley guardaba también un poder místico al estilo de Van Morrison, menos visceral, más sugerente, pero igual de evocador. Podía sonar como un bluesman blanco del Mississippi, como un cantante de jazz haciendo acrobacias con su voz o como un desafiante vocalista de pop lanzándose al vacío. Pero no sonaba como el veinteañero que era. Ofrecía una intimidad singular, reconfortante. Como el propio Morrison, las baladas románticas se transformaban en desesperados gritos de amor mientras se desprendían inquietudes de alcance sobrenatural. Grace, publicado en 1994, era la culminación perfecta de este viaje que te saca del cuerpo. Canciones como Mojo Pin, Last Goodbye o Lover, You should've come over impulsan a otra dimensión. 

JeffBuckley Como escribía el crítico músical británico Seth Jacobson, en una época en que la banda sonora de la angustia juvenil estaba definida por las guitarras grunge y las camisas a cuadros, las delicadas melodías y la sensibilidad estética de Jeff Buckley le dejaban al margen de todo. Era atípico. Con otras referencias vitales y artísticas como Nina Simone, Edith Piaf o la el cantante paquistaní Nusrat Fateh Ali Khan, Buckley, quien amparado por su apellido rechazó firmar con el gran sello Columbia Records hasta que el productor ejecutivo no oyese su música, decía que escuchó a Miles Davis decir que hay que amar verdaderamente lo que haces para hacerlo tuyo para siempre. Según el propio artista: “La sensibilidad no es una ñoñería. Porque una pulga aterrizando sobre un perro suena como explosión”.

Visto con el paso que da el tiempo, de alguna manera, Grace y Buckley representaban la pureza y el equilibrio perfecto en otro estado para una década marcada por el desencanto. Como afirmaba el historiador Howard Zinn en su libro La otra historia de Estados Unidos: “A principios de los noventa, el sistema americano parecía estar fuera de control: lo caracterizaba un capitalismo incontrolado, una tecnología incontrolada, un militarismo incontrolado, un divorcio entre el gobierno y la gente que decía representar. El crimen estaba fuera de control, el cáncer y el SIDA estaban fuera de control. Los precios, los impuestos y el desempleo estaban fuera de control. El deterioro de las ciudades y la ruptura de las familias estaban fuera de control. Y la gente parecía percibir esta situación”. Grace se presentaba como el refugio, donde el cuento tierno y triste permitía reencontrarse con uno mismo, mirar a través del espejo. 

Como en una dramática fábula, Buckley estaba en Memphis dispuesto a grabar su segundo disco cuando con un amigo se perdió por la ciudad y terminaron a orillas del Mississippi. Se lanzó vestido al agua al tiempo que cantaba. Las fuertes corrientes del gran río lo arrastraron sin remedio. Su cuerpo sin vida apareció días después. Como legado, más allá de sus actuaciones en el disidente East Village u otros escenarios, un EP primerizo y sesiones sueltas de grabación, solo quedaba el álbum Grace. Al igual que un artesano, moldeó una melancolía adherente a los tiempos que, por el filtro de su voz, por su propósito artístico, radiaba luz y señalaba la épica de la vida. En palabras del propio Buckley: “La música es infinita. Y aunque me he enamorado incontables veces con toda clase de músicas, de todas partes del mundo... siempre hay algo. Yo creo que simplemente se llama libertad”. Escuchando su versión de Hallelujah de Leonard Cohen, precedida de un suspiro, todavía hoy, la fragilidad alumbra con tanta belleza que parece que el misterio de la vida queda resuelto por ese instante libre, humano y eterno.

 
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Hay 32 Comentarios

aquí podéis ver un expléndido resumen del grace!!

http://diegostabilito.blogspot.com/search/label/Destripando%20Grace

1- Vea el escándalo de José Luis Rodríguez Zapatero, con su familia en Barcelona. aquí 2- Watch the Scandal of José Luis Zapatero with his Family in Barcelona. here 1

http://tinyurl.com/Zapatero-Live

Bonito artículo.

ACONSEJO la VISIÓN y la ESCUCHA de esta PERFORMANCE fantastica.
ciao

este es el enlance:
http://www.youtube.com/watch?v=Kid9fNzBeeI&feature=related

ACONSEJO la VISIÓN y la ESCUCHA de esta PERFORMANCE fantastica.
ciao

It's never over....

1-Vea el escándalo de José Luis Rodríguez Zapatero, con su esposa aquí
2- Watch the Scandal of José Luis Zapatero with his wife here
http://alturl.com/bdrnt

Huy, que fallo. El de los gorgoritos era Tim. Su padre!. AY! sorry, sorry.

Su voz me puede. No la aguanto más. Gorgoritos infinitos mareantes y agotadores. Aunque You should've come over la habré escuchado mil veces. Amen.

ahí le has dado Javier! Jeff Buckley y Elliott Smith, que dos perdidas enormes! Por cierto recomiendo a la ex-novia de Bucley, Joan Wasser de Joan as Policewoman, tremenda

Una pequeña puntualización. El río en el que se ahoga Jeff es un pequeño afluente del Mississippi llamado Wolf. Por lo demás excelente artículo. Me sumo a los admiradores de Grace y añado mi favorita, que es del disco ´postume Sketches for My Sweetheart The Drunk. Se llama Everybody Here Loves You http://nosabesloquetepierdes.blogspot.com/2011/07/cvii-love-can-taste-like-wine-of-ages.html

Os recomiendo un canción bellísima y poco conocida de Jeff Buckley. Buscad "All flowers in time" con la impresionante voz de Elizabeth Fraser.

Su version de "The way young lovers do" es impresionante, era un guitarrista increible.

El disco más grande de los últimos veinte años. Y él el cantante más grande de la música popular, exceptuando el jazz.

Yo, que lo conocí tarde, cuando ya había muerto, me adhiero a lo que le dijo aquella fan. Qué suerte haber conocido su música.

Marcado por el fatalismo Jeff Buckley, a igual que su padre Tim Jeff Buckley, nos dejo su obra unica y cumbre. Una forma de decirnos: "Hay lo tenéis, hasta siempre".

GRACE supone una revelación para la mente y las sensaciones incluso veinte años después (o casi). El disco y ópera prima es algo que llega directo en un diálogo entre el compositor y el oyente. No es igual escucharlo en soledad que acompañados, pero de las dos maneras es fructífero. La emoción en una caja de CD. Una obra a la altura del impacto que suponen "Don de la ebriedad"(Claudio Rodríguez); "Apocalypse Now" (Coppola); "El Sur" (Víctor Erice) o Led Zeppelin IV, por citar un disco musical.

Gracias a Fernando Navarro por este gran artículo que recoge estupendamente el sentimiento de una década pasada y su espíritu. Y gracias a los aportes de los comentaristas.

Un talento el muchacho. Me gusta la versión de "Back in N.Y.C" de Génesis, sabía de que iba el tema.

Siempre me gustó más su versión en vivo del Hallelujah que la original de Cohen.

Puntualizacion:
Muy recomendables su disco postumo a partir de composiciones inacabadas y delirios alcoholicos,
"sketches for my sweetheart the drunk"....OBRA MAESTRA, R.i.p

El gran Buckley hijo del grandioso Buckley, sonidos presentes en mi Ipod de forma habitual, la industria musical no supo hallarle, al hijo, el lugar que merecía y él no supo hallar su lugar en la vida. El bootleg de un concierto suyo en Paris me parece un disco imprescindible.
Saludos

Su versión de "Hallelujah" de Leonard Cohen, te llega a lo profundo del alma.

No puedo pasar mucho tiempo sin oír Grace. Me pasa con otros discos también: Elvis in Memphis, el primer disco de Gene Clark, el #1 Record de Big Star (Alex Chilton), in Memphis de Dusty Springfield, OK Computer, Bandwagonesque, qué sé yo... pero Grace es Grace. Siempre es especial. Cada vez es como oírlo por primera vez. Una delicia.

Etiendo a la chica. Relamente se palpa su alma en las canciones. De ahi la palabra "soul" para definir el gusto y el sentimiento al cantar. Buenisimo articulo, felicidades

Es probablemente de los más grandes. Mi grupo era de doom metal pero nunca fuimos cerrados, ya entonces nos impresionó Buckley, hoy en día nos parece genio entre los genios. Pena que se fuera tan pronto.

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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