40 Aniversario

William Parker, jazzista global

Por: | 02 de diciembre de 2013

WilliamParker

No crean a quien les diga lo contrario: hace tiempo que la historia del jazz se escribe desde la periferia. Las superestrellas del género (los tuertos en un mundo de completa ceguera comercial) pueden acaparar festivales y seguir siendo rostro recurrente de la iconografía popular pero, los motores principales en el progreso de la improvisación, se encuentran siempre apartados de los focos. Un sitio, por cierto, donde se trabaja mejor.

En las últimas décadas, pocos músicos como William Parker han desarrollado un perfil tan completo en el jazz y la vanguardia afroamericana. No es el único perfil poliédrico e hiperactivo en el jazz actual, pero sí el que representa de manera más exhaustiva la tradición negra del jazz libre. Lo ha hecho todo, y lo ha hecho bien: instrumentista estimulante, acompañante de lujo, líder polifacético, compositor consumado, artista global… Su biografía abarca desde una larga militancia en la Unit del gran Cecil Taylor a la organización del Vision Festival de Nueva York, evento referencial en la vanguardia jazzística, pasando por centenares de grabaciones y proyectos que le han situado en el olimpo del jazz del siglo XXI. Y todo con un perfil discreto, de esos que hay que mirar detenidamente para reparar en su abismal envergadura.

 

Depositario de la herencia del que fuera contrabajista definitivo de John Coltrane, Jimmy Garrison, Parker es capaz de aunar los aspectos más espirituales del free jazz y, al mismo tiempo, los más intelectuales. No es casualidad que sea el complice, casi alter ego, de músicos como David S. Ware y Matthew Shipp, colaboradores a su vez, pero representantes de diferentes acercamientos a la improvisación. Si bien el cuarteto de Ware (con Shipp y Parker) fue uno de los pocos aspirantes reales a cubrir el vacío dejado por el último Coltrane, los grupos de Shipp, con Parker como escudero, son máximos exponentes de un jazz nuevo y anguloso, portador de tanta tradición jazzística como de nuevas tendencias surgidas en los últimos años.

Y luego está el Parker compositor y líder, que por sí sólo ha generado una carrera con muchas y muy ricas ramificaciones, desde la improvisación más libre y feroz hasta un post-bop intenso y con sustancia, tanto con grandes como con pequeñas formaciones. Intentar abarcar todos sus universos musicales en un artículo o en unas cuantas escuchas es imposible. Parker se ha prodigado mucho y no es fácil cribar una carrera tan redonda y compleja. Cada uno de sus grupos habituales tiene cualidades que deben ser experimentadas con atención, como la intensa furia de In Order To Survive, los ecos de Charles Mingus en la Little Huey Orchestra, la universalidad de sus dúos con Hamid Drake, la reinterpretación de su proyecto homenajes a Curtis Mayfield, las diferentes perspetivas de sus tríos, etc. Todos tienen su propia magia, pero si hay uno al que Parker se ha consagrado con más fruición, y con mejores resultados, es a su cuarteto con Hamid Drake, Rob Brown y Lewis Barnes.

 

Desde su fundación hace más de una década, esta ha sido la formación con la que Parker ha medido la mayor parte de sus proyectos. Tres músicos que, junto al contrabajista, han supuesto el núcleo de la mayoría de sus bandas y grabaciones en los últimos años. Ahora, mano a mano con Steven Joerg, Parker recupera nueve horas de material inédito en directo que documenta ampliamente la música del cuarteto —y de varias de sus extensiones— entre 2006 y 2012. La criatura se llama "Wood Flute Songs" (Aum Fidelity/Distrijazz) y es una colosal caja de 8 cedés que, más que una retrospectiva, es un complemento necesario para entender la música que Parker ha ido presentando en los últimos años.

 

Aunque "Wood Flute Songs" comienza en el año 2006, esta historia se remonta al año 2000, cuando Parker estrena su cuarteto con el imprescindible "O'Neal's Porch" (Aum Fidelity/Distrijazz). Ya entonces, crítica y público se volcaron con el grupo, consideración que se ha mantenido a lo largo de los años con cada referencia editada por el cuarteto. Así, no es extraño que cuatro de los ocho cedés de esta caja contengan la contrapartida en directo de esas grabaciones en dos auténticos tour-de-force grabados en 2006 y 2007. La solidez del cuarteto es aplastante, y en directo desarrollan su música hasta límites desconocidos en sus grabaciones de estudio. Largas tomas, improvisaciones laberínticas y una comunicación inalcanzable para la mayoría, nos muestran a un grupo a la altura de formaciones míticas como el cuarteto clásico de Coltrane o los tríos de Bill Evans. El lenguaje es otro, pero la aplastante certeza de estar ante un grupo irrepetible está ahí.

A partir de esa gigantesca tanda del cuarteto en directo (cuidado con las dosis altas, esta es música intensa y el efecto se puede diluir en exposiciones muy continuadas), nos encontramos con cuatro mutaciones del grupo base, con orígenes diferentes pero con resultados igualmente satisfactorios. Primero, una simple ampliación del cuarteto grabada en 2009, con la presencia de tres grandes figuras del free jazz: el violinista Billy Bang, el saxofonista James Spaulding y el cornetista Bobby Bradford. Aquí la suma es sencilla, pero rotunda: el doble de solistas, el doble de diversión. No hay grandes alardes arreglísticos, lo que indica lo casual de la ocasión, pero sí ingeniosos voicings y solos de altura.

 

A continuación, la rareza del set, una grabación de 2011 con el denominado (e inédito) Creation Ensemble, que es básicamente la unión del cuarteto y el grupo suizo AMR Ensemble. La química entre ambas formaciones es rica e intensa, y el disco encierra momentos de gran belleza, como el "Psalm For Billy Bang" (que había fallecido cinco días antes del concierto), y reinterpretaciones muy interesantes en las que encaja perfectamente la voz de Ernie Odoom. Precisamente por lo inesperado de este encuentro, el del Creation Ensemble es uno de los registros más valiosos de "Wood Flute Songs".

Los dos últimos cedés de esta colección fueron grabados en junio de 2012 con dos de los grupos más emblemáticos del contrabajista. Por un lado, Raining On The Moon, la primera variante directa del cuarteto original, con la incorporación de la pianista japonesa Eri Yamamoto y la cantante y bailarina Leena Conqest. Una formación con identidad propia que factura una música más grácil que la del cuarteto, en la que el piano y la voz no resultan intrusos, sino auténticos protagonistas. Sumar para crear algo completamente diferente. En directo, el efecto es el mismo.

 

Por último, un guiño al pasado y una mirada al futuro: Parker retoma uno de sus primeros grupos, In Order To Survive, con una perspectiva menos combativa que la de su encarnación original. En su momento está banda fue el vehículo de la música más libre y descarnada del contrabajista, pero en esta revisitación suena menos volcánica, aunque tan orgánica y libre como cabe esperar. Una vez más el grupo se ha regenerado en una formación diferente en la que el cuarteto sirve como base, con sólo un componente extra: el fabuloso pianista Cooper-Moore, un tipo cuya presencia ya vale un elogio. Es natural que se erija como figura principal en la clausura de esta colección, tanto por su pianismo bullicioso y fascinante, como por la simbiosis musical que muestra con Parker.

Obras como esta, extensas e intensas, marcan un punto de inflexión en la carrera de cualquier músico, volviendo la vista atrás y contemplando el largo camino recorrido. Para William Parker parece ser un deuda pendiente, una necesidad de mostrar el lado más cotidiano de su obra. Ese que le hace recorrer los escenarios de clubes y festivales desplegando cada noche una visión de la improvisación honesta, fiel a la tradición y altamente comprometida con la libertad. Su música, incluso presentada en forma retrospectiva, suena a presente más que a ninguna otra cosa.

 

Hay 1 Comentarios

Gran reseña (como todas las tuyas) y muy merecida.
Y como dices, para tomar en pequeños sorbos, reposar lo escuchado y volver a ello, como la buena poesía.

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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