Muro de sonido

Sobre el blog

Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

Eskup

Cuatro mentiras sobre música e internet

Por: | 30 de noviembre de 2011

Big bucks, yeah

Con la música ocurre como con la crisis. Todo el mundo tiene una teoría sobre qué, cuándo y cómo van a ocurrir las cosas, sobre a dónde nos lleva está embrutecida vorágine en la que el mundo de la música y sus aledaños se encuentran desde hace un tiempo. Pero, en realidad, nadie tiene ni pajolera idea que qué va a pasar realmente. Vemos señales aquí y allí, y algunas cosas parecen definitivas pero, visto lo visto, es difícil estar seguro.

Ahora que el nuevo gobierno puede pasarse por donde se tercie las iniciativas del anterior y que la SGAE está a las puertas de lo que debería ser un saneamiento (en el peor de los casos) o una auténtica refundación (en el mejor), es un buen momento para desmentir algunos supuestos instalados en los discursos de interesados e implicados en esa enorme casa de citas (no perdamos aún la compostura) que es el mundo de la música en nuestro país. Son mentiras en toda regla, o medias verdades que tienen poco de verdad, pero seguro que las has escuchado más de una vez en esas cabezas parlantes que salen por televisión o en las anónimas y embarradas aguas por las que navegas desde tu ordenador.

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El apocalipsis caníbal según The Pop Group

Por: | 24 de noviembre de 2011

El apocalipsis caníbal según The Pop Group
Desde la impactante portada de Y (Radar Records, 1979), una tribu de Nueva Guinea parece cuestionar la vulnerabilidad de la civilización occidental, apelando directamente a nuestra condición de meras víctimas propiciatorias sometidas a los designios actuales del libre mercado. Del mismo modo, el envoltorio revela la verdadera esencia de su contenido: un grito desesperado y rabioso contra la hegemonía cultural del rock; a la postre, otra nueva forma de colonialismo.

En una entrevista recienteMark Stewart abogaba sobre la responsabilidad del artista a la hora de tomar conciencia de la realidad que le rodea. En los viejos tiempos de The Pop Group, el rock “era una celebración de la conciencia”, tanto en un plano ideológico como estético. Esa es la razón de que canciones compuestas hace más de treinta años, como We Are All Prostitutes, mantengan todavía su vigencia intacta. Basta con revisar la escalofriante y visionaria lucidez de algunos de sus versos: “Todos tenemos un precio y tú aprenderás a vivir en la mentira (...) El capitalismo es la más bárbara de todas las religiones / Los grandes almacenes son nuestras nuevas catedrales / Nuestros coches son mártires de la causa (...) Nuestros hijos se levantarán contra nosotros / Porque somos los únicos culpables”.

 

El propio Nick Cave, quien los tomó como modelo a seguir en su etapa con The Birthday Party, describe la música de The Pop Group como “impía, maníaca, violenta, paranoica y dolorosa”; casi un exorcismo en toda regla: tan perturbador como necesario. E incluso puede que lo sea hoy más que nunca, como se desprende del regreso a los escenarios que los ha traído a nuestro país con motivo del Primavera Club 2011.

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Adiós a Paul Motian, el escultor del tiempo

Por: | 23 de noviembre de 2011

Paul Motian

Hace sólo dos meses, Paul Motian estaba tocando en el mítico Village Vanguard, situado en pleno corazón del Greenwich Village neoyorquino, junto a Masabumi Kikuchi y Greg Osby. No parece éste un dato muy trascendente excepto si, por azar, fueran sus últimas actuaciones antes de morir, cosa que siempre despierta intereses necrófilos entre los mitómanos. Sin embargo, la imagen de un Motian presidiendo un escenario con dos instrumentistas avanzados, tocando música arriesgada y nueva, con 80 años de edad y a sólo dos meses de su fallecimiento, podría ser la más representativa del baterista.

Porque Motian nunca vivió de las rentas, ni se acomodó a base de amortizar los momentos álgidos de su carrera. Paul Motian fue –es– de una estirpe diferente, miembro clave de una generación –permítanme ser tajante, que la ocasión lo merece– no sólo histórica, sino irrepetible. Ayer nos dejó en el mismo Nueva York que le vio nacer y del que ya no se movía por nada. La pérdida que supone para el mundo del jazz es tremendamente difícil de describir.

Hay muchos bateristas en la historia del siglo XX que, independientemente de su técnica, resultan personales y reconocibles. Desde Art Blakey, Max Roach y Elvin Jones a John Bonham, Mitch Mitchell e incluso un negado como Richard Starkey, todos son fáciles de identificar en unos pocos compases, lo que resulta una hazaña en un instrumento como ese. Paul Motian no sólo era –es– reconocible sino que, como alguno de los mencionados, se inventó una forma de tocar, un estilo completamente personal

 

Su toque era –es– aéreo, delicado, minimalista y anárquico, rozando en ocasiones lo aparentemente errático, pero sin perder una pizca de su mágico swing, siempre esquivo y misterioso. En una ocasión escuché que alguien lo llamaba “el arte de tocar a su puñetera bola”, una definición tan poco ortodoxa como acertada.

La pócima de Motian consistía –consiste– en entrar y salir del tiempo, deconstruir los golpes habituales del compás y reordenarlos a placer sin perder el pulso (ni el norte).  Escuchándole uno se da cuenta de que el tempo está ahí, esté o no acentuado; de que los patrones de Motian vuelan libres generando unas cualidades rítmicas que van de lo tenso a lo sugerente sin más motivo, dirección o guía que la propia voluntad del baterista.

 

Fue el tercer hombre del trío de Bill Evans, a quien conoció en 1955 en el seno de la banda de Jerry Wald (por mucho en que muchos se empeñen en fechar su mágico encuentro años después). Volvió a coincidir con Evans a las órdenes de otro visionario, el pianista, compositor y arreglista George Russell, antes de formar uno de los tríos de piano más famosos –y tal vez el más influyente– de la historia. En dicha formación, Evans y Scott LaFaro no fueron los únicos que reinventaron su respectivo instrumento.

Pero Motian no se quedó allí, siguió adelante tocando en casi cada corriente que ha dado el jazz, desde la tradición a la improvisación libre más extrema, sin renunciar a seguir creando música honesta y comprometida hasta este mismo año. Podemos encontrarle en la Liberation Music Orchestra de Charlie Haden y Carla Bley, en los primeros y más importantes grupos de Keith Jarrett, en grabaciones imprescindibles de Joe Lovano, Geri Allen, Marilyn Crispell, Paul Bley o el propio Haden y, muy especialmente, en varias decenas de sus grabaciones como líder, entre las que se cuentan un buen puñado de obras maestras.

 

Así que, si él no se quedó en la superficie, hagamos lo mismo y vayamos más allá del famoso trío de Bill Evans. Si ustedes tienen interés, y quieren descubrir más en profundidad la obra de uno de los grandes bateristas del siglo XX, escuchen también todo lo que encuentren del “cuarteto americano” de Keith Jarrett (Jarrett, Motian, Haden y Dewey Redman), un grupo nunca suficientemente reivindicado como lo que es: una de las formaciones más excitantes del jazz de los últimos 40 años.

Hecho esto, háganse cuanto antes con los discos que grabó Motian para el sello ECM durante los años 70 (“Conception Vessel”, “Tribute”, “Dance” y “Le Voyage”), todos ellos imprescindibles. Después, "Misterioso" (Soul Note, 1986), su dúo con Paul Bley ("Notes", Soul Note, 1988) y casi todo lo que grabó para JMT (convenientemente reeditado por Winter&Winter): sus homenajes a Thelonious Monk y Bill Evans, los tres volúmenes de su serie “On Broadway” o los primeros registros de su Electric Bebop Band, con unos jovencísimos Joshua Redman, Kurt Rosenwinkel, Brad Shepik, Chris Cheek o Chris Potter.

 

Descubran su trío junto a Bill Frisell y Joe Lovano en cualquiera de sus múltiples grabaciones, empezando por “In Tokio” (JMT, 1991) “Sound Of Love” (Winter&Winter, 1997) o “I Have The Room Above Her” (ECM, 2005), y después sumérjanse en su magnífica (y preciosamente editada) obra en Winter&Winter: “Monk & Powell”, “Flight Of The Blue Jay”, “Trio 2000+One”, dos volúmenes más de “On Broadway” y sus tres recientes entregas de “Live At The Village Vanguard”. Aunque esto parece un listado exhaustivo, tengan en cuenta de que hablamos de lo básico; porque hablamos, también, de un músico prolífico y muy activo durante décadas, un auténtico ejemplo de inquietud y creatividad.

Motian

En Motian, el instrumentista y el creador eran –son– una misma faceta. A lo largo de toda su carrera nos enseñó que se podía esculpir el tiempo, que se podían dibujar sonidos en el aire, que la batería era más que ritmo, más que un instrumento de percusión. En sus manos, las baquetas, los parches y los platos pudieron crear melodías, pudieron dirigir a todo un grupo jugando caprichosamente entre polirritmos y acentos inesperados. Con él aprendimos que el espacio y el silencio pueden ser tan demoledores y apoteósicos como el más estruendoso solo de batería.

Paul Motian siempre ha sido –es– y será uno de los grandes. Ahora, dejemos que la historia le suba a los altares que le corresponden y recordémosle como Monk manda: escuchando su música.

Rihanna, mucho sexo y pocas nueces

Por: | 22 de noviembre de 2011

Rihanna1

A lo largo de 2011 nos hemos llenado la boca, con gusto y orgullo, hablando de esa nueva sensibilidad y mentalidad R&B que se ha cultivado en la escena musical de Toronto, con The Weeknd y todo su entorno de productores, colaboradores y satélites –por ejemplo, TALWST–, y también con ese “Take Care” de Drake que llegaba la semana pasada dispuesto a alterar por completo el ADN del género desde la atalaya más popular posible. Ellos, ayudados por otros neocrooners urban con ganas de ir a la contra –Frank Ocean, JMSN, Stacy Barthe o la fascinante Jhené Aiko– han protagonizado una pequeña revolución estética y expresiva, pero también conceptual, que ha consistido, entre otras cosas, en la redefinición sonora del R&B tal y como lo conocíamos y en la explotación de un modelo intimista, oscuro y minimalista en el que priman atributos y objetivos muy diferentes a los que uno está acostumbrado a encontrar en los lanzamientos grandes del mercado estadounidense, como por ejemplo “Talk That Talk”, el nuevo disco de Rihanna, que se ponía ayer a la venta con grandes expectativas creadas a su alrededor desde la aparición del single “We Found Love”, con producción de Calvin Harris.

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Acercando el rock japonés

Por: | 18 de noviembre de 2011

Rokku_una historia del Rock Japonés

Hay que agradecerle a Jaime Moreno, autor de Rokku: una historia del Rock Japonés (Quarentena, 2011), su empeño en desmontar prejuicios y contrastar opiniones. A lo largo de más de doscientas páginas no encontrarán indicio alguno de proselitismo. De lo que aquí se trata es de abordar de manera personal y rigurosa un fenómeno que trasciende lo musical, apelando a la identidad cultural de una sociedad en permanente estado de transformación. Y si además se hace de un modo ameno y preciso, con la soltura de quien sabe muy bien de lo que escribe, el lector es el primero que sale ganando. No se trata pues de un análisis erudito ni excesivamente pormenorizado, sino del mejor acercamiento posible -y hasta donde yo sé, el primero disponible en castellano- para adentrarse en los apasionantes márgenes de la música nipona. El tono es ameno y cercano, sin aturullarnos con interminables notas a pie de página que entorpezcan la lectura; pero su orientación eminente didáctica no está exenta de crítica, lo que es muy de agradecer para aquellos más familiarizados con la materia.

Cae de cajón que para entender en su justa medida la evolución de la música rock japonesa (y eso incluye también al pop, el punk, el noise y hasta el indie) hay que remitirse a los cambios sociales que contribuyeron a su desarrollo. Para los que anden cortos de recursos, profundizar la historia de un país a través de su música es una forma de turismo como otra cualquiera. Y coincidirán conmigo en que conocer otras culturas no solo es enriquecedor; además es necesario.

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Cuando Tom Waits se retrata a sí mismo

Por: | 16 de noviembre de 2011

Tom_waits

Dentro de los cientos de metáforas que utiliza Tom Waits para hablar de su música, una vez aseguró que, desde la composición de Swordfishtrombones en 1983, escuchaba los sonidos de un modo parecido a como Van Gogh veía los colores. Es decir, los sonidos cotidianos adquirían ese colorido de tonalidad hiper-iridiscente, produciendo destellos muy brillantes. Un periodista se lo recordó muchos años después en otra entrevista cuando charlaban sobre Real Gone, el último disco de estudio del cantante, editado en 2004, hasta la publicación del reciente Bad As Me (Anti / Pias). Al traerle a la memoria la frase, Waits solo pudo decir: “Pasé un período que era como daltónico con respecto al sonido. O astigmático del oído”. 

Desde entonces, sus extraordinarios trastornos de vista y oído no han dejado de crear paletas sonoras al alcance casi exclusivamente de su maestría. Es casi imposible encontrar músicos que guarden un universo creativo tan personal y fascinante, donde la excelente labor de desenterrar los ecos sonoros más absorbentes del pasado, entre blues, gospel, folk, jazz o polka, convive con su fantástica capacidad de hacer farándula desbordante y canalla de todo lo que toca. En su mundo, todo parece sonar tan primitivo como una vieja grabación del Delta del Mississippi y tan moderno y actual como la última pirueta experimental del más sabio de los compositores. Nada ha parecido resistirse a Tom Waits, siempre con su capacidad de reciclaje y sorpresa, con su pleitesía a los ancestros y su surrealismo de feria. Con Bad As Me, el músico de Pomona no parece inventar (o hacernos creer que inventa) la rueda que todo el mundo espera con sus nuevos discos. En Bad As Me suena sencillamente a Tom Waits, como si fuera un repaso de toda su obra con sus obsesiones y extravagancias. Se puede decir que su último álbum es Tom Waits jugando a ser Tom Waits. 

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Fred Hersch, vida después de la vida

Por: | 14 de noviembre de 2011

Fred_hersch

Algunos músicos lo recitan de forma interna día tras día, como un mantra: “toca cada nota como si fuera la última”. Como tantos otros tópicos del mundo de la música, si uno consigue aplicarlo, funciona; lo difícil es interiorizar al máximo ese sentido de urgencia, ser plenamente consciente de lo efímero que puede ser todo. Fred Hersch, uno de los pianistas de jazz más importantes de lo últimos 20 años, aplica ese precepto casi sin esfuerzo. Músico erudito y brillante, sintetiza como pocos la herencia de Bill Evans, creando a partir de ella un universo personal en el que cabe la más delicada reinterpretación de un standard o la aproximación a una vanguardia meditada y exenta de afectación.

Hersch, enfermo de sida desde hace décadas, no ha dejado que su condición le impida desarrollar una carrera impresionante, sin tomarse demasiados respiros en el camino. En 2008 sufrió un cuadro de demencia (provocado por las complicaciones de una neumonía) y permaneció en coma durante unos meses, llegando a perder la movilidad en varias partes de su cuerpo, incluidas sus manos. La rehabilitación fue lenta, pero Hersch volvió a recuperar sus facultades tras una larga y obstinada recuperación en la que el pianista se negó a ser esclavo de su propia fragilidad.

Este miércoles, Fred Hersch llega a Madrid para ofrecer el primer concierto de su carrera en esta ciudad, algo que, en cierta forma, resulta todo un acontecimiento para el jazz en la capital. Hersch es un maestro del piano solo, y ha vuelto con más fuerza que nunca, dos motivos más que suficientes para no perderse un concierto que, antes de tener lugar, ya se antoja histórico.

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Drake y la incomodidad del éxito

Por: | 11 de noviembre de 2011

 

Drake
A priori, uno diría que el rapero y cantante canadiense Drake lo tiene todo: fama, celebridad, carisma, imagen, repercusión, seguimiento, ventas, buena prensa, dinero, estatus y mujeres. Muchos coincidimos en señalarle como el próximo Jay-Z, cuando menos en lo que a capacidad de impacto comercial y mediático se refiere; es el niño mimado de Lil Wayne y Young Money Entertainment, uno de los emporios económicos más expansivos y absorbentes del circuito rap; se codea con Rihanna, Kanye West, Alicia Keys, Stevie Wonder o el propio Jigga; y puede presumir de haber trabajado ya con algunos de los productores más relevantes de la música urbana contemporánea. Qué ocurre, entonces, para que un artista destinado a vivir en permanente estado de euforia y conciliación con el mundo haya convertido su carrera en una melancólica y anticlimática travesía por las dudas, la desconfianza o los mecanismos de autodefensa. La respuesta estriba en el ‘efecto 808s & Heartbreak’, o cuando el hip hop se adentra sin miedo ni vergüenza por el fango de la confesión emocional y la reivindicación explícita de que una nueva sensibilidad es posible en el género. ¿Emo-rap?¿Rap intimista?¿Soft-rap? Todo eso y más.

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Screamadelica: cerrando capítulos

Por: | 09 de noviembre de 2011

Screamadelica

Hay dos tipos de personas: quienes nunca vieron en directo a Primal Scream en su gira de "Screamadelica" hace 20 años, y quienes les vieron, pero no se acuerdan. Aquella fue una época empapada en MDMA, tumultuosa, revuelta y confusa por la resaca de los 80. El génesis de la llamada “Generación X” y algunos callejones sin salida en los que se encontraba el rock provocaron mutaciones en bandas y estilos que sólo podían avanzar o morir. A excepción de Irvine Welsh, otro escocés ilustre, nadie como Primal Scream sintetizó el momento en el que rock y el acid house se fueron a la cama, con mucho éxtasis y desenfreno en el proceso.

Screamadelica”, piedra angular del grupo y de la época, cumplió 20 años en este 2011, lo que provocó una celebración discográfica (remasterización, lujosa boxset en edición limitada, necesaria reedición en vinilo) y una inevitable gira. Dicha gira llegó a una especie de fin el pasado sábado en la clausura de Kutxa Kultur Festibala de San Sebastian. Sólo unos días antes Gary “Mani” Mounfield había anunciado su marcha para reincorporarse a su banda original, The Stone Roses (en una gira multimillonaria que ya está dando mucho que hablar), y a pesar de tener un concierto aún a la vista (este fin de año en su escocia natal), el de San Sebastian sonó a despedida. De “Screamadelica” y de la celebración con tintes necrófilos de los Primal Scream de hace 20 años, pero no de una banda que siempre se ha mantenido fiel a un ideario menos habitual de lo que debiera en el rock: hacer siempre lo que les ha venido en gana sin someterse a lo que se esperase de ellos.

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Tres años echando humo

Por: | 08 de noviembre de 2011

III Aniversario Discos Humeantes en Siroco (Madrid)

Discos Humeantes es un pequeño sello discográfico con sede en Oviedo que lleva tres años trabajando, desde la más absoluta independencia, por dar a conocer algunos de los grupos más excitantes, tanto de la escena asturiana como del resto de la península. Este sábado día 12 de Noviembre celebran su aniversario por todo lo alto en la sala Siroco (Madrid), reuniendo bajo el mismo techo a una generosa representación de bandas que ilustran el envidiable estado de forma de la cantera subterránea nacional.

 

Partiendo del punk de sus primeras referencias (The Fucked Frikis, Sonido Alfredo) los horizontes musicales del sello se han ido ampliando para apoyar a bandas de variado pelaje y condición: Chiquita y Chatarra, Mujeres, Caballo Trípode, Las Nurses, Juanita y Los Feos, Fasenuova, Fabuloso Combo Espectro, Image Makers, Venereans, Ansaldo Tropical… Una lista de nombres que no para de crecer y que define por si misma el espíritu insobornable de la escudería. “Son los propios grupos los que marcan el carácter del sello y no a la inversa”, sentencia Pablo “Humeante”, su máximo responsable, en una entrevista para el programa "Pieces" de la TPA.

Asegura que la clave está en trabajar con aquellos grupos que les apasionan, limitando sus tiradas en vinilo a las 500 copias para poder cuidar al máximo cada uno de los lanzamientos del sello. “No vendemos un producto. No buscamos una rentabilidad monetaria inmediata, sino sentirnos orgullosos de lo que hacemos”. Un compromiso que puede parecer demasiado romántico en vista de los tiempos que corren, pero en el que se mantienen firmes y con los pies más en el suelo que nunca. El grueso de su catálogo se puede descargar gratuitamente desde bandcamp. Eso sí, conviene recordar que “puedes bajarte y compartir cuanto quieras, pero no debes olvidar que lo que nos hace posible seguir adelante es la venta de estos discos”.

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