Con toda la música que hay ahí fuera, resulta osado decir cosas como “el mejor disco del año”. Como si uno pudiese escucharlo todo. Aún así, cuando llega diciembre, críticos y publicaciones varias sacamos el carnet de listillo, hacemos memoria e intentamos llegar a conclusiones más o menos sólidas. El consenso está mal visto, porque no le da a uno la oportunidad de ponerse ese peldaño por encima de los demás en el que, demasiadas veces, se basa este tipo de elucubraciones.
Sin embargo, muy de vez en cuando aparece un disco que se revela como algo ineludible, rotundo, fuera de toda discusión. Una obra magna que se alza sobre otras por una simple cuestión de grandeza. Grandeza en el concepto, en el desarrollo y en la ejecución de su contenido, desde la composición de los temas al orden de los mismos; el más mínimo detalle tiene importancia.
Esa certeza se muestra con claridad ante la escucha de “Ten Freedom Summers”, la última obra del trompetista y compositor Wadada Leo Smith. Hay que llamarlo obra antes que disco, sí, por varios motivos. Para empezar, porque se compone de nada menos que cuatro cedés, casi cuatro horas y media de música original repartida en diecinueve composiciones. Pero también porque el motivo principal e hilo conductor de las mismas es la historia del movimiento por los derechos civiles en EE.UU., aunque el autor también habla de conceptos más universales y básicos, como la justicia y la libertad. El punto de partida es, efectivamente, conceptual, aunque el resultado va más allá del homenaje o la memoria histórica.