Sobre el Blog

El director Nacho Vigalondo les invita a ver el cine desde su humilde perspectiva: "Si mis películas le parecen una birria, al menos déjeme intentar caerle bien".

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Nacho Vigalondoya ha estrenado 'Los Cronocrímenes' , además define futuros proyectos de misterio, romance y ciencia ficción. Su corto '7.35 de la mañana' fue nominado al Oscar en 2005.

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06 diciembre, 2009 - 07:49 - Nacho Vigalondo

Se vigila lo que se puede

 

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Más de una vez un internauta me ha reprochado que siempre que, durante una entrevista, pongo un ejemplo de película descubierta gracias a una descarga siempre digo el mismo título: Yo vigilo el camino, de John Frankenheimer (quizás sea el mismo internauta que menciona el tema en los comments del post anterior).

Es una metedura de pata repetir la misma película, y creo saber por qué la meto. Siempre es una sorpresa toparse con una película que te aturde sin haber sabido de ella en las listas y referencias habituales. Pero lo es aún más cuando dicha película, además, cumple todos los requisitos que sostienen las películas encumbradas por la cinefilia ortodoxa. En este caso, a saber: Comentario social, ambigüedad moral, complejidad emocional, tensión sexual, estallidos de suspense y violencia, un universo con tradición literaria, una combinación de estrellas confirmadas y talentos emergentes en el casting, dirección clásica, pero con destellos de modernidad... ¿Entonces por qué I walk the line no es el clásico resabido que podría ser?


En realidad, es una proyección del caso de su director, John Frankenheimer, un director que, pese a recoger la mejor tradición de sus antecesores y a la vez anticipar técnicamente mucho cine posterior, a pesar de conseguir esa insólita mezcla de espectacularidad y amargura en sus mejores películas, todavía arrastra cierto sambenito de segunda división. Sólo nos queda especular.


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Una lección de cine: Un mismo escenario, la presa que domina el pueblo, se presenta tres veces dentro de la misma película, desde el mismo eje geográfico, pero el acabado en composición, luz y ópticas es radicalmente distinto, y sirve a propósitos que se triangulan.


La tésis: Un policía contempla su vida y su futuro como una carga insostenible:

I walk the line 1


La antítesis: La aparición de una chica en su vida le plantea la posibilidad de escapar para siempre:

I walk the line 2


La síntesis: Todo le lleva al crimen:

I walk the line 3

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No me considero poseedor de una cinefilia tan vasta como para soltar temeridades grandes, pero me arriesgo a pensar que Yo vigilo el camino trata un tema no tan frecuente como parece: El fracaso de la condición masculina. Es fácil encontrar películas que plantéen la tragedia femenina desde muchísimas perspectivas, también hay películas críticas con un estamento social, con una época, con las relaciones de pareja vistas como una convención, o una inevitabilidad. Pero el cine ha incidido menos veces de lleno en la fragilidad del hombre desde su condición sexual (y no me valen las comedias de iniciación adolescente, siempre con final feliz). Ahora pienso en algunas películas de Woody Allen, en La noche de la Iguana, de John Houston, en El Seductor de Don Siegel, Las dos caras del doctor Jekyll, de Terence FisherVete de mí y Más pena que gloria de Victor García, o, vista hace poco (agárrense) Beowulf, de Robert Zemeckis. En ellas se desmantela el poder del macho (o del macho alfa, incluso) sin piedad.  

Yo vigilo el camino es, como casi todos los thrillers policíacos que darían los setenta, el retrato de una sociedad corrupta a través de las actividades delictivas de los agentes de la ley. Pero en todos ellos el policía rara vez es consciente de sus contradicciones éticas. Y siempre se le retrata, venga o no a cuento, como un triunfador en cuestiones amatorias. Siempre me acuerdo de la secuencia metida con calzador en French Connection en la que se nos deja claro que Popeye Doyle folla todo lo que quiere. Pero Gregory Peck, en esta pelicula, carga con el peso de la culpa desde el primer plano, incluso antes de cometer cualquier delito. Y su cana al aire acaba siendo el último clavo en su ataúd.

24 noviembre, 2009 - 10:36 - Nacho Vigalondo

¡Epa!

Si hay un género desdichado, es el de esos comienzos de post que se quejan del poco tiempo que uno tiene para contar las cosas que sólo pasan cuando uno tiene poco tiempo. Acumulaba cuestiones que se iban a quedar en el tintero si no les prestaba una mínima atención, y contaminado por las dinámicas twitteras y facebookeras, aquí resuelvo 3.  

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Hice un papel en Bicho Malo, esa serie de técnica improvisada que se emite en Antena 3 Neox (no he conseguido embeddear el video:

http://www.antena3videos.com/video/4626/neox/bicho-malo-capitulo-25?start=0&end=100

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Los Cronocrímenes se llevó el premio IGNOTUS, que entregado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, a la mejor producción audiovisual del año pasado. Me siento particularmente orgulloso de que nos llevemos un premio especializado. Creo que voy a intentar llevar la ciencia ficción al cine durante toda mi vida, y espero mantener el afán de contar historias que, puedan o no llegar al gran público, al menos puedan ser disfrutadas (o discutidas) por el aficionado curtido. ¡Muchas Gracias!

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Y por último, un aviso... En el horizonte se perfila un NUEVO TRASH ENTRE AMIGOS, edición especial 35mm. Esta vez hay posibilidad de comprar online entradas anticipadas. Hasta ahora han volado en un suspiro, así que anden listos.

I walk the line 1
De esto va el siguiente post.

Por cierto, el "¡Epa!" del título era premonitorio. Ya he arreglado el enlace al capítulo.

 

17 noviembre, 2009 - 06:20 - Nacho Vigalondo

Ventanas que se abren hacia adentro

 


Río Conchos, de Gordon Douglas, o la que algunos de los fans llaman “Apocalypse Now en el Oeste”, es uno de esos tesoros ocultos para el fan del Western. Pero no hace faltar entrar en el club para apreciar la extraña espectacularidad y amargura de esta película.

Se estrenó en el año 64, lo que la coloca en una curiosa posición. Siendo un western norteamericano, todavía se sitúa dentro de la corriente ortodoxa y legendaria. Pero se estrena el mismo año que Por un puñado de dólares, la revulsión artística y comercial que le daría vuelta al género para siempre. Río Conchos no puede estar influída por el Spaguetti Western, pero asombrosamente funciona como una premonición de todo lo que llegaría a partir de entonces: El Oeste que retrata es sucio, escéptico y desganado. La guerra civil está tan presente como el conflicto apache, y como resultado, hay tanta violencia cruzada en tantas direcciones que cualquier idealismo parece estéril. De hecho, los personajes nobles son los que menos hablan y deciden durante toda la película. Y la imagen que parece resumir el estado de la situación es la más desesperada de todas: Una nativa amamantando un bebé muerto.


Pero si nos fijamos en la parte técnica hay muchas más advertencias de lo que será el western a partir de entonces. Advertencias o algo más. Llamo a Patxi Urkijo, a quien le debía ver esta película hace tiempo, y me confirma que Sergio Leone la vió antes de filmar La muerte tenía un precio, arrastrado hasta la sala por insistencia del mismísimo Sergio Corbucci. Conociendo este hecho, es mucho más fácil entender hasta qué punto Rio Conchos ha acabado siendo uno de los westerns más influyentes de todos los tiempos.


Hasta entonces, los westerns estaban marcados por las necesidades de estudio en lo que concierne a relación de exteriores e interiores. La mayor parte de las veces, la continuidad entre los decorados de estudio, y los exteriores naturales se resolvía por montaje o truca. Por eso los salones, comisarías y hoteles tendían a ser opacos. Por eso casi nunca la cámara seguía a los personajes de un interior a un exterior o viceversa.


En Rio Conchos los tres personajes más dramáticos y decisivos de la película son presentados en interiores... que a la vez funcionan como exteriores, una solución drástica para la época y el género, y más y más extravagante a medida que avanzamos en la película.


El Mayor Lassiter (Richard Boone) vive en una casa tan marcada por la tragedia como él mismo.

Conchos1



Juan Luis Rodriguez (Anthony Franciosa), el personaje con el diseño más cruel de toda la película, es un criminal que espera la horca dentro de una extraña cárcel en un entresuelo con visión panorámica del exterior. Nada que ver con el habitual ventanal con barrotes.

Conchos2

(Perdonad que no respete el formato de pantalla a partir de aquí, la edición española del DVD tampoco lo hace)


Y la gran sorpresa nos la da la mansión donde vive el Coronel Pardee (Edmond O'Brian) el Coronel Kurtz de nuestra historia. Todo un cuadro surrealista, en la acepción más responsable del término. La locura de este personaje le ha llevado a construír una mansión siguiendo un orden demencial. El resultado es la proyección de un delirio de grandeza definitivamente extraviado.

Conchos3


Un espacio interior en el que, sin embargo, el viento puede soplar y anunciar un estallido de violencia...

Conchos4


Y un marco espectacular y lleno de simbolismos para un clímax perfecto.

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Cualquier amante del western moderno podrá apreciar hasta qué punto todas estas extrañas soluciones tendrían eco más adelante. El buen western de los sesenta hasta hoy estaría marcado por unas continuidades llenas de significados, y técnicamente complejísimas, entre el espacio interior y el exterior, y la relación entre el personaje y ambas dimensiones.

Se nos pueden ocurrir pocos escenarios más alucinantes y extraños que los rodados por Leone, abiertos y cerrados a la vez, como la estación de tren del prólogo de Hasta que llegó su hora. Ahora podemos intuir de dónde vienen.

03 noviembre, 2009 - 00:42 - Nacho Vigalondo

Miguel Noguera y el Ultrashow

Si Miguel Noguera representa con más fuerza que nadie al humorista de vanguarda, su Ultrashow es la anticipación de lo que sería una ronda de chistes en un refugio post-atómico, o ante las ruinas de La Sagrada Familia. Si el mundo se acaba en el 2012 al menos podremos decir que alguien rozó con la punta de los dedos los límites expresivos de lo gracioso. Y si la humanidad sobrevive, después de Noguera sólo nos quedará volver a los chistes de gitanos, gangosos y mariquitas. Algo similar a lo que se propone en la secuencia última de 2001, una odisea en el espacio: Tras acceder a los misterios del monolito, sólo queda chuparse el dedo en pelotas. Aquí Noguera representaría al monolito.

Este entusiasmo aquí y ahora viene dado porque el miercoles que viene (4 de Noviembre) habrá un Ultrashow en el Teatre del Raval, en Barcelona, a las 21:30 y me encargaré de registrar la experiencia. Por si fuese poco el lujo, los Venga Monjas presentarán el acto (siguiendo la analogía con 2001, serían esas bellas luces que preceden al monolito). Venid, o tendremos que meter risas de mentiras.

Miguel Noguera: Ultrashow en el MACBA from Venga Monjas on Vimeo.

PD: Tras la iniciativa está la revista Vice España, que no me han pedido que recomiende su último número, pero lo hago, un Especial Cine de carse de culo con la mejor de las setenta últimas entrevistas que has leído a Jess Franco, a cargo de Alex Zinéfilo.

PD 2: Si quieres ver el famoso Ultrashow del disfraz de los Chicles Boomer pulsa "Continuar Leyendo"

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30 octubre, 2009 - 05:13 - Nacho Vigalondo

The Last Picture Show

Migoya2

Supermetalenguaje y tres pisos de lecturas en esta foto.

A los que somos amantes del cine como posible experiencia única nos arrebataron una posibilidad sin precedentes cuando la distribuidora de SAW VI decidió recurrir la demencial decisión del Ministerio de Cultura de clasificarla X, y asi relegar su exhibición al circuito de salas porno.


La saga tan poco peligrosa SAW hubiese tenido aquí su estreno más disparatado y, de alguna manera, sincronizado con las truculencia inofensiva de sus entregas: Todos los fans que decidiesen verla, tendrían la ocasión de disfrutar de una sesión en un entorno sobre el que flotan tantas leyendas escabrosas. De repente, un nuevo circuito de salas se haría visible para un público quizá hastiado, y nuevas calles de la ciudad se verían recorridas por una nueva generación de posibles habituales. Y quien sabe si, con este precedente, las salas de cine porno se acabasen convirtiendo en un insospechado circuito de cine de género.


Sin embargo, los que vivimos en Madrid y queremos vivir la experiencia diametralmente opuesta de unos multicines de centro comercial, todavía tenemos a los cines Luchana's. Que se han convertido en receptáculo de todos aquellos estrenos españoles mínimos, accidentados, al margen de las vías de distribución habituales. En una de sus salas se nos ofrece una doble sesión: Por un lado Shevernatze, una película levantada a pulso por sus creadores Está construida sobre una premisa tan inusual como limpia. Y también funciona como perfecto ejemplo de un modelo de producción que se acerca a lo que entenderemos por largometrajes no franquiciados en un futuro no tan lejano. La tengo pendiente de ver, pero me interesa ver hasta dónde (nunca mejor dicho) llega la premisa de la historia y el planteamiento sus creadores.  


La otra pelicula es Soy Un Pelele, de Hernán Migoya, cuyo destino rozó el mío hace tiempo y que he visto empujado tanto por la curiosidad de ver qué fue del guion que leí en su momento, y por la personalidad del mismo Migoya, que década y pico después de conocernos me sigue ilustrando e intrigando.


Siempre he pensado que uno de los grandes pesares del cine en occidente, y uno de sus grandes lastres a la hora de evolucionar, ha sido la necesidad industrial de delimitar al máximo el público al que vas dirigido: Tu película ha de ser familiar, infantil, para nerds, para señoras, para señores, para adolescentes, para gente cultivada o para tontos. Y cualquier intento de mezclar públicos o ambciones siempre ha sido mal vista. Incluso géneros aparentemente mixtos como “película de animación para niños que, no obstante, los adultos también disfrutarán” siguen unas reglas bastante estrictas. De esta manera uno se asegura un tanto por ciento de sincronicidad con el cliente, pero a cambio de eliminar en gran parte las posibilidades de transformarlo.


En ese sentido, creo que Migoya ha hecho, como un atentado contra cualquier espectador modelo, una película que no es para nadie. Una gracia de la escuela bruguera, inocente e infantil, va seguida de un violentísimo chiste de flemas, un enredo vodevilesco va seguido de una disgresion casi abstracta y una reflexión genérica va seguida de un actor cubano restregándose unos calzoncillos sucios contra la cara, o una mujer orinada, o Liberto Rabal con un gorro de playa corriendo de aquí para alla.


Por otro lado, añadiendo otra capa de desequilibrio, la naturaleza de Migoya es obsesiva, y la pelicula se filmó en condiciones límite, por eso tenemos el desajuste entre las ambiciones formales (el complicadísimo plano secuencia del comienzo) y las carencias de rodaje (faltan algunos planos). El ritmo se rompe en todo momento, la trama parece caer escaleras abajo, un golpe con una cubitera de repente merece veinte planos, y un ralentí de Paco Calatrava boqueando humo de tabaco veinte segundos. Y, sin comerlo ni beberlo, la narración se para para que veamos un monton de chicas desnudas posando para un fotógrafo babeante que dice “Esto parece una película española”.

Y para rematar este caos, la película se ha estrenado en unas condiciones quebradas, como perfecta prolongación meta-todo de la descripción cruenta que hace de la produccion cinematográfica en España. Que es ya como contemplar una ambulancia empotrándose contra un hospital. Un accidente irrepetible.


Dice Migoya que mientras algunos de nosotros hemos debutado con la cautela que se corresponde a una primera película, él ha rodado esta como si fuese la última. Sali del cine sin haber oído esta frase, pero llegando a una conclusión parecida. Soy un pelele podría ser la ultima película española.

Que, dentro de veinte años, presumiré de haber visto en una sala de cine.
 

28 octubre, 2009 - 00:20 - Nacho Vigalondo

The Minch is Back!

 

Si las leyes no escritas de los vídeos para internet, o eso que llamamos “tubos”, alegan que todo ha de ser lo más ligero y breve posible, Minchinela arranca la tercera temporada de Reflexiones de Repronto con la promesa de más duración y densidad. En este caso, más retorcimiento, agudeza y sorpresa. Aquí está el primer capítulo:

 


En su blog, el Doctor Repronto explica que el tema de este repronto fue motivado por un encontronazo un tanto peculiar entre un servidor y un fan ocasional. Me gustaría contarle al doctor muchas más anécdotas al respecto. Aunque disfruto de una fama mediana, me ha dado una experiencia suficiente en lo que concierne a experiencias accidentales con gente que antepone mi condición de conocido a todo lo demás. Desde los que te piden un autógrafo y luego explicaciones acerca de qué has hecho en la vida hasta los que sobreentienden que han de competir contigo desde el minuto cero. Pasando por los que dan por sentado que eres una persona maravillosa o un tipo despreciable. En cualquier caso, la mayoría de encuentros, por el momento, son educados, entrañables y agradecidos, eh.


Por cierto, pido una cien veces que voten a Reflexiones de Repronto en los premios Bitácoras.com, en la categoría Mejor Videoblog. Si no lo hacen, ni se les ocurra pararme por la calle, o les clavo un tenedor sucio.

Aquí: http://bitacoras.com/premios09/votar

26 octubre, 2009 - 16:41 - Nacho Vigalondo

Hasta dónde llega el cine de culto

Nunca quise convertir un blog en un recuento de apariciones en medios de comunicación. Pero me resulta imposible no hacerme eco de lo que Antonio Martínez ha encontrado en un catálogo de muebles del que no tenía ni la menor noticia. (Pincha la foto para verla más grande). No sólo me fascina la sincronía de la madera dentro del fotograma con la madera del conjunto en venta. También el hecho de que, a la izquierda del televisor hay un marco con un cuadro que representa lo que podría ser el diagrama de un viaje en el tiempo bastante más complicado que el que estoy señalando con el dedo.  Voy a sentarme un rato.  

Catalogo muebles

13 octubre, 2009 - 20:58 - Nacho Vigalondo

Sin Techo


No oculté mi entusiasmo cuando dos películas españolas tan inusuales y a la vez tan asombrosamente complementarias como son El Orfanato y REC batallaron entre sí por los primeros puestos de taquilla. Dos años más tarde, se repite la situación, esta vez con Ágora y REC 2. Podría hacerse la lectura pesimista de que una película es otro fenómeno del director más firme que tiene nuestra industra, y que la otra es, precisamente, una continuación de aquel asombroso éxito dirigida por sus mismos artífices. Vamos, que en España hacemos algo peor que no triunfar nunca: Triunfar a veces sin pillarle el truco, sin explotar o expandir tendencias de éxito a más autores, como sí se da en la literatura, la televisión o la música. Pero es más consecuente verle el lado bueno: El cine español demuestra con Ágora que su ambición podría no tener techo, y con REC 2 que podemos hacer secuelas exitosas sin renunciar al elemento sorpresa.


En un solo día fui a la presentación de Mis problemas con Amenábar, el cómic de Jordi Costa y Darío Adanti y después al preestreno de Ágora, trazando un viaje que algunos considerarían tan maléfico como el de Bob Dylan en Pat Garret y Billy el Niño. El tebeo relata los desencuentros personales y críticos de Costa con el cine y la figura de Amenábar (y, de paso, con el grueso del cine español). Por encima del antagonismo que guía el relato, resulta estimulante comprobar que puede existir una crítica a nuestro cine que parta del humor, que permita la reflexión histórica y que se escape del politiqueo y los tópicos a los que estamos tan acostumbrados.

Después de la posibilidad del éxito y la posibilidad de la crítica, la posibilidad de la parodia es la confirmación de que nuestro cine sigue creciendo. Ver Ágora junto a Carlos Areces hacía inevitable imaginar la oportuna secuencia en la posible secuela de Spanish Movie, esa inminente montaña de chistes a costa de nuestro cine. Apostamos por Areces disfrazado de Hipatia, haciendo dibujos inexplicables en la arena con un palo, a la manera de Pozí.

13 octubre, 2009 - 07:31 - Nacho Vigalondo

Tirando piedras contra un tejado que ya está hecho polvo

 

En un acto de coherencia profesional, he colaborado en el fanzine Mussolini saludaba de película, una colección de textos en contra de... El cine. El asunto, iniciativa del colectivo Llo Lo Beo A Si, es una suerte de continuación de Hitler de pequeño leía mucho, el correspondiente ataque a la lectura. Como diría Lars Von Trier, ¿Qué será lo siguiente?.

Portada_mussolini
 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que esto sea una boutade provocadora o un ejercicio de sinceración meditada es algo que tendrán que adivinarlo ustedes. Aquí está la versión online. Y pronto estará disponible la copia física. Como poco, la lista de firmas es de escándalo.

04 octubre, 2009 - 09:15 - Nacho Vigalondo

Pulpa de Culpa

 

La mujer del cuadro (1944) y Los verdugos también mueren (1943) son las dos últimas películas de Fritz Lang que he visto. Las dos historias, que ofrecen una linea de tensión casi contínua, están protagonizadas por criminales, en un sentido u otro. La primera es un relato negro clásico guiado por un inocente arrastrado al asesinato y al posterio calvario que supondrá intentar salir indemne. La segunda, que debería ser vista por todos aquellos que han descubierto en Inglorious Basterds las posibilidades que da la ocupación nazi para el suspense sin fin, es el desbordante relato de las cabriolas de la resistencia checa para que el asesinato de un dignatario nazi no conlleve un baño de sangre. Las dos no se centran en el asesinato, sino en las consecuencias. En las dos me he topado con un encuadre parecido:

Lang



Lang2

Son dos composiciones con un sentido muy distinto, pero las dos comparten la misma representación de la culpa, como un hecho concreto y a la vez omnipresente; la cámara filma desde la estancia donde se encuentra el objeto o evidencia del crimen, que está a oscuras, una oscuridad que enmarca el encuadre. Si la filmografía (incluso la vida) de Lang tuvo un tema, fue ese: Cuando se es culpable, la culpa es todo.

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