Muro de sonido

Sobre el blog

Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

Eskup

¡¿Santificarás las fiestas?!

Por: | 25 de diciembre de 2012

Santificarás las fiestas

A la mayoría de ustedes no les sonará de nada el nombre del tiarrón de la portada, pero a mediados de los años setenta Rudy Ray Moore era una auténtica celebridad dentro del circuito blaxplotion, gracias a sus papeles protagonistas en cintas como Dolemite (1970) The Human Tornado (1976) o Disco Goodfather (1979). Aburrido de ejercer de proxeneta y macarra en la gran pantalla, el bueno de Rudy se aprovechó de su reputación de tipo duro con el gatillo fácil para subirse al escenario a contar chistes verdes y ofender al personal, un poco en la línea de Richard Pryor. Para alguien que había hecho sus pinitos como intérprete de R&B en su Arkanssas natal, el siguiente paso estaba más que claro: llamar a las puertas de Kent Records y exigirles un contrato discográfico.

 

Cuando un periodista le preguntó sobre el porqué de su primer elepé de villancicos, Rudy se limitó a bromear sobre el formato: "el tamaño de mis discos es como el de mi arma; no se puede medir en pulgadas". Tampoco las provocaciones de otros títulos como Mr Big Dick o Not Too Long, Not Too Hardque le convirtieron en un mito para raperos como Big Daddy Kane Snoop Dogg. O su colaboración en 2008 con otra fuerza negra de la naturaleza chabacana y erótica: Clarence Reid, más conocido como Blowfly

Ahora bien, la insistencia de Rudy por arrimar la cebolleta debajo el muérdago no fue un caso aislado...

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El Jazz en 2012: una suite en 12 movimientos

Por: | 18 de diciembre de 2012

Chicago

 

1. Wadada Leo Smith: 10 veranos para la historia.

Pocas veces el aficionado se da de bruces con una obra tan apabullante como Ten Freedom Summers: 19 composiciones repartidas en cuatro CD compuestos a lo largo de 35 años sobre un tema grande, los derechos civiles en Estados Unidos, e interpretados por uno de los grandes: el trompetista de free jazz Wadada Leo Smith. La música, entre la improvisación y la composición contemporánea de cámara, figura interpretada por sus bandas estables, el Golden Quartet y el Golden Quintet, así como por la formación de Los Ángeles de clásica Southwest Chamber Music. La obra, como el asunto que trata, es emocionante y sombría.

 

2. ECM, cuestión de personalidad

2012 termina para el sello alemán con un homenaje en Munich, que alberga desde el pasado 23 de noviembre y hasta el próximo 10 de febrero una exposición titulada “ECM: una arqueología cultural”. Su catálogo no muestra desgaste y en 2012 jugó dos bazas ganadoras: la recuperación de material inédito de dos formaciones emblemáticas (el cuarteto europeo de Keith Jarrett en “Sleeper” y el Magico de Charlie Haden, Jan Garbarek y Egberto Gismonti en “Carta de Amor”) y excelentes nuevas entregas de algunos artistas de la talla de Tim Berne, Billy Hart, Eberhard Weber, Bobo Stenson o el dúo Food, formado por Thomas Stronen e Iain Ballamy.

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3. Chicago, capital del jazz.

Sigue siendo el secreto mejor guardado del jazz norteamericano. Mientras Nueva York acapara los focos, la escena de Chicago se mantiene como la más rica y creativa del país. Este año, la revista Chicago Magazine ha incluido al portentoso Ken Vandermark entre sus "ciudadanos destacados", al mismo tiempo que el histórico sello Delmark ha producido varios de los mejores discos del año, como los de Jason Adasiewicz, Fred Lonberg-Holm, Jeff Parker o Jason Stein. Un año más, Chicago fue the real thing.

 

4. Europa se mueve

Un año más, el viejo continente demuestra que posee una escena rica y ecléctica. El disco de composiciones inspiradas en David Lynch del guitarrista finlandés Kalle Kallima, el nuevo proyecto del fascinante teclista británico Alexander Hawkins o el incontenible talento de Waclaw Zimpel son sólo tres ejemplos de un jazz con múltiples identidades y mucha proyección. En lo discográfico, sellos como Not Two (Cracovia), Rogue Art (Paris), Smalltown Superjazz (Oslo), Tum (Helsinki), Clean Feed (Lisboa) o No Bussiness (Vilnius) volvieron a hacerse imprescindibles.

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5. Rolf y Joachim Kühn se homenajean a sí mismos en Impulse!

En 1967, los hermanos Kühn viajaron desde Europa  hasta el bullicioso e hiperactivo Nueva York, donde grabaron un histórico álbum para el sello Impulse! tres días después de la muerte de John Coltrane. 45 años más tarde aparece “Lifeline”, de  nuevo para Impulse! Tomando prestada la asombrosa sección rítmica del cuarteto de Wayne Shorter (John Patitucci y Brian Blade), lanza un guiño al pasado sin dejar de ser un álbum moderno y arriesgado. No es la primera reunión de estos hermanos, ni mucho menos, pero tal vez sí la más especial.

 

6. The Cherry Thing… con un poco de ayuda de tus amigos

Como un absurdo plan trazado de madrugada, entre cerveza y barras de bar, la colaboración del beligerante grupo europeo The Thing con una vocalista parecía una insensatez. Sin embargo, su encuentro con Neneh Cherry ha resultado un revelador crossover, donde el rock, el free-jazz y la spoken word conviven afablemente. Su directo en el Heineken Jazzaldia reafirmó la propuesta como una de las más excitantes del año.

 

7. Peter Brötzmann, otro año de vanguardia

Rebuscando entres las novedades de los sellos dedicados a la improvisación, cada poco tiempo aparecen nuevas grabaciones del saxofonista alemán, casi todas muy destacables. Además, este año la prestigiosa revista Wire le dedicó portada y entrevista antológica; un mes después, la revista volvió a dedicarle páginas mientras Brötzmann anunciaba el cese indefinido de una de sus formaciones más emblemáticas, el Chicago Tentet, y una nueva grabación con la misma. Como si le faltasen proyectos.

Brotzmann

 

8. Christian Scott, la nueva certeza del jazz

Sus ademanes chulescos, sus amistades en el star system y su insistencia en conjugar el jazz con sonidos más populares han provocado que algunos no le tomen en serio. Pero este año el trompetista ha dado un puñetazo encima de la mesa con un doble disco estupendo en el que presenta signos de madurez y un estilo personal. Que no es poco.

 

9. Tres son compañía

Hay cosas que nunca cambian. 2012 ha sido otro año en el reinado del, tal vez, formato más emblemático del jazz: el trío de piano, contrabajo y batería. La lista es larga y excelsa: Django Bates, Myra Melford, Vijay Iyer, Enrico Pieranunzi, Fred Hersch, Matthew Shipp, The Bad Plus, dos álbumes de Brad Mehldau, el encuentro de Chick Corea con Eddie Gomez y Paul Motian o el apabullante directo de Medeski Martin & Wood, “Free Magic”, entre muchos otros. La aparente sencillez del trío clásico sigue dando alas a algunos de los proyectos más interesantes del panorama jazzístico.

TedCurson

10. El adiós de los gigantes

La era dorada del jazz va quedando diezmada por el paso del tiempo. Este año perdimos al celebérrimo Dave Brubeck, al icono de la vanguardia David S. Ware y al influyente saxofonista Von Freeman, pero también a músicos históricos como Ted Curson (genial trompetista, habitual de Charles Mingus), Pete LaRoca (uno de los grandes bateristas de los 60), Borah Bergman (héroe tardío de la vanguardia), Joan Saura (nombre imprescindible de la improvisación en Cataluña), John Tchicai (histórico saxofonista danés de free jazz),  Teddy Charles y Hal McKusick (músicos de culto muy activos durante los 50) o Eddie Bert (trombonista de altura con interminable hoja de servicios).

 

11. Y mientras tanto, en España…

Como casi cualquier actividad cultural en nuestro país, el jazz se mueve al ritmo de zancadilla. Los festivales se repliegan, el apoyo gubernamental desaparece y la escasa escena alternativa es un auténtico alarde de amor al arte. Veteranos como Agustí Fernández y Ramón López siguen produciendo obras trascendentes, con fuerte calado internacional, mientras que nombres como el grupo Duot (compuesto por Albert Cirera y Ramón Prats), Albert Vila, Moisés P. Sánchez y otros jóvenes músicos empujan fuerte para reclamar una escena que, aunque muy poco a poco, no deja de crecer.

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12. El acontecimiento del año… que viene  

No había terminado el Jazzaldia donostiarra y la organización del festival soltó la bomba: el saxofonista, compositor y productor John Zorn, una de las figuras más importantes de la improvisación en las últimas décadas, desembarcará en el próximo festival de San Sebastian con su mastodóntico Masada Marathon. Doce actuaciones de doce grupos de la escudería Tzadik (el sello de Zorn) que, a partir de la personal mezcla de música tradicional judía e improvisación desarrollada en los 90 por el saxofonista con su cuarteto Masada, han acabado formando un inabarcable universo creativo. Doce conciertos que prometen, al cierre de este 2012, ser el acontecimiento jazzístico de 2013 en nuestro país.

 

Estos son algunos de los momentos que quedan para la historia del jazz en este 2012, pero hay muchos más. Te invito, si quieres, a que compartas el tuyo en la sección de comentarios.

 

Fuera de la lista de lo mejor de 2012

Por: | 11 de diciembre de 2012

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Puedes votar AQUÍ LA MEJOR MÚSICA DE 2012

Las listas, ya se sabe, se crearon para no contentar a todos, pero cabrear a la mayoría. Por esa razón, a sabiendas de los debates que estas suscitan, invitamos a nuestros lectores a detallar en la zona de comentarios sus ausencias: ¿Qué canción nacional o internacional del año olvidamos incluir? ¿Cuál es ese disco patrio o extranjero que marcó su 2012 y hemos ignorado imperdonablemente en nuestra lista?  
Haga su inventario de ausencias y el martes 18 de diciembre reconoceremos nuestras culpas con una pieza en la que reflejaremos los resultados de esta lista alternativa. 

Para saber que nos ha faltado Puedes ver AQUÍ NUESTRA SUGERENCIA PARA VOTAR LO MEJOR DE 2012

¿Lo mejor del año? Las listas

Por: | 11 de diciembre de 2012

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El debate alrededor de las listas de lo mejor del año es el mismo que el que existe alrededor de la relevancia de la prensa musical, cuyo encaje en una época en la que, si quieres saber algo de tu estrella favorita entras en su Twitter, si te apetece escuchar algo de esa banda que tanto le gusta a tu amigo y/o bloquero favorito, solo tienes que darle al link de descarga, parece algo complicado de definir. Que una crítica te cuente que este es el tercer disco de la banda se torna casi irrelevante cuando la Wikipedia dice lo mismo (bueno, la que está en español igual informa de que es el sexto). Que te diga que este o aquel tema recuerda a este o aquel artista solo puede resultar útil si no conoces a este o aquel artista y posees la curiosidad suficiente como para entrar dos veces al día en Spotify. El mundo de la música ha cambiado mucho en la era de Internet. La música también ha cambiado, un poco menos, pero también lo ha hecho. Incluso la forma en que la consumimos no se parece en nada a cómo lo hacíamos hace una década. Pero, en cambio, la crítica musical y la forma en que el lector la encara es prácticamente la misma. La libertad que nos iba a dar Internet para poder estrujar el formato, deshacernos de ciertos corsés y apostar por una crítica más creativa, en la que el texto fuera un valor en sí mismo y no una mera guía de escucha propuesta desde el análisis casi clínico, no ha llegado. Huelga recordar que hasta que el Melody Maker dejó de exigir a sus críticos que supieran leer música no logró estrechar la distancia en ventas que lo separaba del NME, mucho más veloz en entender que esto del rock no es país para técnicos. Así, en al actualidad, como mucho tenemos un diálogo de sordos, en los que alguien escribe algo desde la idea de que su experiencia personal es universal y (otro) alguien le responde tratando de imponer la propia como medida de todas las cosas. Y si en algún lugar se refleja este estancamiento, tanto en la oferta de contenidos como en la forma en que el público espera que le sean presentados estos, o incluso en el perfil de contenido susceptible de ser abrazado por la prensa especializada, es en las listas de lo mejor del año. Nadie está contento porque todos se acercan con la falsa idea de que están hechas para contentar. Las listas, como la prensa, están para molestar. Somos medios de comunicación, no medios de difusión.

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De Teherán a Kabul: Funk the Casbah!

Por: | 04 de diciembre de 2012

Funk the Casbah!

No es la primera vez que abordamos desde aquí la denominada Edad de Oro del Pop Iraní; un síntoma del aperturismo político que trajo consigo la dictadura occidentalizante del último Sha de Persia. Las rumbas y tangos, que desde los años cuarenta y hasta bien entrados los cincuenta habían convivido en estrecha armonía con los ritmos tradicionales de las regiones del Mar Caspio, dieron paso a The Beatles y The Supremes, convirtiendo a Teherán en una de las capitales más cosmopolitas de Oriente Próximo. En el preciso momento en que el funk y el boogaloo entraron en contacto con la métrica sincopada del farsi el talento musical brotó a espuertas, llegando a rivalizar con las reservas nacionales de petróleo. Y fue precisamente por el oro negro, más que por su proximidad geoestratégica con la extinta Unión Soviética, por lo que en 1953 los servicios secretos de EEUU y Gran Bretaña impulsaron el golpe de estado que derrocaría al gobierno democrático y laico de Mohammed Mossadegh para asegurarse la alianza incondicional del Sha Pahlevi.

Al profundizar en Zendooni y Khana Khana! (Pharaway Sounds/Guerssen Records, 2012) nos toparemos con un reflejo de las paradojas de una sociedad que se dejó seducir por el influjo de Motown y Stax Records hasta el punto de llegar a emular a sus estrellas. Aceptando la tesis defendida por Angela Sawyer (propietaria de Weirdo Records y prologista de ambos volúmenes), Shimin Ghanem funciona maravillosamente como la respuesta autóctona a Dusty Springfield. Lo mismo que Sharam se apropiaría de un riff de The Kinks o Ahmad Wali & Hangama se inspiraron en el Jackson de Johnny Cash & June Carter para construir un trémulo hit de ecos bollywoodienses. 

  

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