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31/12/07

Y ahora qué.

Con el paso del tiempo, todas las celebraciones han ido importándome un pimiento, pero la de nochevieja ha ido creciendo en gravedad, incluso más que mi propio cumpleaños (que algún año había olvidado hasta el mediodía). Desde hace bastante tiempo, cada año ha supuesto un cambio completo de escenario, en mi situación personal y profesional (si es que todavía tiene sentido hacer esa separación), así que, las últimas y primeras horas de esta noche poseen una especial vibración. De aquí a un año qué. Cuando lo bueno y lo malo parecen haber perdido el sentido de la medida qué.

Tampoco quiero parecer un obseso de la nochevieja. Sé que esta noche deparará la ración habitual de catástrofes y poco más. Pero estos momentos en los que el tiempo parece tener forma y color, y podemos palparlo, son adecuados para actividades sanas, como intentar ver las cosas en conjunto.

Acabo de hacer un viaje largo, lleno de imperativos y excusas de familia. He cruzado varias provincias. En la mayoría de las ciudades, los cines como negocio urbano han desaparecido prácticamente. La Gran Via madrileña puede que no tenga ninguna sala la siguiente nochevieja. Los videoclubs se volatizan. Se habla de nuevos formatos audiovisuales, y a la vez, casi con la misma fuerza, se habla de la desaparición del formato como tal. Se editan más dvds que nunca y se abaratan en cuestión de segundos. La televisión alcanza su apogeo mientras muere... Estamos viviendo la transformación o fín de una industria a una velocidad mayor de la esperada. Y, créanme, nadie tiene ni pajolera idea de qué será lo siguiente. Sólo cabe la esperanza de que, al menos, no sea aburrido.

Y ¿España? Por favor, no dejen pasar de largo el milagro sin llamarlo por su nombre: No uno, sino dos han sido los taquillazos españoles con los que despedimos el año. Dos películas de terror. Similares en eficacia, pero opuestas en su estrategia. El Orfanato, puro clasicismo y REC una convulsa patada a los ojos. Melodrama y contramelodrama. Ambas con remake norteamericano a la vista. Mírenlo en conjunto y díganme si hace un año nos dicen esto y nos lo creemos.

Tenemos un talento especial para normalizar lo que hace poco era impensable: Éste ha sido el año en el que el cine español deja de ser sólo español. La proyección internacional de nuestros actores, directores y películas se ha disparado. Hasta el punto de que un director español, sólo con cortos a las espaldas, puede imaginarse debutando allí, como son los casos de Luiso Berdejo, los hermanos Pastor y Víctor García. ¿Qué freno tiene esta situación? ¿Se imaginan un futuro cercano en el que las películas españolas tengan por sistema que demostrar su valía en el mercado internacional? ¿Que pasaría con todo ese búnker de producciones españolas que se perpetúan año tras año, pero que resultan completamente inexportables?

En cualquier caso, “España invade Hollywood” es la expresión habitual cuando se hace eco de la cantidad de profesionales que probamos suerte en allí, unos más por necesidad que otros. Y a mí no me queda tan claro quién invade a quién.

Pongámonos positivos de nuevo. Me alegra no tener que recomendarles ni REC ni El Orfanato porque ustedes ya las han visto. ¿Les puedo recomendar otra? Corran y denle una oportunidad a No Digas Nada, dirigida por Felipe Luna (¿Se acuerdan del corto Te lo Mereces?). Vayan, aunque sea para decirle algo a esta señora.

Feliz año a todos.

30/12/07

Qué hacen los inocentes el resto del año.

Me ha sorprendido la cantidad de gente que pensaba que el post del pasado 28 de Diciembre era una inocentada, pese a incluír links, bien a la vista, bastante aclaratorios.

Me sorprende, y me halaga esa sospecha, ya que, por definición, una inocentada es una noticia extraordinaria. Con lo cual, algunos le han dado a la noticia (galardón y estreno en Francia de Los Cronocrímenes) una categoría mayor de lo que yo le daba.

En cualquier caso, una advertencia. Desconfiar por defecto de las noticias en el Día Oficial de la Mentira es tan ingenuo como confiar en ellas el resto del año.

28/12/07

Así da gusto

Revolcándome por Internet me topo, sin aviso, con que se han celebrado los primeros Aint It Cool Awards y que Timecrimes se lleva uno, dentro de la categoría “Descubrimientos del año”. No me digan que no es como para tomarse el café bien a gusto.

Por otro lado, descubro, aún más de casualidad, la primera fecha de estreno de mi vida: El siete de mayo se estrena Los Cronocrímenes en Francia. Hoy ya tengo el día tonto garantizado.

27/12/07

Mierdecillas

Ya está. He dado por ventilada la primera versión de  La Rampa. Ciento cincuenta y pico páginas pendientes de revisión. Y que serán menos con los días: Los buenos guiones decrecen bajo el sol.

Sí, he tardado menos tiempo del que cabría esperar. De hecho, ha sido bastante rápido. Pero tiene truco: No me pongo a un guión hasta que no tengo control de todos los personajes, giros, situaciones clave y desenlace. Y este último año, entre los consabidos pitos y las inesperadas flautas, he tenido mucho tiempo, regalado o robado, para darle forma a una historia, unos personajes, una primera secuencia y una última.

Es el estado ideal, y el más frecuente entre los guionistas que ya tienen el culo pelado: Escribir cuando ya tienes todas las líneas maestras definidas. Ya has escrito un tratamiento, o te has hartado de darle la paliza a tus amigos contándoles la sorpresa que te tienes guardada en el tercer acto. Sabes quién es el protagonista, qué transforma su vida, las formas de su descenso a los infiernos, cómo consigue una redención, a dónde le lleva todo. El asombroso desenlace.

Entonces ¿qué alarga y hace pesada la escritura de un guión? Todo aquello, que, en argot profesional, se denominan

LAS MIERDECILLAS

¿Qué son las mierdecillas? Todas esas miles de decisiones que no consideras en el instante iluminado en el que imaginas tu película por primera vez. Decisiones que requieren una reflexión profunda y densa, para que, en el mejor de los casos, sean invisibles en la película terminada.

Imaginemos una secuencia de transición en la que el personaje A, le explica al personaje B que no podrán verse esa misma tarde. Un hecho nada relevante, pero que aporta el suficiente oxígeno entre dos secuencias importantes. Añadiendo, de propina, un nubarrón en la lejanía bastante agradecido.

Pero, a fin de cuentas, una secuencia a la que no has dedicado un solo segundo de reflexión en el último año. Pero que, delante del ordenador, a las tantas de la madrugada, se convierte en una molesta...

MIERDECILLA

Porque te topas con esa secuencia, pretendiendo ventilarla en el tiempo que inviertes en redactarla, y entonces surgen las preguntas, a traición:

¿Dónde la localizamos? ¿En un espacio más próximo al personaje A, al personaje B, o en territorio neutral?

¿Desde qué perspectiva la contamos, desde la de A, o la de B?

¿Es un encuentro casual, o un personaje acude a otro? ¿A acude a B o viceversa? ¿O están juntos desde el primer momento? Si es así ¿qué circunstancia les había unido antes de comenzar la secuencia?

El dato que me interesa introducir ¿Surge en medio de una conversación habitual? Y si es así, ¿De qué estaban hablando?

El personaje que anuncia que no puede quedar ¿Lo dice con pesar o simula no darle importancia?

El personaje que recibe la noticia ¿Reacciona con naturalidad o se huele que hay algo detrás?

¿En qué momento cortamos la conversación? ¿Al final de una frase cortante, o añadimos un epílogo con vuelta a lo liviano?

Son preguntas que te pillan desnudo. Y a sabiendas de que la arbitrariedad no te va a ayudar. Ninguna de las respuestas a las preguntas anteriores (y quince más) se pueden encontrar tirando a los dados. Lo que distingue a una película resuelta de una película relevante pasa por la solución reflexiva de todas esas cuestiones. Es la parte más laboriosa y, si todo sale bien, invisible ( o sea, nada agradecida). Pero te la comes con patatas.

21/12/07

Yo a lo mío

Hay un efecto inevitable con la insólita situación que está viviendo Los Cronocrímenes: A dia de hoy, bajo una expectación desorbitada, y una magnífica carrera internacional, pero sin ninguna confirmación de fecha de estreno español, ya estoy de vuelta de todo. Dejas de leer críticas y comentarios acerca de tu película cuando ya has leído lo peor y lo mejor que se puede decir de ella. He tenido raciones de las dos cosas. Desde el rechazo, incluso el insulto abierto, y ese aroma de venganza que tienen algunas críticas negativas al que estoy más que habituado, hasta la aprobación, incluso la abierta declaración de amor. Permítanme ser humano: Soy consecuente y sereno, pero jamás me privaré del placer de una crítica positiva, aunque sea irracional. Si alguien ama la película, aunque sea por los motivos equivocados, qué cojones. No he estado enfrascado en ella años y años para ahora ponerme finolis. Si te gusta la película, te invito a un Infierno de Ternera, y sanseacabó.

Pero, insisto, estoy viviendo mi jubilación emocional respecto a Los Cronocrímenes, (cosa que, por otro lado, a ustedes no les debería importar ni afectar en absoluto). Por todo esto, me ha extrañado lo mucho que me ha conmovido la columna que dedica Rubén Lardín en la Cinemanía de diciembre a nuestra película. Habla de la ma-ra-vi-llo-sa REC (algún dia hablaremos de ella como lo merece) y de la nuestra. Y de las diferentes circunstancias de cada una, lo que las une y lo que las separa. Es un texto bello y generoso, y que me ha golpeado en una zona desprotegida.

Grácias, Rubén. Los que hacemos películas las rodamos pensando en veinte personas. Y, de esas, tú eres dos.

18/12/07

Como la niña de Poltergeist

El otro día, después de ir a la presentación del DVD de La Hora Chanante, Nahikari, Javi Alvariño y yo nos fuimos al único bar explícitamente lovecraftiano de todo Madrid: El Batela, en la Calle Silva. Por si fuese poco, luego se unieron Raúl Cimas y Julián López.

Mi abuela no deja de hablar mientras ve la televisión. Llega a dialogar con los presentadores o actores, en un discurso ininterrumpido, y engarzado a la emisión frame a frame. Como una pista de audiocomentarios sin respiro. Puede ser una alabanza a la forma de vestir del presentador, un desacuerdo a lo que acaba de oir o una nota a pie de página completamente arbitraria. El caso es que el discurso no cesa.

Hasta el punto de que, si cambio de cadena mientras mi abuela habla, ella no sólo no se interrumpe, sino que renueva el discurso, a veces en mitad de una misma frase. Por ejemplo, si zapeo a escondidas, pasando de las imágenes de los efectos de un terremoto, a un documental de tigres en otro canal mi abuela dirá:

-Qué pena, tanto destrozo, todas esas casas, qué disgusto porque ese tigre seguro que te come la mano de un mordisco si se la pones cerca...

Hablamos durante largo rato, todos tenemos anécdotas en torno a esa alucinante relación que algunos de nuestros mayores tienen con el audiovisual. Una relación inconscientemente zambullida en lo fantástico. Una amiga de mi madre, de bastante edad, pensaba que, cada vez que veía a “el hijo de Espe” en los anuncios, montado en un burro, estaba sucediendo en ese momento. Si me veía por las calles del pueblo, la pobre mujer, compasiva, pensaba que, yo iba y venía en avión hasta “la tele”, incluso varias veces al día. Gente que saluda y despide a los presentadores del telediario en voz alta. Que se inquieta al ver un actor vivo semanas después de haberle visto morir. Gente, en definitiva, que tiene una concepción bastante primeriza de los códigos de la representación audiovisual.

Pero, ¿estamos hablando de gente mayor? No está tan claro. La conversación arrancó con Raúl y Julián, explicando la cantidad de veces en las que se les han acercado fans jóvenes de La Hora Chanante/Muchachada Nuí, con unos modos y preguntas que sugerían que no tenían nada claro dónde acababa el actor y dónde empezaba el personaje. He visto a chicos presentándose a Julián exactamente como si éste fuese Vicentín. En la presentación del DVD, una chica pregunto "qué os metéis para que os salgan esos sketches" (a estas alturas estamos así). Tras la aclaración, por parte de Joaquín, de que los Chanantes no consumen droga en el trabajo, un chico contestó: Pues a Vicentín le hemos visto tomar de todo.

¿Es esta confusión propia de espectadores ingenuos, de Vicentines de la vida?

Tampoco lo tengo tan claro.

¿O no es el mismo género de error el de cantidad de firmas de prestigio, críticos y periodistas, que confunden la moral, ideología y pecados de un personaje con los de su autor?

¿Los que confunden el discurso de un personaje con el discurso del relato?

¿Los que no saben distinguir la representación de la violencia y el fomento de la misma?

Y un largo etcétera.

Quizás nuestros nietos también se rían de nosotros. Y no sólo por la ropa.

Dedicado a Salanova y Balaguera, recién cumpleañados, y eternos deudores de una cena intergeneracional.

14/12/07

Aquí vamos otra vez.

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Estoy en la fase más enfangada de la escritura de la primera versión de La Rampa, que espero poder enseñar antes de que acabe el mes. He estado dos noches atascado con una secuencia del tercer acto. Y la noche siguiente escribí más páginas seguidas que durante toda la semana anterior. Siempre hago lo mismo, me propongo un régimen regular, bien medido, bien pautado. Pero a la mínima todo se hace pedazos. Y luego está la lotería de la última hora. Cuando te vas a la cama, a las cinco, a las seis de la madrugada, y te llevas bajo el brazo la sensación de que vas a revolucionar la narrativa moderna, o de que te vas a llevar una hostia como un piano. Ahora duerme, ánimo.

Y es en esta fase cuando descuido mi higiene, y mi aspecto. Me he impuesto un régimen para compensar la ansiedad que me entra en estas épocas, y de momento, sus únicos efectos son unas turbias ojeras. Me vuelvo un asocial. No es que me cueste coger el móvil. Es que me cuesta encenderlo siquiera. Cuando bajo a por tebeos de superhéroes debo parecer uno de esos desquiciados que los leen para anotar normas de conducta. En las cenas hablo despacio, y mezclo temas sin esforzarme por conectarlos.

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Hace poco, una periodista me preguntó si prefiero escribir guiones desde los personajes, o desde el acontecimiento. Insisto en que esa terminología, y esas herramientas, sólo sirven para el análisis, nunca para el método de trabajo. Uno no se levanta por la mañana y piensa "Voy a escribir un guión desde los personajes". Todos los dilemas a los que te enfrenta la escritura del guión te pillan desprevenido, sin manual al que recurrir. Ningún consejo en términos abstractos te puede salvar la vida. Hasta la instrucción más densa en cuestiones estructurales necesita saber si tu protagonista es un cura o una animadora. Tengo unas ganas locas de poner ejemplos de los marrones que me estoy topando, pero tengo miedo de hacer spoilers. Un momento ¿Se pueden hacer espoilers de algo que todavía no existe?

10/12/07

Los mejores momentos de la historia del cine (8)

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Rollercoaster (1977) es una película que se filmó como uno de los inevitables ecos de Tiburón (1975). Está claro: En las dos una diversión de clase media se convierte en una trampa mortal (en ésta, montañas rusas que pueden estallar en mitad del loop más atrevido) y, de alguna manera, ambas sirven como engarce entre las fantasías setenteras, en las que las proporciones de la amenaza desafiaban la escala humana, y las ochenteras, en las que el villano estaba más cerca de nuestra imagen y semejanza. Sin embargo, donde Tiburón, dos años antes, planteaba un relevo (el joven de barba y gafas, con tecnología futurista bajo el brazo, es el que vuelve a la playa, mientras que el ajado héroe fordiano se hunde con su barco) Rollercoaster insiste en el villano, joven, brillante y resentido, frente al héroe cuarentón, divorciado y ex-fumador.

Tenemos más de un motivo para acordarnos de Harry el Sucio (1970) Sobre todo en el comienzo, que parece heredero de aquella primera secuencia en la que Scorpio cometía su primer crimen desde una azotea. Nuestro psicópata, también en la modalidad "demiurgo que opera desde las alturas", en esta ocasión está interpretado por un siniestrísimo Timothy Bottoms

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Esta es su primera aparición, acercándose a cámara. Aunque no hay ningún elemento explícito que sugiera crimen, o siquiera maldad, lo hemos entendido todos: No resultaría extraño que de esa caña saliesen balas ¡Dios mio! ¡Es Lee Harvey Oswald!

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No hablemos de las sospechosa diferencias de sombreado de esta portada de Life, que esa es otra película. Volvamos a Rollercoaster.

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El muchacho se sienta en un banco del muelle, extrae un radiocassette de su bolsa, pulsa el play y sube el volumen, en uno de los muchos planos detalle bressonianos que abundan en esta película. Escuchamos, a través del altavoz chisporroteante, un tema con violines, jovial y agradable.

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Se lee bien ¿No? ZOOM. El muchacho toma sus prismáticos, apunta, presiona la palanca del zoom y...

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¡Zoom!

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Todos de rodillas: El zoom que presiona actor es el zoom que introduce la película. Se sobreimpone el título: Rollercoaster. Y ahí la tienen: La montaña rusa. Por si fuese poco, el tema musical que oímos a través del transistor se vuelve, en ese mismo instante, cortante y atemorizador. No es la primera vez que las intenciones de un director y las de un personaje son las mismas pero ¿Tan literal? ¿Se dan cuenta de que los dos le han puesto banda sonora al momento, y han movido sus respectivas lentes a la vez?

Y eso no es todo. El zoom no se detiene en la atracción maldita. No era ese el objetivo del personaje. Hay algo más... Se percibe mejor en movimiento que en imagen fija, pero pueden verlo: Ahí arriba (justo sobre la segunda R del título) hay un tipo caminando sobre la construcción.

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En efecto, Buttoms está vigilando a un operador que, en esos momentos, está comprobando los railes de la montaña rusa:   

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Le seguimos en un plano con teleobjetivo hasta el exacto momento en que el operador desaparece de nuestro campo visual (entendemos que también el del asesino), tras el enorme payaso. Y en ese momento... ¡Toma!

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Corte a plano general. Volvemos a alejarnos de nuevo. Ahí sigue el payaso, con sus neones apagados, ahí sigue la montaña rusa... Desde un encuadre más amplio que nos permite descubrir que el plano anterior estaba tomado desde dentro del recinto. Primer gran engaño de la secuencia. ¿Qué punto de vista hemos estado siguiendo con el teleobjetivo? 

La película continúa con un montaje que completa los créditos iniciales, y que nos presenta, con un estilo bastante estandarizado, los primeros instantes de la apertura del parque de atracciones. Llegan los primeros visitantes, las máquinas se encienden... 

--- Y el barrendero saluda, como cada tarde, al técnico de mantenimiento de la montaña rusa.

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Algo no cuadra en la relación entre estos dos planos de aquí arriba ¿Verdad? No hay ninguna intención de equiparar entre sí a estos dos personajes que, supuestamente, llevan tiempo trabajando juntos. El técnico permanece en el horizonte, en una composición modélica, mientras que el barrendero, en su plano frontal, está extrañamente centrado. La cámara se encuentra a una altura un tanto incómoda. Hay un halo de indefensión rodeando al personaje. Está claro, de los dos, quién no se está enterando de algo ¿No?

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(Me chifla este encuadre) Tras la breve charla distraída, el técnico prosigue con su labor y... Volvemos a oir la parte tenebrosa del tema musical del transistor, pero esta vez en primer témino, sin filtro alguno. Ya no nos cabe ninguna duda de que será el tema principal de Rollercoaster (de Lalo Schifrin, por cierto). Pero ¿Por qué ahora? 

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Saltamos, de un bofetón, a un detalle de las manos del operador. No es el primer detalle de manos de toda la película, pero sí es el más terrorífico. Alguien está colocando una señora bomba en uno de los raíles de la montaña rusa. ¿Quién?

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...Timothy Bottoms.

En efecto, nos han colado una elipsis de campeonato. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la primera secuencia a ésta? ¿Cuánto tiempo ha tardado el psicópata en sustituír al técnico de mantenimiento? ¿Minutos? ¿Meses? ¿Ha aprovechado su ausencia o lo ha eliminado de alguna manera? ¿Estamos ante un caso de teletransportación? ¿De posesión?

No importa. Si algo merece ser considerado magia del cine es esto: Ese instante en el que el montaje y la puesta en escena pulverizan la frontera entre lo racional y lo fantástico, entre lo material y lo emocional, delante de nuestros ojos y sin que salte la alarma.   

07/12/07

De repronto, el último youtube.

Todos sabemos que, si trasteamos en Internet, es sencillo toparse con esa montaña de webs en torno a la cultura popular, o más concretamente, y sin dejar de ser montaña, a la audiovisual. Hay miles y miles de páginas que se hacen eco de notas de prensa, recopilan información, juntan nombres, fechas, acontecimientos.

En definitiva, hay miles de páginas que son capaces de describirte el elenco común de los dibujos animados de Disney, incluído Goofy.

Es un grupo menor, pero todavía en gran número, existen páginas web que, a la labor de acumulación y procesado de información le añaden algo tan valioso, o tan inútil, según el caso: La perspectiva. Alguien, desde un enfoque más o menos único, puede tenernos al día o hacerse eco del pasado mientras se construye una identidad como comunicador. Tenemos top tens insospechados, o reveladores. Opiniones bien desarrolladas o puntos de vista realmente jugosos. Aunque también padecemos las críticas desinformadas, los comentarios rutinarios, la vehemencia vacía y el entusiasmo estéril.

Pero, en resumen, es en este grupo donde contamos con aquellos que llegan a hacerse la pregunta: Si Pluto es un perro ¿qué es Goofy?

El grupo más escaso, el auténtico tesoro que estamos obligados a distinguir, es el de aquellos que, a partir de la información, y gracias a algo que va más allá de la simple perspectiva personal, son capaces de destilar una nueva realidad. De devolver a la idea de argumento y conclusión su valor primigenio.

Por ejemplo, sólo en una web son capaces de revelarnos QUÉ es Goofy:

Se trata de la serie las Reflexiones de repronto, de Raúl Minchinela. Cada semana, Raúl y sus colaboradores de altura nos dejan boquiabiertos con una pirueta distinta, de esas que aterrizan en un punto que te obliga a forzar la mirada: El secreto tras el éxito de Amityville, los hilos no tan secretos que vinculan arte moderno y economía, el poder del chándal en las corrientes de moda popular, el papel de los enanos en el audiovisual moderno... Y el embrujo de los desenlaces rimados (porque todo lo que rima es verdadero).

Y es que han terminado una temporada, de doce capítulos (llego tarde, lo sé). Pero si algo les desanima a hacer la siguiente, me desapunto de Internet.

02/12/07

¡Que nos vamos a Sundance!

Les confieso: sabía que la productora había hecho la solicitud, pero no las veías todas con nosotros. Por motivos evidentes, Sundance tiende a coger películas que sean premiere, al menos en norteamérica. Y nosotros ya habíamos dado la nota en Austin. Pero nos han pillado, estamos en la sección Park City at Midnight, especializada en cine salido de madre, acompañando a películas que nadie debería perderse como el autorremake de Funny Games, de Michael Haneke, Otto, or up with dead people, la película gay-zombie de Bruce Labruce, o ¡sí! Hell Ride, de Larry Bishop, el largometraje que me dará la posibilidad, que tarde o temprano llega a todo director joven, de darle la brasa a Tarantino. Y qué quieren que les diga, asistir a la premiere de Be Kind, Rewind será la mejor forma de empezar el nuevo año.

Tenemos a la distribuidora americana dando palmitas, así que esto debe de ser bueno de cara a apoyar nuestro estreno, el año que viene, en Estados Unidos, y para cerrar más contratos de distribución en el extranjero. En breve (quizá antes de que acabe el año) podremos aclarar el estado de la distribución de la película en España (parece que hay luz al final del túnel). Y también las circunstancias del remake, que se cerrará a la vuelta de la esquina.

Por mi parte, sigo intentando huir de las nieblas de esta repugnante gripe de la que no acabo de salir (guarden este post, en caso de que dentro de un mes anuncie mi enfermedad terminal, tendrá un valor dramático inusitado). Pero casi he cerrado una fase de trabajo y compromisos acumulados. Así que, a modo de reposo, hasta mediados de enero, lo que me queda es terminar una versión enseñable de La rampa, o, el título alternativo que también estoy manejando: Come Armaggedon.

Así que vuelvo a la fase monacal. No sé dónde ni cómo, pero he de volver a escribir como un maníaco. Prepárense para las actualizaciones a altas horas de la madrugada, de un intimismo bochornoso, de esos que al día siguiente se corrijen a toda pastilla: “Pero por qué dije ESO”.

BONUS

Mi siguiente guión, en dos impresionantes videos:

Prisacom S.A. - Ribera del Sena S/N - Edificio APOT - Madrid [España]