Jazz + Rock: agitado, no revuelto

Por: | 04 de mayo de 2013

MonknRoll

Ay, el jazz-rock. Empezó con la mejor de las intenciones, y como idea era perfecta. Sólo hay que escuchar de nuevo "Bitches Brew" o "Jack Johnson" de Miles Davis para ver el potencial del invento. Después de que el jazz perdiera el favor del gran público en beneficio de las nuevas formas de música popular, se hicieron muchos y variados intentos de llevar a primera fila de nuevo la gran tradición norteamericana (como si el blues y el jazz no estuviesen en la raíz de todo lo que vino después). Y un buen día, allá por los años 70, apareció el jazz-rock, una etiqueta asociada inmediatamente a un buen puñado de artistas que llevaban lo hortera en las venas. Buena gente, talentosa y con habilidad para la síntesis, pero irremediablemente horteras. Hay cierta carga generacional en esto que ahora tenemos claro, pero la perspectiva siempre llega tarde. Al fin y al cabo, hablamos de una sociedad a la que, llegado el caso, también le parecieron bien las hombreras desmedidas o la riñonera frontal. Nadie duda que estos y otros accesorios sonrojantes volverán tarde o temprano, como no debemos descartar un nuevo auge de las sandalias de río como gadget veraniego. Pero parece que el jazz-rock, tal y como se conoció en su momento, no volverá. Irá desapareciendo junto a sus históricas figuras, y poco a poco se apagará esa llamita nostálgica en los corazones de quienes, en su momento, eran tan fans de Supertramp como de Spyro Gyra o Lee Ritenour.

Pero, cuidado, la comunión entre jazz y rock, como tal, es otra cosa. Superada la pátina estética y promocional aplicada cuando se fabricó para venderse al por mayor, la unión de estos dos importantes géneros se antoja cada vez más inevitable y natural. Los jóvenes talentos del jazz –una música a la que uno se dedica más premeditadamente, por lo general– han crecido escuchando a Jimi Hendrix, Abba, Iron Maiden o Eminem tanto como a Charlie Parker, Hank Jones, John Coltrane o Brad Mehldau. Cualquier joven jazzman no sólo ha estudiado las composiciones de Duke Ellington, Thelonious Monk o Charles Mingus, sino también las de Dylan, Cobain o Lennon y McCartney. Por eso cada vez es más normal ver trazas de rock en la producción jazzística contemporánea, quedando atrás los fantasmas integristas del neotradicionalismo y los complejos de un purismo que, en los tiempos que corren, ya no tiene mucho sentido. Es más probable que un músico actual cocine algo interesante poniendo varios ingredientes en la olla que intentando tocar bop ortodoxo y académico. En eso jamás superará a los maestros, aunque sólo sea por una cuestión coyuntural. La música no la hacen sólo los músicos: la época y el lugar tienen mucho que ver.

 

Algunas novedades recientes dan buena cuenta de esa sana influencia del rock en el espectro jazzístico, y algunas juegan directamente a la confrontación amistosa. Tal es el caso de "Monk’N’Roll" (Cam Jazz), nuevo disco de Francesco Bearzatti junto a su Tinissima Quartet, en el que el saxofonista italiano se atreve a versionear al mismo tiempo a Thelonious Monk y a algunos grandes del pop y el rock. Y lo de “al mismo tiempo” es literal: Bearzatti toma los temas y las melodías del inmortal pianista como motivo principal, ensamblándolos ingeniosamente con las armonías de temas míticos como “Another One Bites The Dust” de Queen, “Billie Jean” de Michael Jackson, “My Sharona” de The Knack o “Pretty Woman” de Roy Orbison. Tal cual. Las composiciones de Monk suenan al mismo tiempo que los populares temas (de forma más o menos explícita según la pieza), entrando y saliendo, dándose paso o entrelazándose de forma grácil y, por qué no, divertida.

 

El disco tiene varias lecturas gracias a ello; en una primera escucha uno se queda en los impresionantes arreglos que permiten semejante locura, debatiéndose entre lo familiar de algunas melodías y lo sorprendente de la mezcla resultante. Pasado ese efecto inicial, "Monk’n’Roll" emerge como un disco imponente, lleno de improvisaciones de altura y que funciona mucho más allá de su cuasi paródico motivo. La unión de “‘Round Midnight” con “Walking On The Moon” de The Police, la de “I Mean You” con “Inmigrant Song” de Led Zeppelin o el incendiario “Trinkle Trinkle” sobre el riff del “Back To Black” de AC/DC son los puntos álgidos de un disco que ofrece tantas alegrías como falta de prejuicios tenga el oyente.

MOPDTK

En una línea más salvaje viene el nuevo disco de los fabulosos Mostly Other People Do The Killing. El cuarteto sigue siendo, para muchos, la banda de jazz más potente del planeta, título que se han ganado a pulso. Desde el principio de su carrera su ideología se basa en la necesidad de destruir la polvorienta tradición del jazz. Una destrucción controlada y con ánimo reformista que parece verdaderamente necesaria en muchos aspectos del género, caracterizados desde hace tiempo por su fuerte olor a naftalina. Como Bearzatti, MOPDTK manifiestan un gran sentido del humor (auténtica bestia negra de los sectores conservadores del jazz para los que reírse y pasarlo bien es sinónimo de banalidad y burla); sin embargo, no hay nada más serio y respetuoso para el jazz en el siglo XXI que abofetearle insolentemente, intentando hacerle despertar de su letargo.

 

"Slippery Rock" (Hot Cup) es la nueva bofetada del grupo, un catálogo de temas insurrectos que sirve para apuntalar aún más la reputación de la banda. Con una frontline conformada por dos portentos de la talla de Jon Irabagon y Peter Evans, y la base del bajista/compositor Moppa Elliott y del desenfrenado baterista Kevin Shea, la cosa no puede fallar. A pesar del título, el rock no aparece de forma estética en el disco, tan sólo mediante algunos patrones rítmicos y ciertos acercamientos sutiles. Pero, ah, tenemos lo más importante. Lo que todos quieren y sólo unos pocos pueden: actitud. Porque, a pesar de su aspecto nerd, tocar instrumentos acústicos y haber parido una portada que avergonzaría al mismísimo Boy George, MOPDTK son cuatro puñeteras estrellas del rock. Tocan lo que quieren, porque pueden. Y lo hacen duro y a la cabeza.

 

Sí, mirando el paródico diseño de "Slippery Rock" uno sólo puede pensar en sacarse los ojos con un picahielos; pero, cuando la música comienza, lo único que importa es ese free jazz bullicioso y excitante que devuelve la esperanza a quienes creen que el jazz debe mantenerse como algo ácido e irreverente.

Todo lo contrario ocurre con otra cara de la moneda en la que el jazz se bebe un par de tragos de rock antes de empezar a sonar. David Soler, joven guitarrista de Barcelona con gran proyeccion, acaba de autoeditar su disco debut, un collage de paisajes sonoros en los que conviven jazz, rock y muchas otras cosas. La criatura se llama "Botánicas" y alberga música compositiva y centrada en texturas acusticas, casi ambiental, que en ocasiones suena como si Bill Frisell y Radiohead compusiesen una banda sonora juntos.

David Soler

Soler va muy en serio: no sólo es un estupendo guitarrista que ha grabado un estupendo disco, sino que ha producido un proyecto discográfico digno de los más grandes. La producción corre a cargo de Lee Townsend (conocido por su trabajo junto a Vinicius Cantuaria, Loudon Wainwright III o Carrie Rodríguez, además de los guitarristas Charlie Hunter, Pat Metheny, John Scofield y, especialmente, Bill Frisell) y el disco está mezclado en los estudios Fantasy y masterizado en Sterling Sound por Greg Calbi, un tipo que ha masterizado los últimos discos de Yo La Tengo, Tame Impala, Bob Dylan, Marisa Monte o Patti Smith, por poner ejemplos recientes, y entre cuyos trabajos más famosos se encuentran el "Born To Run" de Bruce Springsteen, "Remain In Light" de Talking Heads o "Graceland" de Paul Simon. Toma ya.

Gracias a discos como estos, cada vez está más claro que uno no necesita ser aficionado al jazz para descubrír excelentes discos de jazz que, a pesar de todo, se resisten a ser etiquetados con facilidad. Jazz, rock, todo es música. Como dijo Duke Ellington, lo único que importa es si es buena o mala.


Hay 11 Comentarios

Recomendadísimo BBNG2, el trabajo del año pasado de los canadienses de BADBADNOTGOOD.

Y dónde dejas a Stanley Ckarke ... y a todo aquello que se llama jazz fusion???? Bonita manera de obviar lo original y verdaderamente importante... Anda que...

Muy buen articulo, me gustan todos los grupo y los que citan en los comentarios.
A escuchar

La verdad es que me sorprende un artículo de jazz y rock donde no aparezcan Kneebody, la banda actual más representativa en EEUU...

antes q bitches brew del gran miles..6 o 7 meses se edito hot rats disco de uno de los mas grandes compositores de la musica contemporanea,,,frank zappa

Para los amantes del Jazz , los próximos días 30 y 31 de mayo y 1 de junio, tenemos la oportunidad de escuchar a "Coda. Quinteto vocal", "Big Band Modulando" y "Jose Luis Gutierrez, Iberjazz cuartet" en el Teatro Principal de Palencia. VIII Festival de Jazz de Castilla y León.
www.turismodepalencia.wordpress.com

Yo también soy fan de Zappa, pero de todas forma muy buen artículo.

todo se ablanda, todo vuelve pero en más blandito si cabe

yo en 1997 escribía artículos en mi fanzine sobre jazz-core, osea, grupos de punk americano haciendo free-jazz más alla de las enseñanzas de gente como Frisell, Frith o John Zorn.
ahora por lo que veo vuelve el jazz-rock comercial de hilo musical. vaya panorama.

Actualmente en las emisoras progresivas americanas de las cuales soy "patron" en una la Aural Moon, toda la fusión que se oye nada tiene que ver con las bandas expuestas aquí y estoy de acuerdo con Cocinar con Ciencia Frank Zappa sigue vivo en USA, aquí no dejó de ser una extravagancia mal seguida y explicada.Aparte de ser el descubridor de grandes figuras como Adrian Belew (los vi en Paris) o Steve Vai, por comentar dos grandes guitarristas solo, aunque hay mas,mucho mas.

Para mi gusto, se te ha olvidado hablar del gran Frank Zappa, auténtico rey de la fusión, un estudioso de la música con un talento formidable capaz de sonar como el más limpio Clapton o enrocarse en punteos endiablados a lo Bill Frisell o John Scofield.

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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