“Quién me iba a decir a mí, eh” pensaba yo con la careta de goma puesta.
He sido fan de la obra de Miguel Angel Martín desde siempre. Y, destino, lúcete, he acabado interpretando a dos de sus personajes. A Rudy, el lider sectario intérprete de rock industrial con pálpito genocida en la obra de teatro Kyrie – nuevo europeo. Y a Rubberface en el cortometraje de Borja Crespo Snuff 2000.
Tanto Crespo como Martín han sido dos de esas personas a las que he tenido el placer de admirar antes que conocer. A los dos desde antes de ir a la universidad. Borja Crespo era una figura reconocible en el mundo del cortometraje antes de que existiese NADA. Antes de los festivales, de los premios, de las ambiciones generalizadas. Antes de que hacer cortos tuviese ningún sentido, Borja, en compañía de Koldo, organizaba pases de obras como Foto-Matón o El trivial exterminador. Era una época tan falta de perspectiva, y a la vez tan emocionante, que no sabías dónde estaban los límites. Pero los pitotes que montaban estos dos parecían estar cerca.
Y Martín, hace poco lo comentábamos, es de esos pocos artistas que, sin variar su dibujo un centímetro más allá de las huellas casi imperceptibles del tiempo, jamás ha quedado trasnochado. En cualquier lenguaje es complicado no salirse de los estrechos márgenes de una personalidad tan marcada como la suya durante tantos años y ser tan actual como el primer dia. O más que actual, anticipador. ¿Cómo es posible que los cabezones exactos de M. A. sigan pareciendo dibujos de dentro de diez años, cuando ya existían hace casi veinte?
Con todo esto, os podréis imaginar lo que supuso para mí participar en Snuff 2000, haciendo un papel tan deshumanizado pero a la vez tan campestre como el de Rubberface. Tengo un recuerdo bastante extremo del rodaje. De las risotadas con Antonio Gómez. De lo mucho que sufrió Susana Guerrero, la mismísima Dramakuin haciendo de embarazada en la peor situación posible. Del increíble dolor que causaban la máscaras de goma en las sienes.
¿Qué queda de todo eso con el tiempo? Curiosamente, hoy en dia se han hecho más frecuente los esfuerzos cinematográficos a la hora de imitar las constantes de un dibujante de cómic específico. Siempre desde un presupuesto holgado y las posibilidades infinitas de la tecnología digital. Pues Crespo hizo algo similar antes de Sin City y similares, sin pantalla verde ni nada, con cuatro perras de su bolsillo, y además tomando como referente un tebeo forzosamente anticinematográfico. Sin un tono, trama o estructura mínimamente cómplice con el trasvase. Y yo estuve ahí.
Hoy en dia el cortometraje se incluye en la edición en DVD de El Almuerzo Desnudo, a cargo de AVALON. Por fin se edita El Almuerzo Desnudo, después de tantos años y mira. Quién me iba a decir a mí.