Les animo a que vean el siguiente trailer. La película se llamará Triangle, está dirigida por Christopher Smith y su estreno en salas norteamericanas está previsto para este mismo año.
Hasta el minuto 1:14 Triangle parece ser otra entrega de ese agradecido género que es el thiller en alta mar. Pero a partir de ese instante descubrimos que... Triangle es una película de viajes en el tiempo. La protagonista parece estar atrapada dentro de un circuito cerrado lleno de paradojas espaciotemporales que la empujan a ser, a la vez, la víctima y el asesino en la situación. De hecho, se verá enfrentada a sí misma en más de una ocasión. Y para evitar ser reconocida por sí misma o los suyos llega a ponerse un capuchón como el que se vemos en el segundo 3:11 ¡Agggh!
En el calentón uno aprieta los dientes, pensando en los flases en las escalerillas del juzgado. “Me han robado” piensas, y elevas el puño, imaginándote rodeado de ciudadanos indignados.
Luego recapacitas. Gran parte de las acusaciones de plágio se dejan llevar por la ira hasta darle una patada en el culo al sentido común; las películas no nacen el día que se estrenan. Ni siquiera el día que se rueda. Una película tiende a tardar dos años en materializarse como producto desde que se compra un guión, no digamos ya desde que la idea primera nace. En su momento, las acusaciones de plagio vertidas sobre Amenábar debido al parecido del final de Los otros con el de El sexto sentido sugerían algo tan absurdo como el diseño de una superproducción en tiempo récord con el fin de estrenar cuanto antes un relato con un final “como el de una de Bruce Willis que he visto esta misma tarde”. A mí también me ha tocado algún gesto torcido por haber plagiado Primer e incluso Deja Vu con mi primera película.
“Tengo que escribir cuanto antes una película que se parezca a una que acaba de ganar en Sundance y que se va a distribuir por todo el planeta ¡Es un plan perfecto! ¡No hay tiempo que perder!"
Tras el estreno de Marisa algunos comments y algunos blogs se han hecho eco de Emily, cortometraje de Andrés Sanz, un realizador cuyo corto Bedford dió la vuelta al mundo el año en que yo iba rebotando de aquí para allá con 7:35 de la mañana (aquel corto que plagiaba un videoclip de Sabina robando una canción de Los Lunnies). Como podréis comprobar, las similitudes entre Marisa y Emily son notables:
Emily (1995) from asv on Vimeo.
Aquí no me vale la excusa de la cercanía temporal, porque Emily es un corto del 1995. Entonces ¿Qué ha pasado? Están aporreando la puerta ¿Salto por la ventana?
Recuerdo cuando, en la universidad, una tarde nuestro compañero Jorge Vázquez, al que oficialmente echo de menos, nos habl de las asombrosas similitudes entre Minority Report y Monsters S.A.: Ambas películas plantean una industria ficticia que replantea la naturaleza de nuestra realidad (desafío al espacio en la película de Pixar, tiempo en la de Spielberg). El protagonista, un destacado agente de estas compañías, se ve arrastrado a infringir las normas que él mismo acataba con rigor. La huida le lleva a un siniestro descubrimiento: Su superior es un conspirador que está utilizando su poder para llevarse un beneficio ilegítimo de la compañía. Este descubrimiento lleva a nuestro protagonista a la expulsión, al destierro. Será su mano derecha, su cómplice inmediato, quien le salvará y le permitirá acusar y derrotar al villano. El plan del corrupto quedará desmantelado y la compañía tendrá que replantear la naturaleza y usos de su tecnología.
Podríamos seguir escarbando y encontrar paralelismos aún más asombrosos. Es más, es la parte de Minority Report que más se distancia del relato de Philip K. Dick la que más se acerca a la película de Pixar.
Pero no suena a delito, ni huele a escándalo ¿Verdad? Muchos habéis resoplado con la descripción de ese guión que se ajusta a ambas películas. Nos parece que las dos películas se han nutrido, o han llegado a un mismo esquema de guión, y eso no les ha ahorrado ningún esfuerzo a los escritores ¿no?. Aunque el guionista de una película, efectivamente, haya tomado como referencia el guión de la otra, el esfuerzo titánico de adaptación de personajes, situaciones y contexto nos parece tan legítimo como una creación a partir de cero.
(Cuidado, se avecina una paradoja)
Sin embargo... Todos sabemos que una de las misiones del plagio es evitar ser reconocido como tal, ocultar suficientemente su fuente de inspiración para esconder el delito. Podríamos decir que Minority Report es un plagio perfecto. ¡Tanto que nos nubla la posibilidad de comparación con la película plagiada! Tanto que, de ser descubierto ¡Nos resulta legítimo!
Las acusaciones de plagio a las que estamos acostumbrados los que nos revolcamos por Internet no son tan divertidas, ni cuentan con la agudeza y el sentido de la observación de Jorge Vázquez, así como, lamentablemente, los Jorge Vázquez que escriben para Internet son minoría. Las acusaciones de plagio habituales son basicamente superficiales, se basan en elementos a la vista, explícitos, fáciles de divisar. Acusar de plagio a una película, basándose en estas semejanzas, le supone al denunciante el placer de decir algo que suene decisivo, real (y de resonancias hasta penales) habiéndose librado de tener que reflexionar o analizar nada. Mi película, por ejemplo, se parece a Primer porque es barata, hay viajes en el tiempo breves al pasado, y prismáticos. Ya está.
Hay aún más similitudes entre Marisa y Emily. Aunque las cuestiones de fondo son distintas, muchos recursos formales son parecidos:El título es el nombre de una mujer, el relato avanza gracias a la voz en off y un montaje de mujeres que se se suceden con trucos de continuidad... La pregunta es ¿Qué hubiese ganado yo si, efectivamente, hubiese robado todos los aspectos más evidentes de Emily? ¡Precisamente los que evidenciarían el robo! Al igual que en el caso de Triángulo, Los Otros y Los Cronocrímenes ¿Dónde está el beneficio de apropiarse únicamente de lo que más salta a la vista?
Me declaro inocente, pero la última palabra, como siempre, es vuestra. En cualquier caso, me fascina haber coincidido en tantos mecanismos con Andrés Sanz. Pero, por encima de todo, me encanta observar cómo, a través de una retórica tan similar, hemos llegado a territorios tan opuestos como los del deseo colmado y la pérdida infinita.
Y ahora disculpadme, tengo que acabar un guión fantástico acerca de unos jóvenes hedonistas titulado Falsedades y Gruesas.
