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24 diciembre, 2010 - 04:48

Otro creador

Ah, Internet... Tengo clarísimo lo que le debo, y no me refiero a que alguna vez se me haya saludado en la calle antes por mi Twitter o por este blog que por mis películas. Sé perfectamente que, de no ser por Internet yo no habría sido capaz de terminar mi primera película... Durante el año 2007, el más oscuro de toda mi vida, pude comprobar que nadie en España daba un duro por Los Cronocrímenes, y me hacía a la idea de que no podríamos  estrenarla, ni siquiera completar su postproducción. La luz llegó cuando uno de los programadores del Fantastic Fest tejano, alguien que me conocía por los cortos que había colgado en youtube, me pidió un premontaje de la película para considerar su selección en el festival. A partir de ahí todo cambió.

 

No sólo eso. A día de hoy, el mejor regalo que me ha dado la película es la cantidad de países donde se ha visto, y donde se sigue descubriendo. Es un deleite no entender las reseñas en ruso, en coreano, en griego, en japonés... Comentarios que han venido a menudo desde países donde la película no ha sido oficialmente distribuida. ¿Me explico?

 

Si a todo esto le sumamos el buen resultado que ha tenido la película en Netflix no puedo más que añadir que, por el momento, mi carrera le debe casi todo a Internet.

 

Pero aquí he venido a poner todas las cartas sobre la mesa, y no tiene sentido ser sincero si sólo se apunta en una dirección: Internet es uno de los principales motivos por el cual el cine que precisamente más me gusta como artista y consumidor tiene una rentabilidad cada vez más difusa. El cine franquiciado, las grandes sagas que encuentran múltiples formas de publicitarse siguen ahí arriba, acaparando multicines y jugueterías. Pero el abismo que hay entre lo que recauda un Harry Potter y un proyecto más modesto, con un guión no adaptado y un director impredecible es cada vez más grande. Esto no quiere decir que dejen de producirse películas más allá de Narnia y Avatar, pero sí que un largometraje sin actores de primera fila y un guión algo más desafiante de lo habitual tarde mucho más que antes en financiarse, en el mejor de los casos. Esto es así en Hollywood y aquí.

 

A mí me supone una lucha constante:La razón por la que rodé este verano una película minúscula como Extraterrestre es porque tenía la necesidad vital de rodar algo antes de que acabase este año, y tenía la seguridad de que mi siguiente proyecto, el guión cuyo contrato firmé en el lejano Noviembre de 2008, todavía tendría mucho camino por recorrer, muchos despachos que visitar. Antes de aplaudirme sabed que se trata de una película “minúscula” pero en la que los sueldos han sido dignos (bueno, algunos, como el mío, se han capitalizado). Vamos, que nos hemos mantenido por debajo del millón de euros de presupuesto, pero no tan por debajo como nos gustaría. Y tenéis que saber que para conseguir el presupuesto necesario fue necesaria una ayuda del Gobierno de Cantabria. Sí, amigos... Una subvención... Alguno empieza a afilar su cuchillo...

 

Tengo que reconocer que estoy atravesando una etapa dulce. Gracias a la confianza que ha generado el premontaje de Extraterrestre ya estamos recibiendo ofertas de coproducción, distribución y ventas internacionales. Y parece bastante seguro que Followers se ruede el año que viene... ¿Tengo motivos para quejarme de algo?

 

Sí, si soy honesto. Percibo una desaceleración en varios frentes. A mi alrededor cada vez se desarrollan menos proyectos, y cada vez más despacio. Algunos colegas, de mi generación y la que nos antecede, algunos con trayectorias impecables, viven en un estado de constante incertidumbre. Lo peor es ir a un festival de cortos y comprobar que los que siguen batallando son los mismos cortometrajistas de hace cinco años, un tapón generacional que hace tiempo era impensable. Y es que, en un mercado cada vez más inseguro, cada vez es más difícil confiar en un debutante. Es algo que intento transmitir cada vez que tengo un encuentro con estudiantes de cine o cortometrajistas: Cada día que pasa es más difícil dar el salto.

 

Esto último me jode especialmente: Amo el cine por la vez que me metí en una sala vacía en Vitoria y vi Reservoir Dogs, por el día en que vi en los cines Bahía de Santander Acción Mutante. No me remito a la nostalgia ni al romanticismo de la sala oscura. Hablo de esa sensación irrepetible que te inunda cuando ves algo nuevo que llega de ninguna parte y te transforma de lleno. Hablo de la posibilidad de renovación, de sorpresa. Lo que me jode es percibir cómo, lentamente, esa posibilidad se está reduciendo en algunos países como el nuestro.

 

Porque el cine no franquiciado es cada vez menos rentable.

 

En parte por el intercambio masivo de archivos en Internet.

 

Me gustaría pensar que, hasta aquí, estamos de acuerdo.

 

El rechazo a La ley Sinde ha devuelto a primer término estas cuestiones. Ciertas voces, entre ellas representantes de esa comunidad que termina de solidificarse en el imaginario popular con el nombre de “los creadores” han expresado públicamente su indignación ante lo que consideran la rendición cobarde ante una actividad que no por colectiva deja de ser un delito.

 

Frente a estas voces, el último blog y el último foro que has visitado proclama que con el fracaso de esta ley se evidencia una vez más que el modelo de negocio en el que se basa el cine tiene que replantearse de lleno, en vez de luchar por recuperar una relación con el consumidor que ha cambiado de forma irreversible.

 

Las cartas siguen sobre la mesa: Yo me encuentro en este segundo grupo.

 

Por eso me hago las siguientes preguntas: ¿Es posible cambiar de lleno las estrategias de distribución y exhibición y conseguir el nivel de beneficios necesario para producir más cine? ¿Podemos rebajar el precio de las entradas, o establecer diferencias de precios según ell tipo de película, sin desestabilizar el mercado? ¿Podemos producir un cine gratuíto, buscando patrocinios, añadiendo publicidad al visionado o pidiendo más participación del estado? (quizás no sepas que sólo ALGUNAS películas reciben subvención, y ese dinero es sólo PARTE del presupuesto final). ¿Podríamos sostenernos con donativos o cantidades simbólicas por parte del espectador? ¿Es el crowfunding una actividad sostenible o sólo funciona como experimento puntual? ¿El futuro está en portales como el excelente Filmin.es? ¿Podemos producir películas a partir de los beneficios en un Spotify audiovisual? ¿Tiene cabida Netflix en España? ¿Es suficiente el número de gente en nuestro país dispuesto a pagar una cuota fija a cambio de ver películas online?

 

¿Tiene sentido que las empresas de telefonía cedan parte de sus beneficios por los contratos ADSL en concepto de propiedad intelectual?

 

Voy a responder todas estas preguntas con la misma respuesta. Cuidado, se trata de una sentencia a la que no estarás muy acostumbrado de un tiempo a esta parte, un pensamiento erradicado la práctica totalidad de blogs, foros y redes sociales que has visitado de un tiempo a esta parte:

 

No lo sé.

 

Envidio a los que son capaces de responder a esas preguntas con rotundos síes o noes, no cuento con los datos que manejan. La única certeza que comparto con ellos es la primera de todas: La industria cinematográfica ha de dar un paso adelante si quiere seguir siendo rentable. No hay vuelta de hoja.

 

Es algo que también le digo a los cortometrajistas: Vamos a ser los primeros cineastas de una nueva época. Vamos a poder ser pioneros en algo.  

 

Las quejas que ha suscitado la Ley Sinde han sido motivadas por, entre otras cosas, una descripción demasiado abierta de las motivaciones delictivas tras la vulneración online de la propiedad intelectual ¿Qué incluye el “lucro directo e indirecto” o la “violación del daño patrimonial”?. También ha pesado el poco detalle en la descripción del delito: Por ejemplo, no se distingue a la página que alberga un contenido no autorizado de la página que enlaza a la anterior. Para entendernos, no distingue a Megaupload de Seriesyonkis. ¿Dónde reside el delito exactamente? Da igual lo que consideremos nosotros, lo que debería hacernos pensar es que el texto no contempla esta cuestión. No puede hacerlo, con un lenguaje tan desactualizado. O sea, que ante una realidad que muta a velocidad de vértigo se plantea una ley bastante agresiva que, sin embargo, es tan poco precisa que podría haberse escrito hace quince años.

 

De todos los argumentos que se han planteado contra la Ley Sinde el que más me ha mosqueado siempre ha sido el de que no tiene sentido cerrar páginas web por un delito que los jueces ya han dado por sobreseído, o sea, se da por hecho que la legislación vigente es perfectamente válida, punto pelota. También me han hecho pensar las defensas del intercambio de archivos P2P exclusivamente basadas en su legalidad, a partir del lo que se formuló en el derecho a copia privada... hace quince años.

 

 

¡Un segundo! Acabas dándote cuenta de que entre las voces contrarias a la Ley Sinde abunda cierto conservadurismo en lo que concierne a cualquier responsabilidad que no sea la del propio sector audiovisual. Ese al que se le pide que salte sin red hacia no-sé-landia.

 

Hay un momento en el que, en lo personal, se reconoce la poca honestidad de los portales que se sostienen gracias al tráfico de links a obras ajenas, pero se acepta que la situación es la correcta, porque la ley no puede hacer nada. 

 

¿Alguno de los contrarios a la Ley Sinde ha propuesto una corrección del texto, una alternativa? ¿O se sobreentiende que con tumbarla todo está solucionado?

 

 Mientras pedimos al otro al otro que de un paso adelante... ¿Nos resulta más cómodo quedarnos detrás?

 

Me preocupa que le exijamos a la industria audiovisual que sea consecuente con las constantes mutaciones tecnológicas y que abandone un pasado que ya no existe... mientras encontramos reconfortantes las leyes pertenecientes a ese mismo pasado. La Ley de Propiedad Intelectual data de 1987, un año en el que, como dice Nacho Escolar, lo más parecido a Internet era Naranjito. ¿Le pedimos a las distribuidoras y productoras que se propulsen hacia el futuro con semejante contrapeso? 

 

¿Es capaz el sector audiovisual de asumir lo que le pedimos y reinventar por completo su modelo de negocio, sin que haya una reforma radical de la Ley de Propiedad Intelectual que favorezca esa transición?

 

Tampoco lo sé. Pero intuyo que no. 

 

Por eso creo que es justo que tengamos presente esta posibilidad, que no le tengamos miedo a una alteración de las leyes justa y ordenada...  sin miedo a que esto implique el futuro cierre de determinados chiringuitos. A ambos lados del muro.

 

Algo que pudo empezar a esbozarse cuando la industria musical giró ciento ochenta grados, hace tan poco tiempo. Por cierto ¿Ha sido Spotify el punto final de la transformación? ¿Es rentable sacar un disco de éxito? ¿Cómo está a día de hoy la situación de tantos músicos que, sea por el motivo que sea, no pueden plantearse la actuación en directo? ¿Hemos dado ese debate por concluído?

 

Más y más preguntas a las que contesto “no lo sé”. 

 

Y de regalo:


UN RELATO DE CIENCIA FICCIÓN APLICADA

 

Hay una idea que me gusta manejar, la del crononacionalismo. Imaginemos por un momento que somos capaces de establecer un sentimiento de comunidad no basado en los límites geográficos, sino temporales. Imaginemos que somos capaces de identificarnos como los representantes y responsables de un lapso de tiempo que, pongamos, cubre una o dos generaciones. A partir de ahí, pensamos en nuestros muertos desde cierta distancia y tratamos a los bebés con cariño, pero identificándolos como a “los otros”.

 

Entonces, un sentimiento de cronocompetitividad nos empuja a dejar en entredicho los logros de las generaciones que nos preceden (algún radical llega al extremo de reescribir los libros de historia, de llenarlos de debilidades colectivas y errores en masa) y a intentar dejar el listón bien alto a los que vendrán. Nos obsesionamos con la posibilidad de que nuestra presencia en la historia sea un lapso brillante.

 

El crononacionalismo tiene múltiples aplicaciones. Si fuésemos crononacionalistas, por ejemplo, sabríamos resolver en semana y media la situación que ha alimentado este post... Si fuésemos crononacionalistas nos daría pánico la posibilidad de que se nos recordase por los que lo redujeron todo a un cruce de insultos, un baile de leyes borrosas y cien chistes a costa de Alejandro Sanz.  

 

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Comentarios

Nacho, tio, se te ólvida comentar una cosa que es fundamental. Es verdad que actualmente, el mercado cinematográfico está repleto de películas franquicia que en mi opinión no hay de dónde cogerlas, pero ¿Sería diferente si Internet no existiera? A lo largo de la historia del cine se ha ido caminando hacia esa dirección. Entre otras cosas por que la televisión sólo apostaba por películas de este tipo, relegando el cine de calidad a horas intempestivas si es que se dignaban a emitir una película de Bergman, Tarkovsky, o cualquiera que supusiera un poco de concentración. Por este motivo, antes de descubrir las descargas por Internet, no conocía el cine "de verdad", ese mismo cine que me hizo replantearme la carrera de Bellas Artes y centrarme en audiovisuales. Sin Internet no conocería a Antonini, a Visconti, a Takasi Miike, Chang-wok-park, Kim-ki duk, no habría visto y alucinado con "La caza" de Saura, y por lo tanto no habría podido comprar sus películas. Stalker es una de mis pelíciulas favoritas, pero tube que comprarla por Amazon a UK, ya que aquí no se comercializa. Internet puede hacer mucho bien por el cine de calidad. Antes de Internet a mi me gustaba el "cine franquicia" o palomitero o como quieras llamarlo. Ahora quiero dedicarme a ello (y me dedico a duras penas) porque se que el cine puede ser un arte.

Creo que debería crearse una biblioteca virtual o, en este caso, videoteca legal con exactamente las mismas normas que las bibliotecas físicas, que garantice la buena calidad del vídeo (idiomas y subtítulos), mantenga regulado el tráfico de descargas (que al igual que en la bibliotecas debería tener un control o límite de demanda por persona registrada legalmente, es decir, con sus datos reales), y que cobre un porcentaje a las teleoperadoras por descarga realizada; beneficio que debería ir a parar a la distribuidora o distribuidor.

El fenómeno de internet es imparable, y tratar de controlarlo privando al usuario de los servicios por los cuales desea en muchos casos contratar la línea considero que es un retroceso en lo logrado hasta ahora.
Pero la adaptación de la industria a este medio debería ser inmediata. De no hacerlo ya se espera que sufra un daño irreparable: renovarse o morir.

Creo que internet ayudará a los verdaderos artistas, que suelen ser mucho más auténticos que quienes tienen la cartelera asegurada debido a las campañas de marketing que pueden costearse.
Los Cronocrímenes, en mi opinión, es un buen ejemplo de ello. Si no fuera por el boca a boca ciberespacial muchos, aunque no es mi caso, no la habrían disfrutado.

A pesar de que los pisos son cada vez más pequeños, el futuro del cine está en casa. Cada vez es más fácil conseguir un buen equipo de reproducción.

saludos.

Es un tema muy delicado. Por un lado, creo que lo honesto es decir NO LO SÉ, como haces en tu post, pero por otro creo que la industria del cine está anquilosada y pretende detener el tiempo y las tecnologías a su antojo.

Lo más sangrante de todo esto es el total desconocimiento que en el mundo de la "mal llamada " cultura hay de esta tecnología, ni siquiera se dan cuenta de que en el caso de que la Ley Sinde se aprobase tal y como ellos quieren, no se tardaría ni dos días en encontrar alternativas para que la gente se pueda seguir descargando películas, series, libros y música a su antojo.

No van a poder parar, ni frenar, esta forma de distribución, aunque quieran llamarlo robo, así que será mejor que se empiecen a poner las pilas y a hacer cambios en las industrias culturales.

¿Porqué será que los intentos más honestos y arriesgados siempre los hacen los independientes que no tienen un duro? Yo creo que es por que a los que sí tienen el dinero y el poder no les interesa que nada cambie.

Tu blog, excelente, como siempre.

Me gusta acechar tu blog de vez en cuando, Nacho. Pero creo que en este post un poquito manipulador no puedes dejar de ser quien eres: un creador. Los consumidores te agradecemos que nos digas cómo tenemos que consumir pero también, como tales, podemos declinar tus sugerencias de creador. Ese es vuestro fallo: queréis que veamos vuestras obras cómo vosotros las veis. Yo creo que los consumidores te agradeceríamos que guardaras las distancias y asumieras tu papel de creador, del que, supongo, pretendes vivir.

Me gusta mucho el argumento de que los defensores del P2P son conservadores. No lo había pensado así. Pero aún lo son más los creadores que pretenden que la propiedad intelectual sea la que se definió hace más de 100 años. Seamos claros: la propiedad intelectual tiene un límite. Me gustaría que los creadores y distribuidores se den cuenta de esto y concurran al mercado con esa mentalidad. No se puede legislar todo, como tú dices, no se puede pretender cobrar como si tu creación hubiera surgido de la nada, del perfecto vacío de una mente. Tú le tendrías que pagar a Stephen King, a Robert Bloch, a Clive Barker, a Robert Sheckley y a tantos otros.

No sé a qué viene tanta leche con la Ley o no Ley, y tanto estudio pormenorizado, debates, etc.

La solución es bien simple: esperar a ver que hacen los americanos y copiarlo.

Sorted!

joder, qué comentario más bueno el de thx1138. enhorabuena por la paciencia y la claridad al exponerlo

Muy buenas.
Leí atentamente tu entrada y, junto a los aportes que hace Berto Romero en su blog, se me ocurrió la solución al problema de la descarga. Copio la conclusión final. La entrada completa está en:

http://www.escaperos.org/2010/12/27/sobre-la-ley-sinde/

"(...)la solución al problema: Yo pago por ver una obra una única vez. Si es una obra de teatro o un concierto, como cada representación es diferente, es lógico que pague por cada representación individualmente. Ir al cine a ver una película, me daría el derecho a verla cuantas veces quisiera (en el cine) o descargarla en casa en el ordenador. Incluso conseguir el DVD, aunque sea pagando el coste del soporte. No es una obra única, porque se repite exactamente igual, así que no tendría más que pagarla una vez. Comprar un libro en papel me permitiría tener también posibilidad de descargarlo en mi eBook, si quiero. Y si lo pierdo, recuperarlo sin coste alguno (si es en papel, pagando el coste del soporte, claro está). La norma de una única vez se puede aplicar a cualquier obra de arte.

Esta idea tiene sus pegas (como el tema de la privacidad de los datos y la centralización de la información) y habría que darle alguna vuelta más.
(...)"

Me parece realmente bueno que se intente dialogar, y aplaudo la iniciativa de Alex de la Iglesia. Pero no puedo evitar sentir que de esta forma se ha legitimado una forma de hacer las cosas que no está bien. ¿Alguien se acuerda del pirateo del Plus? ¿Alguien hubiera imaginado una reunión entre usuarios de tarjetas pirateadas y representantes de Canal Plus para llegar a un acuerdo que pudiera satisfacer a ambas partes? Me suena un poco absurdo, la verdad. Y es lo que está pasando ahora. Cada paso que se da sirve, entre otras cosas, para perpetuar la idea de que coger algo sólo porque está ahí, y porque no acarrea ninguna consecuencia, está bien. Una idea un tanto peligrosa, no?

Mucha clase media/baja con maneras de clase alta, que cuando la pasta no le da se frustra y se cabrea. Y además pretende convencernos a todos de que su cabreo es lógico y natural. ¿Es que no puedo tener todas las películas y canciones del mundo? ¿Por qué?

No es posible, sencillamente porque todos nos hemos aprovechado del sistema de descargas libres. Todos descargamos "cosas" porque nos son útiles de alguna forma. Tú mismo reconoces tu existencia gracias a Internet, ergo atente a las consecuencias democratizadoras de lo que desea la mayoría. Soy un habitual de determinados festivales, coleccionista de cine apasionado,... He mantenido charlas con directores y críticos de cine que ambos conocemos y hemos charlado en "petit comite" sobre películas que no estaban editadas en dvd´s y que hemos descargado. Todo ello se queda en nuestro cerebro como una impronta y algunas incluso nos llegan a ilusionar, apasionar e inspirar de tal modo que nos empujan a meternos en algún proyecto o nos cambia nuestra forma de ser. Lo que más me ha llamado la atención es que la juventud -y no tan juventud- de este país tan demacrado por la crisis, es consciente de que el Gobierno puede hacer muchas cosas pero ojito con tocarles un lugar en el que se sienten libres. La cultura es libertad y está para compartirla. ¿Te has descargado alguna vez películas, Nacho? No es necesario que respondas. La mentira estriba en "la pela". La gente no deja de ir al cine por poder descargarse la película en Internet. Los ojos de julia no se ha podido descargar en Internet. Dime cuánto ha recaudado y si ha recaudado más que "El horfanato". Evidentemente lo que tiene calidad no sufre esa indefensión. ¿Es más difícil realizar proyectos? Sí, Nacho, es más difícil, como también lo es encontrar trabajo a un parado. La película de Emilio Aragón. ¿Tuvo la recaudación existosa que se esperaba a pesar de ser publicitada por todos los lados? Yo no me acuerdo ni del título. ¿Recuerdas aquellas aparatosas y pesadas máquinas fotográficas de principios de siglo? Un fotografo de aquella época podía vivir de su profesión. Hoy en día todo quisqui tiene una cámara en el bolsillo, en la guantera del coche, y en el móbil. ¿Se ha acabado el arte de la fotografía por ello? ¿Se ha terminado la profesión de fotógrafo? Hombre la de revelado manual, está en épocas bajas.
Lo que indigna a la mayoría que se ha revelado contra la susodicha ley son los lobbies que la han promulgado a expensas de que el pueblo haya votado a un partido para que les represente. Siempre se andan con subterfugios, de tapadillo colaron el CANONDIGITALPORSITEDESCARGASALGOILEGALTECOBROPREVIAMENTEAUNQUETAMBIÉNSEAILEGAL. Una auténtica falacia constitucional. Es de primero de economía que la industria intervenida deja de ser creativa.
Aunque te considero un tipo espabilado, lo cierto es que los "artistas del mundo del cine" no son ni representantes del pueblo ni representantes de la cultura y tampoco sabios intelectuales por el hecho de ser artistas. Lo mismo vale para la música. Creo honestamente que la reflexión no la debe hacer el ciudadano-internatua-persona-honrada-y-jodida-porestacrisis. La reflexión la debéis hacer vosotros que estáis en el mundo del cine.

Querido nacho, que maravilla tener esa clase de preocupaciones. Aqui, en mi pais, el congreso acaba de regalarnos una ley en donde se suprime el presupuesto que el Estado otorgaba a los cortometrajistas, se reduce a 3% el monto para el cine regional (fuera de la capital)y se entrega un impuesto del 10% al boleto a los exhibidores y distribuidores de las majors para que hagan mas multisalas. Si, en mi pais los empresarios de las salas de cine ya no necesitan arriesgar su dinero para ampliar sus negocios (y pasar mas cine de hollywood), ahora se juegan el dinero de los contribuyentes. Quien sabe algun dia los realizadores de mi pais podamos tener las mismas preocupaciones que tu. Suerte y un abrazo.

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