16/07/08

Sustracción Fatal

Una de las muchas falacias arrojadas sobre el arte, y de un modo muy insistente sobre el cine, es la de que menos es más: No muestres a los hombres pantera si puedes enseñar su sombra, para qué ver el puñal hundido si tenemos la gota de sangre en la alfombra. Para qué asistir a un polvo teniendo los cigarrillos de después. Para qué los monstruos, para qué las tetas, si tenemos miradas de horror y deseo. Para qué mostrar, pudiendo sugerir, en términos puramente sensoriales: Algo que, intuyo, tuvo un punto de partida ingenuo, pero legítimo, pero que, sostenido al dia de hoy, a veces esconde una pacatería y una superficialidad asombrosa.

En realidad, esta afirmación es una vulgarización bienintencionada de un mandamiento mucho más valioso, quizá el que más: Jamás hay que ser explícitos a la hora de transmitir las verdades sobre las que se apoya nuestra obra, si es que tenemos control sobre ellas. El artista, en última instancia no informa, ni explica, sino que evoca y plantea. Ahí está el pecado del director de cine: En añadir sinopsis llenas de terminología abstracta que ruegan por el entendimiento de la obra, como esas etiquetas en las paredes de los museos que le juran al visitante que se está empapando de algo. O en permitir que un personaje sentencie el sentido último de la obra. Algo que es peor que feo, incluso peor que aburrido: Es cobarde.

El valor de la sugerencia sobre la explicitud tiene sentido a escalas profundas, no es una excusa para retóricas audiovisuales más viejas que el mear.

En nombre de esta confusión se han cometido inocentes atrocidades como, por ejemplo, condenar a Lynch por su exhibicionismo para con el sexo, la monstruosidad o la mutilación en sus laberintos insondables, mientras se alaban ciertas películas y autores, maestros de cierto tipo de elegancia sinuosa, pero vergonzosamente explicativos a la hora de dejar bien claro cuál es la temática, alcance, densidad y relevancia de sus obras.

2

Gracias a Tones descubro hace meses la que sigue siendo una de mis páginas preferidas: La magistral Garfield menos Garfield. Es sencillo: Quitemos a Garfield de sus tiras y quedémonos con el resultado.

Fijáos a dónde nos lleva un proceso tan mecánico como artesanal, a un terreno tan sencillo como inabarcable. En un gesto limpio, una tira cómica se ha convertido en la aterradora descripción de un espacio mental:

Garfieldminus2

(No, no es una película de Bressón)

Garfieldminus1

(No, no es una película de Rosales)

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Gracias al siempre inquieto Beat Henrique llego hasta el fascinante proyecto de un videoartista holandés llamado Martjin Hendricks titulado Give us today our daily terror.

Consiste la eliminación de los pájaros en Los Pájaros. Lo que ya era una disección simultánea del horror a todas las escalas, se propulsa al infinito. Sería deseable que el autor también hubiese extraído los graznidos de los animales de la banda sonora (en el cine, el sonido es muy importante, dicen en las escuelas). Pero no seamos tiquismiquis con la grandeza. Aquí va un fragmento:

El plano en 00:57 (y la extraviada reacción de Tippi Hedren), las minúsculas figuras humanas corriendo en plano picado, los insertos de un cielo limpio y azul, o el nuevo valor de algunos encuadres, dándole protagonismo al vacío, estremecen más que muchos intentos recientes por dibujar psicosis colectivas, apocalipis interiores y futuros inmediatos.

En otras palabras: Aunque menos no siempre es más, a veces la nada lo es todo.

05/06/08

Escupir en el templo

1

Esta mañana me han entrevistado junto a Pedro Temboury para El País. Nos hicieron fotos, los dos sobre un mismo monopatín, Malasaña abajo. Después, como ya es tradición, nos entrevistaron en el Pepe Botella. Aunque Temboury debe de ser el único director español que tarda más que yo en estrenar una película, sonríe siempre. En un gremio en el que tantos vivimos a la sombra, el siempre está bajo el sol. Su película Ellos robaron la picha de Hitler se estrena el seis de junio.

Tanto ésta película como la anterior, Kárate a Muerte en Torremolinos, podrán generar toda la crítica del mundo a la contra, pero no hace falta conocer a Pedro en persona para percibir el grado de verdad que hay en cada una de ellas. No se engañen, gran parte del cine “respetable” está concebido desde el aspecto. Se formula un cásting que siga unas pautas reconocibles de lejos (cachondo, intelectual, indie, de prestigio) se conciben guiones que, desde su descripción mínima, ofrezcan todas las claves vendibles del producto, se busca un aspecto que no desconcierte lo más mínimo y a partir de ahí se plantea qué demonios decir. El cine de Temboury podrá ser discutible, y discutido, pero en su inocencia, en su amor por los subgéneros, en su honesto cruce de referencias, de los chistes de pedos a H.G Lewis, jamás podrá negarse que está hecho desde el corazón. Y de ahí hacia afuera. No al revés.

Pedro Temboury afirma, en la entrevista, el deseo por emitir sus películas en un autobús y observar las reacciones del público más variopinto. No es una impostura: Su cine tiene vocación de acontecimiento profano, más que de objeto sagrado. Si España fuese un país más inteligente, sus películas se proyectarían, a las doce de la noche, una vez a la semana, en un antiguo cine porno, y el público se anticiparía a gritos a los chistes. Y los críticos no necesitarían que la película fuese un happening coreano, o que fuese dirigida por un siniestro nerd de Tennessee o para ensalzar sus atributos, pero ese es otro tema.

2

Hace unos días hice una colaboración de soitu.es. Aunque no creo que debiera considerarme crítico, no pude decir que no a la propuesta de Héctor, similar a los ofrecimientos a amigos como Alejandro Tejería (que echa una partida al GTA IV y al Assassin Creed ) Borja Cobeaga (ahí le tienen soltando unas estupendas cobeagadas acerca de Juno y de Pozos de Ambición) y quizá el video estrella de toda la colección: Alberto González destapando unos métodos de trabajo que nunca estuvieron escondidos.

El resultado de mi colaboración fue éste: Una crítica in situ de Rebobine, por favor.

En las observaciones no oculto mi entusiasmo y sorpresa por la declaración que hace Gondry acerca del cine como acto comunitario: En una época en la que el público como colectivo se viene abajo, y de las salas multitudinarias se pasa a la soledad de la pantalla de plasma y la ventanilla de youtube. ¿Queda una posibilidad de reinventar el cine como acontecimiento social?

3

Volga

Cortesía de Volga.

Mañana nos vamos a Tenerife, en un avión que compartiremos con los exquisitos Cronojugadores. Por el camino se proyectará Los Cronocrímenes, en el primer preestreno de la historia del cine español en aguas internacionales. No estaremos el autobús atómico de Temboury, pero es una experiencia que me hubiese trastornado en los momentos de escritura del guión “¿Qué? ¿Que mi meticuloso y cerebral thriller QUÉ?”. Pero al dia de hoy (soy mucho más sabio) sé que le estamos regalando a la película la oportunidad de oro de protagonizar un momento inolvidable.

4

Al día siguiente Eduardo Infante y yo volvemos de Canarias y viviremos otra loca carrera de tiempo para llegar a Almería y ver Por un puñado de dólares al anochecer.

Leone

Tarantino no viene, finalmente (tras su puñetazo en la mesa público en Cannes prometiendo terminar Inglorious Bastards en un año, no es plan de largarse de juerga el primer fin de semana). Pero nadie podrá sospechar de su generosidad: Él es el que cede las copias de la Trilogía del Dólar de su colección personal, y no estarán precisamente nuevas: Es común toparse en Los Angeles, tarde o temprano, con una de las leyendas acerca de la sala de cine privada de Tarantino, con su programación semanal (que se cumple a rajatabla aunque el anfitrión no esté), su bar, su proyeccionista, la prometida hora de trailers antes de cada sesión triple... “Hombre, él se lo puede permitir”, siempre dice alguien en la conversación.

Sí, pero es que la gente que se lo puede permitir suele hacer otras cosas, más cerca de la soledad de plasma que comentaba antes. Si algo es incuestionable en Tarantino es su colaboración e interés, como los League, como los organizadores del Festival de Cans, en ampliar el hecho cinematográfico mucho más allá del lenguaje. En la construcción del momento. Del evento. De la fiesta. Y eso también es esculpir en el tiempo.

26/05/08

Indiana Jones y las botas manchadas de sangre

  Indianajones

Indiana Jones se ha enfrentado varias veces a una situación que hace tiempo que es un estándar: Hablo del recorrido de una instalación por una civilización lejana en el tiempo, precolombina, medieval, repleta de trampas mortales. El protagonista avanza en busca de un tesoro protegido por una serie de dispositivos, ya sean una bola de piedra gigante, cuchillas escondidas en las paredes, flechas que se disparan desde orificios estratégicos, porciones de suelo que se derrumban de forma progresiva.

Podemos entender que estas civilizaciones quieren proteger sus objetos con tanto afán que han hecho un esfuerzo extenuante diseñando mecanismos complejos y efectivos que desafían principios arquitectónicos y sobreviven al tiempo. En cualquier caso, siempre hay una manera de superar las tramas trampas, y esa manera está diseñada para aquel que conozca su mecanismo. Indiana Jones consigue llegar al otro lado, pero siempre es gracias a una combinación de conocimiento erudito, habilidad, suerte y casualidad. Pero nos ha quedado claro: No son trampas para evitar que el objeto no salga jamás del lóbrego recinto (si esa fuese la intención, para qué demonios molestarse en fabricar un pasillo), son trampas para que el objeto no caiga en manos de extraños o indeseables. Si usted no ha participado en la construcción, de un modo u otro, no es limpio de espíritu, o no cuenta con el conocimiento clave morirá aplastado, atravesado o agonizando de hambre en el fondo de un pozo infinito.

¿Hay otra forma de atravesar estos pasillos mortales? Sí, y es bastante sencilla:

No siendo el primero en intentarlo.

Tal como se nos describen las trampas a las que Indiana se enfrenta, la mayoría de las veces los intentos lo dejan todo hecho unos zorros. Las flechas ya han sido proyectadas (y no puede haber recambios para siempre), el suelo ha sido abierto, la bola de piedra ya ha sido arrojada cuesta abajo, los cadáveres son explicativos. Después del primer, segundo o tercer aventurero osado, debería ser bastante sencillo acceder al otro lado, al tesoro. Y todo esto no pudo ser obviado por los promotores, diseñadores, arquitectos y aparejadores de las trampas. Con lo cuál, podemos pensar de otra manera: Los artilugios mortales no están diseñados para asesinar al extraño, sino al héroe. Al pionero, al innovador condenado a una gran muerte. Como asumiendo que, si bien el ídolo dorado no podrá estar para siempre encerrado en una cámara hermética, ante la imposibilidad de asesinar a todo aquel que intente robarlo, o al menos condenar su alma al infierno, queda el consuelo de otra forma de condena: La de ser un segundón eterno. No podemos impedir que nos robes, hombre del futuro, pero la historia que te llevarás a casa será una mierda pinchada en palo.

02/03/08

Aterradora Simetría

Soy uno de tantos que se tragaron el primer debate presidencial. También un reportaje emitido en Televisión Española el dia anterior en torno a de la preparación del evento producido por la Academia de la Televisión. Se han quedado en mi memoria la imagen de un puñado de hombres de sesenta para arriba, con chupas de padre, señalando una silla volcada en el suelo y discutiendo si tenía la altura adecuada para uno de los participantes. La otra cosa que he me ha llamado la atención es la insistencia y excesivo cuidado que ponían en que el decorado y la planificación visual fuesen lo más simétricas posibles, evitando así que algún rasgo de la puesta en escena beneficiase a uno de los dos debatientes.

Por ejemplo, esta misma foto proporcional, ofrecida por la propia Academia, es un encuadre impensable en la emisión del propio debate:

Debate

¿Por qué? Ubicaría a los candidatos en una clara diferencia de ventajas. El que se sentase en la silla a nuestra derecha, pese a ocupar menos tamaño en el cuadro, no sólo estaría mucho mejor expuesto, de frente al espectador, sino que se colocaría en el punto de fuga en el que confluyen todas las líneas de tensión compositiva. Por encuadre y óptica, quien se siente en esa silla tiene todas las papeletas para ser el candidato ganador.

Por el contrario, los ejemplos de encuadres de conjunto que encontramos en la emisión del programa son como el siguiente:

Debate2

En el que hay, supuestamente, justicia para ambos contrincantes.

Pero ¿Y para el espectador?

Basta tener mínimas nociones de composición visual para saber que la simetría es la enemiga de la armonía. Las imágenes simétricas tienden a una retórica del vacío, la inquietud o la abierta angustia. Rara vez encontraremos encuadres simétricos en películas que no sean de terror. O composiciones que,más allá del interés científico o la ingenuidad del artista, no prentendan llevarnos a oscuros rincones de la naturaleza humana.

Shining

Pero volvamos al debate electoral. Los primeros planos que ilustran el diálogo, un escrupuloso plano-contraplano, también prentenden llevar la equidistancia audiovisual al límite: El mismo tamaño de cuadro, la misma composición, la misma distacia respecto al fondo, la misma gradación de colores...

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No hay nada menos aconsejable, en la composición de secuencias con diálogos, que igualar las condiciones en pantalla de las personas enfrentadas. El drama se alimenta de la desigualdad (que no implica discriminación).

Hay infinitos recursos para dinamizar un plano-contraplano. Por ejemplo, algo que hago siempre que tengo un diálogo entre manos, en una secuencia tensa, es acercar la conversación a una de las paredes del espacio donde se encuentre la acción. De esta manera, uno de los personajes tendrá a sus espaldas un fondo inmediato, plano, cegado, mientras que el otro tendrá una profundidad de campo mucho más agradable a la vista, con muchos más detalles y elementos en movimiento. De esta manera lo tengo más fácil, si quiero destacar cuál de los personajes tiene el control, aparente o no, de la situación, y cuál, secretamente o no, está atrapado por la circunstancia.   

Pero estamos de acuerdo con que un truco así no sería aplicable en este caso. El objetivo de un debate de estas características no es el desarrollo contrastado de una cuestión o varias, ha de ser la victoria de uno de los candidatos. Y en este sentido, el soporte del acontecimiento debe interferir al mínimo en el resultado: Han de ser los propios debatientes, y su respectivo equipo de asesores, los que definan las asimetrías y las desigualdades.

Lo que, ya a mi juico, en este caso es insuficiente. Pocos habrán disfrutado de un debate tan monocorde, falto de golpes de efecto reales (no esos que la prensa rasca al día siguiente) y tan simétrico en su intercambio de reproches. No hubo ni posibilidad de clímax: Llegado el momento en que ambos candidatos tuvieron sus últimas intervenciones, a cámara, y sin intervención del contrario, todas las leyes del espectáculo, la dramaturgia y la narrativa se vinieron abajo: Lo de menos es que uno mencionase a una niña imaginaria, y que el otro se despidiese diciendo “Buenas noches y buena suerte”. Lo peor es que ambos se ciñeron a un guión definido con anterioridad, desdeñando la preciosa posibilidad de rematar su participación con un mensaje en consecuencia con el propio debate, lleno de lagunas y excesos: Un resumen, un replanteamiento, una vuelta de tuerca, un as en la manga, un puñetazo sorpresa sin esquive posible. En vez de eso, ambos candidatos volvieron al punto cero. Como Tommy Lee Jones en el monólogo final de No Country for Old Men.

No, la simetría final es excesiva, y el formato visual del debate no ayuda a hacer un cara a cara más fácil de soportar, así que ahí va mi propuesta: Darle mucha más manga ancha al comité a asesores de cada candidato y cederles la posibilidad de diseñar el arte y composición de su mitad del decorado, así como permitir que diseñen los encuadres y movimientos de cámara que cubran a su candidato. Como si quieren pintar arcoiris, niñas, utilizar un sofá en lugar de una silla, permitirles fumar puros a sus candidatos, colocar detrás un coro de eunucos cantarines, o un limpiador de zapatos a sus pies, levantar el escenario propio de un concierto de rock, o simular la buhardilla de un mileurista...

Y si, si pese a esta libertad, las respectivas mitades del escenario siguen siendo iguales, la simetría acabará teniendo más significado que nunca.

31/12/07

Y ahora qué.

Con el paso del tiempo, todas las celebraciones han ido importándome un pimiento, pero la de nochevieja ha ido creciendo en gravedad, incluso más que mi propio cumpleaños (que algún año había olvidado hasta el mediodía). Desde hace bastante tiempo, cada año ha supuesto un cambio completo de escenario, en mi situación personal y profesional (si es que todavía tiene sentido hacer esa separación), así que, las últimas y primeras horas de esta noche poseen una especial vibración. De aquí a un año qué. Cuando lo bueno y lo malo parecen haber perdido el sentido de la medida qué.

Tampoco quiero parecer un obseso de la nochevieja. Sé que esta noche deparará la ración habitual de catástrofes y poco más. Pero estos momentos en los que el tiempo parece tener forma y color, y podemos palparlo, son adecuados para actividades sanas, como intentar ver las cosas en conjunto.

Acabo de hacer un viaje largo, lleno de imperativos y excusas de familia. He cruzado varias provincias. En la mayoría de las ciudades, los cines como negocio urbano han desaparecido prácticamente. La Gran Via madrileña puede que no tenga ninguna sala la siguiente nochevieja. Los videoclubs se volatizan. Se habla de nuevos formatos audiovisuales, y a la vez, casi con la misma fuerza, se habla de la desaparición del formato como tal. Se editan más dvds que nunca y se abaratan en cuestión de segundos. La televisión alcanza su apogeo mientras muere... Estamos viviendo la transformación o fín de una industria a una velocidad mayor de la esperada. Y, créanme, nadie tiene ni pajolera idea de qué será lo siguiente. Sólo cabe la esperanza de que, al menos, no sea aburrido.

Y ¿España? Por favor, no dejen pasar de largo el milagro sin llamarlo por su nombre: No uno, sino dos han sido los taquillazos españoles con los que despedimos el año. Dos películas de terror. Similares en eficacia, pero opuestas en su estrategia. El Orfanato, puro clasicismo y REC una convulsa patada a los ojos. Melodrama y contramelodrama. Ambas con remake norteamericano a la vista. Mírenlo en conjunto y díganme si hace un año nos dicen esto y nos lo creemos.

Tenemos un talento especial para normalizar lo que hace poco era impensable: Éste ha sido el año en el que el cine español deja de ser sólo español. La proyección internacional de nuestros actores, directores y películas se ha disparado. Hasta el punto de que un director español, sólo con cortos a las espaldas, puede imaginarse debutando allí, como son los casos de Luiso Berdejo, los hermanos Pastor y Víctor García. ¿Qué freno tiene esta situación? ¿Se imaginan un futuro cercano en el que las películas españolas tengan por sistema que demostrar su valía en el mercado internacional? ¿Que pasaría con todo ese búnker de producciones españolas que se perpetúan año tras año, pero que resultan completamente inexportables?

En cualquier caso, “España invade Hollywood” es la expresión habitual cuando se hace eco de la cantidad de profesionales que probamos suerte en allí, unos más por necesidad que otros. Y a mí no me queda tan claro quién invade a quién.

Pongámonos positivos de nuevo. Me alegra no tener que recomendarles ni REC ni El Orfanato porque ustedes ya las han visto. ¿Les puedo recomendar otra? Corran y denle una oportunidad a No Digas Nada, dirigida por Felipe Luna (¿Se acuerdan del corto Te lo Mereces?). Vayan, aunque sea para decirle algo a esta señora.

Feliz año a todos.

30/12/07

Qué hacen los inocentes el resto del año.

Me ha sorprendido la cantidad de gente que pensaba que el post del pasado 28 de Diciembre era una inocentada, pese a incluír links, bien a la vista, bastante aclaratorios.

Me sorprende, y me halaga esa sospecha, ya que, por definición, una inocentada es una noticia extraordinaria. Con lo cual, algunos le han dado a la noticia (galardón y estreno en Francia de Los Cronocrímenes) una categoría mayor de lo que yo le daba.

En cualquier caso, una advertencia. Desconfiar por defecto de las noticias en el Día Oficial de la Mentira es tan ingenuo como confiar en ellas el resto del año.

18/12/07

Como la niña de Poltergeist

El otro día, después de ir a la presentación del DVD de La Hora Chanante, Nahikari, Javi Alvariño y yo nos fuimos al único bar explícitamente lovecraftiano de todo Madrid: El Batela, en la Calle Silva. Por si fuese poco, luego se unieron Raúl Cimas y Julián López.

Mi abuela no deja de hablar mientras ve la televisión. Llega a dialogar con los presentadores o actores, en un discurso ininterrumpido, y engarzado a la emisión frame a frame. Como una pista de audiocomentarios sin respiro. Puede ser una alabanza a la forma de vestir del presentador, un desacuerdo a lo que acaba de oir o una nota a pie de página completamente arbitraria. El caso es que el discurso no cesa.

Hasta el punto de que, si cambio de cadena mientras mi abuela habla, ella no sólo no se interrumpe, sino que renueva el discurso, a veces en mitad de una misma frase. Por ejemplo, si zapeo a escondidas, pasando de las imágenes de los efectos de un terremoto, a un documental de tigres en otro canal mi abuela dirá:

-Qué pena, tanto destrozo, todas esas casas, qué disgusto porque ese tigre seguro que te come la mano de un mordisco si se la pones cerca...

Hablamos durante largo rato, todos tenemos anécdotas en torno a esa alucinante relación que algunos de nuestros mayores tienen con el audiovisual. Una relación inconscientemente zambullida en lo fantástico. Una amiga de mi madre, de bastante edad, pensaba que, cada vez que veía a “el hijo de Espe” en los anuncios, montado en un burro, estaba sucediendo en ese momento. Si me veía por las calles del pueblo, la pobre mujer, compasiva, pensaba que, yo iba y venía en avión hasta “la tele”, incluso varias veces al día. Gente que saluda y despide a los presentadores del telediario en voz alta. Que se inquieta al ver un actor vivo semanas después de haberle visto morir. Gente, en definitiva, que tiene una concepción bastante primeriza de los códigos de la representación audiovisual.

Pero, ¿estamos hablando de gente mayor? No está tan claro. La conversación arrancó con Raúl y Julián, explicando la cantidad de veces en las que se les han acercado fans jóvenes de La Hora Chanante/Muchachada Nuí, con unos modos y preguntas que sugerían que no tenían nada claro dónde acababa el actor y dónde empezaba el personaje. He visto a chicos presentándose a Julián exactamente como si éste fuese Vicentín. En la presentación del DVD, una chica pregunto "qué os metéis para que os salgan esos sketches" (a estas alturas estamos así). Tras la aclaración, por parte de Joaquín, de que los Chanantes no consumen droga en el trabajo, un chico contestó: Pues a Vicentín le hemos visto tomar de todo.

¿Es esta confusión propia de espectadores ingenuos, de Vicentines de la vida?

Tampoco lo tengo tan claro.

¿O no es el mismo género de error el de cantidad de firmas de prestigio, críticos y periodistas, que confunden la moral, ideología y pecados de un personaje con los de su autor?

¿Los que confunden el discurso de un personaje con el discurso del relato?

¿Los que no saben distinguir la representación de la violencia y el fomento de la misma?

Y un largo etcétera.

Quizás nuestros nietos también se rían de nosotros. Y no sólo por la ropa.

Dedicado a Salanova y Balaguera, recién cumpleañados, y eternos deudores de una cena intergeneracional.

22/10/07

Mensaje a la academia de las artes y las ciencias cinematográficas de España

Hace casi un año me quejaba, con bastante ingenuidad, del grosero trato en la gala de los Goya a la entrega de galardones a las diversas categorías de cortometrajes. Este año, ya nos vamos enterando todos, la circunstancia va a ser más humillante aún, ya que ustedes han eliminado estas entregas de la gala retransmitida. Este año los Goya a los cortometrajes los entregarán días antes, en la fiesta de los nominados, entre canapé y canapé.

De esta manera, la gala televisiva, supongo, se hará más agil. Y los minutos que tradicionalmente se cedían a estos premios, que ustedes ahora explicitan como “de segunda”, podrán ser ocupados por los ya célebres discursos de los invitados, entre el exquisito humor y la sabia reivindicación, los irresistibles números musicales que permanecen en boca de todos durante meses o alguno de esos espectaculares montajes videográficos.

Ha llegado a mis manos un borrador de carta que diversos profesionales vinculados al mundo del cortometraje (he dicho profesionales) van a enviar como queja a todos ustedes para que esta situación se remedie, y de paso, pidiendo que, por fin, se haga transparente y consecuente el proceso de selección e inscripción de los cortometrajes, cada año.

Yo también lo voy a firmar, porque soy una persona solidaria y con tendencia a lo grupal. Pero voy a aclarar desde aquí que no estoy de acuerdo con la petición en esa carta.

Si algo he experimentado en mi paso de cortometrajista más a director de cine español es que, cuando te conviertes en lo segundo, la gente te empieza a mirar mal. Has pasado de ser un artista luchador a ser un millonario subvencionado que hace películas feas y raras en la que los actores no vocalizan. El cine español, pase lo que pase, sigue siendo antipático y sospechoso. Por extensión, la gala de los Goya cae fatal. Hasta en los mejores años, se le mira como a ese pariente perdido que sólo ves en las bodas, el que monta el pollo a la hora del copazo y se ríe sus propios chistes.

Si a esto le sumamos la circunstancia que se inaugura este año, mi petición está clara: Propongo que los cortometrajes sean erradicados por completo de los premios Goya.

Un sector, el cortometraje español, con presencia y galardones en festivales como Venecia, Sundance, Berlín, Cannes, Clermont-Ferrand o los Oscar... que disfruta de una distribución internacional tan saludable, que ha sido clave a la hora de aportar nuevos nombres a la producción de largometrajes en las últimas décadas, sirviendo de importante cantera de directores, actores, guionistas... que ha innovado géneros, formatos y recursos, siendo un paso adelante estético, formal y temático respecto a la producción de largos.... Un sector tan prestigioso no puede ser relacionado con una institución con tan mala prensa que, además, lo arrincona y desprecia.

Así que esa es mi petición: Los cortos FUERA DE LOS GOYA.

07/10/07

Giro sorpresa en la trama

 

Vuelvo a Madrid unos dias, tras alguna jornada de paripé bajo contrato. Vuelvo al festival el jueves, cuando me toque mi turno. Lo primero es mostrar mi más estupefacta gratitud. Las entradas para los pases de Cronocrímenes llevan agotadas desde antesdeayer. En cualquier caso, el siguiente pase será en la Semana de Terror de Donosti. Todavía no se ha confirmado el dia, espero que se anuncie lo antes posible. Y que las posibilidades del estreno normal también se cierren más pronto que tarde.

En todas las notas de prensa se habla de la importante presencia española en Sitges y del alto tanto por ciento de directores y demás profesionales debutantes  en esas películas. Parce que el cine fantástico español se está enfrentando a otra prueba: Constatar si se ha producido un relevo en un mercado y un género que languidece en este país, o si estamos ante un espejismo.

Lo que las notas de prensa han omitido, y me parece aún más importante que el número total de películas españolas a concurso, es una cuestión, directamente, histórica. Hablo del hecho de que gran parte de esas películas tienen negociada o están negociando su distribución internacional y sus derechos de remake antes de su estreno en España. En otras palabras, el cine español de género, como sucedió no hace tanto con el oriental, se está convirtiendo en una marca atractiva en el mercado internacional... Mientras en España sigue siendo una oferta puntual, a veces vergonzosamente maltratada.

No se ustedes, pero yo vengo de un mundo en el que, como aspirante a director español, soñabas con ser distribuido en tu propio país. La presencia de tu película en, pongamos, Estados Unidos, era una quimera, más allá de la aparición en festivales, o el rebote en salas minoritarias de alguna copia perdida. Y la posibilidad de remake... Hasta Vanilla Sky el remake de una película española era un rumor nunca confirmado, una fantasía que nos parecía incluso grotesca. Desde el remake de la película de Amenábar no ha habido otro ejemplo. Pero algo sugiere que los tiempos están cambiando cuando en este Sitges se prometen ¡Tres!: El orfanato, REC y El rey de la montaña.

Algo ha cambiado. O, atrevámoslo a decirlo, algo se ha invertido. Las distribuidoras españolas se sienten atraidas por las ventas internacionales de una película de género autóctona, antes que por su distribución en España. Hay una confianza creciente en el mercado exterior, cada vez más superada la barrera del idioma. Y mientras tanto, se considera al público español el hueso duro de roer, la frontera inalcanzable. Y yo me pregunto ¿Deberíamos acostumbrarnos a esta situación? y también ¿Cómo ha podido suceder todo esto delante de nuestras narices?

BONUS

DOS ENTREVISTACAS MÁS (en las que juro decir cosas nuevas):

En la revista H Magazine, el las páginas 136 a 138 (las pueden consultar aquí) hay textos, una de las mejores fotos de toda la película, y una entrevista a un servidor llena de preguntas incisivas (y hasta alguna reveladora) del Capitán Minifalda.

En el periódico Público de hoy domingo John Tones me entrevista y no hace ningún esfuerzo para disimular nuestra complicidad (Lo pueden comprobar en la web aquí) y Eunice Spillzman me saca la mejor fotografía de la colección (eso lo tendrán que comprobar en el periódico de hoy domingo).

Sí, Tones, Eunice, Minifalda... Menuda mafia, dirán ustedes. Pues sí, señores, una mafia chiquita, una mafia con con páginas en el interior. Pero que mola mucho más que las mafias con portada.   

09/09/07

¡Qué grande fue el cine!

Sí, los autores envecejen. Concretamente, los directores de cine son el género de autor que peor envejece. Sobretodo los norteamericanos.

Como espero que comprendan, soy demasiado joven, demasiado orgulloso y, supongo, demasiado gilipollas para preocuparme por envejecer como autor (mierda, no sé si me van a dejar hacerme adulto siquiera). Pero ya siento en mis carnes el miedo a envejecer como consumidor.

Por ejemplo, como frecuente lector de cómics me espeluzna el ejemplo de tantos y tantos conocidos con más años que yo que han decidido dejar de comprar tebeos porque “hoy en día son una mierda”. En sus estanterías el tiempo se detiene en el Frank Miller de comienzos de los noventa. O en el Alan Moore de Watchmen. O en un tomo de Breccia, o –glups- Corto Maltés, o en – reglups- Tintín.  Es como el tipo que se mancha el bigote con mierda sin saberlo y el pobre hombre acaba convencido de que ese inesperado mal olor viene del resto del mundo. Señalar la decadencia planetaria de todo un medio de comunicación en vez de señalar la propia ruina como consumidor es una actitud, más que provocarme rechazo, me da miedo. Porque todos podemos caer.

Supongo que, de la misma manera que a partir de una edad tu cuerpo se hincha en las partes equivocadas si no tomas medidas al respecto, tu criterio se acartona y agrieta si no tomas medidas. Así que – llámenme ingenuo si les apetece-  reconozco que un cupo de lo que leo, escucho y veo deriva de una disciplina  consciente por miedo a acabar como esos consumidores o autores que llegan a los cincuenta y, como no entienden qué demonios está pasando a su alrededor, sólo saben hablarle a sus semejantes. A las otras víctimas. A los otros nostálgicos.    

Supongo que, en el caso del cine, el caso es un grado más grave (mierda, parece que en el cine todo es un poco más grave) debido a que el cinéfilo es una de las razas de aficionados más propensa a la evocación de una edad de oro, de un paraíso perdido. Al rechazo al presente como principio de militancia.

Detesto al cinéfilo nostálgico. Pero no por su top-ten habitual, que la mayoría de las veces será acertado, aunque sea por las causas equivocadas. Si por algo detesto a esos tipos que se refugian en los grandes clásicos, y que valoran lo actual en función de su parecido con esas grandes obras (lo que llaman solidez, clasicismo, artesanía) es por su manifiesta cobardía. Por pedir permiso a la historia en mayúsculas para poder agitar la bandera. Ahora es cuando Cabeza Borradora y Arrebato están convirtiéndose en clásicos intocables. Ahora.    

Y es que no deja de darme rabia el babeo en nombre de la tradición ante directores de talento confirmado durante décadas y décadas... Que a su vez fueron rechazados por los nostálgicos de su época. O cómo creen que se escupió en su momento sobre Hitchcock: Denunciando la pérdida de valores (cinematográficos o morales) de sus películas. Adorar a directores confirmados y poner en duda por sistema a los que surgen de la nada es ser un cinéfilo a la cola. Y, como le dijo a John Custer a su hijo “De esos ya hay muchos”.

El cinéfilo que defiende hoy Un perro andaluz puede valer cuatro perras. Pero el que lo hizo en el 29 vale millones.

21/06/07

La Hora Chanante contra el portero de discoteca.

Hay un comportamiento muy español y muy de Internet en lo particular, pero muy humano y muy de cualquier forma de comunicación en general. Hablo del síndrome del portero de discoteca.

Ya lo he mencionado por aquí: Cuando escribimos en primera persona, ya sea en blogs, foros o discursos en funerales, lo que no es transmisión de información es venta de personalidad. Y cuando el impulso de venta es desmedido a veces caemos en comportamientos como el síndrome del portero de discoteca, que se basa en el siguiente postulado:

El portero de discoteca cree que muestra más personalidad negando la entrada que permitiéndola.

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11/06/07

Cameron - Godard

Hace unos meses me dieron la oportunidad, dentro del festival URBAN-TV, en La Casa Encendida, de colaborar en un debate en torno a la película La casa de mi abuela, junto a su director Adán Aliaga. Es un documental que sigue un año de vida en el que la propia abuela del director ha de abandonar su casa, de inminente derribo, para irse a vivir al piso que le proporciona la consabida constructora, con todo lo que ello conlleva: Toda su vida se desintegra a una edad en la que la rutina es un tesoro.

Y aunque el planteamiento inicial de la película pueda pueda parecer que estamos ante un retrato o una denuncia social, el resultado final, con elementos de ficción y documental mezclados de tal manera que la frontera es indetectable, acaba siendo una interesante (y muy amena) pirueta sobre su propio lenguaje. 

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28/04/07

La tonta que bajó al sótano y la tonta que subió al altar (incluye concurso)

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Éste soy yo y estos son mis argumentos

Lo digo como actor, escritor y director: Los personajes idiotas nos ponen las cosas más fáciles. Un protagonista gilipollas nos permite escribir y filmar una película en la mitad de tiempo del que requiere un protagonista brillante. Porque la estupidez es amorfa, cambiante y arrítmica. Mientras que la inteligencia es constante, consecuente y nítida. Fíjense: Un personaje imbécil puede tener un arrebato de inteligencia. Pero un personaje con dos dedos de frente no puede volverse tonto cuando a la historia le convenga.

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23/04/07

Cinefilia de bautizo

He compartido con personajes definitivos como el Pianista, o Tones ataques de cinefobia en algún momento de mi vida. A la mierda las cenefas de celuloide dentado. Abajo con las caricaturas de Groucho o Chaplin, las sillas de tijeras con nombre en el respaldo, el tema de Amarcord. Arrojemos al hoyo a todo aquel que mencione a Spielberg como rey midas de Hollywood o a Hitchcock como maestro del suspense. A la mierda la fuerza narrativa del cine estadounidense, la calidad intelectual del europeo y la serena sensibilidad del oriental.

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05/04/07

Un post friqui (Postdata actualizada)

En los noventa hubo una palabra que se convirtió en todo un hit semántico: Paranoia. Llamo hit semántico al momento en el que una palabra pasa de tener un significado o dos a arrasar por completo y acabar significando miles de cosas. Al igual que algunas estrellas de rock o del cine acaban difuminándose tras su éxito, las palabras que experimentan hits semánticos significan tantas cosas que acaban por no significar nada. “Paranoia” y “Paranoico” fueron las Britney Spears de las palabras la década pasada.

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19/02/07

pero ¿qué había en el maletín?

Si, por alguna razón inimaginable, lo que cuentan todas las películas formase parte de un todo cohesionado y permanente (es lo que te dicen tras ponerte la túnica de director de cine y sacrificar un cuervo en un altar) podríamos pensar que:

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17/02/07

Las tres bes

De todas las (muchas, muchísimas más de las que hubiese sospechado) reacciones que he encontrado por ahí en relación al teaser de Los Cronocrímenes me han llamado la atención las que califican la película como cine de serie B. Sé a lo que se refieren, pero voy a jugar a no entenderles.

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30/01/07

El gran secreto oculto tras los Goya

La actitud que tenemos la mayoría ante unos premios como los Goya, o los Oscar, tiene algo de hipócrita. Exclamamos dando golpes en la mesa que ahí no está el cine, que el cine es otra cosa, que los premios son mercadotecnia, manipulación y frivolidad, y sin embargo, a la mañana siguiente nos quejamos de la injusticia de los resultados. Ahí hay una contradicción: ¿Qué sentido tiene pedirle justicia a algo que hemos deslegitimado a priori?

La verdad es que los premios nos importan, nos los tomamos en serio mucho más de lo que a veces somos capaces de reconocer. Nos vuelven locos de alegría cuando los consideramos justos y hasta necesarios (Pueden felicitar a Daniel Sánchez Arévalo aquí) y sospechamos de tongo cuando no nos agradan (habla de ello Pianista en un Burdel). ¿Por qué?

Los Goya, por encima de sus chapuzas, sus panfletos, sus retardos y sus butacas vacías nos importan porque necesitamos creer que  tras nuestro siempre puesto en duda cine español hay una voluntad, sea acertada o equivocada.   

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