La música que carga el Diablo

Por: | 28 de mayo de 2013

Lords of Salem

En palabras de Benedicto XVI, la renuncia bautismal del pecado pasa por el rechazo a "los grandes espectáculos crueles, en los que la crueldad se convertía en diversión, en los que matar a los hombres era una cosa espectacular: era un espectáculo la vida y la muerte de un hombre. Estos espectáculos crueles, esta diversión del Mal es la pompa del diablo, donde irrumpe con aparente belleza y, en realidad, se muestra en toda su crueldad". Antes de colgar los hábitos, el Santo Pontífice contratacaba "a un tipo de cultura que es una anticultura, contra Cristo y contra Dios", denunciando las mentiras y calumnias de la sociedad del espectáculo. Unas declaraciones que vienen al pelo para recomendarles un visionado responsable de Lords of Salem, la última película del cineasta y rockero Rob Zombie. Porque el polifacético líder de White Zombie entronca con una larga tradición de proscritos que se remonta a la Edad Media; la de aquellos juglares, tildados de "ministros de Satanás" y "gaiteros del Diablo", que fueron perseguidos antorcha en mano por "inculcar el vicio en el espíritu a través de los oídos y los ojos". 

En la última década, Robert Bartleh Cummings ha conseguido reconducir su vocación de cineasta sin desvincularse del rock más estrambótico. De hecho, podríamos repasar su filmografía haciendo acopio de referencias discográficas: House of 1000 CorpsesThe Devil's RejectsWerewolf Women of the SS... y The Lords of Salem, que previamente había visto la luz en su tercer elepé en solitario, Educated Horses (Geffen, 2006). Tras el descalabro comercial del díptico Halloween (2007) y Halloween II (2009), su trasunto cinematográfico se ha hecho demasiado de rogar, defraudando las expectativas de unos fans que nunca le perdonarán la asuencia de sangre. Asi que olvídense de los agujeros de la historia y déjense atrapar por esta herejía audiovisual de primer orden: una opus nigrum ambiciosa y delirante que sortea la genialidad y los límites del ridículo para erigirse como el reverso maléfico del último Terrence Mallick

 

INVOCANDO EN VINILO

Si en algunas culturas persiste la superstición de que al tomarte una foto te roban el alma, lo mismo podría argumentarse al poner un disco. Las voces de los muertos llegan a nuestros oídos a través de las ondas sonoras. La naturaleza del fenómeno es sensorial y, no por casualidad, espectral; adoptando características casi místicas, separando la voz del cuerpo y facilitando una comunicación ultraterrena. Hace un par de años Simon Reynolds dedicó un apartado de su brillante ensayo Retromanía: la adicción del pop a su propio pasado (publicado en castellano por Caja Negra en 2012) a reflexionar sobre las cualidades fantasmagóricas de la reproducción fonográfica, que nos permite convivir diariamente con los espíritus del pasado. Desde este punto de vista, las grabaciones sonoras de artistas como Enrico Caruso, Elvis Presley, Kurt Cobain o Amy Winehouse, comparten inquietantes paralelismos con lo que los parapsicólogos han definido como "presencias residuales".

Si Roland Barthes describía la fotografía como "el ectoplasma de lo que ha sido", los discos nos permiten aspirar a un nuevo tipo de inmortalidad, preservando las voces de nuestro seres queridos más allá de la tumba. Al menos esa fue la motivación original de Thomas Alva Edison a la hora de desarrollar su invento en 1876. ¿Cómo hubiese reaccionado al saber que bastaría con pinchar el surco de un vinilo para desatar el Infierno en la Tierra? En la película de Rob Zombie, la maldición secular de la bruja Margaret Morgan (interpretada por una irreconocible Meg Foster) se transmite a través de la música fosilizada en formato analógico, crepitante y orgánico. El efecto es hipnótico y actúa imprevisible y letal, como un virus, sobre la población femenina de Salem. Nuestra protagonista, la locutora de radio Heidi Hawthorne (Sheri Moon Zombie) experimentará una serie de alucinaciones que alude maliciosamente a los perniciosos efectos del rock'n'roll que el telepredicador Jimmy Swaggart denunció en 1987: "todo el que escuche esta basura está entrando abiertamente en comunión con espíritus malignos". 

 

Invocation of My Demon Brother (Kenneth Anger, 1969)

¡MÚSICA, VADE RETRO!

El filósofo ocultista Aleister Crowley dejó por escrito que "si un hombre desea practicar la magick, debe entrenarse para pensar al revés, y después debe aprender a escribir al revés, a caminar hacia atrás y, si es conveniente, a ver películas y escuchar discos al revés". La cita llama nuestra atención sobre uno de los mitos más arraigados del rock satánico: el backmasking. Un mensaje oculto en una grabación que sólo puede ser descifrado al reproducirla hacia atrás y que ha contribuido a que generaciones de adolescentes cambiasen las agujas de sus platos con la misma frecuencia que de ropa interior. La culpa la tuvo Stairway to heaven de Led Zeppelin, pero también el Aserejé de Las Ketchup (censurada en Honduras). Similares leyendas urbanas han salpicado a grupos como Pink Floyd, The Eagles, E.L.O. o Bing Crosby pero, de momento, las puertas del Averno siguen cerradas.

Ahora bien, la mitología griega atribuyó al dios Pan la invención de la flauta, un instrumento condenado por los fundamentalistas en pleno siglo XXI. También era flautista el sátiro Marsias, despellejado tras perder un duelo musical con el dios Apolo, padre de Orfeo, a quien regaló una lira fabricada por Mercurio. Gracias a su virtuosismo con el antepasado directo de la cítara, el laúd y la guitarra, el semidios convenció a Hades, rey del inframundo, para que permitiese regresar a su amada Eurídice de entre los muertos. Del mismo modo, el húngaro Rezső Seress pareció apelar a la clemencia divina en 1933, cuando compuso Szomorú Vasárnap (1933) -más conocida como Gloomy Sunday (Domingo sombrío)- en homenaje a una antigua novia que se había suicidado. Treinta y cinco años después el músico se reuniría con ella, arrojándose desde lo alto de un edificio de Budapest tras ver asociada dicha canción a una inexplicable ola de suicidios supuestamente incitados por su letra. Prohibida en Europa en 1936, la versión que Billie Holliday grabó en 1941 también fue objeto de veto por parte de las emisoras norteamericanas, sirviendo de inspiración para el guión de La caja Kovak (Daniel Monzón, 2006).

Pero entonces, ¿existe una relación directa entre la música y la muerte? Al menos eso pretendieron hacernos creer a mediados de los ochenta las asociaciones de padres de EEUU, bajo el auspicio de la ultraconservadora Tipper Gore. El heavy rock y el rap fueron puestos en la picota con la complicidad de la prensa sensacionalista, fomentando una cruzada inquisitorial que contribuyó a criminalizar a artistas como Ozzy Osbourne, Ice-T, Prince, Twisted Sister o más recientemente, Marilyn Manson. ¿Los cargos? Alentar comportamientos antisociales como la violencia, la  drogadicción y el sexo prematuro entre una juventud producto de los fallos de su propio sistema educativo. El vocalista de Black Sabbath, por ejemplo, se defendía en 1984 de las acusaciones por el suicidio de John McCollum, de 19 años: "si una persona es lo suficientemente estúpida para suicidarse por la música, es que se lo merecía; habrá un estúpido menos en el mundo".

 

"Creo que el alcohol y la música heavy metal nos hipnotizó para creer que la respuesta a la vida es la muerte", declaró James Vance, un chaval de Reno (Nevada) que intentó volarse la tapa de los sesos con una recortada en 1988, mientras escuchaba Stained Class de Judas Priest. El cantante Rob Halford respondió que si realmente quisiesen introducir mensajes subliminales en su música, matar a sus fans sería contraproducente: "preferiríamos ordenarles que compren nuestros discos". Más crudo lo tuvieron AC/DC cuando Richard Ramirez fue detenido en Los Angeles en 1985. El asesino en serie conocido como "The Night Stalker" ("el merodeador nocturno") vestía una camiseta de los australianos en el momento del arresto y había dejado una gorra del grupo en la escena de uno de sus sangrientos crímenes. La prensa le presentó como un gran fan del álbum Highway to hell (Atlantic, 1979), y más concretamente de la canción Night Prowler, que sonaba en su walkman cada vez que "salía de caza". Tampoco les benefició que Ramírez se autoproclamase como un adorador del Diablo, ni que saludase a la Corte gritando "¡Hail, Satán!" durante el juicio. El grupo se convirtió de inmediato en el chivo expiatorio de los fanáticos de turno, que exigieron que el disco fuera retirado del mercado y boicotearon los conciertos de la gira estadounidense. ¿Se imaginan que hubiese ocurrido lo mismo con The White Album (Apple Records, 1968) de The Beatles a raíz del juicio de Charles Manson

DIABOLUS IN MUSICA

Pero la demonización de ciertos géneros musicales no es patrimonio exclusivo del Parents Music Resource Center (PMRC). En el estupendo documental Metal: A Headbangers Journey (Sam Dunn, 2005), el propio Rob Zombie reconoce que "los mejores riffs ya han sido escritos por Black Sabbath. Lo que hicimos los demás fue básicamente copiarlos; tocarlos más rápido o más lento". Pero la realidad es que, cuando se sacó de la manga los míticos acordesTommy Iommi no era consciente de pertenecer a una tradición milenaria basada en un intervalo musical conocido como tritono, condenado en el medievo por la Iglesia Católica. Presente en la escala del blues tradicional, la nota del diablo se asociaba a los aquelarres satánicos; tal vez por sus inequívocas connotaciones sexuales. "La ignorancia de la gente hacía que se asustaran cuando experimentaban la reacción en sus cuerpos", resume el productor Bob Ezrin. "Pensaban: ¡que viene el Demonio!". 

 

Por si fuera poco, el uso del violín como vehículo de invocación resulta especialmente consecuente en la película. En el siglo XVIII el violinista barroco Giuseppe Tartini confesaba en una carta al astrónomo francés Joseph-Jerome de Lalande, el origen de su célebre sonata El trino del diablo: “Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el diablo y estaba a mis órdenes (...) le di mi violín y lo desafié a que tocara para mi alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y romántica como nunca antes había oído. (...) La sonata que compuse entonces (...) resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre”.  

Naturalmente no se trata de una excepción. Multitud de compositores clásicos reincidieron en temas (más o menos) diabólicos, como es el caso de la Cantata masónica de Mozart, la Sinfonía fantástica de Berlioz, la Noche de Walpurgis de Mendelssohn o El aprendiz de brujo de Paul Dukas. Pero los ecos mefistotélicos de Tartini adquieren una repercusión inusitada en la figura de Niccolò Paganini, de quien llegó a decirse que había vendido su alma al diablo a cambio de un sobrenatural dominio del violín. El aspecto cadavérico -casi monstruoso- del maestro de Génova alentaba las sospechas sobre las macabras consecuencias de aquel don inalcanzable. En los últimos años de su vida, su salud se deterioró tan rápidamente como lapidó su fortuna. Consumido por la sífilis, cuando Paganini tocaba, se tenía la impresión de estar frente a una calavera blanquecina que sostuviera un violín colocado bajo la barbilla. Incluso su propio apellido ("pequeño pagano") parecía corroborar una leyenda negra que le valdría la excomunión. Tanto es así, que el poeta alemán Heirnich Heine llegó a afirmar en sus Noches florentinas haber presenciado cómo el mismísimo Lucifer dirigía el brazo del violinista durante una actuación.

 

En su estudio analítico Enfermedad y creación (1995), el norteamericano Phillip Sandbloom justificó las asombrosas técnicas que hicieron famoso a Paganini diagnosticándole el Síndrome de Ehlers-Danlos, que se caracteriza por un exceso de flexibilidad de las articulaciones. "Su muñeca estaba tan suelta que podía moverla y torcerla en todas direcciones y, aunque sus manos no eran desproporcionadas, de este modo podía doblar su alcance y tocar en las tres primeras posiciones sin cambiar". Pero el éxito cosechado en 1813 por el estreno de Le Streghe (Las Brujas) en La Scala de Milán dio alas a la superstición e inspiró a contemporáneos como Johann Wolfgang Goethe o Franz Listz, autor de piezas como El vals de Mefisto y la sinfonía Fausto. Paganini fue el precedente cultural a Robert Johnson, el Rey del Blues del delta, quien sellaría un pacto similar en un cruce de caminos de Clarcksdale (Mississippi) a principios del siglo XX. Y de ahí al rock queda un paso... siglo arriba, siglo abajo.

¡BRUJAS, MÁS QUE BRUJAS! 

Volviendo a la película, Herman "Whitey" Salvador (Jeffrey “Jeff” Daniel Phillips, ¿un álter ego hipster del propio Zombie?) se disculpa ante Heidi por seleccionar el Venus In Furs de The Velvet Underground como ambientación para una velada romántica. "¿Demasiado obvio?". Juzgen ustedes mismos. ¿Sabían que Marianne Faithful es descendiente del Barón Leopold von Sascher-Masoch, a la postre autor de La Venus de la pieles y responsable del término "masoquismo"? La cantante y actriz, musa de The Rolling Stones, coqueteó en su juventud con las sectas demoníacas, siendo rescatada por el propio Mick Jagger del influjo de La Iglesia del Juicio Final. Pero a bruja, lo que se dice bruja, le ganaba por la mano Anita Pallenberg, otra rubia con efectos devastadores en la carrera de Sus Satánicas Majestades.

Permítanme que publique la leyenda. Durante una de las habituales peleas que marcaron su turbulenta relación con Brian Jones, Anita se refugió en casa de una amiga. Magullada y ensangrentada, decidió tomarse la revancha moldeando una figura de cera a imagen y semejanza del músico. Recitó unas palabras mágicas y atravesó el muñeco varias veces con una aguja, justo a la altura del estómago. A la mañana siguiente regresó al domicilio de Jones: "Había estado despierto toda la noche, retorciéndose de dolor. Cuando le encontré estaba agonizando. Le llevó varios días recuperarse", explicaba la Pallenberg en una entrevista. "Después de eso, nunca volví a hacer otro conjuro".

 

Los británicos Venom, pioneros del black metal

En las apasionantes memorias de Tony Sanchez, Yo fui el camello de Keith Richards (Contra, 2013), su protagonista relata la obsesión de la modelo italiana por la Magia Negra. "Durante una época llevó una ristra de ajos para ahuyentar a los vampiros. También tenía un viejo recipiente para el agua bendita que usaba en sus rituales. Sus ceremonias se volvieron cada vez más secretas y me advirtió que nunca la interrumpiese cuando estaba trabajando en un conjuro. En su dormitorio tenía un enorme arcón, que guardaba tan celosamente que suspuse que era su alijo de drogas. Un día que la casa estaba vacía, decidí echar un vistazo. Los cajones estaban llenos de restos de huesos y pellejos de extraños animales". 

AQUELARRES PSICODÉLICOS

Por las venas de Jinx Dawson, vocalista de los norteamericanos Coven, corría sangre apache y, según los rumores que ella misma se encargó de perpetuar, había sido iniciada en la brujería por su abuela materna. En 1968 oficiaba de sacerdotisa satánica embutida en una escotada túnica negra, agitando su larga melena rubia al compás de oscuros salmos lisérgicos. Sobre el escenario se hacía acompañar del séquito luciferino formado por guitarrista Steve Ross y un bajista que respondía al sobrenombre de Oz Osborne, sin parentesco conocido con Black Sabbath. Para King Diamond, alma mater de Mercyful Fate y referente ineludible del metal satánico de los años ochenta, “Jinx era una cantante increíble pero, desde mi punto de vista, aquello no podía calificarse como genuino heavy metal. Seguían la onda del viejo satanismo cristiano de finales de los sesenta, como Black Widow, pero no son comparables a Black Sabbath”. Curiosamente los norteamericanos se adelantaron un par de años a los británicos al inaugurar su discografía con su correspondiente liturgia pagana.

 

En lo estrictamente musical, Coven ejercían de respuesta diabólica a Jefferson Airplane en canciones como Wicked Woman y The White Witch of Rose HallCon su primer album, Witchcraft: Destroys Minds & Reaps Souls (Mercury, 1969), pusieron en un brete al departamento promocional de la discográfica, que decidió mitigar las posibles represalias de las organizaciones cristianas con motivo de su lanzamiento. No lo tuvieron nada fácil, empezando por la parafernalia visual de la propia portada en la que el trío saludaba a los oyentes luciendo sus mejores galas de adoradores de Satán. Para curarse en salud, decidieron acompañar el vinilo con una advertencia que desaconsejaba su compra a los profanos en materia de Magia Negra. La clase de reclamo sensacionalista que les eximía de cualquier tipo de responsabilidad “sobre los peligros derivados del uso irresponsable de estas grabaciones” y que al mismo tiempo les permitió rentabilizar el escándalo con algunos dólares en publicidad gratuita.

 

En la actualidad el disco se ha convertido en una cotizada pieza de coleccionista, sobre todo gracias al poster interior que recrea una Misa Negra en la que los miembros de la banda portan cruces invertidas y echan los cuernos a cámara. Jinx posa desnuda en el centro de la imagen, tendida sobre un altar a la espera de ser sacrificada en honor al Señor de las Tinieblas. "Lo iluminábamos todo con velas y tocábamos delante de un altar disfrazados de hechiceros", recuerda el guitarrista, Steve Ross. Jinx se metía a fondo en su papel hasta el punto de ofrecerse voluntaria para el “sacrificio” ritual que servía de colofón a sus conciertos. Un espectáculo en directo que llegó a sobrepasar con creces los límites de la época: “solíamos poner una enorme cruz sobre el escenario de la que colgábamos a uno de nuestros roadies disfrazado de Jesucristo durante todo el concierto. Hacia el final tocábamos una versión del Repent Walpurgis de Procol Harum que interrumpíamos a la mitad para entonar el Ave Maria. Era la señal para que Jinx bendijera al público en latín y recitase la máxima de Aleister Crowley: ‘haz lo que quieras, esa es la única ley’. Entonces los tres gritábamos '¡Ave, Satán!'; Jesucristo descendía de la cruz, la hacía girar sobre sí misma y comenzaba a bailar como un poseso..."

 

Tal y como lo relata Arthur Lyon en su libro The Second Coming: Satanism in America (Mass Market, 1970), Coven fueron convocados por el mismísimo Anton LaVey, líder fundador de la Iglesia de Satán, para participar en un hipotético Satanic Woodstock, programado para la noche de Halloween en un emplazamiento secreto en Detroit. El evento sería finalmente cancelado debido a la controversia sucitada a raíz del juicio de la Familia Manson, lo que no impidió que Coven escenificasen su particular Black Mass en un oscuro nightclub de la ciudad. Según la rumorología, Timothy Leary, gurú del LSD, fue uno de los congregados. 

¿POR QUÉ LA CABRA?

"La cabra tiene libre albedrío y, por esa razón, siempre será castigada por los opresores de Dios. Dios debe morir. Dios es un cerdo impío. ¡Nosotros servimos al carnicero!". En una de mis secuencias favoritas de la película, asistimos a la entrevista a un malencarado líder metalero expone la filosofía satánica de su banda, Leviathan. A Heidi y sus compañeros del programa de radio les cuesta tomarse en serio al "Conde Gorgann", cuyo alias artístico parece emular al del Conde Grishnackh, presuntuoso rol asumido por Varg Vikernes en los albores del black metal noruego. Su discurso beligerante nos aproxima a la teatralidad de grupos como Mayhem, Darkthorne, Emperor o Burzum, asociados a la quema de iglesias y profanaciones de tumbas durante la década de los noventa. Una espiral de altercados que alcanzaría su máxima expresión en el asesinato de Euronymous, cabecilla del movimiento, a manos del propio Vikernes.

Sin detenerse en explorar los fascinantes recovecos de la escena nórdica, Zombie se limita a satirizar la figura del heraldo de Belcebú con pinceladas de Gaahl, ex vocalista de Gorgoroth, antaño insignia del metal satánico noruego. Tras abandonar el grupo y reconocer públicamente su homosexualidad, el polémico Kristian Eivind Espedal se reinventó a si mismo como diseñador de zapatos y complementos. Atrás quedaban las denuncias por tortura (humana y animal) y los ríos de sangre blasfema derramados sobre el escenario. Y un primer batería que respondía al ilustrativo sobrenombre de Goat Pervertor

 

"La imaginería satánica se basa en equivalencias de contrarios", resumía Lyon en su libro. "Al igual que la cruz invertida reniega del sacrificio de Cristo, el macho cabrío simboliza lo opuesto al cordero sacrificado por los judíos". ¿Cómo debemos interpretar, pues, la cubierta original de Goat's Head Soup (1973) de The Rolling Stones? ¿Y la del single Start Me Up (1981), en la que asoma una pata de cabra calzando un zapato de tacón?  Acusados (no sin razón) de misóginos, viciosos e impíos, quedan reducidos a meras comparsas cuando la proyección llega a su fin. La epifanía de Zombie trasciende los excesos visuales de Ken Russell en una pièce de résistance tan controvertida como la propia película. Les reto a que se queden clavados en la butaca y me digan si en lo sucesivo podrán volver a escuchar el All Tomorrow's Parties como lo hacían antaño...

Hay 17 Comentarios

Puestos a hablar del supuesto satanismo de Led Zeppelin, no hay que olvidar la obsesión de Jimmy Page con Aleister Crowley (aunque no se puede decir que este último fuese exactamente satanista). Por lo visto, llegó a hacerse con muchas pertenencias del famoso ocultista.
Por cierto, tengo entendido que la señora ( o ex) de Gore impulsó esa ridícula etiqueta de "Aviso parental, contenidos explícitos" en los discos. Menuda joyita.
Un saludo

La verdad es que no aprendo. Cada vez que leo uno de tus comments, Nacho, espero llevarme una sorpresa; para bien o para mal. Pero qué va. Lo mismo de siempre. Sólo te interesas por desviar la conversación hacia tu terreno y ensimismarte en los lloros y pataletas de siempre. Autobombo, puyas e insultos. Te recuerdo que hay todo un mundo ahí fuera, en el que todos somos tan insignificantes como tú. Si tanto te enerva el blog, ya sabes dónde está la puerta. Y aunque no te guste una revista, tampoco hace falta que quemes el kiosko. Cuánta energía desperdiciada en menudencias...

yo ya tenia una banda en 1996 que tocábamos varios temas de Big Black y de Whitehouse, los jebis nos miraban raro por aquí. Conoces bandas españolas que vinieran del legado Big Black ya en 1996? es una pregunta que me gustaría que contestaras. Te estoy hablando de hace 17 años ya, en España había bandas como la mía ya homenajeando a Big Black, Scratch Acid y más bandas del género, aunque no lo creáis. Hemos llegado lejos todos, a currar en una oficina o en una fábrica. Gracias a los críticos de mierda por apoyarnos tanto.

Nacho: no era mi intención meterte miedo; ni a ti ni a nadie. Me he ceñido al tema de la música satánica en relación con la película de Rob Zombie. Tan solo decirte que William Bennett (Whitehouse, Cut Hands) no es ni ultraderechista, ni pederasta ni psicópata. Y que yo sepa, los TG (Genesis y Cosey, básicamente) sólo se autolesionaron en el marco de las COUMM Transmissions, así que deberías de estar pensando en GG Allin... o Iggy Pop. Pero tranquilo, que uno ya está muerto y el otro ya no sirve ni para anunciar tónica.

En cuanto a Death In June y Esplendor Geométrico, las referencias totalitaristas están integradas en su discurso artístico. Y Coil y Psychic TV están muy inflenciados por Crowley, la masonería, el alquimismo, los deuidas y las sectas... pero de satanismo en su música, veo más bien poco.

Espero, eso sí, volver sobre este tipo de bandas que mencionas en un futuro no muy lejano. Con Big Black has dado en hueso: me apasionan. Y sí, desde luego, DAN MIEDO.

Un saludo.

Un articulo muy interesante,te felicito por ello

interesante artículo!!

os paso un ejemplo de catarsis pagana actual muy rica!!

http://www.youtube.com/watch?v=VY5dTyLXe4U

estas bandas que nombras ni dan miedo ni ná, son para niños como los que van al primavera. Mal rollo daba la peña del dark noise ochentero, tambien llamado "power electronics" de bandas pioneras como Whitehouse, Pitchshifter, Esplendor Geométrico, Throbbing Gristle, Coil, Death in June, Big Black, Fluke, Nitzer Ebb, Psychic TV, etc... esos si que eran mala gente, música hecha por pedófilos, asesinos en potencia, ultraderechistas violentos y demás ralea que se autolesionaban en directo, fans de las aberraciones sexuales y el sadomasoquismo. ESO DABA MIEDO, no esta mierda jebi comercial en la que basas tu artículo.

La superstición es fruto de la ignorancia. Y a ambas las carga el Diablo.

Todo lo que tenga que ver con el diablo no es un juego, no lo toméis a broma es mas peligroso de lo que os podéis imaginar teníais que ver a gente que por el ocultismo y el espiritismo se han visto haciendo sacrificios a animales al demonio y buscando a alguna persona a ser posible un niño para sacrificarla en haloween, con la consiguiente posesión diabólica. No es un juego os recomiendo http://blogdelpadrefortea.blogspot.com.es/

Hay que decirle a David Bizarro( por cierto, vaya apellido) que se apunte un buen tanto y le diga a su jefe que mire este comentario: "Oye, tú, jefe encargado de pagarle a este chaval: que sepas que este artículo, reportaje o como lo quieras llamar tienes que pagárselo doble.¿Te vale?" Enhorabuena. Por cierto, muy buen disco el último de Rob Zombie.

Felicidades por el artículo, muy buen trabajo

muy interesante

Excelente articulo! Enhorabuena de verdad!

Hackenbush: ¿acaso existen diferencias reales (y notables) entre demócratas y republicanos en EEUU? Esta señora con aspiraciones de Torquemada se pronunció también en materia de salud mental, abogando por el internamiento psiquiátrico involuntario, el tratamiento con drogas y el procesamiento legal de personas diagnosticadas como enfermos. Y Al Gore tampoco le anda a la zaga.


Por cierto, ambos se separaron en 2012.


Un saludo

Pues la "ultraconservadora" Tipper Gore es del Partído Demócrata, como su marido y antaño abogado de PMRC y posteriormente vicepresidente de EEUU Al Gore.

Muchas gracias, Doctor Phibes. Cosas del formato, pero me alegra que lo haya disfrutado.


Un saludo.

Muy bueno y muy interesante, pero si los enlaces no estuvieran en amarillo-anaranjado, el artículo se leería mucho mejor...

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