27/12/07

Mierdecillas

Ya está. He dado por ventilada la primera versión de  La Rampa. Ciento cincuenta y pico páginas pendientes de revisión. Y que serán menos con los días: Los buenos guiones decrecen bajo el sol.

Sí, he tardado menos tiempo del que cabría esperar. De hecho, ha sido bastante rápido. Pero tiene truco: No me pongo a un guión hasta que no tengo control de todos los personajes, giros, situaciones clave y desenlace. Y este último año, entre los consabidos pitos y las inesperadas flautas, he tenido mucho tiempo, regalado o robado, para darle forma a una historia, unos personajes, una primera secuencia y una última.

Es el estado ideal, y el más frecuente entre los guionistas que ya tienen el culo pelado: Escribir cuando ya tienes todas las líneas maestras definidas. Ya has escrito un tratamiento, o te has hartado de darle la paliza a tus amigos contándoles la sorpresa que te tienes guardada en el tercer acto. Sabes quién es el protagonista, qué transforma su vida, las formas de su descenso a los infiernos, cómo consigue una redención, a dónde le lleva todo. El asombroso desenlace.

Entonces ¿qué alarga y hace pesada la escritura de un guión? Todo aquello, que, en argot profesional, se denominan

LAS MIERDECILLAS

¿Qué son las mierdecillas? Todas esas miles de decisiones que no consideras en el instante iluminado en el que imaginas tu película por primera vez. Decisiones que requieren una reflexión profunda y densa, para que, en el mejor de los casos, sean invisibles en la película terminada.

Imaginemos una secuencia de transición en la que el personaje A, le explica al personaje B que no podrán verse esa misma tarde. Un hecho nada relevante, pero que aporta el suficiente oxígeno entre dos secuencias importantes. Añadiendo, de propina, un nubarrón en la lejanía bastante agradecido.

Pero, a fin de cuentas, una secuencia a la que no has dedicado un solo segundo de reflexión en el último año. Pero que, delante del ordenador, a las tantas de la madrugada, se convierte en una molesta...

MIERDECILLA

Porque te topas con esa secuencia, pretendiendo ventilarla en el tiempo que inviertes en redactarla, y entonces surgen las preguntas, a traición:

¿Dónde la localizamos? ¿En un espacio más próximo al personaje A, al personaje B, o en territorio neutral?

¿Desde qué perspectiva la contamos, desde la de A, o la de B?

¿Es un encuentro casual, o un personaje acude a otro? ¿A acude a B o viceversa? ¿O están juntos desde el primer momento? Si es así ¿qué circunstancia les había unido antes de comenzar la secuencia?

El dato que me interesa introducir ¿Surge en medio de una conversación habitual? Y si es así, ¿De qué estaban hablando?

El personaje que anuncia que no puede quedar ¿Lo dice con pesar o simula no darle importancia?

El personaje que recibe la noticia ¿Reacciona con naturalidad o se huele que hay algo detrás?

¿En qué momento cortamos la conversación? ¿Al final de una frase cortante, o añadimos un epílogo con vuelta a lo liviano?

Son preguntas que te pillan desnudo. Y a sabiendas de que la arbitrariedad no te va a ayudar. Ninguna de las respuestas a las preguntas anteriores (y quince más) se pueden encontrar tirando a los dados. Lo que distingue a una película resuelta de una película relevante pasa por la solución reflexiva de todas esas cuestiones. Es la parte más laboriosa y, si todo sale bien, invisible ( o sea, nada agradecida). Pero te la comes con patatas.

31/07/07

Hacer cine: La metáfora del sandwich

Quieres un sandwich mixto. Poco hecho. No te gusta el pan demasiado tostado.

Así que organizas una reunión con un representantes de las industrias decerealísticas, cárnicas y lecheras, buscando una coordinación de recursos y fechas. Has hablado con una empresa constructora y estás buscando una zona idónea para cultivar los cereales, el proceso que lleva más tiempo. Si hay suerte, será una finca cercana al área donde vas a criar los cerdos y las vacas. Hay que conseguir una buena cosecha de trigo, un buen queso, y carne de calidad suficiente para poder cocinar un jamón de york decente. Y hay que obtenerlo todo en fechas similares.

De forma paralela a todo esto, un diseñador industrial trabaja en las directrices del molde para la barra de pan. A partir de todas las sugerencias, pone marcha, formando equipo con especialistas de la industria panificadora, la construcción de la maquinaria precisa para que el pan pueda hornearse la semana exacta.

El proceso tarda un año completo. A los seis meses te han dejado ver muestras de queso, un ensayo de loncha de jamón. Pero del sandwich como tal no tienes más que lo que imaginaste cuando expresaste tu voluntad. Una noche sales de fiesta, y un conocido con dos copas de más aprovecha el momento para advertirte de que no tenía ningún sentido pedir un sandwich mixto, sino uno vegetal. Tú asientes, no quieres discutir. Sabes que ya han sacrificado al cerdo y que un camión cisterna está atravesando España lleno de leche recién ordeñada.  Esa noche vuelves a la cama y permaneces despierto, mirando al techo. “En qué estaba pensando, claro que tenía que ser vegetal. ”. La persona que tomó esa decisión es otra, piensas. No era yo. Yo estoy haciendo malabarismos con una agenda invadida de apuntes en los bordes de todas las páginas. Yo qué sé de sandwiches. Dónde me he metido. Intentas dormír. Mañana madrugas. Hay que tomar un avión muy pronto para llegar a  Barcelona. Tienes reunión con una empresa que quizá firme un acuerdo para diseñar las láminas de plástico que cubrirán cada cara de la loncha de queso durante su transporte hacia el hangar donde un equipo de obreros está levantando la cocina en la que se pasará el sandwich por la plancha.    

Un año después de tomar la decisión ahí está el sandwich. Lo coges con ambas manos y abres la boca para morderlo. Para tus adentros, suplicas a Dios que el pan no esté demasiado tostado.

25/06/07

Cortometrajistas

Acabado el curso de cine en Santander y, con la satisfacción del deber cumplido, rasco horas en Cabezón de la Sal, intentando descansar un poco y recuperar la capacidad de abstracción entre cafeterías desorientadas y horizontes a los que aún no ha llegado la voluntad humana.

A estas altura, supongo que estarán de acuerdo conmigo en que no se puede dar un curso de lenguaje cinematográfico, o de estrategias en la creación de un corto hablando de los diferentes tipos de planos, después explicando para qué sirve cada uno y siguiendo con estafas similares. El sentido de un plano viene dado en un cincuenta por ciento por el sentido del anterior y en otro tanto por ciento similar por el del siguiente. Partiendo de ahí ¿Alguien tiene cojones de demostrarme que todos los planos americanos tienen la misma connotación, y que un contrapicado siempre funciona igual?  ¿Alquien puede exponer un método científico para delimitar qué posición de cámara es la más adecuada para mostrar X con intenciones Y?

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25/04/07

Cómo empezar un guión (2 de 2)

Otro de los métodos que habrán oído más de una vez a la hora de empezar a escribir un guión es “leer los periódicos del día y extraer de ahí alguna historia apasionante”. ¿Se acuerdan del personaje de Peter Gallagher en El Juego de Hollywood? Interpretaba a un ejecutivo que afirmaba que con este método no sólo se podrían escribir guiones con facilidad hasta el infinito, sino que, incluso, se podría acabar prescindiendo de guionistas.

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24/04/07

Cómo empezar un guión (1 de 2)

Esta profesión, oficio, arte, como quieran llamarlo, está repleta de paradojas crueles. Hablaré de la primera de ellas, no por su importancia, sino por su posición en todo el proceso. Me refiero al momento en que, desde cero, intentas decidir de qué va a ir tu próximo cortometraje, largometraje o lo que sea.

Porque, desde el momento en que te paras a pensar en ello ya la estás cagando.

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