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23/02/08

Los mejores momentos de la historia del cine (9)

A estas alturas, creo que estamos todos de acuerdo con que La Jungla de Cristal es en sí, un “mejor momento de la historia del cine”. No resultaría complicado convencer a nadie de que estamos ante una posible película perfecta: El encuentro entre el espectáculo tecnificado a lo Spielberg-Lucas, la tirolínea narrativa inquebrantable de James Cameron, y, por supuesto, lo mejor de las fantasías masculinas clásicas, donde cabe desde el chiste chandleriano, hasta la ternura viril del cine bélico.

En efecto, el guión de se sale de madre, provocando esa imitación masiva que se disculpa afirmando que “se ha inventado un género nuevo” y la interpretación de Bruce Willis, entre un Bogart asexuado y un Bugs Bunny empapado en sangre ajena es otro invento de los quince que, como mucho, acaba ofreciendo una década de cine.

Pero quizá el plato fuerte siempre fue la labor de John McTiernan como director, y de Jan De Bont como fotógrafo y operador.

Hasta Tiburón, los personajes estaban diseñados a la medida de las catástrofes, y a partir de entonces, las catástrofes estarían hechas a la medida del personaje. Películas policíacas setenteras con actos terroristas rozando la destrucción a gran escala como Pelham 1,2,3, Black Sunday, o esa pre Jungla de Cristal que es la estupenda Juggernaut podrían contar con héroes individuales, pero el peso final se lo llevaba el retrato, más o menos político, de un colectivo. De los ochenta para acá, incluso los géneros tradicionalmente corales se fueron individualizado, desembocando en extremos como Titanic o Cloverfield, en los que la masa ha ido transformándose en telón de fondo para la épica íntima.

El estándar de realización ha ido transformándose en paralelo, y de la representación de un espacio en el que la figura humana buscada su sitio, las películas de acción y aventuras han ido acercándose al plano corto con fondo fuera de foco, y el naturalismo deshumanizado, pero lleno de detalles, ha ido dando paso a la geometría límpia de las emociones. En El trueno azul, Roy Schneider reventaba edificios enteros con el arsenal de su helicóptero para confundir a Malcolm McDowell, el villano. El protagonista de esa película, hoy en dia, sería el oficinista de la planta quinta, deteniendo el misil de alguna maldita manera.

La Jungla de Cristal es un caso raro de planteamiento visual que consigue quedarse con lo mejor de ambos mundos, y John McLane brilla con tanta fuerza como el Nakatomi Plaza. Y, pese a la firmeza de un guión de hierro, hay un gusto por el retrato de un entorno más allá de la aventura, por el detalle aparentemente inútil que nunca veremos en una película de Cameron. Por ejemplo,

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en el minuto 1:07:32, un agente de las fuerzas especiales se pincha con una rosa. Y, poco después,

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el terrorista interpretado por el famoso stuntman Al Leong (AKA el chino que muere), en el minuto 1:08:00, no puede evitar robar una chocolatina.

Pero ¿Cuál es mi mejor momento de la historia del cine, entre tanto monumento? Antes mencionaba a Jan de Bont, ese magnífico técnico al que tanto debe Paul Verhoeven, y que con McTiernan alcanzó la cúspide de su estilo. Su estilo en esta película también se mueve entre décadas. Compone y se mueve en función de la escala humana, esquivando la abstracción y los aires de, por ejemplo, El Coloso en Llamas. Pero conserva del estilo setentero ese gusto por la representación detallada e imperfecta del espacio.

En fotografía, se llaman perlas a esos indeseados destellos de luz que afectan a la lente de la cámara , y que descomponen la imagen, creando brillos inesperados, y movimientos en plano incómodos. Lo normal es que, en un rodaje, se invierta más tiempo del que nadie querría en evitar esos golpes de luz, colocando los focos en ángulos específicos en relación a la cámara, y cubriendo las fuentes de luz para que no incidan directamente sobre la cámara, pero sin eliminar su función inicial, o sea, iluminar el plano. ¿Suena agotador? Pues en La Jungla de Cristal no sólo no parece haber ningún esfuerzo por eliminar las perlas de luz más extrañas y descolocadoras, sino que, en este momento...

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concretamente en el minuto 1:27:04, sucede algo increíble. Ese arco de luz que ven no sólo se deja escapar con todo el orgullo del mundo sino que... ¡Se acompaña en la banda sonora con un golpe de orquesta! Fíjense qué hermosa celebración del error. Algo así como poner en negrita las faltas de ortografía o soltar pedos por altavoz. Así se construye una película perfecta.

14/02/08

Indiana Jones y los Grados de Separación

Raiders

Dentro de una de esas cajas hay Infierno de Ternera.

Nos hemos vuelto todos majaras con el trailer de Indiana Jones 4 ¿Eh? La estrategia está clara, y sólo basta comprobar el regodeo con el que muestran el famoso almacén que veíamos en el desenlace de En busca del Arca Perdida. Allí era un plano, aquí una set piece completa. ¿Por qué ignorar el poder icónico que aquel momento ha ido cobrando con el tiempo? Está clarísimo: Después de 19 años, millones de fans, con opiniones destiladas y maceradas por el tiempo, han provisto a Lucasfilm del estudio de mercado más completo y detallado. Y por una vez se toma en cuenta, no como en el caso de Star Wars, cuya nueva trilogía se alejó inexplicablemente de todo aquello que dos o tres generaciones de espectadores recordaban con más veneración: La suciedad militar, el gigantismo, el sarcasmo.

Una de las cosas que más ilusión me han hecho del trailer de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal es saber quién está escondido detrás de la mayoría de los planos: Ni más ni menos que el director de fotografía de Los Cronocrímenes: ¡Flavio Labiano! Fue acabar nuestra película y largarse a localizar a Hawaii. Su labor en la película es la fotografía de la segunda unidad, que se encarga de la filmación de las secuencias de acción, las transiciones paisajísticas y los covers, o sea, el material destinado a ser incrustado en los cromas. La labor es aún más compleja de lo que parece, ya que el resultado final tiene que encajar de un modo imperceptible con el resto del material, fotografiado por Janusz Kaminski.

Se podrán imaginar lo cotizadísimas que están las cenas con Flavio. Es valiosísima la descripción que da de las dinámicas de rodaje de una producción de semejante tamaño. Hasta qué punto todas las decisiones, desde cambiar un objetivo, hasta replantear la colocacíon del atrezzo, pasan por todas las manos en la pirámide de producción. O la flexibilidad y rapidez para previsualizar en animación digital cualquier sugerencia de puesta en escena. También asombran las casi militares medidas de seguridad, y algún que otro lujo que me hace palidecer de envidia, como a cualquier director hijo de vecino que come de pie entre toma y toma. Y paro de contar, que acabo de descubrir el haz de un puntero láser buscando mi frente.

BONUS: En esta entrevista para Bloody-Disgusting hablo de las posibles combinaciones del porno y los viajes en el tiempo, dejo claro qué tres temas tengo que tocar en menos de cinco películas, y nos sacamos de la manga una idea para una invasión a gran escala.

12/02/08

El león triste

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Los que posean la magnífica narrativa completa de Lovecraft editada por Valdemar se toparán con sorpresas con los cuentos escritos durante su infancia. El primero de todos, el demencial La botellita de cristal, escrito con ocho años. Se trata de una aventura de página y media, inspirada en El escarabajo de oro, que finaliza con una lección inconscientemente absurda, más cerca de Monty Python que de Poe. El relato, por encima de todo, tiene un valor inmenso: Revela el amor obsesivo temprano por la obra de otro, y deja entrever kilos de verdad.

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Hemos llegado a ese punto en el que será común que los cineastas del futuro alardéen/se arrepientan de sus obras precoces. La tecnología actual permite la producción y difusión inmediata de esas obras que, hasta ahora, de existir, serían rarezas enterradas entre vídeos de comuniones.

No me resisto a plantear el ejemplo de AlienFilms, que llevan tiempo asombrándome con sus fantasías apocalípticas y sus viajes en el tiempo, filmados por gente de 13 años. Me encanta esa falta de distancia que, siendo niño, lleva a utilizar otros niños para representar arquetipos adultos. Pero, más allá de ese detalle, me fascina la agudeza que demuestran David Hidalgo y sus colaboradores para el guión y el montaje. Atentos a los que estos tipos podrían hacer con... con ¿17 años?

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Me encantaría poder presumir de vídeos precoces, pero no pude manejar una cámara hasta los 16, y jamás tuve una en propiedad. Sí, escribí relatos desde niño, pero no me siento demasiado orgulloso de lo que he ido recuperando. Se salva un proyecto imposible, una enorme libreta de facturas en la que me propuse hacer una novela-arroyo en la que escribiría un capítulo en cada página pautada, y haría un dibujo en cada cara blanca. La gracia, y la condena, era la absoluta falta de previsión capítulo a capítulo. La catástrofe se desbordó a los treinta y pico capítulos, en donde el personaje de Maguila el Gorila había perdido el contro por completo, el helicóptero estrellado se había desvanecido entre incertidumbres y nadie se acordaba ya de aquella aldea prehistórica.

En cualquier caso, de lo que no me siento orgulloso es de intentos posteriores, ya entrado en la adolescencia, en los que confieso que llegué a cometer pecados como tirar de diccionario de sinónimos (el equivalente literario al pitillo para aparentar ser mayores) y mentiras similares.

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En cualquier caso, el tesoro reencontrado entre carpetas y papeles no fue una obra mía, sino una cuartilla en la que mi hermano Álvaro, con cinco años, calculo, llevó a cabo su primer y único impulso literario. Mi hermano y yo somos muy diferentes, no tiene ninguna ambición artística, y no podría calcular hasta qué punto considera mi vida un cúmulo de disparates (espero que no mucho, suele tener razón en todo). En cualquier caso, ya le he transmitido mi envidia: Ojalá yo pudiese contar en mi currículum con un relato tan preciso, tan contundente y con tamaña densidad filosófica. Se lo transcribo (me lo sé de memoria):

EL LEÓN TRISTE

Por Álvaro Vigalondo

Érase una vez un león que estaba triste

que un dia salió a la selva

y se encontró con un gorila

que le metió una hostia que le puso alegre.

10/02/08

Álex de la Iglesia

Primero fue el artículo anónimo, en la sección de opinión de El País, después respondió Román Gubern, desde su tribuna. Después vino la carta de Álex de la Iglesia, la de Icíar Bollaín, después Elvira Lindo... Así eran las cosas antes, amigos, antes de los foros, los comments, y demás arenas intangibles, era en los periódicos donde se hacían públicos los tú qué dices y los tú de qué vas.

No voy a entrar en el tema , porque ya lo hice en su momento, entre la depresión y un extraño conformismo (1, 2, 3) y prometí no volver a darle vueltas. A fin de cuentas, carezco de la claridad e información de los arriba mencionados. Quiero hablar del texto de Álex, por un lado como agradecimiento por su mención a Los Cronocrímenes como ejemplo de película que encuentra más barreras en España que en el resto del mundo. Afortunadamente, al dia de hoy, la nuestra ya no es la película española no estrenada más famosa del siglo XXI. En cualquier caso, gracias. Un insecto como yo no puede estar más agradecido de una mención como ésta, en un texto que todos habíais leído en su blog, y del que se ha hecho tanto eco.

Loscrimenesdeoxford

Alex, describiendo a Eliah Wood cómo agarrar ciertos culos. Ya habéis visto la película.

Y que conste que no es su único favor a nuestra película. Tuve la oportunidad de hacerle un pase de premontaje en las humildes oficina de Arsénico, y todos, absolutamente todos sus consejos están presentes en el resultado final. Me enorgullezco de ser tan listo como para escuchar a los que son más listos que yo.

También quiero hablar del texto en sí. De toda la ristra publicada en El País, es el más convulso, el que parece escrito a puñetazos. Fascina la vehemencia y preocupación de Alex ante ciertos temas, desde su posición en la industria, con esa escandalosa libertad a la hora de diseñar y escoger proyectos (el estatus de un director se mide por eso, y nada más). Teniendo, al dia de hoy, razones para mirar a otro lado, se molesta en gruñir ante la injusticia que padecemos todos los que somos catalogados como parte de la misma abstracción: Seas como seas, hagas lo que hagas y vivas de lo que vivas, eres Cine Español, y sobre tí caerá la misma sospecha de vagancia y lujo subvencionado.

En cualquier caso, lo que más me escalofría es cómo Alex describe ese momento de su vida, el arranque de su carrera como cineasta, en el que cree que va a cambiarlo todo. Es un arrebato mesiánico que todos los cineastas debutantes poseemos, en mayor o menor medida. La gran mayoría soñamos con un páramo yerno que volverá a florecer gracias a nuestra creatividad y talento intransferible. La gran mayoría nos damos la hostia antes de nuestro primer estreno. ¿Es este el caso de Álex? Cuando, en el 92, volviendo para casa, abrí el tercer número de la Fantastic Magazine y descubrí la doble página que mostraba a gran tamaño su boceto del carguero espacial Virgen del Carmen, sentí que algo había cambiado. Y, a dia de hoy, esa deuda se mantiene en tantas y tantas películas y proyectos de tantos directores que no entienden la condición española como algo a lo que resignarse o ajustarse, sino como un desafío, o incluso una herramienta para escarbar más hondo, o trepar más alto. Sí, él cambió las cosas. Antes de su primer estreno. Dónde estaríamos tantos.

Entre otras cosas, Alex de la Iglesia es de esos rarísimos directores que han conseguido flirtear con el taquillazo sin perder su condición de artista de culto. Y su carrera megalítica se ha levantado a base de películas que han replanteado sus modelos, en vez de seguirlos. “Por fin uno de los nuestros” dijo Costa, poniéndonos voz a tantos, en aquella crítica a Acción Mutante. Ojalá algún día consigamos nosotros ser de los suyos.

09/02/08

A propósito de a propósito de Cloverfield

Cuando publiqué A propósito de Cloverfield se acababa de estrenar la película en España. Escribí mi juicio tras verla en un pase en Salt Lake City, haciendo una escapada desde Sundance. No esperé a verla aquí y acerté, al comprobar que en Madrid no había una sola copia en versión original. Y es que, si hay una película al cual el doblaje le sienta como a un santo dos pistolas, es a ésta.

El caso es que, desde entonces hasta hoy, en todos los rincones donde me he asomado, he podido leer cómo, ante esta película, los comentarios superaban con creces la media de cada blog, los desagravios eran los más más encendidos que había leído en mucho tiempo hacia una película, y las defensas, las más densas y furiosas. En Internet Movie Data Base, por ejemplo, el número de críticas a Cloverfield triplica o cuatriplica los de cualquier otra película “del momento”, incluyendo todas las oscarizables. ¿La cima? Este espectacular hilo de comentarios, casi una clase magistral acerca de por dónde van los hilos en la commentsfera a estas alturas del mileno.

Desde El club de la lucha, estreno y batalla campal que viví en directo, aún en tiempos protointerneteros, no había presenciado una película que generase adhesiones y rechazos tan viscerales, argumentaciones tan complejas y escupitajos tan airados. Yo que, es evidente, pertenezco a uno de los dos bandos, no voy a reiterar mis razones. Pero voy a evidenciar una cosa: Son las películas que con más fuerza definen su tiempo las que generan estos pollos. Ha sido así siempre. Pero ahora, en esta era en la que los insultos y los halagos no se los lleva el viento, sino que tienen su propio permalink ¿Ha llegado por fín el objeto artístico que nos divida de una vez por todas? ¿Acabaremos todos a hostias, como en Quadrophenia?   

05/02/08

Elitevisión

Hacerse mayor es comprobar la eficacia de la triste Ley de Sturgeon: El noventa por ciento de todo es mierda. Sí, el noventa por ciento del cine es mierda. El noventa por ciento de lo que se habla de cine también.

En cualquier caso, la antigüedad del medio cinematográfico, pese a ser escasa, sirve como guía para orientarse en el torrente. De las muchas cosas que envidio de J. A. Bayona (atención al verbo que acabo de utilizar, rara vez lo oirán en boca de un director de cine) está su complicidad con el gigantesco Juanjo Sáez. El otro día pillé al vuelo una página suya en la Rockdelux, sobre la incapacidad de la crítica del momento ante las aplastantes certezas del tiempo. Tiene toda la razón del mundo. En ese sentido soy bastante poco revolucionario: Si un nombre o un título han permanecido vivos, o han acabado emergiendo después del rechazo de su época, rara vez acaban siendo espejismos. Tirando de esos hilos es más sencillo ver cine de estreno y leer crítica con la perspectiva adecuada. Saber de dónde vienen las cosas elimina disgustos, reduce las posiblidades de fraude y multiplica el placer. Pero nunca nos dejemos llevar por la nostalgia: En los años cuarenta el noventa por ciento de todo también era mierda ¿Eh?

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Entre lo uno y lo otro, está todo lo demás.

Pero ¿Qué pasa en Internet? Estamos, sin darnos cuenta, viviendo todavía las primeras patadas del que será, en menos de una década, el primer medio de comunicación. Si hablamos de páginas y autores, estamos viviendo ese temprano y mágico barullo en el que se escribe bien y mal, se diseña bien y mal, lee bien y mal, y se interpreta bien y mal y fatal, y la ausencia de pasado legitima a unos y a otros de una manera que será indudablemente jocosa, dentro de esa década que os menciono.

Por todo esto, es agradable que, a dia de hoy, haya páginas que hagan el intento a ordenar lo uno y lo otro. Si hablamos de análisis cinematográfico y televisivo, hay rincones donde se pone un especial empeño en recopilar la mierda. Pero hay algún otro donde tiende a recalar el 10% restante. Como la que lleva el acertadamente pomposo nombre de Elitevisión.

Reconozco que mi relación con esta página es traumática. Estuve escandalosamente cerca de su creación (una pequeña melee en el messenger) y asistí, cegado, al arrebato que le llevó a John Tones a diseñar un proyecto materialmente imposible: Organizar una selección de artículos que analizase series de televisión capítulo a capítulo. Estadísiticamente, al menos dos articulistas están condenados a morir antes de alcanzar su última temporada. Tones es el Fitzcarraldo de la blogosfera.

Me siento traumatizado porque siempre pensé que que mi primer artículo aquí hablando de Elitevisión sería anunciar mi colaboración. Dos veces me he propuesto embarcarme en el destripe de dos series imposibles, y las dos veces mi vida se ha desbaratado, aplastando cualquier ambición de embarcarme en semejante proyecto. Y la calidad y riqueza referencial de algunos artículos no ayudan, hijos de puta. ¿O qué creen, que no tengo miedo de convertirme en el 10% de mierda de Elitevisión? Así que, por el momento, este es el anuncio de mi fracaso. Pero imagínenme a contraluz, con el puño alzado. A ver, a ver...

He tomado prestada la imagen del Blog de Kenny. La comparativa de planos de Los Simpson y referentes reales es escalofriante.   

02/02/08

A propósito de Cloverfield (Incluye spoilers monstruosos)

Lo primero: Cualquier cosa que diga me temo que no será más que una extensión o pie de página de lo dicho por Jordi Costa el viernes en El País. Lo segundo: No oculto el rubor de que en la mencionada crítica se haga una mención al cortometraje Domingo. Que se me reseñe de rebote en una crítica de Costa me ha hecho sentirme un señor, como atravesar un ritual de madurez de esos en los que hay que caminar sobre brasas en pelotas y vencer a un gorila a puñetazos. A la vez.

Y, por supuesto, hace ya muchísimo tiempo que leí a Zito, analizando las catástrofes a golpe de Iphone. Yo sólo tiro del hilo. 

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CLOVERFIELD Y REC

Los señores Plaza y Balagueró por un lado, y la factoría Bad Robot por el otro pueden sentirse estupefactos ante las conexiones entre las dos películas que han diseñado a la vez, coincidiendo además en el tiempo con Diary of the Dead, la película de Romero en la que una videocámara más o menos inocente, asiste al apocalipsis zombie.

Son los artefactos inventados al mismo tiempo, en diversas partes del planeta (el cine, el motor de vapor, la metralleta) los que cuentan con más papeletas para definir una era, y así es el caso de estas películas, como dice Jordi Costa, auténticas consecuencias de la era youtube. Pero mientras que a la película de Romero le lastra una autoconsciencia demasiado discursiva, en REC y en Cloverfield nadie nos amarga la fiesta. ¿Qué separa estas dos películas? REC es un fantástico tren de la bruja, un diabólico túnel en línea recta cuyo recorrido podría haber durado veinte minutos o dos horas. Cloverfield, pese a su disfraz de pesadilla abierta, es un armazón de tres actos, una estructura clásica en la que un Orfeo improvisado desciende al infierno (aquí, en un punto paradójicamente elevado) para rescatar a su amada.

LA REGLA NÚMERO 1

La película respeta la condición principal en la tradición más antiquísima de relatos de monstruos y catástrofes: Al igual que en Cuando ruge la marabunta, Los Pájaros, o, er... La fiera de mi niña, la criatura actúa en el momento en el que se evidencia la incapacidad del protagonista para trazar emocionalmente una línea entre dos puntos. Fijáos. Rob, el protagonista, está en el descansillo de la escalera de incendios, con su amigos. Están discutiendo la actitud que debería tener el muchacho ante la desaparición decisiva de la que, a todas luces, es la mujer de su vida .En el momento en el que el personaje demuestra no saber cómo demonios actuar... ¡BUM! El skyline nocturno se desvanece. El monstruo no es, en esta película, un agente del Apocalipsis, sino el motor de un doloroso reencuentro a destiempo.

LÍOS DE FALDAS

Pese a las licencias habituales de los cástings de J.J. Abrams, con imposibles incursiones en el universo L`Oréal, y a la tradición (ya presente en Alias y en Mission:Impossible III) de las fiestas de piso más antipáticas que uno pueda imaginarse, los primeros veinte minutos narran una historia de desencuentros urbanitas con una audacia que supera a la de cualquier planteamiento sentimental que Bad Robot nos haya diseñado hasta ahora. Hasta el punto de hacernos olvidar que, de un momento a otro, la cabeza de la Estatua de la Libertad acabará rebotando en el portal. Nos plantea las dos tramas sentimentales que vertebrará la película, una de ellas involucrando... ¡Al propio cámara! Y lo sazona con la jugada definitiva: La cinta que estamos viendo está reciclada por accidente, y está borrando una grabación anterior. La relación entre lo grabado y lo borrado es de un trágico perfecto: El recuerdo íntimo, pasional, ¿sexual? está siendo eliminado por el recuerdo social, forzado y fálsamente festivo. Pero al final de la cinta, tras un derrumbe de piedras que aplasta a la pareja, pero también al botón de STOP, consigue sobrevivir un pequeño fragmento de la grabación original.

EL MEJOR MOMENTO DE LA PELÍCULA

El mejor momento, y quizá el plano secuencia más audaz de todos: Llevados por el caos ciego, unos tipos asaltan una tienda de electrodomésticos. Rob deduce que si quiere conseguir ponerse en contacto con la chica desaparecida, debe robar un móvil en ese mismo establecimiento. La cámara le sigue. Dentro del local, un televisor de plasma emite un informativo: Una cámara aérea y la voz de un locutor nos relatan la destrucción del puente de Brooklin, que minutos antes habíamos contemplado, de un modo confuso y volátil, desde el propio centro de la tragedia... Nuestra cámara se desplaza a otro televisor, éste emitiendo imágenes en vivo, en las que vemos al monstruo merodear entre edificios, hábilmente escondido a nuestro ojo (¿a nuestra lente?) entre rascacielos. Un ruido atronador llama la atención de nuestro cámara, que sale al exterior. Enfoca al horizonte, con lo que recibimos, de nuevo la perspectiva, aún más fragmentada, pero inmediata, del monstruo. El cámara, espeluznado, vuelve a entrar a la tienda, para avisar a Rob de la proximidad de la criatura. Dentro, los confusos asaltantes, con los objetos robados en la mano, están mirando los televisores, sin mover una pestaña... Nuestra cámara también mira... Esta vez, la pantallas nos muestran el ataque de las criaturas-araña a los soldados. Los gritos de conmoción que acompañan la espeluznante embestida no provienen de nuestra sala de cine, sino de los propios espectadores ficticios dentro de la tienda. El que se descargue la película en uno de esos screeners chapuceros no podrá notar la diferencia (Lo que multiplica el atractivo metalingüístico, reconozcámoslo).

La secuencia no sólo replantea la situación, recapitula lo sucedido y anticipa nuevas catástrofes, a base de superponer puntos de vista con una habilidad enloquecedora, sino que condensa la esencia de la película en pocos segundos: La catástrofe colectiva queda reducida al acontecimiento indivual (en pleno fin del mundo, por qué no robar una Wii), que a su vez queda aplastado por la catástrofe colectiva (aún con una Wii entre las manos, el fin del mundo es el fin del mundo).

EL ORÍGEN DEL MONSTRUO

Si J.J Abrams ha inventado algo, ha sido construír ese tercer piso narrativo, púramente lúdico, que ha escarbado bajo las dos plantas sobre la que se suele construir la ficción televisiva, la trama y la subtrama. Me refiero a todo ese hilo argumental que sólo puede percibirse en segundos visionados, pausas en la reproducción, consultas a perfiles falsos de Myspace y Facebook, webs escondidas, mails encriptados y demás rumorología. Llamémoslo, de momento, la "paratrama". En ALIAS se intuyó (la cabecera de la serie ya incluía un breve subliminal) pero en LOST ya marcó una nueva era en el mundo de los easter eggs televisivos. Cloverfield no se queda atrás, convirtiéndose en el primer largometraje con toda una paratrama completa: Según parece, el orígen del monstruo se puede deducir de la observación de algún que otro acontecimiento en los márgenes del encuadre, la exploración en Internet de páginas corporativas ficticias y el dos y dos son cuatro. Que la última cartela de créditos finales vaya acompañada de un texto que sólo se puede entender reproducido al revés plantea una curiosa paradoja: En la era de la piratería, una película nos sugiere que vayamos al cine con cámara, grabadora de sonidos y libreta de apuntes.

LA CAMPAÑA

Casi todo el mundo que habla de la campaña publicitaria de Cloverfield lo hace con cierta carga moralista (demasiado éxito ha de pagarse) y la caída de taquilla en la segunda semana se traduce como un castigo. Aclaremos las cosas: Si la película desfallece en taquilla no será por su eficaz campaña de publicidad, sino por la tensión inevitable que se produce cuando una película apunta al público masivo con un armamento nada complaciente. Lo mejor de la campaña de Cloverfield (que no es más engañosa que todas las demás) es que ha funcionado como producto en sí mismo, tirando además de herramientas tan insospechadas como renunciar al título de la película durante gran parte del ejercicio. Lo de ocultar el aspecto del monstruo hasta el último momento no es tan novedoso ¿O no se acuerdan del enigma que rodeó el aspecto de E.T. Hasta el mismo día del estreno?

LA CÁMARA CAE AL SUELO

Hasta donde me llega la memoria, todas las películas que simulan reproducir un material previo narrado en falsa primera persona, desde Holocausto Caníbal a este Cloverfield, pasando por REC, Diary of the Dead, Ocurrió cerca de su casa, The Blair Witch Project y alguna más que ustedes sabrán, acaban fatal. Con todos los agentes de la narración muertos. Supongo que se debe a la tentación de darle al documento el crédito de haber sobrevivido a sus propios autores. Hay algo más veraz que la cinta encontrada en el terreno de batalla, y es aquella empapada por la sangre del operador.

NO NOS ENTERAMOS DE NADA

Ha habido quejas ante el supuesto oscurantismo del desenlace. Al final del relato, no sabremos nada del acontecimiento que no sepan sus protagonistas. Al igual que en Zodiac de David Fincher, (película que sufrió quejas parecidas), o que en la novela Encuentro en Rama de Arthur C. Clarke (curiosamente, la próxima adaptación literaria de Fincher) los personajes se definen por la falta de información, y el respeto escrupuloso a su punto de vista no puede ser más honesto. “Si estás viendo esta cinta, sabes más que yo” dice Rob en la última secuencia. La gracia están en que no, no sabemos más que él.

A no ser que miremos en su página en myspace, y de ahí...

Dedicado a Eunice ¡Feliz Cumpleaños!

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