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Sobre el Blog

El director Nacho Vigalondo les invita a ver el cine desde su humilde perspectiva: "Si mis películas le parecen una birria, al menos déjeme intentar caerle bien".

Autor:

Nacho Vigalondoya ha estrenado 'Los Cronocrímenes' , además define futuros proyectos de misterio, romance y ciencia ficción. Su corto '7.35 de la mañana' fue nominado al Oscar en 2005.

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03 febrero, 2011 - 00:01 - Nacho Vigalondo

¡Último post!

Pido disculpas por el dolor que está causando mi tweet. Quiero aclarar que ni soy antisemita ni negacionista. Cualquiera que conozca mi trayectoria, ya sea escrita o en medios audiovisuales podrá comprobar que jamás me he acercado a esas posturas, a las que condeno radicalmente.

El tweet que ha levantado la polvareda no es la declaración de un revisionista, es la parodia de una actitud así.

Lo reitero por si acaso: no soy negacionista, no soy antisemita. 

Lo siento.

 

Por otro lado, a raíz de todo lo que ha pasado desde el pasado viernes, somos conscientes de que la suspensión de este blog puede ser una medida consecuente. 

Así que este es un un adiós. Ha sido una época fantástica. 

Habrá más.  

Gracias.

 

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01 febrero, 2011 - 01:07 - Nacho Vigalondo

Holocausto Vigalondo

 

Detecto cierta tendencia a pensar que si eres popular, en mayor o menor grado, por leches tienes un plan maestro detrás de tu cuenta de Twitter, estrategias meticulosas para lograr atraer la atención, para generar opinión favorable, esas cosas.

 

Mi experiencia me dice que, a menos que tu cuenta de Twitter esté gestionada por un becario o un robot, a medida que el tiempo avanza y tus mensajes se acumulan por miles, tu cuenta acaba siendo un retrato incontrolable de tu personalidad. ¿Dónde quedan las estrategias cuando todo el mundo acaba descubriendo entre tweet y tweet tus momentos de furor, de desidia, de duda, de apatía? ¿Cuál es el plan si de cada cinco tweets más o menos calculados tiende a surgir uno que te deja en pelotas?

 

Tengo mi cuenta de twitter desde hace varios años, y poco tardé en darme cuenta de que no podría guionizarla como si se tratase de un guión autobiográfico en tiempo real. Por dos motivos: En el peor de los casos no era posible, y en el mejor no era divertido. En mi cuenta he tenido arrebatos sentimentales, he sido críptico, he sido tonto, he sido distante, he sido un pesado, he sido gracioso, he sido soso, pueril o macabro. Unas veces dándome cuenta y otras veces no.

 

Inevitablemente, cuando el número de followers llega a un número de cinco cifras te asaltan las dudas acerca de si tu sentido de la responsabilidad debería agudizarse, de si deberías pensar dos veces antes de escribir cada sílaba. Pero siempre ha acabado pesando la misma evidencia: Tener un twitter autoconsciente es prácticamente imposible. Como la vida.

 

El pasado viernes noche, en circunstancias más festivas que otra cosa, comprobando que había alcanzado la cifra sonora de 50.000 followers, decidí twittear diferentes versiones de un mismo gag: Imaginemos que yo fuese un villano de opereta con un plan maléfico, consistente en acaparar followers con excusas falsas (una carrera como cineasta) y, cuando acumulase un número lo suficientemente alto, sembrar el caos con mensajes devastadores. La idea era twittear un puñado de esas revelaciones, pero sólo me quedé en dos... “El holocausto fue un montaje” y “La bala mágica que mató a Kennedy todavía no ha aterrizado”. La conversación se desvió porque el primer mensaje había acaparado demasiado protagonismo. Lo que pasó a continuación durante esa noche se relata y se interpreta en estos blogs que han ido apareciendo a lo largo del fin de semana:

 

hhttp://www.canaltcm.com/escritopor/post/2011/01/29/vigalondo-laaa-twitter

ttp://oscarvalero.wordpress.com/2011/01/29/como-te-pasas-vigalondo/

http://ariasfranco.blogspot.com/2011/01/el-affair-vigalondo.html

http://blogkaconhielo.blogspot.com/2011/01/esa-arma-de-destruccion-masiva-llamada.html

http://blog.adlo.es/2011/01/des-graciados.html

http://fueradeonda.wordpress.com/2011/01/29/humor-negro-vs-materia-gris/

http://www.canaltcm.com/decine/post/2011/01/30/aade-quao-nos-reaamos-

http://jenesaispop.com/2011/01/29/nacho-vigalondo-la-lia-en-twitter/

http://manugrandio.wordpress.com/2011/02/01/por-que-me-hizo-gracia-el-tweet-de-vigalondo/

y

http://www.focoblog.com/2011/01/31/el-problema-del-humor-en-140-caracteres/

 

No es la primera vez que abuso del humor negro (de hecho, las he soltado más gordas en el pasado), no es la primera vez que se genera tensión en mi cuenta, no es la primera vez que recibo insultos, no es la primera vez que, por el motivo que sea, se suman mil followers nuevos en un día. ¿Por qué el revuelo mediático ha sido considerablemente mayor esta vez?

 

La primera pista la recibimos el sábado por la mañana, recibo un mensaje directo de un periodista de La Información que me avisa que van a publicar un artículo acerca del suceso. Me pregunta si he recibido algún tipo de reacción negativa por parte de El País, periódico para el cual escribo, dirijo e interpreto una campaña publicitaria que esos mismos días está en emisión. Mi mensaje de respuesta, tranquilizador, acaba entrecomillado en el cuarto párrafo de un texto cuyo título, como podréis comprobar, tiene un afán explicativo mucho más contundente que el de cualquiera de los artículos que os he enlazado antes.

 

http://noticias.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/internet/nacho-vigalondo-encrespa-twitter-por-decir-que-el-holocausto-fue-un-montaje_VsOia7ldRFeZjlk72ssbf3/

 

El texto toma directamente el esquema y hasta algún ejemplo (posteriormente cambiado) del texto que había publicado Jenesaispop la noche anterior. O sea, en vez de ir a las fuentes originales (el farragoso cruce de conversaciones acumuladas en Twitter tras varias horas, un entramado lento de revisar) el texto de La Información “remezcla” textos y añade nuevos datos (como la coincidencia del aniversario que se celebró dos días antes de mi “holocausto”). La composición resultante está lejos del análisis desdramatizado y autoconclusivo que puedes leer en cualquiera de los blogs anteriores. ¿El resultado? La polémica, que se había relajado ese sábado por la mañana, se reactiva, y el hecho pasa de ser una anécdota más o menos ruidosa a toda una noticia en potencia...

 

Que dos días más tarde. O sea, hoy lunes, por la mañana, parecía haberse desinflado de nuevo. Tanto en mi cuenta de twitter como en blogs, foros y demás la cuestión se había reducido al clásico debate que contrapone libertad de expresión absoluta frente a unos límites en función de valores subjetivos. La tensión se había diluido y el ¡Pechito Como Tamo! De Bisbal había vuelto a la palestra.

 

Hasta que, a última hora de la mañana mi cuenta de twitter recibe una nueva oleada de insultos y reproches. En un rápido vistazo compruebo que otros dos medios online, www.rollingstone.es y cinemania.es han publicado sendos artículos acerca del “Holocausto Vigalondo” y, como es de esperar, no han recurrido a las fuentes originales para mostrar lo sucedido, sino que, prolongando esta versión 2.0 del teléfono roto, han “readaptado” la información volcada por otros medios.

 

Reconozco que me pilla por sorpresa (por decirlo de un modo amable) el tono ya abiertamente sensacionalista del artículo de Cinemanía (cuyo texto ha sido ya suavizado desde su publicación, hacéos a la idea):

 

http://www.cinemania.es/actualidad/noticias/5734/nacho-vigalondo-la-lia-en-twitter-con-chistes-sobre-el-holocausto

 

La frase más representativa es ésta: Con un anuncio para El País en los televisores de toda España, y una incipiente carrera en Hollywood, están aún por verse las consecuencias que este arrebato humorístico podría tener en la trayectoria de Vigalondo

 

Esta vez, la forma verbal deja bien clarar la ansiedad por el acontecimiento en potencia, el escándalo progresivo, la anticipación de la noticia de verdad...

 

El caso es que la polémica holocáustica, que había muerto por segunda vez, se reactiva de nuevo. Con un público renovado y un perfil nuevo. ¿Hasta cuándo durará esta nueva infusión de dramatismo?

 

No hace falta que dure mucho, el siguiente bombeo de caos no tarda en llegar: A última hora de la tarde sucede algo que puede catapultarlo todo hacia nuevas e insospechadas direcciones. Recibo una llamada de teléfono. Un reportero de El Mundo me pide mi opinión ante un nuevo estremecedor dato. Al parecer, se ha filtrado la información de que PRISA piensa cancelar mi campaña publicitaria ante mi inaceptable comportamiento en Twitter...

 

Tiempo, tiempo ¡TIEMPO!

 

Llega un momento en el que ya no sé hasta qué punto crecerá este desaguisado. Lo que ya tengo más claro es la fueza que lo está impulsando una y otra vez.

 

Son dos circunstancias:

 

La primera: La proximidad de la dimisión de Álex de la Iglesia de la Academia de Cine a través de su cuenta de Twitter. Dicho de un modo más preciso: La constatación de Twitter como una herramienta de producción de noticias. Lo hemos estado viendo durante toda la última semana: Titulares y cuerpos de noticia compuestos casi enteramente por twitters entrecomillados. Podríamos debatir si es legítimo darle a un twitteo valor de declaración en firme, cuando hablamos de un formato que se nutre principalmente de la instantaneidad. También podemos debatir cuánta vigencia informativa conserva un twitteo más allá del contexto en el que nace, una conversación cruzada que el periodista no se va a molestar en recomponer...

 

Podemos preguntarnos: Ante una ausencia de códigos de conducta ¿Qué responsabilidad es más urgente definir, la del twittero o la de la prensa?

 

¿Impido que de mi twitter puedan brotar noticias como si fuesen tomates?

¿Impedimos que la prensa pueda plantar tomates en mi twitter a su libre albedrío?

 

La segunda: Es el tema que flota en el ambiente desde el primer reproche el viernes por la noche hasta la aterradora llamada de El Mundo: No soy sólo un cineasta twittero. Soy, además, autor de una campaña publicitaria televisiva de El País. No hace falta explicar la multiplicación  de las posibilidades de escándalo que se abren ante los ojos de cualquier periodista.

 

Volvamos a la llamada de teléfono:

 

En realidad el periodista de El Mundo (o sus informantes) erraban en una cuestión: La campaña publicitaria no se podría cancelar por mis soeces twitteras... Porque ya había terminado, el pasado domingo. Así lo expliqué. Y partir de ahí, el asunto pareció perder importancia. Mi polémica, tantas veces muerta y resucitada, perdía todo el atractivo si no aparecía un castigo claro y contundente hacia mi persona de una maldita una vez.

 

En este mismo momento, la noche del lunes, la polémica ha vuelto a morir, una vez más. La publicación de este texto en este blog quizá la reavive, soy consciente, pero creo que es un mal menor frente a la necesidad  de aclarar algunos hechos y describir estas mecánicas nuevas, esta volátil confluencia de redes sociales y periodismo, de la cual no soy la primera víctima, ni mucho menos seré la última.

 

En cualquier caso, alguno estará en su pleno derecho de pensar que, en el principio de todo estaba mi provocación siniestra, tan fácilmente evitable. Que, a fin de cuentas, yo debería ser más cauteloso a la hora de practicar un humor tan negro, más ante tantos ojos de extraños, y más anunciando periódicos por la tele. En realidad no me cuesta pedir perdón por prender semejante mecha. Y  pedir perdón por el incómodo fin de semana que algunos han vivido en la redacción del periódico a raíz de todo esto.

 

Y, por supuesto, está el perdón a todos los que se haya podido ofender con mis juegos de palabras y mis chistes. También les pido disculpas pero añado, no como arrogancia, sino como una rendida advertencia de mis limitaciones, de mis vaivenes, de lo poco que puedo prometer, de lo poco que puedo guionizar...

 

¡No entréis en mi twitter nunca más!

 

 

 

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25 enero, 2011 - 03:05 - Nacho Vigalondo

¿Cuántos iPads se rompieron en los ensayos?

Os sabéis eso de “un camello es un caballo diseñado por un comité”, ¿no?. Pues eso, en un entorno como el publicitario, en el que los comités tienden a ser más dañinos que una fábrica de jorobas para caballos, uno acaba valorando lo gratificante del proceso tanto o más que lo satisfactorio del resultado.

En realidad, el resultado de la campaña que he dirigido, escrito y protagonizado para El País lo tenéis que valorar vosotros, lo que me toca a mí agradecer es lo fantástico que ha sido el proceso creativo junto a Paloma Bravo (sigo su blog), Gumersindo Lafuente y demás. Salir de las reuniones con la sensación de haber dicho más tonterías de las que he oído es una sensación maravillosa. 

Vigalondo ipadedit
Taza y media.

Cuando se hace una campaña que incluye diferentes soportes lo tradicional siempre ha sido resumir un mismo discurso en función de los tiempos que exige cada medio. Y entender cada transformación como algo dictado por los imperativos formales básicos.

De lo que estoy orgullosísimo es de que la campaña que hemos desarrollado no se componga de adaptaciones de un mismo texto, sino de diferentes relatos adaptados a diferentes modos de lectura: El spot de treinta segundos es directo, con un ritmo muy preciso, y puede entenderse de una tacada, según se emite en televisión. El de setenta segundos es su reverso (¿o es su secuela?), y contiene detalles y trucos que permiten el visionado repetido y fragmentado más propio en Internet. Las dos piezas, al igual que la cuña para radio, no se entendieron como variaciones de un mismo mensaje, sino como piezas complementarias que aludían a distintos públicos y distintas formas de lectura.

Podéis verlas pinchando aquí. 

Si queréis lo digo de otra manera: Es una gozada que en una campaña publicitaria te dejen meter paradojas temporales, bilocaciones, crisis internacionales, café derramado y Obama pegándose una hostia tontísima.  

¡Gracias!

 

 

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17 enero, 2011 - 05:46 - Nacho Vigalondo

Hace un Fincher o dos.

 

Fincher 1
Todos los directores de cine somos así en la intimidad.

A estas alturas nadie desea que venga uno más a cantar las bondades de una peliculaza como La red social. Es algo más que una película impecable y relevante, es la consecución de una complicadísima alianza por la que su director, David Fincher, lleva tiempo peleando: Por fin ha conseguido unir en un aplauso común a la crítica tradicional, a la moderna, al público masivo y al especializado. Eso que le sucedía a las mejores películas de Kubrick una década después de estrenarse. Es un éxito merecido, no quedan muchos directores con la ambición de Fincher, capaces de encajar un discurso personal nítido en una serie de películas en las que, además, ha conseguido casar el reclamo tecnológico y unos planteamientos narrativos nada conformistas con lo que reclama el espectador de hoy. ¿Quién más podría hacer que su película fuese portada el mismo mes en la Cahiers du Cinéma, en la Cinemanía y en la Cinefex?

 

Sin embargo, este tipo de conquistas tarde o temprano nos encienden el piloto de la sospecha. ¿Por qué ahora? ¿Es mejor película que las anteriores? ¿Ha habido trampa? Y no me refiero a que el mero hecho de hablar de Facebook sedujese a priori a más de un millón de amigos. La cuestión es ¿y si la película de Facebook fuese en realidad una película un poco más condescendiente de lo que es habitual en su director?

 

Cuidado, sé que a estas alturas nadie toleraría que un director mindundi como yo viniese a sacarle defectos a La red social. De hecho, el único motivo por el que me atrevería a plantear un pero es en comparación con sus dos anteriores películas, Zodiac y The curious case of Benjamin Button, dos producciones que no consiguieron el pleno al quince, pero en las que reconozco una osadía mayor.

 

Fincher 2

El atuténtico creador de Facebook.

 

Nadie duda que el cemento base de La Red Social es intachable. La película podría durar una hora más, dos más, y nadie se quejaría ante más planos de Fincher, más líneas de texto de Aaron Sorkin, más música de Trent Reznor... La historia podría cubrir tres años más en la aventura de Facebook y el resultado podría ser igual de satisfactorio. El problema es que si la película durase una hora menos tampoco habría mayor problema... Siempre y cuando la última secuencia siguiese siendo la misma: Zuckerberg insistiendo en solicitar la amistad de la chica que le rechazó en la noche de los tiempos. Es una secuencia rotunda, satisfactoria y fácil de traducir que condensa casi toda la significación del relato. Por ejemplo, podríamos colocarla justo después de la escena en la que se traiciona a Eduardo Saverin, eliminar el resto del metraje, y la película se hubiese entendido de igual manera. Se nota que Fincher y Sorkin han diseñado la película desde la confianza de tener ese poderoso as en la manga que es la última secuencia, y el único problema, si insistimos en encontrar uno, es que no se trata de un recurso precisamente novedoso ni atrevido. La  solicitud de amistad de Zuckerberg no es sólo el Rosebud de Ciudadano Kane, en realidad no anda lejos del retrato de una mujer bella en la mano del soldado que se desangra en la trinchera.

 

Fincher 3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El auténtico asesino del horroróscopo.

 

Es más más difícil encontrar precedentes de las estrategias que descubrimos en Zodiac. La película no sólo lidiaba con uno de los subgéneros más complicados que puede haber, el misterio sin solución, además cometía la osadía de representar al auténtico villano de la película, o sea, el tiempo que transcurre mientras la investigación no avanza en ninguna dirección, de la manera más literal: Tomando más tiempo del necesario. Las digresiones y derivas en La Red Social eran puro gozo, pero las de aquí forman parte de una jugada arriesgada: Zodiac es una película progresivamente lenta y desesperante.

Los asesinatos, retratados con todo el virtuosismo marca de la casa, se resuelven en el primer tercio de la película, las secuencias más rutilantes (el espléndido interrrogatorio en la fábrica) se acumulan en la primera mitad. A partir de ahí, la película se desacelera en exacta sincronía con los personajes, y los golpes de efecto se reducen prácticamente a las fechas sobreimpresas en la pantalla con cada elipsis, la constatación de la cantidad de años que vamos dejando atrás mientras la investigación no da un paso en ninguna dirección viable, mientras las subtramas mueren por agotamiento(1). Cuando las últimas secuencias plantean una posible resurrección del caso el efecto es asombroso: Entendemos plenamente que la batalla del personaje de Jake Gyllenhaal  ya trasciende la caza de un asesino, es la venganza contra un tiempo perdido cuyo peso entendemos a la perfección porque lo hemos sentido. ¿Cuántas películas surgidas de un estudio de Hollywood se han atrevido a explotar el tedio como herramienta expresiva?

 

Zodiac, en cualquier caso, fue la mitad de controvertida que El curioso caso de Benjamin Button. La película tuvo en contra dos factores: Contaba un relato bastante más apagado que lo que su sinopsis sugería, y la aplicación de efectos especiales sobre la cara de los actores se recibió como una molesta cataplasma digital. Sin embargo, en estos dos puntos Fincher estaba siendo más agudo que nunca.

Fincher 4
Benjamin Button en las primeras secuencias del filme.

Casi todas las claves de la película se apoyan en el personaje que interpreta Cate Blanchett  (muy diferente a su contrapartida en el relato escrito). Daisy es la voz que nos describe al amor de su vida: Un hombre cuyo organismo viaja al pasado mientras su vida, como la nuestra, fluye hacia el futuro a una velocidad de un segundo por segundo. Un ser con una condición fantástica... que, sin embargo, no le convierte en un monstruo de circo, un objeto de persecución o un mísero antihéroe. Si la idiotez y ternura de Forrest Gump eran el motor de mil situaciones extraordinarias, el rejuvenecimiento progresivo de Button no desencadena ningún hecho relevante ni afecta significativamente la relación con ninguno de los personajes... Excepto con Daisy, aparentemente. ¿Por qué sólo con ella?  Salimos del cine pensando que el romance no empezó antes porque Benjamin Button era todavía demasiado viejo  y terminó antes de tiempo porque se estaba volviendo demasiado joven... Pero si revisamos la película con cuidado descubrimos que, en ese universo en el que las edades de Button no importan un pimiento, los obstáculos a los que se enfrenta esta pareja son los mismos a los que se enfrenta todo hijo de vecino. La del Button cinematográfico es la historia de un hombre que tarda en consumar su amor por cobardía y lo manda todo al carajo por tedio. En la triste relación entre de Button y Daisy, bajo lo fabuloso, impera la vulgar condición humana de toda la vida. ¿Qué director es capaz de hacer una descripción tan bella de la mediocridad?

 

Fincher 5
Benjamin Button a diez minutos de los créditos finales.

 

Los efectos especiales que permiten que las edades de los personajes avancen en direcciones opuestas podrían entenderse como un acto de exhibicionismo digital, una complicación al servicio de un público que demanda credibilidad visual, otro capricho de Fincher centrado en las posibilidades de un nuevo software... Sería injusto que pasásemos de alto una de las ideas más brillantes que este director ha tenido en toda su carrera: El segmento en el que ni Cate Blanchett ni Brad Pitt necesitan ningún tipo de maquillaje especial ni retoque digital coincide exactamente con la parte del relato en la que sus personajes no tienen ningún obstáculo para amarse el uno al otro. Como si Fincher, por encima de las ánsias de perfección visual, fuese consciente de que el efecto especial arrastra defecto, de que la mentira nunca es total, de que hay un grado de naturalidad que se sacrifica con cada capa de píxeles o látex. Y, en consecuencia, decidiese llevar todas esas limitaciones a favor del relato.  ¿Cuántas veces hemos contemplado un efecto especial que tiene pleno sentido... por ausencia?

 

Una brillante reflexión de Noelio.

 

(1) Por cierto, este recurso se usa en un sentido diametralmente opuesto a The Filth and the Fury, el fantástico documental dirigido por Julian Temple que recogía la carrera de los Sex Pistols. Allí, las fechas sobreimpresas tenían el asombroso efecto contrario, la revelación de que los desmadres y catástrofes que tu cerebro presuponía que habían cubierto varios años años, en realidad habían sucedido en menos de quince días.

 

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04 enero, 2011 - 01:40 - Nacho Vigalondo

Mi siguiente cortometraje

Localizando 

¿Es la secuela de Bourne que dirigió Antonioni? No, es un servidor buscando localizaciones mientras atiende a su madre.

 

 

Si no he tenido tiempo de felicitaros nada estos días es porque no me quedaba ninguna mano libre. Estoy terminando de rodar Extraterrestre, mientras le doy los últimos toques a la novena versión del guión de Followers AKA Windows, allanando el terreno mientras la preproducción se pone en marcha. Y como quiero prevenir cualquier futura travesía en el desierto ya estoy terminando el tratamiento de Santander, mi siguiente largo de escala reducida, una historia de la que, de momento, sólo puedo adelantar que aborda un subgénero virgen en España.

 

¿Echamos algo en falta? ¡Hace ya seis meses que hice mi último corto! La buena noticia es que, a partir de mi colaboración con el festival PEPSI FILMS tengo que hacer el siguiente CAGANDO LECHES. Este es el vídeo que hice como presentación de la convocatoria:

 

 

Antes del día 22 ya se habrá colgado mi propio corto. El título, probablemente, sea CONSUELO, y, aunque no garantizo que salgan las luces de colores y el clip gigante, prometo que algo de lo que habéis visto en mi presentación reaparecerá. 

Aquí va un fragmento de la charla que di en en el Instituto de Cine de Madrid al respecto. Hay bastantes spoilers autorizados de Extraterrestre:

 

nsituto de Cine Nacho Vigalondo - Master Class 20 Diciembre from Instituto del Cine Madrid on Vimeo.

Si les resulta demasiado fácil localizar el product placement, diviértanse contando las veces que pronuncio “¿no?”.

No podía terminar esta entrada sin dejar de mencionar la intensa reacción que provocó mi anterior post. Me siento muy feliz de haber aportado algo al debate, y me alegro de encontrar tantas respuestas ilustrativas. Reconozco que es más lo que tengo que aprender que lo que tengo que impartir. Si me atreví a describir mi opinión es porque creo que las posturas conciliadoras, las que buscan definir soluciones en vez de señalar culpables, son más urgentes que nunca. Si hay algo contra lo que sé que debo luchar es contra los maniqueismos, la descripción manipulada de un enfrentamiento de buenos y malos. Es algo que detesto en la vida real tanto como en la ficción. A partir de ahí, sigo leyéndoos. 

 

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24 diciembre, 2010 - 04:48 - Nacho Vigalondo

Otro creador

Ah, Internet... Tengo clarísimo lo que le debo, y no me refiero a que alguna vez se me haya saludado en la calle antes por mi Twitter o por este blog que por mis películas. Sé perfectamente que, de no ser por Internet yo no habría sido capaz de terminar mi primera película... Durante el año 2007, el más oscuro de toda mi vida, pude comprobar que nadie en España daba un duro por Los Cronocrímenes, y me hacía a la idea de que no podríamos  estrenarla, ni siquiera completar su postproducción. La luz llegó cuando uno de los programadores del Fantastic Fest tejano, alguien que me conocía por los cortos que había colgado en youtube, me pidió un premontaje de la película para considerar su selección en el festival. A partir de ahí todo cambió.

 

No sólo eso. A día de hoy, el mejor regalo que me ha dado la película es la cantidad de países donde se ha visto, y donde se sigue descubriendo. Es un deleite no entender las reseñas en ruso, en coreano, en griego, en japonés... Comentarios que han venido a menudo desde países donde la película no ha sido oficialmente distribuida. ¿Me explico?

 

Si a todo esto le sumamos el buen resultado que ha tenido la película en Netflix no puedo más que añadir que, por el momento, mi carrera le debe casi todo a Internet.

 

Pero aquí he venido a poner todas las cartas sobre la mesa, y no tiene sentido ser sincero si sólo se apunta en una dirección: Internet es uno de los principales motivos por el cual el cine que precisamente más me gusta como artista y consumidor tiene una rentabilidad cada vez más difusa. El cine franquiciado, las grandes sagas que encuentran múltiples formas de publicitarse siguen ahí arriba, acaparando multicines y jugueterías. Pero el abismo que hay entre lo que recauda un Harry Potter y un proyecto más modesto, con un guión no adaptado y un director impredecible es cada vez más grande. Esto no quiere decir que dejen de producirse películas más allá de Narnia y Avatar, pero sí que un largometraje sin actores de primera fila y un guión algo más desafiante de lo habitual tarde mucho más que antes en financiarse, en el mejor de los casos. Esto es así en Hollywood y aquí.

 

A mí me supone una lucha constante:La razón por la que rodé este verano una película minúscula como Extraterrestre es porque tenía la necesidad vital de rodar algo antes de que acabase este año, y tenía la seguridad de que mi siguiente proyecto, el guión cuyo contrato firmé en el lejano Noviembre de 2008, todavía tendría mucho camino por recorrer, muchos despachos que visitar. Antes de aplaudirme sabed que se trata de una película “minúscula” pero en la que los sueldos han sido dignos (bueno, algunos, como el mío, se han capitalizado). Vamos, que nos hemos mantenido por debajo del millón de euros de presupuesto, pero no tan por debajo como nos gustaría. Y tenéis que saber que para conseguir el presupuesto necesario fue necesaria una ayuda del Gobierno de Cantabria. Sí, amigos... Una subvención... Alguno empieza a afilar su cuchillo...

 

Tengo que reconocer que estoy atravesando una etapa dulce. Gracias a la confianza que ha generado el premontaje de Extraterrestre ya estamos recibiendo ofertas de coproducción, distribución y ventas internacionales. Y parece bastante seguro que Followers se ruede el año que viene... ¿Tengo motivos para quejarme de algo?

 

Sí, si soy honesto. Percibo una desaceleración en varios frentes. A mi alrededor cada vez se desarrollan menos proyectos, y cada vez más despacio. Algunos colegas, de mi generación y la que nos antecede, algunos con trayectorias impecables, viven en un estado de constante incertidumbre. Lo peor es ir a un festival de cortos y comprobar que los que siguen batallando son los mismos cortometrajistas de hace cinco años, un tapón generacional que hace tiempo era impensable. Y es que, en un mercado cada vez más inseguro, cada vez es más difícil confiar en un debutante. Es algo que intento transmitir cada vez que tengo un encuentro con estudiantes de cine o cortometrajistas: Cada día que pasa es más difícil dar el salto.

 

Esto último me jode especialmente: Amo el cine por la vez que me metí en una sala vacía en Vitoria y vi Reservoir Dogs, por el día en que vi en los cines Bahía de Santander Acción Mutante. No me remito a la nostalgia ni al romanticismo de la sala oscura. Hablo de esa sensación irrepetible que te inunda cuando ves algo nuevo que llega de ninguna parte y te transforma de lleno. Hablo de la posibilidad de renovación, de sorpresa. Lo que me jode es percibir cómo, lentamente, esa posibilidad se está reduciendo en algunos países como el nuestro.

 

Porque el cine no franquiciado es cada vez menos rentable.

 

En parte por el intercambio masivo de archivos en Internet.

 

Me gustaría pensar que, hasta aquí, estamos de acuerdo.

 

El rechazo a La ley Sinde ha devuelto a primer término estas cuestiones. Ciertas voces, entre ellas representantes de esa comunidad que termina de solidificarse en el imaginario popular con el nombre de “los creadores” han expresado públicamente su indignación ante lo que consideran la rendición cobarde ante una actividad que no por colectiva deja de ser un delito.

 

Frente a estas voces, el último blog y el último foro que has visitado proclama que con el fracaso de esta ley se evidencia una vez más que el modelo de negocio en el que se basa el cine tiene que replantearse de lleno, en vez de luchar por recuperar una relación con el consumidor que ha cambiado de forma irreversible.

 

Las cartas siguen sobre la mesa: Yo me encuentro en este segundo grupo.

 

Por eso me hago las siguientes preguntas: ¿Es posible cambiar de lleno las estrategias de distribución y exhibición y conseguir el nivel de beneficios necesario para producir más cine? ¿Podemos rebajar el precio de las entradas, o establecer diferencias de precios según ell tipo de película, sin desestabilizar el mercado? ¿Podemos producir un cine gratuíto, buscando patrocinios, añadiendo publicidad al visionado o pidiendo más participación del estado? (quizás no sepas que sólo ALGUNAS películas reciben subvención, y ese dinero es sólo PARTE del presupuesto final). ¿Podríamos sostenernos con donativos o cantidades simbólicas por parte del espectador? ¿Es el crowfunding una actividad sostenible o sólo funciona como experimento puntual? ¿El futuro está en portales como el excelente Filmin.es? ¿Podemos producir películas a partir de los beneficios en un Spotify audiovisual? ¿Tiene cabida Netflix en España? ¿Es suficiente el número de gente en nuestro país dispuesto a pagar una cuota fija a cambio de ver películas online?

 

¿Tiene sentido que las empresas de telefonía cedan parte de sus beneficios por los contratos ADSL en concepto de propiedad intelectual?

 

Voy a responder todas estas preguntas con la misma respuesta. Cuidado, se trata de una sentencia a la que no estarás muy acostumbrado de un tiempo a esta parte, un pensamiento erradicado la práctica totalidad de blogs, foros y redes sociales que has visitado de un tiempo a esta parte:

 

No lo sé.

 

Envidio a los que son capaces de responder a esas preguntas con rotundos síes o noes, no cuento con los datos que manejan. La única certeza que comparto con ellos es la primera de todas: La industria cinematográfica ha de dar un paso adelante si quiere seguir siendo rentable. No hay vuelta de hoja.

 

Es algo que también le digo a los cortometrajistas: Vamos a ser los primeros cineastas de una nueva época. Vamos a poder ser pioneros en algo.  

 

Las quejas que ha suscitado la Ley Sinde han sido motivadas por, entre otras cosas, una descripción demasiado abierta de las motivaciones delictivas tras la vulneración online de la propiedad intelectual ¿Qué incluye el “lucro directo e indirecto” o la “violación del daño patrimonial”?. También ha pesado el poco detalle en la descripción del delito: Por ejemplo, no se distingue a la página que alberga un contenido no autorizado de la página que enlaza a la anterior. Para entendernos, no distingue a Megaupload de Seriesyonkis. ¿Dónde reside el delito exactamente? Da igual lo que consideremos nosotros, lo que debería hacernos pensar es que el texto no contempla esta cuestión. No puede hacerlo, con un lenguaje tan desactualizado. O sea, que ante una realidad que muta a velocidad de vértigo se plantea una ley bastante agresiva que, sin embargo, es tan poco precisa que podría haberse escrito hace quince años.

 

De todos los argumentos que se han planteado contra la Ley Sinde el que más me ha mosqueado siempre ha sido el de que no tiene sentido cerrar páginas web por un delito que los jueces ya han dado por sobreseído, o sea, se da por hecho que la legislación vigente es perfectamente válida, punto pelota. También me han hecho pensar las defensas del intercambio de archivos P2P exclusivamente basadas en su legalidad, a partir del lo que se formuló en el derecho a copia privada... hace quince años.

 

 

¡Un segundo! Acabas dándote cuenta de que entre las voces contrarias a la Ley Sinde abunda cierto conservadurismo en lo que concierne a cualquier responsabilidad que no sea la del propio sector audiovisual. Ese al que se le pide que salte sin red hacia no-sé-landia.

 

Hay un momento en el que, en lo personal, se reconoce la poca honestidad de los portales que se sostienen gracias al tráfico de links a obras ajenas, pero se acepta que la situación es la correcta, porque la ley no puede hacer nada. 

 

¿Alguno de los contrarios a la Ley Sinde ha propuesto una corrección del texto, una alternativa? ¿O se sobreentiende que con tumbarla todo está solucionado?

 

 Mientras pedimos al otro al otro que de un paso adelante... ¿Nos resulta más cómodo quedarnos detrás?

 

Me preocupa que le exijamos a la industria audiovisual que sea consecuente con las constantes mutaciones tecnológicas y que abandone un pasado que ya no existe... mientras encontramos reconfortantes las leyes pertenecientes a ese mismo pasado. La Ley de Propiedad Intelectual data de 1987, un año en el que, como dice Nacho Escolar, lo más parecido a Internet era Naranjito. ¿Le pedimos a las distribuidoras y productoras que se propulsen hacia el futuro con semejante contrapeso? 

 

¿Es capaz el sector audiovisual de asumir lo que le pedimos y reinventar por completo su modelo de negocio, sin que haya una reforma radical de la Ley de Propiedad Intelectual que favorezca esa transición?

 

Tampoco lo sé. Pero intuyo que no. 

 

Por eso creo que es justo que tengamos presente esta posibilidad, que no le tengamos miedo a una alteración de las leyes justa y ordenada...  sin miedo a que esto implique el futuro cierre de determinados chiringuitos. A ambos lados del muro.

 

Algo que pudo empezar a esbozarse cuando la industria musical giró ciento ochenta grados, hace tan poco tiempo. Por cierto ¿Ha sido Spotify el punto final de la transformación? ¿Es rentable sacar un disco de éxito? ¿Cómo está a día de hoy la situación de tantos músicos que, sea por el motivo que sea, no pueden plantearse la actuación en directo? ¿Hemos dado ese debate por concluído?

 

Más y más preguntas a las que contesto “no lo sé”. 

 

Y de regalo:


UN RELATO DE CIENCIA FICCIÓN APLICADA

 

Hay una idea que me gusta manejar, la del crononacionalismo. Imaginemos por un momento que somos capaces de establecer un sentimiento de comunidad no basado en los límites geográficos, sino temporales. Imaginemos que somos capaces de identificarnos como los representantes y responsables de un lapso de tiempo que, pongamos, cubre una o dos generaciones. A partir de ahí, pensamos en nuestros muertos desde cierta distancia y tratamos a los bebés con cariño, pero identificándolos como a “los otros”.

 

Entonces, un sentimiento de cronocompetitividad nos empuja a dejar en entredicho los logros de las generaciones que nos preceden (algún radical llega al extremo de reescribir los libros de historia, de llenarlos de debilidades colectivas y errores en masa) y a intentar dejar el listón bien alto a los que vendrán. Nos obsesionamos con la posibilidad de que nuestra presencia en la historia sea un lapso brillante.

 

El crononacionalismo tiene múltiples aplicaciones. Si fuésemos crononacionalistas, por ejemplo, sabríamos resolver en semana y media la situación que ha alimentado este post... Si fuésemos crononacionalistas nos daría pánico la posibilidad de que se nos recordase por los que lo redujeron todo a un cruce de insultos, un baile de leyes borrosas y cien chistes a costa de Alejandro Sanz.  

 

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19 diciembre, 2010 - 20:42 - Nacho Vigalondo

Consideraciones a partir de Tron: Legacy

 

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Ultrashow

 

Ayer vi con Xavi Daura Tron: Legacy. Estos son algunos de los temas discutidos a la salida del cine:

 

1

 

Los aficionados a los videojuegos están acostumbrados a que las secuelas de un éxito no pretendan prolongar la experiencia del original, sino repetirla. Cuando uno juega a las continuaciónes de videojuegos como Bioshock, Dead Rising, Gran Turismo o Silent Hill no busca una ampliación significativa de las posibilidades del oiriginal, sino una forma de volver a disfrutar una experiencia similar, con las actualizaciones justas. Así, el exceso de novedades suele estar tan mal visto como su ausencia total.

 

Tron: Legacy funciona como una secuela en ese mismo sentido, no es una continuación del original, sino una invitación a ver lo mismo, en el mismo orden y con prácticamente los mismos elementos. Por ejemplo, el combate de motocicletas de luz, una secuencia cuyo impacto cultural ha crecido significativamente respecto a las demás en el Tron original, en Legacy conserva el mismo tamaño, entidad y función dramática.

 

Es algo que hemos visto antes, un fenómeno que quizás inició de forma prematura Cazafantasmas 2 y que llegó a su máxima expresión en el Superman de Brian Singer: La secuela que le debe tanto al espectador nostálgico que acaba convirtiéndose en una adaptación del recuerdo del original, en un remake fuera de su tiempo. Si en Tron: Legacy quitamos un diálogo en el que se menciona el Wi-Fi, el deshielo de los casquetes polares y la guerra en Oriente Medio, tendremos un guión que podría haberse filmado un año después que el Tron original.

 

2

 

El protagonista de Tron: Legacy tiene el glamour a pie de calle habitual de las películas de Jerry Bruckheimer, en las que solemos ver ropa carísima con manchas de grasa. El chico vive en un apartamento de ensueño, pero debajo de un puente. Cuando le describe a su padre cómo es su vida real deja bien claro que su perro es callejero, aunque hayamos visto en las primeras secuencias que en realidad es un adorable Boston Terrier (con cierto parecido a nuestro idolatrado Miguel Noguera). Este desajuste no dibuja a un personaje cínico, sino el cacao mental que domina el desarrollo de este tipo de producciones.

 

3

 

Los productores son tan conscientes del plato fuerte que supone la participación de Daft Punk en el asunto, que les han cedido un generoso cameo: Son los pinchadiscos en una fiesta que acaba como el rosario de la aurora. Si mi memoria no falla, llegan a sonar tres temas musicales consecutivos, perfectamente sincronizados con los giros de guión. Es una curiosa fusión entre los Daft-Punk compositores de la banda sonora y los Daft Punk que amenizan una fiesta ficticia, y a los que un asalto armado les parece motivo suficiente para cambiar de temazo. Imagínate que hay un incendio en un garito, y el DJ, en vez de huír aprovecha la ocasión para pinchar a capón Disco Inferno.


 

4

 

No sé si agradecer o lamentar que en Tron: Legacy apenas se molesten en aclarar las diferencias entre las necesidades de la vida orgánica y la que se da en el universo digital. Jeff Bridges ha envejecido dentro de la máquina como lo hubiese hecho fuera de ella. Eso sí, convertido en una suerte de ermitaño de diseño que vive en un apartamento zen donde el agua gotea al revés. ¿Ha olvidado sus necesidades terrenales, las ha despachado? ¿Ha tenido algún encuentro sexual con Olivia Wilde? La secuencia en la que comen todos juntos da que pensar que, en contra de lo que sugiere el ascetismo sintético del lugar y los antiquísimos volúmenes de obras clásicas (¿de dónde han salido?), el tipo está dándose a la buena vida: A ver, no pido que coman tofu con forma de prisma, pero ese cochinillo asado que dejan casi entero me parece una señora provocación.

 

5

 

La actualización de los gráficos en Tron: Legacy ha dejado atrás uno de los aspectos que más me perturbaban en el original: Los ¿giros? de noventa grados que daban las motos, dejando un rastro lleno de ángulos rectos exactos, igual que los que trazaban sus equivalentes en una máquina recreativa de la época. Aquella física antinatural sacrificaba todo resto de realismo en la escenificación, pero de un modo más que consecuente con las posibles leyes de ese universo. En Tron: Legacy la única forma de recordar que la unidad mínima de existencia en ese entorno programado es el píxel grueso es que los personajes, al morir, se descomponen en una especie de cubitos Avecrem.

 

6

 

Hay un momento en el que Jeff Bridges dice: -”Es como una caja fuerte que sólo puede abrirse desde afuera”.

 

O sea, como una caja fuerte. 

 

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02 diciembre, 2010 - 04:29 - Nacho Vigalondo

De dónde vienen los padres (1)

Ya he hablado del tema: Las acusaciones habituales de plagio son una simulación de criterio que, en realidad, suelen revelar la poca cultura audiovisual del denunciante. El error más frecuente que suelen cometer es pensar que la película nace el día que uno la ha visto. 

 

El día que se conoció la nominación al Oscar de 7:35 de la mañana surgieron algunas quejas a propósito del parecido con el videoclip Lágrimas de plástico azul, de Joaquín Sabina, y  el de la canción con el tema principal de Los lunnis. Para haber manejado cualquiera de los dos referentes, hubiese tenido que haber viajado en el tiempo antes de escribir la primera versión del guión.

 

En cualquier caso, nada viene de la nada. Los referentes son inevitables, no sólo como vía para la inspiración, también como herramienta a la hora de transmitir tus ideas, ya sea a financieros y productores, ya sea a tu equipo artístico. En la publicidad de hoy en día, en gran parte del cine mainstream, es imposible explotar recursos inusuales si no han sido aplicados antes por otro.

Ahora que ha pasado el tiempo tengo menos pudor a la hora de confesar de dónde vinieron ciertos aspectos de 7:35 de la mañana.

De los cuatro que voy a contaros, el primero es el que más manoseamos en su momento. Tenía muy claro que la textura visual del corto pasaría por un blanco y negro con más luces que sombras, muy contrastado, con un grano muy vivo... En otras palabras, quería que pareciese un videoclip de Anton Corbijn. Esa fue la simplona instrucción bajo la que Jon Díez compuso la fotografía en el primer trabajo que hicimos juntos... A día de hoy no me atrevería a ser tan tajante con Jon, jamás impondría una única referencia, ni siquiera unas pocas en la misma dirección, sobre todo ante el talento que tiene Jon para entender y combinar entre sí referencias muy dispares... Pero por aquel entonces estaba cagado de miedo. El resultado del corto era tan incierto, por tantos motivos, que adaptarse a un sendero recorrido en el tema fotográfico me pareció un pecado menor. El trabajo de Jon fue impecable, pero a años luz de todo lo que haría mas tarde.

 

De todo el material en blanco y negro de Corbijn, este video es el que más se acercaba a lo que esperábamos que pareciese el corto. Se trata de la proyección que acompañaba a la canción It´s no good en la gira Exciter, de Depeche Mode. 

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30 noviembre, 2010 - 00:02 - Nacho Vigalondo

Te llevas dos, pagas uno

Gracias, Elio Quiroga, gracias, Jordi Costa. La acción combinada de ambos ha propiciado un fin de semana fantástico.

Los Trash entre Amigos habímos sido convocados en Las Palmas como parte de la programación del Mediafest, haciendo dos sesiones, el seguimiento micro en mano derecha y cerveza en la izquierda de la involuntariamente metafísica Dragon Blood AKA John Liu en México el viernes, y de la espectacularmente hedionda Ratman el sábado.

 

Ratman, un milagro de la genética-mierda. Un ser superior dotado, según palabras textuales de su bochornoso creador, del “instinto de una rata y la inteligencia de un mono”. Ratman, lo mejor de dos mundos.

 

La película que se había proyectado justo antes fue Symbol, de Hitoshi Matsumoto, uno de esos seres humanos extraordinarios que combinan vidas aparentemente incompatibles. Es, a la vez, un comediante televisivo de pedorretas y un cineasta de prestigio acariciado por el festival de Cannes. El precedente que nos viene a la cabeza es el de Takeshi Kitano, el  autor que trazó una línea recta entre Humor Amarillo y el León de Oro. Matsumoto quizás consiga dar un paso adelante respecto a él a la hora de trasladar a sus películas esta doble naturaleza: Tanto Big Man Japán como Symbol, sus dos películas hasta ahora, funcionan fotograma a fotograma como un sofisticadísimo, inalcanzable discurso existencial en torno a la experiencia, el dolor y la ascensión, y a la vez, como esos efectos ópticos que muestran dos ilustraciones en una, como una gigantesca cuchufleta.

 

 

No hay mejor manera de prolongar esa dualidad mágica que viendo Symbol como la vimos este sábado, en una plaza al aire libre, escuchando risas de niños a nuestras espaldas por un lado, y tras la introducción exquisita de Jordi Costa por otro. A él le debo, como tantos, haber dado con Matsumoto, gracias a su mención en las páginas de Una risa nueva, su antología de textos e historietas acerca de las nuevas fórmulas que ha desarrollado la comedia de un tiempo a esta parte. 

 

Quiero insistir en el valor que doy al hecho de que una obra se arriesgue a parecer su opuesto, y no tenga miedo a provocar la confusión del observador poco afinado, en una época en la que las películas se esfuerzan tantísimo en parecer lo que son, y diseñan y adoctrinan a su público desde mucho antes de su estreno. Creo que hay algo definitivamente noble en el hecho de que una película no tenga una silueta adocenada. Es algo que confieso pretender con mi cine, y que pondré en práctica mientras me lo sigan permitiendo: Prefiero invocar al relato de baja estofa y a la alta ambición argumental, aunque sean realidades contradictorias, antes que a la eficacia, a ciertas complicidades previas, a ciertas familiaridades. Ya tendré tiempo de hacerme un señor mayor afectado por los palos y empezaré a dejar senderos de migas de pan para que nadie se pierda. De momento quiero dejar bien claro que, hoy por hoy, Hitoshi Matsumoto y su obra representan para mí un ideal.

 

ADEMÁS: 

-Entrevista en el diario mexicano Milenio 

Palancadecambioportada

-Esta es la portada del número de Palanca de Cambio donde también me entrevistaron

-Y aquí el enlace al Radioshock al que fui invitado, cortesía de Popy Blasco

 

 

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24 noviembre, 2010 - 01:47 - Nacho Vigalondo

Un saludo a todos

Aarón Soto y Cathly Alberich, dos amigos a los que espero no perder de vista jamás, me grabaron una entrevista durante el último día que pasé en Tlalpujahua y con ella montaron este video fantástico. Gracias, chicos. Aunque pierdo el totalmente el control sobre mis gestos y mi cadencia del habla, creo que habéis conseguido que lo que digo merezca la pena un poco más de lo habitual.

 

 

Por lo demás, os tengo que pedir disculpas, lectores. He sufrido una avalancha en lo personal y profesional de la que estoy escapando poco a poco, pero que todavía me mantiene atenazado, con poco margen. Es una pena, he tenido la suerte de participar en una serie de encuentros de los que debería dar cuenta con más detalle, porque esto es un BLOG.

 

He estado en el Focopalooza, extrapolación del legendario John Tones en forma de festival, he pasado un fin de semana memorable en el Encuentro Interestelar de Bloggers, gracias a Luna Miguel, Popy Blasco me invitó al último y divertidísimo Radioshock, (todavía no está colgado), recibí un galardón inesperado y bastante abrumador en el Festival de Alcalá, ví al mejor grupo del mundo con la mejor compañía, y después quedé con Nahikari para el postre. Hoy le di una charla a unos farmacéuticos fantásticos y este fin de semana vuelvo al Trash entre Amigos, en Las Palmas. No quiero ponerme sentimental (esta noche no hay más remedio) pero, a medida que me hago mayor valoro más el encuentro personal, por muy accidentado que sea, más allá de los tenderetes que nos montamos por aquí. Sigo buscando una fórmula para hablaros de todo como creo que debería.

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Johnblascopopytones 

 

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