Hubo un tiempo, no tan lejano, en que muchos practicábamos el turismo de pillaje. Como si fuéramos piratas del siglo XX, surcábamos los mares en busca de nuevos tesoros que pudieran satisfacer nuestra sed de conquista. Y así, de la misma forma que sabíamos de gente que organizaba sus viajes en función de la gastronomía, de la arquitectura o de la oferta sexual del país al que se dirigía, nosotros lo hacíamos pensando en las tiendas de discos. Quizás no era la principal razón para programar una escapada, pero indudablemente siempre era un argumento de peso al que dedicábamos tiempo y dinero para tormento de familia, amigos o parejas. Incluso con la llegada de Amazon y otras vías similares, con las que el acto de comprar CDs o vinilos ha dejado de tener misterio y encanto pero ha ganado inmediatez y economía de medios, lo hemos seguido haciendo, aun a sabiendas que una buena parte del botín pescado en aguas extranjeras siempre está al alcance de un click y un número de tarjeta de crédito. Se me ocurren centenares de razones para viajar a Tokio, y aunque la compra de discos no estaría entre las primeras, ni mucho menos, sería absurdo traicionarse a uno mismo: la capital nipona es un paraíso –¿el último?– para los compradores de música.
Estos días me ha traído a Japón la maratón de Tokio, pero como el adicto que recae una y otra vez en su perdición me ha sido imposible resistirme a la llamada de las cubetas. La sensación general que me queda después de haber paseado arriba y abajo en busca de nuevas presas es que ni tan siquiera Japón, con su aislamiento exterior y su funcionamiento sui generis, está a salvo de esta epidemia que arrasa con todas las tiendas de discos que se cruzan a su paso. Se tiende a pensar, por razones lógicas, que en el país asiático no está tan instaurada la cultura del gratis y del pirateo digital como en otros lugares, pero es esa una leyenda urbana que cada vez cuesta más defender. Aquí las descargas se producen, en su mayoría, desde el teléfono móvil –gadget indispensable en el día a día de los japoneses que, además, cuenta con una velocidad de conexión a Internet notablemente más rápida que la europea–, no desde el ordenador. Y en el caso de las películas, por ejemplo, no ayuda mucho el hecho de que se estrenen, ya sea en cines o en DVD, con tanto retraso en relación a los países anglosajones. Tienen mecanismos y vías distintas, pero piratean, ergo, gastan menos en CDs.
En ese sentido, la oferta ha menguado a un ritmo vertiginoso, es algo que se percibe con más claridad que nunca. El cierre, a mediados de 2010, de la sede que la cadena británica HMV mantenía en Shibuya, en la actualidad ocupada por un Forever 21, supuso un duro golpe para la industria musical que venía a constatar un dato muy revelador: entre 1995 y 2010 en Japón cerraron sus puertas 2160 tiendas. Ya antes nos sorprendió la defunción de Cisco Records, santo y seña de la agitada y envidiable actividad discográfica de Tokio, toda una referencia para DJs japoneses e internacionales en las que era prácticamente imposible no encontrar ese maxi o álbum que andabas buscando. Sus tiendas fueron durante muchos años las arterias principales de Shibuya, epicentro de todo el frenesí nocturno, y también musical, de la urbe nipona. También ahí bajó su persiana hace ya un tiempo la espléndida Mr. Bongo Records, otra pérdida sentida por los amantes del vinilo.
Pero incluso así, con estos claros síntomas de crisis y de emulación de lo que ha sucedido en el resto del mundo, la ciudad sigue erigiéndose en lo más parecido a un oasis para coleccionistas y demás fauna proscrita socialmente a la que le sigue gustando eso de comprar discos. En Shibuya resiste, y de qué manera, la inagotable e inacabable RECOfan, una suerte de almacén reconvertido en tienda que ocupa toda una planta de un edificio y que también ha perdido su sede en Shinjuku. Miles y miles de CDs, vinilos y DVDs, nuevos y, sobre todo, de segunda mano, a precios irrisorios, vertidos en estantes y cubetas de forma algo caótica y despreocupada, territorio comanche para un maniático del orden pero el séptimo cielo para el melómano empedernido que quiera perder un día entero ejercitando los dedos. Tampoco cede al chantaje de los tiempos modernos y la obsesión digital Disk Union, una debilidad personal. Es esta una cadena con tiendas repartidas en barrios neurálgicos como Shibuya, Shinjuku o Jimbocho, zona a descubrir repleta de librerías, tiendas de deporte y ambiente universitario, en la que es posible encontrar esos títulos que se te han resistido a lo largo de los años.
Y por supuesto se mantiene en pie Tower Records, un edificio de siete plantas abastecido hasta los topes de CDs, libros, películas, revistas y complementos diversos relacionados con la música que cierra a las once de la noche. No hay vinilos y raramente se encontrarán referencias descatalogadas, a fin de cuentas es una gran corporación volcada en las novedades y los éxitos del momento, pero es vital que mantenga las luces encendidas por mucho tiempo: mientras esta megalópolis cultural permanezca abierta el mundo seguirá siendo un lugar mejor en el que apetece más vivir, como lo era cuando en Nueva York era posible acercarse al Virgin Megastore de Times Square a las doce de la noche y quemar los últimos dólares que te quedaban en la cartera. Es el último bastión, la última esperanza que le queda a la resistencia.
Pero no todo son malas noticias. A tiro de piedra de Harajuku se halla Big Love. Cuesta encontrarla y es casi más pequeña que una caja de cerillas, además comparte espacio con un bar, pero su oferta no tiene mácula: no solo distribuye todo el catálogo de Captured Tracks, sino que también presenta una fascinante selección musical de chill-wave, shoegaze, noise, italo-disco o new wave en la que es imposible encontrar una referencia mediocre. Representa el modelo de tienda independiente y muy especializada que ahora mismo más posibilidades tiene en la ciudad. Manhattan Records propone algo parecido para los amantes del hip hop y del R&B, con una propuesta centrada casi exclusivamente en CD mixes y mixtapes y organización de eventos de relumbrón. Y lo mismo se puede decir de Beams Records, versión discográfica de la célebre tienda de ropa japonesa, de Dance Music Record, dedicada a la electrónica y algo de hip hop, o de Bonjour Records, ubicada en el coqueto y tranquilo barrio de Daikanyama. Esto también coincide con la diversificación de la oferta.
El DJ, productor y editor Toru Hashimoto escribía en la revista Pen+ hace unos meses que aunque en Shibuya se han cerrado algunas tiendas y se está llevando la actividad a otras zonas cercanas, eso no tiene que ser necesariamente negativo. Un buen ejemplo de ello es el agradable barrio de Shimokitazawa, cerca de Shibuya pero lejos del tumulto, que está literalmente infestado de establecimientos dedicados en cuerpo y alma a la preservación del formato. Basta salir de la estación del mismo nombre y deambular por sus calles para creer durante unas horas que el tiempo se detuvo antes de la aparición del iPod. Jet Set Records, dedicada al hip hop, la electrónica y el indie-pop; City Country City, que como Big Love comparte espacio con una cafetería en un espacio muy reducido; Yellow Pop, cajas y cajas de vinilos amarillentos, o nuevas franquicias de RECOfan o Disk Union te salen al paso sin tan siquiera buscarlas. Y en barrios algo más apartados y, por tanto, menos explorados, como Kichijoji, uno de mis predilectos, o Nakano, es relativamente fácil dar con polvorientas cubetas de segunda mano.
¿Está Tokio a salvo de la debacle? No lo parece. Ha habido bajas considerables en sus filas y no parece que vaya a detenerse la sangría. Pero el respeto y la querencia por el formato parecen más fuertes aquí que en cualquier otro lado del planeta, lo que puede llevarnos a pensar, y espero que así sea, que la abundancia de oferta y posibilidades no se reducirá ni aminorará con la rapidez fulminante con la que se ha liquidado en el resto del mundo, especialmente en Europa. Quién sabe si en un futuro no muy remoto la capital japonesa acabará convertida en una suerte de reserva natural de vinilos y CDs. Pase lo que pase, un consejo: mucho cuidado con el exceso de equipaje.
Hay 7 Comentarios
Todo Japón es fascinante. Es impresionante la pasión que algunos japoneses tienen por la cultura occidental. Aquí os dejo un website que tiene uno juegos de trivia muy majos sobre el país de sol naciente. Este es el reto Japón, probad cuánto sabéis de Japón www.dwaroo.com/Play_Quiz.aspx?Gid=1142
También hay otro sobre palabras del japonés en el castellano http://www.dwaroo.com/Play_Quiz.aspx?Gid=1445
Qué os divirtáis!
Publicado por: Yo sólo sé que no sé nada | 03/03/2012 22:15:20
A buenas horas mangas verdes!!! Tu artículo me llega 10 meses tarde; me hubiera ahorrado un monton de paseos aparentemente sin rumbo, atraves de los vecindarios de Tokio.
Disk Union en Jimbocho es maravillosa, parece que no los ultimos 20 años han desaparecido y estoy en los primeros años 90!!
Aunque tambien me gustaria comentar que Tokio no es una excepcion, quedan buenas tiendas de discos en Taiwan, al menos en Taipei!!
Publicado por: J. | 03/03/2012 1:47:28
Jaaaaa!!! Dentro de un mes voy tres semanas a Japon. Me van a doler los dedos de tanto diggin' in the crates!!!
Gracias David, todavia me acuerdo de tus criticas de Hip Hop en la Rockdelux!
Un saludo.
Publicado por: Goak | 02/03/2012 23:22:36
En primer lugar, gracias por el espacio. Muerte, represión y saqueo. Sin estas tres palabras, el concepto de mega minería no podría existir. Van de la mano al igual que van de la mano el gobierno nacional y las mineras extranjeras, encargadas de llevarse los minerales y las divisas, dejando contaminación, destrucción y migajas. El conflicto generado en torno a la minería metalífera a gran escala desenmascara las políticas reales del kirchnerismo y la burguesía nacional, que solo buscan poner en bandeja los recursos naturales y estirar lo máximo posible el discurso de un progresismo emancipador, que no resiste ningún contraste con la realidad. Gracias a los levantamientos populares, los cuestionamientos hacia esta actividad extractiva y destructora han echado raíces en amplios sectores de la sociedad. Hoy, los pueblos de Famatina, Belén, Andalgala, Tinogasta, Chilecito, entre otros, son los faros a seguir en una lucha por la emancipación. Pese a que muchos intenten enfriar el conflicto con vientos malvinenses, el repudio a la minería a cielo abierto truena más fuerte que las explosiones que mutilan la Cordillera de los Andes. LEER INVESTIGACION COMPLETA: http://elruidoenelhormiguero.blogspot.com/2012/02/miserias-cielo-abierto.html
Publicado por: Simon A | 02/03/2012 21:09:33
En primer lugar, gracias por el espacio. Muerte, represión y saqueo. Sin estas tres palabras, el concepto de mega minería no podría existir. Van de la mano al igual que van de la mano el gobierno nacional y las mineras extranjeras, encargadas de llevarse los minerales y las divisas, dejando contaminación, destrucción y migajas. El conflicto generado en torno a la minería metalífera a gran escala desenmascara las políticas reales del kirchnerismo y la burguesía nacional, que solo buscan poner en bandeja los recursos naturales y estirar lo máximo posible el discurso de un progresismo emancipador, que no resiste ningún contraste con la realidad. Gracias a los levantamientos populares, los cuestionamientos hacia esta actividad extractiva y destructora han echado raíces en amplios sectores de la sociedad. Hoy, los pueblos de Famatina, Belén, Andalgala, Tinogasta, Chilecito, entre otros, son los faros a seguir en una lucha por la emancipación. Pese a que muchos intenten enfriar el conflicto con vientos malvinenses, el repudio a la minería a cielo abierto truena más fuerte que las explosiones que mutilan la Cordillera de los Andes. LEER INVESTIGACION COMPLETA: http://elruidoenelhormiguero.blogspot.com/2012/02/miserias-cielo-abierto.html
Publicado por: Simon A | 02/03/2012 21:07:49
Estupendo artículo. El Tower Records de Shibuya es la tienda de discos más impresionante del planeta. Y Japón no destaca solo por la venta, sino por la edición de discos: aparte de publicar discos de artistas occidentales (de jazz, p. ej.) que no encontrarías ni en sus países de origen, es increíble la cantidad de formatos o versiones que lanzan de un mismo disco, cada cual con mejor calidad de sonido (SHM-CD, K2HD, SACD...). El paraíso (o la pesadilla, según se mire) de los coleccionistas.
Publicado por: Kerou | 02/03/2012 19:48:13
Buff, mucho tiempo lleva este destino en la agenda y no hay manera. Llegará el día.
Larga vida al DIGGING!!!!!!!
Publicado por: niko | 02/03/2012 18:52:11