SXSW día 5. Cómo despeinar al personal y los caminos del punk-rock

Por: | 16 de marzo de 2014

El concierto de hoy de The Parrots es en el Casino Southside, un garito de rock’n’roll situado en una zona industrial y aparentemente inhóspita, refugio de moteros y punk-rockers de edad avanzada, muy lejos del centro y al lado de una autopista.

Llegamos allí con un par de horas de antelación, y nuestro miedo de no saber qué hacer en esa zona durante tanto tiempo se desvanece en cuanto vemos una tienda de ropa de segunda mano a pocos metros de la puerta del Casino. Mientras estamos echando un vistazo a la ropa, vemos al fondo de la tienda una puerta abierta que da a lo que parece la sala de controles de un estudio de grabación. Preguntamos al dueño y, efectivamente, compagina los dos negocios y tiene un estudio de grabación en la trastienda, en el que ha grabado recientemente a gente como Joe King Carrasco con los Texas Tornados.

De allí nos vamos a la sala y nos cuentan que el cantante de The Cynics, con quienes comparten cartel, no ha llegado aún; sigue desaparecido desde la fiesta de anoche. Su concierto se acaba cancelando por incomparecencia y da paso al de BP Fallon, otra leyenda viva del rock que hace años que vive en Austin: BP fue el periodista que entrevistó a John Lennon en el bed-in de Amsterdam, y fue también el publicista de T. Rex y Led Zeppelin, entre muchas otras cosas. Para entretener la espera hasta la hora del concierto de The Parrots, se nos ocurre una idea: volvemos a la tienda de ropa y proponemos al dueño grabar una canción en directo en el estudio. El trato se cierra en un momento, y al cabo de 45 minutos salimos de allí con un pendrive y un cedé conteniendo la grabación.

El concierto posterior es uno de los mejores que ha dado el grupo en mucho tiempo, y el público del Casino Southside, más acostumbrado a las viejas glorias del punk-rock que a los nuevos aires juveniles, reacciona de manera sorprendentemente entusiasta. A continuación, los cabezas de cartel dejan a todo el mundo despeinado con su volumen brutal y su perfecto dominio del escenario. El cantante de Sons of Hercules es una mezcla de Iggy Pop, Joey Ramone y Mick Jagger. Fue, con su grupo de entonces, telonero de los Sex Pistols en su concierto en San Antonio. Y en directo mantiene la misma ferocidad que debía de tener entonces, además de un pelazo envidiable.

Said viene a buscarnos, puntualísimo, y tras un trayecto en el que escuchamos un puñado de veces la canción que ha grabado el grupo esa misma tarde, nos deja en el centro para ir a ver a The Pizza Underground, el grupo de Macaulay Culkin haciendo versiones de The Velvet Underground con temática pizzera. La idea de los miembros de The Parrots era abordarle para hacerle una propuesta de colaboración, pero su entorno sobreprotector lo hace imposible, sigue manteniendo su estatus de estrella a pesar de los excesos. Resignados, volvemos un día más al infalible Hotel Vegas, donde –esta vez sí- entramos en una nueva fiesta de Burger Records. El momento álgido de los conciertos lo vivimos cuando el cantante de The Orwells escala la columna de la endeble estructura que cubre el escenario, que empieza a vibrar salvajemente y amenaza con romperse y hacer lo propio con la crisma del muchacho. Cuando se baja, y tras la invasión del escenario por parte del público, empieza a ensañarse con las luces del lateral, golpeándolas con el micro hasta que acaba rompiendo unas cuantas (y el micro acaba desfigurado, por supuesto). La cosa empezó con punk-rock y tenía que seguir por ese camino.

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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