Primero fue el artículo anónimo, en la sección de opinión de El País, después respondió Román Gubern, desde su tribuna. Después vino la carta de Álex de la Iglesia, la de Icíar Bollaín, después Elvira Lindo... Así eran las cosas antes, amigos, antes de los foros, los comments, y demás arenas intangibles, era en los periódicos donde se hacían públicos los tú qué dices y los tú de qué vas.
No voy a entrar en el tema , porque ya lo hice en su momento, entre la depresión y un extraño conformismo (1, 2, 3) y prometí no volver a darle vueltas. A fin de cuentas, carezco de la claridad e información de los arriba mencionados. Quiero hablar del texto de Álex, por un lado como agradecimiento por su mención a Los Cronocrímenes como ejemplo de película que encuentra más barreras en España que en el resto del mundo. Afortunadamente, al dia de hoy, la nuestra ya no es la película española no estrenada más famosa del siglo XXI. En cualquier caso, gracias. Un insecto como yo no puede estar más agradecido de una mención como ésta, en un texto que todos habíais leído en su blog, y del que se ha hecho tanto eco.
Alex, describiendo a Eliah Wood cómo agarrar ciertos culos. Ya habéis visto la película.
Y que conste que no es su único favor a nuestra película. Tuve la oportunidad de hacerle un pase de premontaje en las humildes oficina de Arsénico, y todos, absolutamente todos sus consejos están presentes en el resultado final. Me enorgullezco de ser tan listo como para escuchar a los que son más listos que yo.
También quiero hablar del texto en sí. De toda la ristra publicada en El País, es el más convulso, el que parece escrito a puñetazos. Fascina la vehemencia y preocupación de Alex ante ciertos temas, desde su posición en la industria, con esa escandalosa libertad a la hora de diseñar y escoger proyectos (el estatus de un director se mide por eso, y nada más). Teniendo, al dia de hoy, razones para mirar a otro lado, se molesta en gruñir ante la injusticia que padecemos todos los que somos catalogados como parte de la misma abstracción: Seas como seas, hagas lo que hagas y vivas de lo que vivas, eres Cine Español, y sobre tí caerá la misma sospecha de vagancia y lujo subvencionado.
En cualquier caso, lo que más me escalofría es cómo Alex describe ese momento de su vida, el arranque de su carrera como cineasta, en el que cree que va a cambiarlo todo. Es un arrebato mesiánico que todos los cineastas debutantes poseemos, en mayor o menor medida. La gran mayoría soñamos con un páramo yerno que volverá a florecer gracias a nuestra creatividad y talento intransferible. La gran mayoría nos damos la hostia antes de nuestro primer estreno. ¿Es este el caso de Álex? Cuando, en el 92, volviendo para casa, abrí el tercer número de la Fantastic Magazine y descubrí la doble página que mostraba a gran tamaño su boceto del carguero espacial Virgen del Carmen, sentí que algo había cambiado. Y, a dia de hoy, esa deuda se mantiene en tantas y tantas películas y proyectos de tantos directores que no entienden la condición española como algo a lo que resignarse o ajustarse, sino como un desafío, o incluso una herramienta para escarbar más hondo, o trepar más alto. Sí, él cambió las cosas. Antes de su primer estreno. Dónde estaríamos tantos.
Entre otras cosas, Alex de la Iglesia es de esos rarísimos directores que han conseguido flirtear con el taquillazo sin perder su condición de artista de culto. Y su carrera megalítica se ha levantado a base de películas que han replanteado sus modelos, en vez de seguirlos. “Por fin uno de los nuestros” dijo Costa, poniéndonos voz a tantos, en aquella crítica a Acción Mutante. Ojalá algún día consigamos nosotros ser de los suyos.