21 junio, 2007 - 04:05
La Hora Chanante contra el portero de discoteca.
Hay un comportamiento muy español y muy de Internet en lo particular, pero muy humano y muy de cualquier forma de comunicación en general. Hablo del síndrome del portero de discoteca.
Ya lo he mencionado por aquí: Cuando escribimos en primera persona, ya sea en blogs, foros o discursos en funerales, lo que no es transmisión de información es venta de personalidad. Y cuando el impulso de venta es desmedido a veces caemos en comportamientos como el síndrome del portero de discoteca, que se basa en el siguiente postulado:
El portero de discoteca cree que muestra más personalidad negando la entrada que permitiéndola.
También he comentado lo privilegiado que me siento de haber sido algo así como un satélite en torno a La Hora Chanante en su última etapa, de haber llevado adelante junto a ellos dos de mis mejores obras y de haber interpretado al profesor Iván Terlenko en La Gran Revelación, el cortometraje dirigido por Santi de Lucas que, en sin pretenderlo, acabó resultando un brillante, negro, amargo y premonitorio carpetazo final al programa.
Aquí su primer capítulo.
Aquí el segundo.
Pero, como ya todo el mundo sabe, y como, insisto, presagia La Gran Revelación, La Hora Chanante no acaba, sino que se transmuta. Después del verano podrán ver al equipo reunido de nuevo, aunque el cambio de canal y productora (La 2 y Hill Valley) ha desencadenado el inevitable laberinto de derechos. Es fácil de entender, pero la paradoja deslumbra: El nuevo programa no se podrá llamar La Hora Chanante. No podrá tener una sección llamada Testimonios, aunque podrán seguir imitando al famoso más inaccesible, ni otra llamada Retrospectr, aunque podrán seguir robando imágenes de archivo y destruirlas con doblajes locos. Podremos ver a Michael Jackson pero no al Payaso. Puede que salga Madonna, pero no el Gañán.
La Hora Chanante siempre tuvo una relación muy viva con sus fans. O sea, que nunca fue complaciente. De un modo nunca del todo consciente, los chanantes le daba con una mano al fan lo que esperaba, mientras que con la otra le desafiaba con tiempos muertos, callejones sin salida, criptogramas pop y salidas de tono imprevistas. En otras palabras, tuvieron con su público la relación dinámica, desafiante, y hasta cierto punto autodestructiva de los grandes artistas.
Por otro lado, es la actitud perfecta para provocar el síndrome del portero de discoteca. Brian de Palma, en el magnífico libro entrevista Brian de palma por Brian de Palma se queja de, mientras su carrera mantiene el prestigio, siempre se vapulea su última película, reduciéndola a síntoma de decadencia. Así, hasta sus mayores locuras, como En el nombre de Caín o Femme Fatale son despreciadas en su momento, pero cuando, con los años, pasan a formar parte del grueso de su obra, se convierten en piezas indiscutibles de la obra de un autor obsesivo, desbordante e imprescindible. Con La Hora Chanante, cada último capítulo era, para muchos porteros de discoteca “El peor de todos”. Sin embargo, cuando este último capítulo era troceado y arrojado a esa gran ensaladera que es Youtube, los sketches que lo componían pasaban a formar parte del montón de “sketches buenos”. Buenos, en comparación con el siguiente programa, al que ahora le tocaba cumplir el papel de “El peor de todos”.
Nada grave, como pueden comprobar. Pero he pensado más de una vez en la actual circunstancia de los Chanantes, en fase de transmutación, y en la previsible multiplicación de porteros de discoteca que ya han decidido, a tres meses del estreno, que el nuevo programa “será mucho peor que el de antes” y que Joaquín Reyes y los suyos “ya no son lo que eran”.
Señores porteros, he encontrado sustento científico a su comportamiento, y creo que he calculado su inevitabilidad, pero, venga, intentémoslo. Los Chanantes son un milagro en nuestro panorama, y creo que les debemos una. Cojan esa crítica que ya tienen escrita en un rincón de su cerebro, sáquenla de ahí, tírenla a la basura y esperen a ver el programa. A ver qué pasa.

Hm, y ya que habla de libros... ha leído el diccionario de cine de Fernando Trueba? Lo he encontrado hoy en horas de estudio en la facultad de periodismo de la complu, y parece interesantesiésimo.
PD: Me inquieta sobremanera que programe sus artículos para horas como "cuatro y cinco" o "cuatro cuarenta y cinco". ¿Siguen los minutos alguna regla mística o proporcional al número áurero? ¿Ensaya sus indagaciones alquimistas con el programa de publicación automática de El País?
Publicado por: Krilyn | 21/06/2007 5:06:13
Oiga, Gabilondo, un par de cosas.
La primera: que sus artículos están la mar de interesantes y mejoran cada día (aunque este último sea el peor de todos y un síntoma de decadencia) y
dos: ya que habla ud. de humor formal, del que vuela por encima del guión, eche un vistazo a éste si tiene huevos y luego me comenta. http://www.youtube.com/watch?v=_ujBmaUkZks
Publicado por: Krilyn | 21/06/2007 4:58:47