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13 mayo, 2007 - 23:07

Los mejores momentos de la historia del cine (5)

Un recurso cinematográfico que viene y va, y nunca deja de irse pero nunca se va del todo es la mirada a cámara del actor. Uno de los personajes manda a freír espárragos todas las leyes del universo en el que estaba zambullido y nos mira a nosotros, quizá para acusarnos de algo, como ataque de vergüenza, buscando complicidad o para contarnos algún chiste.

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¡Quién me iba a decir a mí!

Casi todas las salidas de tono formales del cine de treinta años para acá tienen su origen en los recursos literarios que se sacaron de la manga Vonnegut y compañía para retorcer y descomponer sus novelas a través de los filtros autoconscientes: Los saltos en el tiempo, las disgresiones, las referencias dentro de las referencias, el intercambio de perspectivas entre distintos personajes... En definitiva los vuelos a las profundidades del propio relato que llevaron al límite películas como El club de la lucha y que recientemente recuperó Rodrigo Cortés en Concursante.

Sin embargo, el actor que habla con nosotros es  un recurso mucho más viejo, quizá porque su origen viene también de mucho más atrás. La invocación al público es un recurso teatral mucho más antiguo que los experimentos literarios que he mencionado antes (de hecho, no admite traslación literaria). Ha estado presente durante toda la historia del cine, frecuentemente ligado a la comedia. Woody Allen nos contaba el chiste del huevo en Annie Hall pero mucho tiempo antes Buster Keaton nos miraba con un rescoldo de dignidad tras pegarse una buena hostia.

Un texto a cámara puede ser irritante o agradable, pero siempre resulta fascinante debido a la paradoja que encierra: Nos acerca a la película y nos distancia de ella a la vez. Nos invoca y nos hace partícipes, pero a costa de desmontar el espacio narrativo en el que se sostiene. Un terreno excitante, como en Funny Games, Death Proof, y The Office, por ejemplo. Hace falta un libro entero para analizar la mirada al espectador en The Office.

Sin embargo, el género donde más se da la mirada a cámara es el único territorio donde la rechazo de lleno: El porno. Como consumidor habitual, disfruto mucho más las miradas a segundos o terceros (o cuartos o quintos) que la miradas a cámara. Esos momentos en los que la actriz, sin abandonar su actividad, me mira de reojo con mirada de deseo me alejan más que de lo que me acercan. Quizá una parte de mi subconsciente sigue necesitando que la fantasía desplegada ante mis ojos se sustente sobre los pilares de siempre. Es una explicación pobre, sí, pero es lo que tengo a mano: Consuélense recordando que la pornografía es el único género en el que el espectador nunca miente.

Ojo, otro caso es el del porno gonzo, en el que al que se la chupan es al mismísimo cámara. Y ahí sí que los procesos de identificación se multiplican y retroalimentan hasta la estratosfera, pero dejémoslo por el momento.

Dejémoslo con mi mirada a cámara favorita de la historia del cine. La de Walter Huston en El tesoro de Sierra Madre. Porque no pega ni con cola con el resto de la película. Y porque nos mira a nosotros, pero sobre todo al director, a su hijo, a John Huston, en un gesto picarón y agradecido. ¿Quién no querría ver a su padre fumándose un canuto en un paraíso lleno de indígenas impresionables? 

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Comentarios

"Stewart, bring us some porn!"

En Concursante es tanto lo que hablan a cámara que es pura pedantería. Si este recurso se repite mucho, a mí me cansa. Es como si me tratasen de tonto, siempre explicando y explicando.

Otra cosa es el mirar a cámara, que siempre lo veo como algo guasón.

En The Office, el jefe va por la vida guiando a la cámara y al tiempo es como si actuase sin darse cuenta. Es como si fuese normal hablar a cámara.


De Woody Allen es genial Sin plumas, en el que hay un texto sobre una obra de teatro ficticia en la que los personajes se rebelan contra su condición y llaman al mismísimo Allen para elevarle sus quejas.

En Funny games lo cachondo es el efecto rewind y que te planteen la duda.

En lo del porno totalmente de acuerdo con tus apetencias. Y sí, el porno gonzo da mucho juego.

'Es una explicación pobre, sí, pero es lo que tengo a mano'

Nunca mejor dicho Nacho, dado el tema al que te referías. ;)

jojojo. Mítica escena.

Lo que usted busca en el porno es ver sin ser visto, hombre.

Supongo que no cuentas en si los espectadores del porno mienten sobre serlo o no serlo.

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