A Tribe Called Quest, enemigos íntimos

Por: | 27 de octubre de 2011

 

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La semana pasada se puso a la venta en Estados Unidos “Beats, Rhymes & Life: The Travels Of A Tribe Called Quest”, documental dirigido por el actor Michael Rapaport –le recordamos como secundario entrañable en películas como “Beautiful Girls”, “Amor a quemarropa” o “Bamboozled”, entre muchas otras– sobre el que fue, y sigue siendo, uno de los grupos más relevantes y recordados de la historia del hip hop: A Tribe Called Quest. Es una excelente película que nació con la intención de revisar a fondo la trayectoria del grupo y que, casi por accidente, porque dos años y medio de seguimiento dan para todo tipo de exorcismos y confesiones inesperadas, ha acabado convertida en autopsia desgarradora, cruda y polémica sobre los motivos que llevaron a la formación neoyorquina a protagonizar una separación compleja –silenciada en su momento, incomprendida por muchos hasta la aparición de este documento– y al incómodo enfrentamiento entre sus dos miembros más representativos, Q-Tip y Phife Dawg (Ali Shaheed Muhammad y Jarobi White completaban la formación original). Se trata de una cinta de visión obligada no solo por el impecable ejercicio de reconstrucción musical y social que propone a través de los discos, canciones y apariciones públicas del combo, sino también porque sale airosa de una empresa en la que muchos documentales fracasan: dar respuesta a dudas y preguntas. 

Una de las ideas más demoledoras que puede extraer el espectador cuando visiona el documental es que salvo en las imágenes de ensayos o actuaciones en directo no hay una sola secuencia del filme en que el director coincida con toda la banda al completo. Juntos, mezclados, integrados. Las entrevistas son por separado y no se produce ningún encuentro informal entre los cuatro en los 90 minutos de metraje, contundente demostración del grado de fractura al que han llegado desde su separación en 1998. El gran mérito de “Beats, Rhymes & Life: The Travels Of A Tribe Called Quest” es ese, precisamente, permitir que por primera vez en más de una década los seguidores del grupo entendamos, comprendamos y sepamos por qué decidieron bajar la persiana. Era su disolución uno de esos expedientes x que convenía resolver de una vez por todas; de la misma forma que las desbandadas de N.W.A., EPMD o Pete Rock & CL Smooth fueron reducidas a diferencias crematísticas y quedaron claras desde el primer momento, en este caso nunca llegamos a conocer las motivaciones reales de su ruptura y eso ayudaba a engrandecer el misterio y la incertidumbre sobre el final de la banda.

 

Rapaport convivió con ellos, fue su sombra en la gira de reunión e incluso entabló amistad y lazos afectivos con Q-Tip y Phife Dawg, los dos grandes protagonistas del filme y, en realidad, de la crónica vital y artística del grupo. Y el grado de complicidad, sinceridad e interacción entre ellos propició que, como en la primera edición de Gran Hermano, en muchos momentos los protagonistas se olvidaran de la presencia de la cámara y dejaran fluir libremente sus pensamientos sin tan siquiera tener en cuenta que todo aquello estaba siendo inmortalizado para la posteridad. Las declaraciones –entre lágrimas y dientes apretados– de Phife Dawg en las que carga con rabia y rencor acumulado contra Q-Tip, las convulsas escenas de tensión y enfrentamiento verbal, y casi físico, en el backstage de un concierto de la gira de Rock The Bells y el cruce de reproches soterrados pero punzantes entre ambos, incluso cuando relatan los años de máximo esplendor, dan vida a un documental de crudeza y franqueza emocional hasta hoy inédita en el género. La exposición del conflicto y de sus diferencias es tan explícita y abrumadora que una vez finalizado el documental el propio Q-Tip quiso desentenderse y boicotear el filme por la manera en cómo hacía públicos aspectos dolorosos para la formación.

 

Lejos del tono sensacionalista y de la búsqueda consciente de carnaza amarillista, “Beats, Rhymes & Life: The Travels Of A Tribe Called Quest” es un homenaje hiperrealista a uno de los mejores grupos de todos los tiempos. Con la ayuda de un elenco estelar de invitados –de Beastie Boys a De La Soul, de Jungle Brothers a Common, de Pharrell Williams a Pete Rock…–, de un inmejorable catálogo de imágenes de archivo y de la implicación máxima de los propios protagonistas, el documental primero nos explica con claridad meridiana por qué forman parte de la historia de la música. La reconstrucción de sus primeros años, los que van de su debut al éxito masivo de “Midnight Marauders”, viene acompañada de muchos detalles sobre el proceso de grabación, la interacción entre ellos, su imagen pública, la relación con sus compañeros de Native Tongues (el colectivo que integraban junto a De La Soul, Jungle Brothers, Black Sheep, Queen Latifah o Monie Love) o el impacto artístico y social de sus canciones en esa época que ayudan a entender, si eres neófito en la materia, su papel en la esfera hip hop de inicios de los 90. Baño de nostalgia para reencontrarse con los instigadores de un sonido inimitable y, de rebote, con una era insuperable, la película podría haberse conformado con asumir un cómodo papel de cronista musical de su carrera y su momento, sin mayor responsabilidad que la radiografía clínica y objetiva de su auge y posterior caída. Una idea más cercana al biopic neutro que a la de documental consciente y ambicioso, de creciente intensidad dramática, que acaba adoptando el filme cuando toca abordar el peliagudo asunto de la separación.

 

 

 

 

Pero cuando Q-Tip acusa a Phife Dawg de haberse implicado poco con el grupo y cuando Phife Dawg acusa a Q-Tip de haberse implicado demasiado hasta el punto de convertirse en único portavoz de A Tribe Called Quest, fuera y encima de los escenarios, y en acaparador absoluto de protagonismo dentro de la dinámica de la banda al fan le empieza a subir un nudo en la garganta y ya intuye que aquí hay más tela que cortar que una simple revisión musical. Es solo el principio. Ya nos queda claro que la banda se fracturó por la lucha de egos y personalidades totalmente opuestas de sus dos máximos responsables, pero a medida que avanza el DVD vamos añadiendo problemas y agravantes: la diabetes galopante de Phife; su mudanza a Atlanta; la paulatina pérdida de comunicación con la banda a raíz de su marcha de Nueva York; los extraños movimientos de Q-Tip para perfilar la continuación de “Midnight Marauders” –la presencia de su primo, el MC Consequence, años después apadrinado por Kanye West, en la mitad del álbum o la colaboración de productores externos, como J Dilla–, vistos por su compañero como maniobras para arrinconarle; la tibia recepción de “Beats, Rhymes & Life”, álbum magnífico pero un escalafón por debajo de sus tres predecesores; y, por supuesto, el resquemor insalvable entre los dos, expuesto en carne viva en uno de esos documentos que van a perdurar en nuestra memoria el resto de los días.

 

La primera gira de reunión, de 2008, orquestada con el objetivo de ayudar económicamente a Phife para costear su transplante de riñón, fue un intento fallido de reconciliación y normalización –la cámara de Rapaport asiste a un clima de máxima tensión entre los dos MCs en el backstage de una noche de la gira, punto culminante de su mala relación y escena de elocuencia irrebatible– que dos años después tendría una reválida más pacífica y conciliadora. Es el punto final momentáneo a una trayectoria casi impecable, tan solo algo estropeada musicalmente por su canto de cisne, aquel “The Love Movement” que no acabó de comunicar bien sus intenciones de cambio y que nació ya lastrado por los aires de separación del grupo, que solo genera recuerdos vivos e imborrables. Hoy, gracias a “Beats, Rhymes & Life: The Travels Of A Tribe Called Quest” sabemos más y mejor de A Tribe Called Quest, pero la opinión que teníamos de ellos y de su legado, mayúscula, intachable, siempre entregada, se mantiene intacta y totalmente a prueba de los libros de historia. 

 

 

 

Hay 4 Comentarios

Para nada Phife fue el lastre del grupo!, es el contraste perfecto con Q Tip. Habria que escucharte a ti

usted es Dios etc

Falta decir lo evidente: Phife siempre fue EL gran lastre del grupo. Y es que, ¡qué bajón pegaban las canciones cuando él se ponía a (mal)rimar!
La frustración del resto de componentes debía de ser enorme al no atreverse a echarle.
Me encantaría que reeditasen toda la discografía quitando a Phife de los temas. Harían un favor a la historia de la música.

Buen articulo de David Broc aunque no estoy de acuerdo en algunas cosas. El documental empieza muy bien diseccionando desde una perspectiva eminentemente musical los comienzos del grupo. Pero a medida que avanza el documental la música pierde protagonismo en favor de las relaciones personales, básicamente una lucha de egos. La originalidad de A Tribe Called Quest se debe a su legado musical no a la mil veces contada historia de la ruptura de una banda por razones personales. Echo en falta un análisis mas pormenorizado de los dos últimos discos del grupo y la razón por la que no tuvieron el mismo éxito que los tres primeros.
Buen documental que merece la pena ver tanto si eres un fan de la tribu como si eres un neófito.

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